Dic 06

Dos veces Rigondeaux

6/11/17
11:47 PM

 

 

 

 

Cuentan las viejas crónicas del boxeo que al anunciar a un boxeador antes de una pelea se repetía el nombre dos veces.

A pesar del desuso de esta práctica, hay algunos nombres que se repiten en otros lugares, en otras historias. Guillermo Rigondeaux es uno de esos nombres. Guillermo Rigondeaux: para puristas y detractores, incrédulos y expectantes. A pesar de todos los contras que le pueblan el camino. Guillermo Rigondeaux: como mantra para esa religión que es el boxeo.

Por estos días nombrado recurrentemente. Con todos los acentos posibles de geografías diversas. Porque el noveno día del último mes del año está cerca, y el trono mágico del Madison Square Garden espera con ese rumor de anunciación. Guillermo Rigondeaux, de Santiago de Cuba. Un signo de toda la maestría, la velocidad, y el poder que pueden caber en un mismo cuerpo.

Pero hacen falta dos para que uno brille, y Vasyl Lomachenko no es segundo de nadie. También él tiene dos doradas olímpicas, y apenas 29 años de edad. Es verdad, el ucraniano parece llevar más: es en este momento el boxeador más versátil y creativo que hay dentro del espacio encordado. “Se mueve como Neo en la Matrix; no lo puedes tocar con nada” –diría Teddy Atlas uno de los oráculos del boxeo. Y lleva razón: Lomachenko es impresionante.

Hay además un detalle épico: el peso. Rigondeaux está subiendo no una, sino dos divisiones para enfrentar a Lomachenko. De las 122, el cubano salta a las 130, peso pactado para la pelea. Quienes conocen de boxeo saben que este no es acto ordinario. Al menos no frente a Lomachenko, quien no podrá pasarse de las 138 Lb al momento de entrar al ring. Hace falta mucho talento para subir dos divisiones frente a semejante rival, y salir de brazo en alto; casos legendarios, contados, en nombres como Henry Armstrong y Sugar Ray Robinson.

Pero a Rigo esto no lo inquieta. Y el experimentado pugilista se sonríe, con toda la cara, como quien oculta algo. Y con ese gesto cultivado de filósofos y sabios de pueblo, se lanza frases cortas y redondas: “donde hay talento no hay misterio”. Y sigue sonriendo, como proemio de concertista.

Bob Arum, el magnate de Top Rank, ha dicho con todo su derecho primera-enmienda, que Lomachenko es el mejor boxeador desde Mohamed Alí. Y el detalle aquí está más allá del gesto comparativo.

Arum, quien ahora halaga generoso al increíble boxeador ucraniano, fue en su momento promotor de Rigondeaux. Pero en la boca promocional de Arum, el apellido rimbombante de Guillermo siempre supo a desagrado. Algo que no cuadraba, y que terminó por hacerse público un feliz 13 de abril del 2013 en el Radio City Music Hall; feliz para mí, no para Arum, porque el Guille aleccionó en decisión unánime al filipino Nonito Donaire, por entonces su protegido dorado, y hasta aquel día miembro concurrente entre los cinco primero de todas las listas de libra por libra.

Frente a Donaire, Rigondeaux unificaría los títulos de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y la Organización Mundial de Boxeo (OMB) de las 122 libras. El uno en Cuba, era también el uno en el mundo. Aquel día también comenzaron los problemas. Arum no lo perdonó. En una malintencionada declaración, el promotor diría que Rigondeaux era aburrido.

Poco tiempo después Top Rank y Guillermo terminarían lo terminado. Y desde entonces todos los posibles contrincantes de las 122 libras se la han arreglado para evadirle: incluyendo nombres como Leo Santacruz, Carl Frampton, Abner Mares, que alternaron entre saltar hacia categorías superiores, y arrojar a los micrófonos curiosos una respuesta útil: “Rigondeaux es muy aburrido”.

Pero no hay cómo culparles. Guillermo es intratable.

En dos de sus últimas peleas ha habido rotura de mandíbula o pómulo. Esto es no es normal en pesos ligeros. Y boxear es además un empleo, mantenido sobre todo por egos inflados, desafiantes, vendibles, alimentados por el accionar de periodistas y fanáticos; para que venga Rigondeaux y lo apague todo. Así que mantenerle lejos es decisión lógica, en un deporte que es más negocio que competencia. Que es además un empleo peligroso. La misma plaza del Madison, cobró en los sesenta la vida joven del cubano Benny Paret, al ser derribado en el decimotercer asalto por Emile Griffith.

Pues resulta que la pelea entre el “aburrido” cubano y el estelar ucraniano, ha vendido todas las entradas disponibles dos meses antes del duelo. Y con justa razón para quienes podrán presenciar el próximo 9 de diciembre un combate que ya es histórico: será la primera vez que dos doble campeones olímpicos se enfrentan en el boxeo profesional.

Más de 800 suman las peleas ganadas por ambos en el amateur. Y mucho talento. Tanto como para que dos boxeadores traducidos logren comunicar con el cuerpo el mensaje escurridizo de la excepcionalidad.

Pero Lomachenko ahora mismo es el mimado niño del boxeo profesional, y la pelea con Rigo le llega en plena fiesta. Así que estos apuntes –como ya habrá podido notar–, no esperan ser neutrales. Todas sus palabras y signos de puntuación están en función de una sola cosa: agradecer antes del día 9 al de Santiago de Cuba.

En cada regreso a Cuba, hablar de Rigondeaux ha sido una de las conversaciones pendientes con mi padre. Cada una de sus victorias, una celebración pospuesta; pero siempre revivida, en el tiempo breve de quien visita, con un gusto cómplice. Así que no me queda más que dar las gracias.

Porque para Guillermo Rigondeaux no ha habido tregua. Algunas enormes, de la vida, que no caben acá. Otras más cercanas, que están a la espera. Como el hecho de que Gilberto Mendoza, presidente de la AMB, decidiera anunciar –después de enterarse de la pelea con el ucraniano–, que si el cubano perdía en las 130Lb contra Lomachenko, sería despojado de su título en las 122Lb.

Según la AMB Rigondeaux debía pelear nuevamente contra Chuky Flores. Nuevamente, porque Rigondeaux había fulminado aparatosamente al retador mexicano en el mes de junio de este año. Pero al parecer el golpe llego después de la campana, y la Comisión de Nevada declaro la pelea de ‘no contest’.

El destiempo le ha acompañado en demasía. Rigo es un estilista, un poema clásico en la era del hard core del UFC, que no deja de influir en el mundo del boxeo. Y de Cuba salió en otro tiempo, cuando nadie pensaba en reformas migratorias o acercamientos; mucho antes de que Gurriel le ganara a Puig en una Serie Mundial televisada.

Sí, como ha dicho uno de los blogs especializados del mundillo digital del boxeo, Rigondeaux está enfrentando el sistema. Quizás más de uno. Algunos relacionados con el gusto de audiencias atravesadas por prejuicios raciales y nacionales; otros burocráticos y normativos, que regulan, por ejemplo, el acceso a HBO, a ESPN o Tele Rebelde. Así que Rigondeaux es quizás mucho más Neo que Lomachenko. Porque hay mucha gente queriendo despejar del medio la incómoda presencia del zurdo santiaguero. Y quienes a eso aspiran, lo hacen esperando mejorar el patrimonio propio o el prestigio deportivo de allegados.

Pero Guillermo es otra cosa, es una conga, una sonrisa de oro, todo el Guillermón en coro. Y usted debe saberlo. No importa lo que pase en la noche del 9 en el Madison. Nada tiene que probar quien lo ha ganado todo.

Si no ha habido más en su vitrina de victorias en el boxeo profesional, es porque los posibles contrincantes saben que hay que evitarle. Así que promotores y contendientes, manchan públicamente la estética boxística que en privado reconocen impenetrable.

Ya sé que mucha gente no va a estar de acuerdo, pero hay razones por montones, así que ahí va: Guillermo Rigondeaux es el mejor boxeador nacido en la isla grande del Caribe. Si, con el perdón de ‘Mantequilla’ Nápoles, de Eligio ‘Chocolate’ Sardiña, de Gerardo ‘Gavilán’ González, de Mario Kindelán, de Félix Savón, y del gran Teófilo; Guillermo Rigondeaux, gane o pierda en su próxima pelea. Y en la historia planetaria del deporte, ya su nombre está asentado.

Pero si el 9 de diciembre se hace la magia, y el santiaguero flota y aguijonea, y el Madison nos sonríe…

¡Guillermo Rigondeaux! ¡Guillermo Rigondeaux!

Tomado de: Oncubamagazine

 

 

 

 

 

1 comentario

    • yito23 on 7 diciembre, 2017 at 2:33 pm
    • Responder

    Rigondeaux, mi boxeador preferido, para mí el mejor boxeador cubano de la historia, lo ganó todo como amateur como han hecho muchos y también lo demostró en el profesionalismo. A modo de recordatorio en sus dos últimas peleas rompió una mandíbula y un pómulo, algo que no es normal en pesos ligeros. Del mal manejo de su carrera y de sus avatares para poder pelear no hablaré, subir a las 130 lbs me parece una locura, pero ganará la mayor bolsa de su vida y a los 37 años, habiendo peleado y ganado tan poco de seguro subiría a fajarse con Tyson, declaró que “Donde hay talento no hay misterio”, pero la desventaja física será un duro escollo y debe pasarle factura, ojalá me equivoque y salga victorioso, confió en él. Cada día le cojo más odio al boxeo, porque aunque sé que pasa y pasará en todos los deportes, es en el boxeo donde más prevalece el negocio por encima de lo deportivo.

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