Las Minas y Santa Lucía

12:20:46 AM

 

Por el profesor y peñista honorifico: Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

 

 

Para José Gandoy, jardinero titular

 

   En la pelota cubana, desde hace muchos años, hay equipos que juegan con fuerza entre sí; suele llamárseles “eternos rivales”. Los hubo y los hay. La fanaticada acude en masas a los estadios. En la Liga Profesional Cubana, los “eternos rivales” eran Habana y Almendares. Probablemente en el Almendares no jugaba nadie de aquella zona alrededor del río que lleva ese nombre. Algunos habaneros sí militaban en su club. Se defendía el nombre, no la región.

   Más curioso era ver peloteros foráneos en aquellos equipos. ¿A quién defendían? Interesante pregunta, ¿verdad? La respuesta es sencilla: al que les pagara mejor. No era de extrañar que el camarero Forrest Jacobs, haya alternado con el Almendares y con el Habana.

   En todas las provincias y municipios del país, se daban confrontaciones que hacían las delicias de los aficionados quienes, como única opción, encontraban en los juegos la forma de realizarse. Se mantienen algunos “eternos rivales” en nuestras Series Nacionales. Si discrepa, dígame usted qué son Industriales y Pinar del Río, o los propios Azules y Santiago de Cuba.

Desde hace muchos años, no recuerdo rivalidad como Minas de Matahambre y Santa Lucía. Pueblos vecinos, no pocas veces riñeron por decisiones arbitrales o jugadas no deseadas. Los fanáticos vibraban de entusiasmo. Era el gran show de mi pueblo en los años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta. Dicen que venía de más atrás. Hoy quizás haya mermado un poco; representan al mismo municipio.

 

Minas de Matahambre, René Melo de pie, al centro. Nené Martínez debajo, a la izquierda.

 

   El equipo de Matahambre era mimado por la compañía norteamericana, arrendataria del coto minero. Muchos jugadores trabajaban rompiendo la tierra, para penetrarla en la búsqueda del mineral. En los trajes usaban una franela similar a la de los Yankees de New York. Según me comentó José Gandoy, los trabajadores daban, voluntariamente, dos pesos al mes para ayudar al equipo. Los Verdugos de Santa Lucía jugaban con trajes de menor calidad, pero se entregaban por igual en el terreno. “El hábito no hace al monje…” diría el abuelo Pancho.

   Algo curioso: con los Verdugos no había casi blancos, quizás alguno en la reserva. En las Minas sucedía a la inversa, jugaban pocos negros. Todavía me pregunto las causas. Discriminación había en los dos pueblos.

   Los domingos, al mediodía, las mujeres vestían sus mejores galas, o las de moda. Los niños,sin dinero para entrar al juego, se parapetaban fuera del estadio, desde las prácticas y luchaban a brazo partido por llevarse las bolas de fouls y pagar el boleto. Allí también hubo camorras.

“Revolico el Negrito”, me enseñó más de un pole. Se sentía orgulloso cuando jugábamos con el suyo, no con el mío, comprado fácilmente. Él nunca entendió por qué los reyes magos le dejaron alguno en mi casa, si esa no era su dirección; quizás Melchor lo reconocía de allí.

   El carro, con bocina, recorría el territorio para anunciar aquellos partidos de leyenda: “Pueblo minero, el domingo, a la 1.30, un gran juego de pelota entre los Verdugos y las Minas. “Nené” Martínez contra Canasí, no se lo pierda…” Repetía sin cesar Felipe, el mismo que anunciaba los filmes “Made in USA” y proyectaba las películas en el único cine. Que conste: Felipe no era cojo ni tenía botella que soltar.

   Y allá se volcaba el pueblo. El cabo Zambrana, con sus guardias rurales listos para aplacar -fusta en mano- a la fanaticada, si los tragos de ron o de cerveza se iban a las cabezas, cuando apostaban por René Melo y Nené Martínez en las Minas, contra los hermanos Borrego y Polo Álvarez, por los del puerto.

 

Raúl (Polo) Álvarez

 

   Los que no podían entrar por problemas de bolsillo o capacidad, se amontonaban en el lomerío que circunda el estadio. Buena visibilidad desde el right hasta el center field. Se me antoja que el mejor lugar para divisar el juego, era el patio de Pedro “El Oriental”, uno de los más fervientes admiradores de los mineros.

Entonces, llegaba el momento esperado por todos. Con la presencia de Don Tomás y Virginia, los padres de los Martínez, en unión de la Junta Directiva presidida por el gallego Rego, a su vez jefe de la Mina, se oía la voz de play ball, que en buen cubano no es otra cosa que “a jugar se ha dicho”.

 

Rogelio Álvarez (Borrego)

 

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Enero de 2020.

 

 

1 comentario

    • Amaya en 13 febrero, 2020 a las 7:34 am
    • Responder

    Bueno, Osabita, de esta rivalidad entre ambos conjuntos en bien conocidas as historias, pero también podemos investigar, porque he oido muchos relatos de la eterna rivalidad en el beisbol entre dos pueblos de Consolación del Sur, que son Pilotos y Puerta de Golpe, dicen que hasta broncas se armaban en estos desafios

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