Imagínense un mundo en el cual existe Roy Hobbs.

Estamos hablando del inimitable novato sensación Shohei Ohtani. Sin embargo, permítanme explicar mi tesis utilizando al personaje ficticio de Hobbs, protagonista de la gran película sobre béisbol “El Mejor” (“The Natural”) (Sí, primero fue un libro. Un gran libro de Bernard Malamud. Sin embargo, la película es la mejor para ilustrar lo que queremos decir). Alerta de adelantos: Hagámonos la idea que Hobbs no recibió un disparo por parte de Barbara Hershey y asciende a Grandes Ligas, de la nada, como un joven lanzallamas y, además, bateador de poder.

A partir de lo que sabemos con respecto a él (un brazo sin precedentes en la lomita y un poder sin parangón al plato), tendríamos a un personaje de ficción haciendo algo similar a lo que está haciendo Ohtani en estos momentos. Ohtani no es el Babe Ruth japonés. Es el Roy Hobbs japonés.

¿Acaso les molesta el barullo armado alrededor del nipón? Si es así, pues lo lamento por ustedes.

Lo que recordamos de Hobbs es que estuvo a punto de ser destruido por el cinismo de quienes lo rodeaban. El periodista deportivo Max Mercy, inducido por una especie de manía causada por una versión primitiva de las redes sociales, estaba obsesionado por conseguir los orígenes de Hobbs, sus defectos y dónde se ocultaban sus pecados.

El problema es que, pese a que el cínico Mercy reconocía la belleza de lo hecho por Hobbs, no podía aceptarla sin mayores objeciones: No, esta clase de grandeza única simplemente no ocurre, por ello, debe haber algo detrás.

Mercy comienza a desenterrar, sembrar dudas, amplificar lo negativo y, en definitiva, ayudar a quienes acabarían con Hobbs. Todo buscado ese “algo que había detrás”. ¿Por qué? A fin de poder demostrar que tenía razón desde el principio.

En el caso de Ohtani, no nos convirtamos en Max Mercy.

Las distintas posibilidades para el futuro de Ohtani siguen siendo muchísimas. Eso es cierto en el caso de todos los peloteros jóvenes, pero, en su caso, es aún más cierto porque apenas un puñado de jugadores han llegado a poseer la diversidad de dones mostrada por el japonés. Aunque debemos advertir que apenas se ha enfrentado a un solo equipo como pitcher. Tiene una semana de apariciones al plato acumulada. Su calidad ha estado a la vista de todos: la recta punzante, la recta de dedos separados que cae en picada a toda velocidad y la explosión que se produce en su bate cuando conecta un pitcheo. No obstante, lo hecho hasta ahora por él debe replicarse (o por lo menos, acercarse) durante muchas ocasiones en muchos, muchísimos partidos antes de que podamos declararlo verdadero fenómeno.

Muchas cosas podrían salir mal. Ohtani podría terminar lesionado, como fue el caso durante la pasada temporada en Japón. Los equipos podrían aprender a desestimar su splitter y enfocarse en su slider. Al plato, podría confrontar problemas una vez se haya escrito el libro de cómo lanzar en su contra. Peloteros sumamente talentosos han fracasado en este deporte en muchas ocasiones. Es la naturaleza de este negocio y aún sigue siendo demasiado temprano como para tomar conclusiones en firme.

A pesar de ello, hay un aspecto que hemos visto en la cobertura que los medios le dedican a Ohtani que es difícil de digerir. Desde su contratación por parte de los Angelinos de Los Ángeles en el invierno pasado, existe la sensación de que se ha escrito y dicho sobre lo que no puede, no debe y podría no hacer Ohtani, tanto o más que con respecto a sus fantásticas posibilidades. Se le ha evaluado como a muy pocos novatos en memoria reciente y, por buena razón. Con todo y esto, Ohtani ha logrado demostrar estar por encima de los comentarios escépticos y negativos.

Sin importar lo que ocurra a partir de hoy, Ohtani ya ha conseguido logros que nunca habíamos visto. Incluso, Babe Ruth no tuvo jamás un periodo de ocho días en el cual haya ganado dos juegos como abridor y conectado tres cuadrangulares al plato. Ohtani logró tal hazaña durante los primeros 10 cotejos de su carrera. Ha ponchado a 18 bateadores, ponchó a dos y es líder de las Mayores con un WHIP de 0.462. Esa cifra de WHIP es la cuarta mejor de todos los tiempos entre los peloteros con al menos 13 innings lanzados. Al plato, suma OPS+ de 236. Nadie que haya sumado como mínimo las 29 apariciones al plato de Ohtani tiene mejor cifra de por vida. ¡Nadie! Traten de discernir esa combinación de números por un minuto.

Claro, todo esto es cierto porque Ohtani se encuentra en el mero inicio de su trayecto en las Grandes Ligas, pero a eso nos referimos, en cierto modo. No estemos insistiendo en el hecho que este nivel de producción, prácticamente con toda certeza, no podrá durar. No evaluemos en exceso lo que podría terminar siendo puntos débiles en sus destrezas. No nos preocupemos por el hecho que un jugador de Grandes Ligas en el Siglo XXI pueda soportar los rigores de ser bateador regular y pitcher abridor durante una temporada completa. ¿No somos capaces de, simplemente, disfrutarlo mientras dure?

Roy Hobbs no era una persona real. Pero, mientras Ohtani siga haciendo lo que ha conseguido hasta ahora en el terreno, hagámonos la idea de que “El Mejor”, finalmente, ha cobrado vida.


Dicho por los números:

Concentración en frío

El gélido clima que ha afectado la mayor parte del universo del Béisbol de Grandes Ligas en lo que va de temporada dificulta más de lo usual el poder identificar diferentes tendencias dentro del circuito. Un ejemplo: las notas de medios recopiladas por el staff de prensa de los Piratas de Pittsburgh antes del encuentro de los bucaneros contra los Cachorros de Chicago celebrado el pasado martes nos dice: la temperatura promedio durante los nueve partidos de Pittsburgh fue de 39.6 grados Fahrenheit (4.2 Celsius). La temperatura a la hora de jugar en Wrigley Field ese día era de 43 grados Fahrenheit (¡unos tropicales 6 grados Celsius!), lo cual provocó que el abridor de los Piratas Iván Nova dijera después del partido: “Ese es el mejor clima en el que he estado hasta ahora”.

A pesar de las bajísimas temperaturas, los Piratas han sido el mejor equipo ofensivo de la joven campaña. Sus maderos han aportado de manera fundamental al arranque sorprendente de los Bucaneros, con récord de 9-3. Los Piratas comandan la Liga Nacional en carreras anotadas por partido y OPS. Nada que ver con la idea que se tiene de temperaturas frías y bates helados.

Donde sí podemos percibir un posible efecto del clima en las Grandes Ligas es el asombroso total registrado de 30 blanqueos. Esto nos da un promedio de uno por cada seis partidos para ver un equipo pintando ceros en toda la pizarra. El récord de blanqueos en una temporada es de 359, producido en 1915, justo en pleno apogeo de la era de la pelota muerta.

Obviamente, sólo había 16 equipos en aquellos tiempos; aunque, en términos de blanqueos por equipo por partidos, el total de este año (0.08) queda en el puesto 16 de todos los tiempos, según Baseball-Reference.com. Las únicas temporadas con cifras superiores escenificadas después de la era de la pelota muerta fueron las de 1968 (el llamado “Año del Pítcher”) y 1972.

Asumiendo que el clima es el principal factor tras el incremento en la producción de blanqueos, entonces la tendencia no durará. Pero si hay algo más que está influyendo, como bien puede ser la abundancia de equipos dispuestos a perder, entonces sí podría ser un número del cual valdría la pena seguir pendientes.


Gracias por preguntar

Tengan miedo de los Medias Blancas

Los Medias Blancas de Chicago han tenido el arranque más bipolar de equipo alguno en las Grandes Ligas, lo cual es acentuado por sus cifras en casa y en la carretera. Chicago tiene marca de 3-2 en cinco encuentros de gira que sirvieron de apertura de la presente zafra, anotando 29 carreras, con 14 jonrones y OPS de .909. Luego, los patiblancos perdieron sus cinco primeros partidos en casa, anotando apenas 17 rayitas con par de vuelacercas y la diabólica cifra de OPS de .666.

Este extraño patrón ofensivo no es nada si se compara con el horroroso arranque del bullpen de los Medias Blancas. Hasta la jornada del martes, los relevistas de Chicago se ubicaron en el puesto 29 con efectividad de 6.03 y en el sótano del WHIP con 1.689 antes de sumar 2 2/3 innings inmaculados en un triunfo sobre los Rays de Tampa Bay el pasado miércoles, que sirvió para cortar la racha negativa de Chicago.

Quizás todo lo anterior deba esperarse por parte de un equipo en pleno proceso de transición. A pesar de ello, mantengo mi idea sobre los Medias Blancas: si bien se deben moderar las expectativas que se puedan mantener sobre ellos en la presente campaña, y así ha sido el caso, los del Lado Sur de Chicago siguen jugando para demostrar ciertas cosas. Chicago comenzó la campaña con el sistema de prospectos ubicado en el cuarto lugar de todo el béisbol, según los rankings del analista de scouting de ESPN Keith Law. Dicho ranking no incluyó a prospectos que ya han ascendido a las Mayores, como es el caso de Yoan Moncada, Lucas Giolito y Reynaldo López. Otros tantos están a las puertas del Circo Grande.

Mientras tanto, Chicago prácticamente se está preparando para contar con el mayor espacio disponible en su nómina en el futuro. Según la web Cots Contracts, los Medias Blancas tienen comprometidos apenas $10.9 millones en sus libros para 2019 y después de allí, las cifras se hacen aún menores. A mi criterio, la combinación de la amplitud con la que cuenta Chicago en prospectos de alto valor y casi listos para jugar en Grandes Ligas y su amplia flexibilidad financiera los convierte en los gigantes durmientes del mundo del béisbol. Y si terminan logrando más de lo esperado en la presente campaña (no hablamos obligatoriamente de convertirse en contendores a los playoffs o siquiera alcanzar récord superior a .500), Chicago podría crear una percepción de ir con cierto ímpetu que podría servir para atraer a agentes libres de elite.

Existen otros motivos por los cuales los jóvenes peloteros de los Medias Blancas podrían buscar los triunfos, pero la idea de poder seducir a los principales agentes libres este invierno debería estar de primera en la lista. Con esas ideas en mentes, conversé durante los entrenamientos primaverales con Rick Hahn, gerente general de los Medias Blancas:

¿Cuán diferente es el ambiente dentro del equipo este año, comparado con el anterior? Han lidiado con una carga muy pesada, en cuanto al cambio de dirección que ha asumido dentro de la organización, aparte del hecho que la cantidad de piezas con las que podrán contar en un futuro ya están presentes en pleno campamento de Grandes Ligas.

Rick Hahn: Es gracioso, porque pasamos mucho tiempo durante los cuatro o cinco meses de la temporada baja diciéndonos que necesitaríamos armarnos de paciencia. Vamos a tener expectativas a nuestro alrededor, bien sea por lo que haga Eloy (Jiménez) en el campamento o por Dylan Cease. Vamos a ser pacientes con ellos y darles todo el tiempo que necesiten y no apurar las cosas con ellos. Además, hemos dicho que, en estos momentos, al ver nuestra situación organizacional, entendemos que tenemos respuestas para cada posición. Dentro de la organización, (contamos) con respuestas a largo plazo para armar un equipo campeón. Pero sabemos que las cosas dentro del béisbol no funcionan así. Los dioses del béisbol pueden ser crueles. Ocurrirán cosas inesperadas. Pues, ciertamente hay un nivel de optimismo, pero (haber perdido al prospecto) Jake Berger por toda la temporada sirve de recordatorio que debemos seguir siendo diligentes a la hora de acumular talento y permitirle el tiempo que éste requiera a fin de poder desarrollarse.

Durante la temporada baja, se escribió mucho con respecto a la lentitud sufrida en el mercado de agencia libre y que uno de los factores que la causó fue precisamente la gran cantidad de equipos que están replegándose en el presente para pensar en el futuro. ¿Siente que ustedes estuvieron a la vanguardia de dicha situación considerando el momento en el que ustedes tomaron su decisión de reconstruir?

RH: El momento en el cual decidimos de esa forma no se debió a los temas generales del mercado. Fue más una combinación de saber bien que contábamos con talento de alto nivel a la mano que era controlable, más no teníamos la suficiente profundidad para ser verdaderos contendores, o poder competir; además de saber que teníamos que cambiar nuestra forma de asumir las cosas.

El problema en nuestros rosters no se encontraba entre el número 1 y el 7 sino, digamos, entre el 8 y el 40. Cada año, terminábamos tratando de buscar maneras de llenar vacíos y tapar el sol con un dedo. Eso no estaba funcionando y se acumularon las frustraciones por mi parte, la de Kenny (Williams), Jerry (Reinsdorf) y la afición.

Basándonos en la tendencia a la cual parecía dirigirse el mercado de agencia libre y en la forma como estábamos usando a nuestro talento, no participamos en éste con el mismo vigor como otros equipos en situaciones similares. Por ello, el momento en el cual asumimos estas decisiones tuvo sentido al compararlo con la tendencia a mayor escala en el mercado. Aunque, realmente, nos motivó el hecho que la forma en la cual estábamos trabajando, como un todo, no estaba funcionando.

Obviamente, están viendo las cosas en mayor perspectiva y no están aspirando buscar atajos. Sin embargo, ¿cuán importante es para ustedes el poder crear una percepción o, incluso, una realidad en la cual se sienta que están cobrando fuerza?
RH: Es gracioso. Apenas llevamos un año en esto. Dos temporadas bajas, pero una temporada completa dentro de este proceso. Estos procesos tardan, en promedio, cinco años aproximadamente, si tomamos como punto de referencia los casos similares dentro de este deporte. El hecho de haber comenzado con activos más valiosos que los del típico equipo en proceso de reconstrucción, lo cual conseguimos inicialmente gracias a los canjes que hicimos, nos hace aspirar recortar los tiempos un poco. Sin embargo, estamos muy conscientes de que nos encontramos en las fases preliminares de esta evolución.

Durante esta temporada baja, varios podcasts sugirieron que “posiblemente los Medias Blancas serán contendores este año por un puesto del comodín”. Es bueno saber que existe cierto entusiasmo y que hay un nivel de expectativa que aspira vernos como competidores legítimos apenas a un año después de iniciar un proceso de reconstrucción. Creo que eso sirve de reconocimiento a la manera en la cual Ricky (Rentería) ha puesto a jugar al equipo y la forma en la cual se están cotizando los prospectos que hemos adquirido.

Ahora bien, en lo que a nosotros respecta, estamos viendo las cosas a largo plazo. Sabemos que apenas tenemos un año en esto. Sabemos que se producirán ciertas dificultades naturales de todo proceso de crecimiento. Sí, es importante que mostremos progreso en lo que respecta a varios de nuestros muchachos, pero la cifra de triunfos y derrotas no necesariamente será afectada. Si llegan los triunfos, pues mejor. Mientras más victorias, mejor. Todos tenemos mentalidad competitiva y queremos ganar. Pero cuando se comienza el segundo año de un proceso de reconstrucción, estamos más enfocados en los resultados individuales que en los colectivos.


Por venir:

Nuevas estrellas en camino

Tengo una tabla en la inmensa hoja de cálculo de indicadores al principio del MLBPET (mi sistema de proyecciones y rastreo de desempeño de peloteros) que muestra a diario quiénes son en ese momento los 12 mejores novatos en la métrica WAR, prorrateada para la temporada completa. Ohtani es el líder hoy en día, ubicado totalmente fuera de lote y lo cual, no constituye sorpresa para nadie. Pero el número 2 es Joey Wendle de Tampa Bay, de 28 años y quien ha pasado largas estadías en Ligas Menores. Es muy probable que no pueda mantener su OPS actual de .934.

Los novatos distintos a Ohtani que podrían generar mayor expectativa se encuentran probablemente en Ligas Menores debido a las maniobras que hacen las distintas organizaciones para manipular su tiempo de servicio. Este es un aspecto del actual contrato colectivo laboral entre peloteros y equipos que en lo particular detesto. Esta práctica es completamente razonable y defendible desde el punto de vista de los equipos gracias a los parámetros del actual marco laboral. Sin embargo, debe haber una forma mejor de hacerlo y esperamos que este tema sea objeto de discusiones en la próxima ronda de negociaciones laborales.

El viernes 13 de abril es la fecha mágica en la cual muchos de estos peloteros pueden ser ascendidos sin que sus organizaciones deban renunciar a un año de control sobre estas piezas. Muy pronto, deberíamos estar viendo en sus respectivos equipos grandes a Ronald Acuña de los Bravos de Atlanta y a Nick Senzel de los Rojos de Cincinnati.

Si se asciende inmediatamente a Acuña, podría hacer su debut este fin de semana en Wrigley Field. Sin embargo, no ha habido muchos indicativos de que esto, en efecto, ocurra. Además, los Bravos regresarán al SunTrust Park para una estancia en casa pautada para iniciar este lunes. Actualmente, Acuña sigue en lo suyo, jugando para el Gwinnett de Triple-A en los suburbios de Atlanta, equipo con el cual tuvo un lento comienzo, luego de acabar con la Liga de la Toronja en marzo pasado.

Otro candidato de alto nivel que pudo haber llegado a las Mayores era Víctor Robles, de los Nacionales de Washington. El equipo capitalino necesita de un jardinero luego que Adam Eaton parara en la lista de incapacitados. Desafortunadamente, Robles también está lesionado, tras haberse afectado su codo izquierdo al intentar zambullirse para atrapar una línea en el outfield a principios de semana. Fue diagnosticado con un codo híper extendido y no hay fecha cierta para su tentativo regreso.

De estos prospectos altamente cotizados, Senzel es el que tiene mayores posibilidades de ser promovido inmediatamente debido a otra lesión: La semana pasada, el tercera base titular Eugenio Suárez se fracturó un pulgar. Senzel ha estado trabajando como campocorto desde los entrenamientos primaverales en busca de ampliar su versatilidad. Sin embargo, fue puesto nuevamente en la antesala con el Louisville en Triple-A a principios de semana. No hay que ser Sherlock Holmes para saber el por qué se tomó dicha decisión.

No se ha producido anuncio oficial alguno, pero pueden esperar ver a Senzel en Cincinnati sumamente pronto.