BARCELONA — El FC Barcelona suele dar a conocer la alineación de sus partidos con algo más de una hora de antelación a su inicio… Pero en Turín, de manera extraña, lo hizo más tarde.

Ya se conocía la de la Juventus, se especulaba con la entrada de Paulinho en el once… Y saltó la sorpresa: Lionel Messi en el banquillo. Suplente por primera vez en toda la temporada. Lo que nadie habría podido imaginar.

 

Leo es el Barcelona y no se entiende un Barcelona sin Messi. Titular en 18 de los 19 partidos oficiales de esta temporada, solo se ausentó el duelo de Copa en Murcia. Oficialmente porque estaba sancionado aunque, en realidad, se entiende que tampoco habría jugado aquel encuentro. Sin embargo, lo demás lo había disputado todo. Absolutamente todos los minutos en Supercopa, Liga y Champions. ¿Suplente en Turín?

“Messi no es de los que gusta descansar”, se escuchó en una, dos y hasta tres transmisiones radiofónicas. “Acabó el partido en Leganés tocándose el muslo”, se aventuró en una de ellas; “es precaución para el partido de Valencia”, se dijo en otra… Muchas especulaciones y una tranquilidad: Leo apareció por el túnel sonriente, después de charlar con Higuaín y dando a entender que no había con Valverde ningún problema.

De hecho, el entrenador lo acordó con Messi, claro. El 10 de abril de 2013, frente al PSG y en la vuelta de los cuartos de final, fue la última vez que Messi jugó un partido de Champions saliendo desde el banquillo. Aquella noche jugó los últimos 28 minutos con evidentes síntomas de dolor, con una lesión que ya arrastraba y que le pasó factura en las siguientes semanas. Fue una sombra en Múnich (4-0) en la ida de las semifinales y no entró ya en la vuelta, viendo desde la banda aquel doloroso 0-3 definitivo.

Nunca más… Hasta este miércoles. Y la sensación, el choque, la sorpresa, existió hasta que se vio al Barça deambulando por el terreno de juego sin su número 10, sin el liderazgo del jefe. Y mostrando una imagen extraña, entregado a la causa y peleando, pero lejos, muy lejos, de su mejor versión. O al menos de una versión que se asemejase a lo que de este equipo se espera.

Y quedó claro, antes y después de que entrase Leo en el campo, que este es el Messi Club Barcelona. Un equipo más vulgar aunque peleón sin él, sin uno contra uno, sin nadie que pudiera acompañar y asistir a Suárez… Un equipo que da miedo ya con él en el escenario. Un Barça demasiado, a fin de cuentas, reconocible.

Ese equipo que, en los partidos grandes, en los partidos de verdad, en los escenarios clave necesita la presencia de su crack. Porque Messi es único. Se quiera o no.