Oct 09

Mientras la diplomacia entre EE.UU. y Cuba se sacude, el béisbol parece hundirse de nuevo en la Guerra Fría

9/10/17
12.54 pm

 

 

 

Texto y foto: REYNALDO CRUZ (https://universobeisbol.mlblogs.com)

 

Desde el anuncio de la retirada del 60% del personal de la Embajada de EE.UU. en La Habana, siguiendo una serie de incidentes involucrando “ataques acústicos” que las autoridades de los EE.UU. o Cuba no han podido explicar bien, podríamos preguntarnos qué pasará con los pasos que se dieron o el terreno que se recorrió en torno a las relaciones MLB-Cuba siguiendo el restablecimiento de lazos diplomáticos entre ambos países el 17 de diciembre de 2014. No es necesario decir que hay muchas otras cosas en juego, pero el béisbol es lo que tratamos, y mirando las cosas en perspectiva, el deporte tiene mucho que ver con ambos países.

Justo antes de que se cumpliera un año desde que Barack Obama y Raúl Castro hicieran sus respectivos anuncios, que fueron bien recibidos por millones de personas en todo el mundo, un contingente de ligamayoristas viajó a La Habana. Entre ellos, Miguel Cabrera (el mejor bateador del béisbol), Clayton Kershaw (el mejor lanzador) y Nelson Cruz (uno de los mejores toleteros) hicieron el viaje, uniéndose a los miembros del Salón de la Fama Joe Torre y Dave Winfield, junto con el director de asuntos legales de la MLB, Dan Halem, y el presidente del sindicato de peloteros, Tony Clark. Aun así, el contingente no terminaba allí, pues varios peloteros cubanos viajaron a la nación insular, en un evento sin precedentes que vio a “ex desertores” salir al terreno en eventos oficiales (no había desafíos programados en el área en aquel momento, lo que fue más bien conveniente). Los peloteros representaban casi todas las turas que los cubanos siguen para llegar a las mayores: el receptor Brayan Peña había desertado de un equipo, Yasiel Puig había salido del país en bote y había llegado a México, José Dariel Abreu había tomado otro bote y había navegado al este hacia La Española, Jon Jay había nacido en Estados Unidos de padres cubanos, y Alexei Ramírez había salido legalmente del país -en avión con pasaporte y visa-.

La presencia de los cubanos, además de Halem y Clark, era, fue una alerta. Bajo ninguna circunstancia el gobierno cubano o el organismo rector del Béisbol Cubano habrían permitido a los desertores volver al país y salir a los terrenos como héroes, dirigiéndose a los niños o sosteniendo clínicas. Eso fue sin precedentes, pero también muy sospechoso: ¿qué estaba ocurriendo tras bambalinas? Está casi claro  -y debemos decir casi porque podemos afirmar que apenas un puñado de personas asistió a las reuniones, si es que hubo, y lo único que podemos hacer es especular sobre las discusiones -  que el interés era llegar a una solución al problema de la línea de prospectos cubanos hacia las mayores, y la infame cadena de traficantes de personas que sacan a los peloteros cubanos de la isla a países como México, la República Dominicana o Haití. Los jugadores podían solamente haber estado allí para relatar sus respectivas experiencias para llegar a las mayores, y Puig era una pieza crucial del rompecabezas, pues tuvo una de las rutas más traumáticas y peligrosas  - una que llevó amenazas de muerte y a que los matones de un cartel de drogas de México lo tuvieran a punta de pistola.

Apenas meses después, otro puente se erigió: por vez primera desde 1999, y solo por segunda vez desde 1959, un equipo de la Major League Baseball cruzó el Estrecho de la Florida y jugó un partido contra el equipo nacional de Cuba. Esto incluyó un detalle aun más sorprendente (o dos, para ser mas preciso): primero, los ex ligamayoristas cubanos José Cardenal y Luis Tiant (quien recibió el honor de lanzar la primera bola junto a Pedro Luis Lazo) viajaron a La Habana e incluso dieron conferencias de prensa, y segundo, el desertor cubano Dayron Varona vino como parte de los Rays (era invitado no-roster al entrenamiento de primavera) y fue puesto de primero en el orden al bate del juego.

Durante las conferencias de prensa que se sostuvieron en el Hotel Meliã Cohíba o el Estadio Latinoamericano la prensa tocó el tema caliente: las relaciones Cuba-MLB luego del deshielo. En cada caso, ambas partes declararon que había necesidad de llegar a un acuerdo, y ambas partes también jugaron la carta de dar respuestas poco informativas respecto a en qué lugar de las conversaciones se hallaban. Todas las respuestas tuvieron poca sustancia, incluyendo los usuales “Hemos estado hablando…” y “Hay aún mucho de qué hablar…” que no diferían mucho del “¡Sin comentarios!” usado por muchos. La única información sólida que recibimos fue que la Major League Baseball no iba a proceder hasta que no recibiera aprobación de su gobierno para hacerlo.

No obstante, como dijo el escritor y ex ligamayorista Doug Glanville en una entrevista reciente con nosotros, vimos “que ese juego casi se convirtió en un evento diplomático”. Por primera vez en la historia había un presidente de EE.UU. como parte de una visita oficial. Había un presidente cubano y uno norteamericano sentados juntos, disfrutando de un juego de béisbol, como han hecho muchos cubanos y norteamericanos en los dos países a lo largo de muchos años. También se contó con la presencia de importantes personas del béisbol, como el Comisionado de la MLB Rob Manfred, el Presidente de la MLBPA Tony Clark, el presidente del Salón de la Fama Jeff Idelson, Dave Winfield, Joe Torre, Luis Tiant, José Cardenal, Derek Jeter y Rachel Robinson, esposa de Jackie Robinson.

Después de eso, las negociaciones parecieron haber llegado a un punto muerto -el Béisbol Organizado podía hacer muy poco mientras existiera el embargo/bloqueo. La MLB dejó de expresar de manera pública y vehemente interés en Cuba, y la jefatura del béisbol cubano siguió diciendo que las conversaciones estaban teniendo lugar, pero debemos presumir que todo esto se estaba haciendo por teléfono… si acaso. Las deserciones siguieron ocurriendo, aunque en menor escala  -no por falta de interés de los jugadores, sino por falta de talento cubano por el que valiera la pena arriesgarse a cumplir 14 años de prisión -, y los desertores siguieron siendo fichados por los clubes de grandes ligas, también en menor medida  -por exactamente la misma razón.

La deserción del chico portada del béisbol cubano, Yulieski Gurriel, junto con su hermano menor luego de la Serie del Caribe y antes de la visita de los Rays dejó a Cuba sin su más poderoso activo de negociación. Su subsiguiente fichaje ese mismo verano por parte de los Houston Astros fue una manera de decir que ningún club de las mayores iba a dejar de ganar dinero (o invertir, en este caso) debido a conversaciones, y solo podemos asumir que esto no cayó bien a las autoridades cubanas. También, todo otro intento de Cuba de exhibir su mercancía encontró un muro de contención: las dos giras por el circuito independiente conocido como la Liga Can-Am ha visto al Equipo Nacional de Cuba ampliamente superado por clubes de poco pedigrí y talento mediocre, mientras el último partido de este año terminó con una desastrosa discusión que hizo que los árbitros detuvieran el juego en el principio de la novena entrada con la carrera del empate por Cuba en circulación y dos outs.

Actualmente, la carta principal de Cuba resulta ser Alfredo Despaigne, quien se encuentra bajo contrato con los Fukuoka Softbank Hawks de la Nippon Professional Baseball. El fichaje de Despaigne se extiende por otras dos temporadas, lo cual indica que está sujeto o a jugarlos los dos o a pasar por el Posting System (sistema de emisión) si se llegara a un acuerdo ente Cuba y los Estados Unidos, y si ADR54 fuese de interés de una de las 30 organizaciones de las grandes ligas.

Sin embargo, las conversaciones y comentarios sobre Cuba y la MLB trabajando en pos de un acuerdo se aplacaron luego de que Donald Trump fue electo presidente de los Estados Unidos, y gradualmente se silenciaron siguiendo la investidura del multimillonario. Trump se ha opuesto abiertamente a las relaciones Cuba-EE.UU. y con claridad tuvo intenciones de volver atrás el reloj y devolver el estado de las cosas que existía antes del 17D. El 16 de junio de 2017, oficialmente ató de manos a la Major League Baseball al revocar el acuerdo hecho por Obama, calificándolo de “unilateral”. Las semanas que siguieron fueron de total incertidumbre entre los ciudadanos de ambos países, principalmente aquellos con personas que les importaban en el otro lado. El béisbol no escapó de este problema, y en entrevistas que sostuvimos con cubanos en el béisbol organizado (dígase Aroldis Chapman, Rusney Castillo y Roennis Elías) declararon su voluntad de jugar con el Equipo Nacional de Cuba, mientras también evitaban cualquier tipo de declaración o comentario de índole político.

El asunto concerniente a los ataques a diplomáticos norteamericanos en La Habana fue casi una predicción del fin de los lazos diplomáticos, y también un ataque directo a las relaciones beisboleras. La retirada del personal norteamericano de su embajada devuelve las cosas a los años siguiendo la Crisis de los Misiles en 1962, y las pone en el contexto de las primeras historias de James Bond escritas por Ian Fleming.

En materia de béisbol, las cosas habían ya llegado a un punto en el que Cuba perdió todos sus ases para negociar y hacer exigencias. Su única ventaja real no está dentro del país, sino al este, en la República Dominicana, donde cientos de peloteros de la diáspora cubana esperan contratos y bonos por fichajes que nunca llenan, al tiempo que se endeudan más y más con los manejadores, quienes conspiran con los traficantes de personas, los cárteles de la droga y otras organizaciones criminales, como se ha dicho en varios medios, incluyendo un exposé de ESPN este verano. Esa resulta ser la carta ganadora de Cuba, pues es un problema que ha sido tocado por la MLB una y otra vez, y que afecta la credibilidad y la imagen del Béisbol Organizado y sus clubes.

Mientras los dos gobiernos se encuentran en estos momentos en medio de una disputa en la que EE.UU. culpa a Cuba por el incidente y Cuba declara no haber tenido nada que ver y expresa su voluntad de aclarar los hechos, el béisbol cae en un lugar secundario, esperando por el momento indicado  -cercano o lejano - para resurgir nuevamente como una herramienta diplomática… o no. Mientras tanto, podríamos parar por un momento y pensar en un posible tercer jugador involucrado en la intriga  -llamémosle “un jugador a ser nombrado posteriormente” - y preguntémonos, fuera del béisbol: ¿quién (o quiénes) estaría verdaderamente interesado en ver que surjan nuevamente las enemistades entre los dos países?

Contestemos esta pregunta, y habremos contestado muchas.

Tomado de: Cronodeportes

 

 

 

3 comentarios

    • Valenzuela on 10 octubre, 2017 at 11:18 am
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    Aun con todos los ´´logros ´´ en las relaciones diplomáticas con el gobierno de EEUU en el periodo de Obama, el beisbol siempre estuvo en el km 0, el departamento del tesoro con su oficina de activos al frente unido a la terquedad de principios de la otra parte nunca dieron a entender que habría pasos de avance, el ´´ estamos hablando´´, el ´´ estamos negociando ´´ eran puras fantasías, hoy, con toda esta maraña ´´acústica´´ orquestada por el gobierno de Trump y sin ninguna respuesta científica por la parte cubana , las relaciones de la MLB y el beisbol cubano parecen haber descendido al menos 10 escalones.

    • Pelotero on 10 octubre, 2017 at 10:29 am
    • Responder

    Coincido con el criterio de que esto del ataque acústico es mas un pretexto o un autoataque con el fin de poner las relaciones en un punto muerto, y creo que si no han retirado la embajada es por poder seguir metidos aquí. Muchos se caen de bruces señalando que la política y el deporte deben andar separadas y culpan a las instituciones cubanas de politizar el béisbol (es verdad que lo hacen) pero no son los únicos ahora le pelota esta al frente y son ellos los que han puesto la situación convulsa. Y a nosotros nos toca esperar y seguir esperando para ver nuestra liga como se ven las otras ligas del caribe. Ojala y no sean 50 años mas, no se si tenga tanta paciencia.

    • Chikungunya on 9 octubre, 2017 at 3:15 pm
    • Responder

    Por supuesto que el béisbol no escapa a lo que sucede actualmente entre las relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU las cuales han caído en un vacío peligroso a causa de ese “maine tecnológico” que se ha poroducido el cual no ha podido ser explicado por la parte cubana a falta de conocimiento de la tecnología usada y la parte norteamericana no se preocupa en explicar por conveniencia propia. Una vez más en el punto de partida.

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