Yirsandy: ¿El impactante swing de Erisbel Arruebarrena que dominó en 2019 puede regresar?

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Erisbel Arruebarrena

 

 
 

¿Es Erisbel Arruebarruena el peor bateador que se haya parado en el plato durante estos playoffs de la 59 Serie Nacional del béisbol cubano? No, realmente.

Sin embargo, una vez que te fijas en el rendimiento de su swing y exploras esta desinflada línea ofensiva de .050/.259/.050, 0 HR, 2 RBIs en seis juegos de esta postemporada, comienzan a agitarse nuestras dudas: ¿Arruebarrena podrá regresar a aquel estado de forma intratable con el que se convirtió en el líder de jonrones durante 2019? ¿O no podrá superar su actual ‘slump’ en esta postemporada? Ambas interrogantes, también le han generado preocupaciones a Armando Ferrer, el manager de los Cocodrilos de Matanzas.

“Hemos analizado que en un torneo tan corto como este playoff no podemos hacer tantos cambios. Movimos a Arruebarrena de turno, porque vimos que realmente no ha hecho los ajustes necesarios. Lo llevamos atrás (al octavo turno), no para quitarle un poco de presión, sino algo de responsabilidad, pero no pudo producir, independientemente de que Yosimar Cousín se presentó en gran forma”, dijo Ferrer.

“Si no estabilizamos a los jugadores en un turno al bate y con determinadas funciones dentro del lineup, podríamos sacarlo de juego”.

Un aspecto interesante aquí es que, en medio de este terrible “slump”, Arruebarrena se ha mantenido haciendo un gran trabajo defensivo en combinación con el refuerzo César Prieto, sumando una pifia en 36 lances. Ese aspecto, el descenso ofensivo, no ha limitado psicológicamente al “Grillo” para que brille en el campo corto, aunque la preocupación de los Cocodrilos ya comenzó a sentirse: De 17 corredores que ha encontrado en posición de anotar durante esta postemporada, Erisbel ha dejado a 15 esperando remolque.

Esa frecuencia negativa se ha estabilizado en seis partidos y no será tan fácil de superar. Incluso si Arruebarrena ajusta su disciplina y no se deja engañar por los pitcheos rompientes que le están lanzando hacia la esquina (baja) de afuera, deberá trabajar en el recorrido de su swing. ¿Cuál es la principal razón? Sus estadísticas en apenas 12 bolas puestas en juego nos revelan rápidamente la respuesta: No ha podido golpear ningún batazo de línea. ¡Ninguno! Pero, además, se ha ponchado nueve veces, para un porcentaje de 33.3, bien por encima del 25.1 que promedió en la temporada regular.

Entre sus 12 conexiones en estos playoffs, siete han sido de rolling y cinco de fly. De hecho, la muestra de sus contactos nos ilustra el guión que han seguido todos sus oponentes: Cuando logró halar los pitcheos, sus seis puestas en juego fueron rodados.

Además, suma otro rolling por el centro del campo —un hit que remolcó carrera contra el zurdo tunero Yudiel Rodríguez en el Juego 4 de la semifinal—, y cinco elevados más, dos al center y tres de ellos al right, su banda contraria. Como puedes apreciar, el resultado de esos cinco flyballs de Arruebarrena hacia territorio del center-right, expone la principal tendencia de ataque de sus oponentes: Los pitcheos rompientes en la esquina de afuera y las bolas rápidas (pegadas), han limitado el efecto y la coordinación de su swing.

Cuando detallas todas estas muestras, constatamos una vez más que los bateadores pueden perder su forma óptima en el plato durante apenas pocos días. En diciembre, la explosión y el ritmo de Arruebarrena fue letal. Golpeó nueve de sus 19 jonrones en solo 76 viajes por el plato, y empujó 22 carreras (el 40.7% de sus 54-RBIs en toda la temporada), durante apenas el 29.8% de apariciones en home. Fue una sensación.

Ganó el título como mejor jonronero sacudiendo par de bombazos en el último partido del 2019 frente a los Leñadores. Promedió una impresionante frecuencia de un jonrón cada 8.4 durante 17 partidos en diciembre y, sin embargo, 11 días después, aquel implacable swing se apagó cuando comenzó la postemporada.

Obviamente, su slump en seis juegos podría cambiar a partir de este martes, pero tendrá que trabajar duro para entrar de nuevo en coordinación. Tampoco podemos olvidar el crédito de la oposición que tiene enfrente: Lázaro Blanco, Yosimar Cousín y, para este Juego 3, Yariel Rodríguez, todos lanzadores de la élite en el béisbol cubano actual —el primero, un veterano que sabe atacar la pelota por toda la zona y, los dos últimos, un par de diestros bien talentosos—.

Si hipotéticamente esta final llega al Juego 7, olvidando ahora estos primeros seis matchs donde “El Grillo” no rindió, vería acción en cinco más. Eso significa que, por lo menos, entrará al plato de tres a cuatro veces por juego si el manager Armando Ferrer lo mantiene en el octavo turno. Y, si regresa al centro del lineup, el promedio se elevaría hasta 4 o 5, para estabilizarse entre 20 y 23 oportunidades más de resurgir.

Después de una victoria donde Javier Camero marcó la diferencia con cinco remolcadas (todas las del equipo) en el Juego 1, la ofensiva de los Cocodrilos pegó apenas tres hits al día siguiente. Promedian .206 en esta final y han dejado a 34 de los primeros 36 corredores que llevaron a posición de anotar, siendo limitados por el staff de lanzadores camagüeyanos.

Si Erisbel Arruebarrena no logra el nivel acostumbrado que extendió durante casi toda la temporada y, al mismo tiempo, noveno y primer bate, Eduardo Blanco (6-1) y César Prieto (se ha ido de 9-0 en esta final) siguen siendo limitados ofensivamente, a los Cocodrilos les será difícil producir carreras.

¿Podrá regresar el impactante swing de Arruebarrena, vistoso y demoledor cuando encuentra su mejor ritmo? Con su nivel, se esperan grandes ajustes.

Pronto la sabremos.

Tomado de: baseballdecuba.com

 

1 comentario

    • enrique15 en 15 enero, 2020 a las 11:12 am
    • Responder

    El slump de Arrebarruena tiene implicaciones en el equipo más allá de su poca producción en lo personal.Ferrer, a partir de eso, tuvo que hacer cambios en la alineación entre los que se encontraba traer a Jefferson para el 5to bate, una responsabilidad que a este jugador le tre problemas de presión evidentes. Lo otro es que la consistencia de la tanda se resiente, toda vez que la protección conque contaba Gracial con un hombre atrás capáz de botar 19 pelotas en la serie desaparece casi por completo.
    Ahora bien, yo creo que las causas del slump del Grillo pueden (y digo pueden, porque estoy especulando) tener relación con los días de descanso a finales de año. He oído y no puedo confirmarlo, que el Grillo tuvo problemas a fin de año con su enfermedad (es diabético) y quizás por ahí ande la cosa. No sé. Lo cierto es que la recuperación ofensiva del Grillo, sobretodo ahora que la salida de Ariel parece permanente, es imprescindible en las aspiraciones de los Cocos en estos play off finales.

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