Serie del Caribe: la misma piedra

9/02/18
8:44 pm

 

 

 

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. O incluso, más de dos veces. Lo dice la sabiduría popular y lo confirma el béisbol.

No importa que ese hombre se disfrace de Alazán –o antes de Tigre, que en este caso es casi lo mismo– y asegure, una y otra vez, que es necesario aprender de los errores. No importa que las ocasiones de mostrar –infructuosamente– lo aprendido se repitan, una y otra vez, en los terrenos de pelota.

Dos veces cayó Cuba ante República Dominicana en Jalisco 2018. Dos veces han perdido los Alazanes de Granma en el cruce semifinal de una Serie del Caribe. No son, sin embargo, solo dos tropiezos.

Las cuitas del béisbol cubano se arrastran de un evento a otro, de Clásico Mundial a Clásico Mundial, de Serie del Caribe a Serie del Caribe. Y el uniforme que se vista, sea del equipo Cuba o sea del campeón nacional, poco importa en una hoja de factura que ha crecido hasta convertirse en un grueso expediente. En un grueso expediente manchado.

Ahora, con el puñal de la derrota en la espalda, todas las miradas y las culpas se clavan en Carlos Martí, y Carlos Martí, ciertamente, lleva responsabilidad en lo sucedido. Pero achacar la derrota –solo– al manager granmense, el más veterano en activo en la Isla por demás, sería una ligereza o, peor, una rabieta de fanático dolido.

Tampoco sería justo culpar a este u otro jugador –candidatos hay varios– por meteduras de pata que de manera directa o indirecta conspiraron contra la victoria. Porque el error está en el juego y el análisis que de seguro habrá –con agendas, “críticas constructivas” y palmadas en el hombro–, debería ir más allá de las derrotas, de los simples y aritméticos resultados, si pretende no quedarse en las ramas.

Debería ir a los detalles, es decir, al todo.

Porque, verdad de Perogrullo, los problemas de la pelota cubana no son exclusivos del equipo que viajó a Jalisco o, ni siquiera, de una Serie Nacional que, a pesar de su sobrestimada recuperación, carga más de un lastre. Los problemas son más profundos, estructurales, de mentalidad y dirección, y no hablo solo de quienes se sientan en los banquillos.

De lo contrario, los fracasos no se repetirían año tras año. De lo contrario, tampoco diera lo mismo Carlos Martí que Roger Machado o Víctor Mesa, con perdón de estos tres estrategas y sus indiscutibles logros y diferencias. Porque en lo que no se diferencian es en que, sean más añosos o noveles, más reposados o explosivos, han naufragado intentando llevar a buen puerto al buque beisbolero cubano. Naufragado en conquistar títulos internacionales, digo.

A pesar de su buen paso en la etapa clasificatoria, los Alazanes de Carlos Martí volvieron a quedarse en las semifinales de la Serie del Caribe. Foto: @SDCJalisco2018 / Facebook.
A pesar de su buen paso en la etapa clasificatoria, los Alazanes de Carlos Martí volvieron a quedarse en las semifinales de la Serie del Caribe. Foto: @SDCJalisco2018 / Facebook.

Sea quien sea el que mande –o juegue–, y por buena impresión que dé el equipo cubano –y los Alazanes de Martí van ganando en esto por la milla– tarde o temprano sucede lo mismo: fallan las estrategias, o no se cumplen, traiciona la inexperiencia, cae arriba la presión, ocurren dislates inexplicables, y crece la lista de seguras deficiencias y posibles justificaciones que no impiden a los narradores ensalzar la entrega de los cubanos y a los directivos asegurar que se analizará concienzudamente lo ocurrido.

Tarde o temprano, el iceberg de la derrota asoma su nariz y raja el en apariencia sólido casco del buque cubano, sin importarle mucho quien lleve el timón o quienes vistan el traje de marineros.

El triunfo de los Vegueros en la Serie del Caribe de 2015, con Urquiola al frente, que dio esperanzas a los más soñadores y levantó el apaleado orgullo beisbolero de los cubanos, ha terminado siendo un espejismo. La excepción de una realidad convertida en regla a fuerza de repetirse y que –tristemente– comienza a recordar el casual soplido del burro flautista.

Ahora en Jalisco, en el juego de la verdad frente a Dominicana, falló el bateo oportuno –que sí se vio frente a México y Puerto Rico, a la postre el campeón–, el pitcheo de relevo no respondió y tampoco se utilizó coherentemente –por más que Martí opine lo contrario–, hubo costosos errores mentales –el robo de Roel– y de juego –el de Raidel Martínez–, decisiones cuando menos polémicas –dejar batear a Frank Camilo en el quinto– y se borró demasiado pronto la sonrisa de los Alazanes.

Mientras las Águilas Cibaeñas reían y saltaban con cada hit, incluso estando aún debajo en el marcador, los cubanos se hundían cada vez más en la pesadumbre. Pura ley de atracción, diría cualquier gurú de manual.

Cepeda, Roel Santos y Gracial (de izquierda a derecha) fueron tres de los mejores bateadores de Cuba en Jalisco. Foto: @SDCJalisco2018 / Facebook.
Cepeda, Roel Santos y Gracial (de izquierda a derecha) fueron tres de los mejores bateadores de Cuba en Jalisco. Foto: @SDCJalisco2018 / Facebook.

No todo fue llanto en la Serie del Caribe, eso está claro. Hubo más de una actuación destacada por Cuba, nombres que resaltar –Cepeda y Lázaro Blanco, para no ir más lejos, o Roel Santos, único cubano en el Todos Estrellas del torneo–, motivos para la confianza, carriles por los que habrá que seguir rodando si se desea llegar más lejos en el futuro.

Pero hay que mirar hacia abajo, hacia las tan llevadas y traídas bases, a toda la pirámide beisbolera e, incluso, a lo extradeportivo. Como mismo un batazo o un error solitario no bastan para decidir un triunfo o una derrota, tampoco una Serie del Caribe, o un Clásico, o un torneo centroamericano, se gana únicamente en los partidos del evento.

Los éxitos empiezan, o no, desde mucho antes. Con estrategias –deportivas, estructurales– acertadas, o no. Con la adaptación oportuna, o no, a las exigencias y lógicas del panorama beisbolero contemporáneo.

La piedra nunca aparece súbitamente en el camino, como salida de la nada. Está ahí y hay que saber verla, tener la claridad para reconocerla en la distancia. De lo contrario, se repetirán los tropiezos y las lamentaciones. No importa si vestidos de Alazán, de Tigre, o con las cuatro letras de Cuba en la camiseta.

 

Tomado de: Oncubamagazine

 

 

 

 

1 comentario

    • el lector matancero on 11 febrero, 2018 at 2:32 pm
    • Responder

    no es la misma piedra, esta vez se podía ganar, fueron errores de Carlos Martí:
    1- 4to bate lesionado y sin rendir(baja forma deportiva y de salud)
    2- No llevo a JOSE ANGEL GARCIA
    3-No movio el line up, 4to bate sin batear un hits y en mala forma deportiva, CEDEÑO en el banco siendo líder jonronero y le dió el triunfo en la serie nacional los únicos juegos que lo dejo jugar
    4- No puso emergente por FC Morejón
    5- Roel Santos jugada de preescolar superando a Alarcón en jugar mal en el 9no ining
    6- A FCMorejón le robaron la cartera, los tenis, la gorra y el solo va al Cuba por su defensa
    El año pasado se perdio en buena lid, este año se perdio por mala dirección no es la misma piedra, lo que pasa que en Cuba con 3 picher se gana, y con 3 refuerzos a última hora equipos que el añó entero no rinden, fue un engaño, en la 2da vuelta no deben haber refuerzos.
    O sea este año si hay culpables, los cubanos fueron en tremenda forma deportiva, y los rivales eran flojos, Dominicana con 15 errores en 5 juegos, más malos no pueden ser. Hay que seguir viendo béisbol internacional, los jugadores estaban en el banco y otros en Cuba sin poder aportar su talento.

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