Oct 05

Maximiliano Gutiérrez; “Quisiera morirme el día que me rompan el récord, porque sería eterno”

5/10/17
7.51 PM

 

 

En la pared contigua al zaguán cuelga un cuadro que muestra, en letras grandes y oscuras, una fecha emblemática: 21 de enero  de 1978. Miro mi reloj y me percato -casi a la vez extiendo la mano para saludar a mi anfitrión- que, en efecto, es el día del aniversario.

Maximiliano Gutiérrez no tarda en recordármelo, sonriendo ante mi rostro sorprendido por tamaña casualidad: 365 días tiene el año y los caprichos de la vida me permitieron entrevistarlo el mismo día que, 39 años antes, hilvanó uno de los récords más añejos y espectaculares del béisbol cubano: nada menos que 47 entradas y un tercio sin recibir anotaciones.

Las casualidades sí existen. Y para bien, en el caso de Maximiliano, el excepcional zurdo de equipos pinareños, quien debutó propinándole un pelotazo al bateador que estaba en el círculo de espera, y terminó como los grandes, con los anaqueles cargados de  trofeos y una plusmarca que se fortalece y envejece a la vez que pasan los años.

Hay mesura en las frases del dueño de una plusmarca que apunta al infinito, quien desmantela con precisión milimétrica y sin temor el errático manejo del béisbol cubano en la actualidad. Cuando habla del pasado su semblante evidencia nostalgia, pero cuando tiene que hurgar en las heridas que desangran el pasatiempo nacional, se toma tiempo para pensar sus respuestas y no enmudece como otros alevosos que lo dejan morir.

Maximiliano, ¿cómo te iniciaste en la pelota?

“Yo empecé en los Juegos Escolares en el año 1969, aunque desde antes jugaba como cualquier muchacho en el barrio con pelotas de trapo. Y ya en el año 1970 entro en la ESPA Nacional”.

Debutaste bien joven en las Series Nacionales.

“Mi primera salida fue contra el equipo de Camagüey, en el estadio Cándido González, cuando apenas tenía 16 años. De aquel entonces te podría contar una anécdota algo graciosa: cuando el director, el difunto “Lacho” Rivero -quien fue pitcher profesional en su etapa de pelotero- me llamó al box, los rivales tenían las bases llenas y yo no pude evitar el nerviosismo lógico del novato. Me enfrenté a un bateador de apellido Galeano y, tal fue el desastre, que le pegué un pelotazo al que se encontraba en el círculo de espera.

“Por supuesto me quitaron y yo salí llorando para el dogaut. Un compañero mío, Jeremías González, me dijo: «niño, si te pones a llorar cada vez que salgas mal, te vas a quedar sin lágrimas». Fue entonces que le pedí la bola al manager para lanzar el juego que se iba a efectuar en Consolación del Sur contra Constructores. Nadie pensó que me pondría y sin embargo, me otorgó toda su confianza.

“Entonces ante un equipo tan grande como Constructores, el mejor en aquella época, me fajé a ceros hasta que le di lechada en nueve innings completos. Ahí comenzó mi despegue”.

En el año 1978 Pinar del Río gana su primera Serie Nacional. Coméntame acerca de aquel equipo.

“En ese año ganamos por primera vez la Serie Nacional, con José Miguel Pineda de director. Ya en esa etapa había peloteros excepcionales como Casanova, Juan Carlos Oliva, Julio Romero, Rogelio García, en fin, un elenco fortísimo en que nos iniciamos y salimos todos a la vez. Ese fue mi mejor año, que fue en el cual implanté el récord y quedé como líder en carreras limpias y en juegos ganados, así como mejor zurdo del Campeonato”.

Háblame del récord, ¿cómo empieza y cómo termina?

“El récord sé cómo empezó porque al consumarlo fui atrás y lo recordé, pero en aquel momento yo no sabía lo que estaba sucediendo. Yo di algunas lechadas consecutivas, pero estaba desinformado completamente. Por eso cuando vi en el octavo inning de aquel juego contra Henequeneros, en Matanzas, que mis compañeros salieron a felicitarme, no atiné a otra cosa que a preguntar: ¿qué  pasó? Y fue entonces que me enteré de las 47 entradas y un tercio sin recibir carreras. Fue una sorpresa gratísima para mí”.

Antes debiste pasar por una lesión muy complicada que casi te aparta de los diamantes.

“En el año 1977 tuve un accidente muy grave, del cual terminé con la clavícula partida. Yo pensé que tenía que dejar la pelota, pero José Joaquín Pando, magnífico entrenador de pitcheo, me dijo que me iba a guiar en la recuperación y que yo iba a regresar al montículo. La recuperación fue muy larga, hasta que un día me ordenó tirar y percibí que el dolor había desaparecido por completo. Aquello fue una inyección de ánimo para seguir hacia delante”.

¿Tu velocidad era la misma de antes?

“No, yo antes tiraba alrededor de las 89 y 90 millas. Después de recuperarme oscilaba sobre las 83 millas. Lo que sucede es que aprendí a tirar un tenedor que era un sillón, se movía muchísimo, y con mi gran control lo tiraba en los puntos claves. Te puedo asegurar que lanzaba el tenedor avisado y no me lo conectaban”.

¿Es cierto que les caminabas a los bateadores?

“Yo les caminaba, pero no sobre el bateador. Como tenía poca velocidad, soltaba la bola y me movía hacia el lado contrario, para moverle la vista de encima de la bola. Esta técnica me dio buenos resultados”.

¿Cuándo te retiras del béisbol activo?

“Tras 17 Series, 10 nacionales y 7 selectivas, me retiro en 1984 con 7 trofeos conseguidos con los elencos pinareños bajo el mando de Pineda y Jorge Fuentes”.

Defíneme con una frase a José Miguel Pineda.

“Fue el que más confianza me dio. Director, hombre y amigo. Podías conversar con él y decirle la verdad, él siempre comprendía”.

¿Y Jorge?

“Fue el alumno aventajado de Pineda. La relación de los peloteros con él era excepcional”.

¿Tu mejor momento como pelotero?

“En el 78, ese período del récord en que acabé con todos los bateadores”.

¿Y el peor?

“Ese inicio (risas). Ya te conté como me fue”.

¿Tienes la deuda de no haber integrado un equipo Cuba principal?

“Yo integré equipos Cuba B. Aquella fue una etapa en que el primer elenco solo llevaba un zurdo y era Santiago “Changa Mederos”. Para ellos no existía nadie más que Changa, incluso en el año en que arrasé me quedé fuera del A. Recuerdo que Marquetti le sugirió a Servio Borges que me llevara para lanzarle a los zurdos, pero no me incluyó.

“Realmente me tocó una etapa muy mala en que solo se pensaba en un zurdo: Changa Mederos. Ahora hace equipo Cuba cualquiera, pues van de 12 a 13 lanzadores. Antes no era así.

“Eso sí, tengo que reconocer que “Changa” Mederos fue mejor pitcher zurdo que yo y por desgracia me tocó coincidir con él. Llegué a ser el segundo mejor zurdo del país, y aunque a veces se fue injusto conmigo, Changa fue un señor lanzador”.

Maximiliano, hablemos acerca del estado actual de la pelota cubana.

“Al béisbol cubano lo veo muy desviado, porque a veces tenemos gente dirigiendo que no saben los que es jugar pelota. Hay técnicos que tienen mucho sentido de lo técnico- táctico, pero para hacer un buen entrenador hay que tener la práctica. Usted me puede enseñar muchas cosas, pero si no sabe demostrarlo el alumno no se convence.

“Te pongo un ejemplo: Tenemos dirigiendo a personas que no saben ni dar un rolling y eso el pelotero lo nota. Cuando eres enseñado por alguien que tiene historia dentro de un terreno, entonces ya la motivación es distinta”.

¿Qué te parece la decisión de nombrar a Lazo como director del equipo Pinar del Río?

“Muy buena. A veces el director no necesita ordenarlo todo. Te pongo el ejemplo de Pineda, quien sabía mucho de pelota pero lo principal que tenía era la confianza que depositaba en los jugadores. El director debe ser alguien que les penetre a los peloteros sus ideas y que estos se sientan motivados a jugar.  Yo creo que Lazo tiene una sintonía con los peloteros muy importante.

“Además, ese equipo también tiene como entrenadores a Casanova y Bosmenier, que fueron grandes en su tiempo, y por quienes los peloteros se guían. Pones más interés a lo que te dice Casanova que a lo que pueda enseñarte alguien que jamás ha sujetado un bate con sus manos”.

¿Crees que el béisbol cubano tiene solución?

“Sí, yo creo que si más peloteros pudieran insertarse en las diferentes ligas los resultados fueran diferentes. Mira el caso de Despaigne, a quien ya la pelota cubana le queda chiquita. Que les hagan contratos a los peloteros para que salgan a jugar y verás como la pelota sube de nivel. El béisbol amateur llegó a un tope que, para superarlo, es necesario buscar otras variantes”.

¿Algún pítcher cubano que te llame la atención?

“Raidel Martínez, quien tiene unas excelentes condiciones. Posee tamaño, buena velocidad y sobre todo coraje. Es mi alumno y viene descollando desde hace años”.

¿Qué te parece el pitcheo cubano en general?

“Malísimo. Nosotros no tenemos lanzadores. Es inexplicable la inestabilidad de los pitchers que hoy salen y le dan 9 ceros a equipos de nivel y al otro día son bateados con facilidad por conjuntos débiles. No hay uno en el que se pueda confiar”.

¿Ves en peligro tu récord?

“No, yo quisiera morirme el día que me lo rompan. ¿Sabes para qué? Para ser eterno. Sin autosuficiencia, el pitcheo está tan malo que es muy difícil. Además, ahora los lanzadores no tiran 9 entradas.

“Cuando yo implanté esa marca, muchos factores se unieron, incluyendo la suerte. Recuerdo que me dieron un jonrón por el izquierdo y el árbitro de tercera estaba tomando agua, por lo que hubo que virar la jugada atrás.

“En otra ocasión me dieron un doble con hombre en segunda y el corredor se cayó tres veces antes de llegar al home. Se paraba y se caía, una cosa increíble, hasta que Juan Castro lo puso out en la goma.

“Es un récord muy difícil, como el de Faustino en ponches en un juego”.

¿A qué te dedicas ahora?

“Soy el presidente de la Comisión de Atletas Retirados y me siento muy bien en ese cargo”.

Sinceramente, Maximiliano,¿se te ha reconocido todo lo que te mereces?

“No. Lo que se me ha reconocido es porque lo he luchado bastante. A veces buscas tanto una cosa que te la dan porque se cansan. Realmente creo que no”. (David Díaz y Yosvani Peña)

Tomado de: Cronodeportes

 

1 comentario

  1. Record difícil de romper, son como 5 juegos de 9 entradas y algo mas sin permitir carreras

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