Memorias y Galeria de Martin Dihigo

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Del equipo de las Aguilas Cibaeñas de 1937.De pie, desde la izquierda: Battling Siki Roque, Cando López, Clarence Palm, Santos Amaro, Martín Dihigo

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Por Jorge Alfonso


Acerca de la carrera deportiva de Martín Dihigo, igual que en los casos de José de la Caridad Méndez, Adolfo Luque y otros destacados peloteros profesionales de antaño, los medios periodísticos fueron ecos públicos de infinidad de anécdotas y hechos bastante cercanos a las leyendas. Por ejemplo, en el caso específico de Dihigo, nacido en el pequeño poblado matancero de Cidra, 25 de mayo de 1906, existen diversos relatos sobre cómo se produjo su debut en los campeonatos invernales durante los primeros años de la década de 1920.

Sin embargo, ¿quién mejor que el propio Don Martín para puntualizar detalles?, y así lo contó al colega Eladio Secades, quien lo publicó en Bohemia, en febrero de 1949.

–Yo vine a la capital sin dinero ni para lo más necesario. Al llegar gasté los últimos cincuenta centavos y tuve que ir a pie desde la calle General Lee, en Marianao, hasta el Campo de Marte, donde pasé la noche dormitando en un banco.

Por la mañana conocí a Lucas Boada, pícher del club Marianao, y me llevó para que practicara con esa novena dirigida por Baldomero Merito Acosta. Este me estuvo observando y cuando terminé me dio 10 pesos para que pasara dos o tres días. Gasté la plata y tuve que regresar a Matanzas. ¿A que no sabe por qué? Porque no había uniforme para mí y ellos pensaron que no valía la pena comprar uno nuevo para un novato que nada había demostrado.

En noviembre regresé y durante unas prácticas en el antiguo Almendares Park, Miguel Ángel González, director del club Habana me probó en tercera base y me quedé con ellos. Estuve en el banco sin poder jugar hasta el 21 de enero. En la novena entrada me mandó a cubrir la tercera en sustitución de Rafael Quintana. Y algo curioso, participé en los tres outs. En esa misma primera temporada 1922–23, yo tenía apenas 16 años de edad y tuve que enfrentarme, entre otros lanzadores a Isidro Fabré, Emilio Palmero y Lucas Boada.”

Así, sin ningún tipo de dudas, inició su triunfal carrera Martín Dihigo Llano. Algún tiempo después se supo que había participado en varios campeonatos de la categoría juvenil desde que cumplió los 13 años de edad hasta que en 1921 jugó el campo corto del equipo Piratas, de Matanzas, en un torneo semiprofesional celebrado los fines de semana en el terreno Palmar de Junco.

A lo largo de casi dos décadas, Dihigo deleitó a los fanáticos cubanos, estadounidenses, mexicanos, venezolanos y dominicanos, lo mismo desde la lomita que con el bate en la mano, pues demostró ser un virtuoso en las nueve posiciones.

El mejor ejemplo para corroborar tal afirmación lo encontramos en los resúmenes estadísticos del campeonato cubano de 1935–1936, en el cual vistió la franela del conjunto Santa Clara y conquistó postítulos de bateo (358) y de los lanzadores (11 triunfos y 2 reveses).

Debido a su condición de negro, nunca pudo desenvolverse en el béisbol de las Grandes Ligas; pero al concluir la primera temporada en el certamen profesional cubano, ya el empresario Alejandro Pompez lo incluyó en la nómina del Cubans Stars y en 13 campañas alternó con jugadores del calibre de James Cool Papa Bell, Oscar Charleston, Joshua Gibson, Leroy Satchell Paige, Sam Loyd y muchos más, en distintos equipos de las Ligas Negras de los Estados Unidos.

Es cierto que Martín Dihigo no logró la aspiración básica de un pelotero en su época, jugar con las mejores luminarias en las Ligas Mayores, pero sus distintas hazañas protagonizadas en los circuitos negros provocaron una espontánea expresión del afamado director de los Gigantes de New York, John McGraw: “Lo considero el jugador más completo que he visto en los días de mi vida”. Y fíjense si McGraw vio jugar a buenos peloteros que durante más de 30 años (1899–1932) comandó de manera consecutiva a los Orfeones de Baltimore y a los Gigantes de New York.

En la trayectoria del criollo, siempre en Cuba con el número 11 en la espalda de la camisa, aparecen infinidad de actuaciones sobresalientes, pero tal vez la más importante, dados los ribetes de singularidad, resulte el hecho de ser escogido para integrar el Salón de la Fama en cuatro países: Cuba, México, Venezuela y los Estados Unidos.

Por supuesto, y era lógico que así sucediera, fue en casa propia donde recibió la primera de esas cuatro distinciones, luego de cubrir 21 temporadas con distintos equipos hasta el 11 de enero de 1947, fecha en la que colgó los spikes como jugador activo de los Elefantes de Cienfuegos en el recién inaugurado Stadium del Cerro.

Los mexicanos también conocieron sus bondades por espacio de diez campañas en la liga veraniega (1937–1947) y en la placa bronceada que perpetúa la memoria de El Maestro, como acostumbraban llamarlo los especialistas y fanáticos de ese país, escribieron los siguiente: “Incomparable pelotero cubano que se distinguió en todas las posiciones, pero especialmente en la doble condición de pícher–bateador. Fue el primero en lanzar un juego sin hit ni carrera (Águilas de Veracruz frente al Nogales, 15 de septiembre de 1937) y en conectar seis indiscutibles en igual cantidad de veces al bate. Posee la marca del mejor promedio de ganados y perdidos (119 victorias y 57 derrotas para 676), carreras limpias (2,84), mientras bateó 317.

Durante ese interesante periplo competitivo, Don Martín o El Inmortal, así lo bautizaron sus seguidores en casa propia, incursionó en un torneo celebrado en Caracas (1932) y allí defendió la divisa del club Concordia.

En el encuentro decisivo del certamen –20 de noviembre– se enfrascó en soberbio duelo con su compatriota Manuel Cocaína García, extraordinario serpentinero zurdo del conjunto Caribe. Luego de 12 entradas una dudosa decisión arbitral favorable a los del Concordia provocó graves desórdenes en los graderíos y en posterior rectificación la copa destinada al triunfador perteneció al Caribe. El balance de Dihigo fue de 6–0. En 1937 también visitó la República Dominicana y conquistó el título de los bateadores con formidable promedio de 351 (97–34).

Tal vez la culminación de los merecidos galardones llegó un poco tarde, pues Martín Dihigo falleció el 19 de mayo de 1971 en el pueblo de Cruces, perteneciente a la provincia de Las Villas y la nominación del Comité de las Ligas Negras para figurar en el Salón de la Fama de Cooperstown, Nueva York, se hizo realidad el 8 de agosto de 1977.

En la tarja colocada junto a los mejores jugadores de todos los tiempos en los Estados Unidos aparece señalado textualmente: Martín Dihigo Llano, El Maestro, Ligas Negras (1923–1947). La más versátil de las estrellas de las Ligas Negras. Jugó béisbol en los campeonatos de verano e invierno. Registró más de 260 victorias como lanzador y cuando no subía a la lomita actuaba en distintas posiciones para promediar más de 300. También fungió como manager en diversas épocas. 

 

Martín Dihigo

Martín Dihigo

Martín Dihigo

Datos personales

Nombre completoMartín Dihigo Llano
ApodoEl Inmortal
El Maestro
Fecha de nacimiento25 de mayo de 1906
Lugar de nacimientoCidra, Matanzas,  Cuba
NacionalidadCubana
Fecha de fallecimiento19 de mayo de 1971
Lugar de fallecimientoCruces, Las Villas,  Cuba

Carrera

DeporteBéisbol
Número11

Trayectoria

Piratas de Matanzas
Habana
Águilas de Veracruz
Águilas Cibaeñas

Martín Dihigo. Versátil pelotero de las Ligas Negras, juega en los campeonatos de verano e invierno. Conocido como “El Inmortal” o “El Maestro“. Se destaca por haber obtenido más de 260 victorias como lanzador, así como era capaz de jugar en distintas posiciones, obtuvo 400 de average. También se destaca como manager en diversas épocas. Considerado el mejor pelotero cubano de todos los tiempos. Gloria del deporte cubano.

Contenido

Síntesis biográfica

Nació el 25 de mayo de 1905. Asistió a la escuela publica No. 8 de José Tomas. Su padre, Benito Dihigo, veterano de la Guerra de independencia de Cuba, trabajaba en un central azucarero, mientras la madre Margarita Llanos, realizaba las labores domesticas del hogar. Desde muy temprana edad se interesó por el béisbol y como era pobre y no tenía dinero para comprar los implementos deportivos confeccionaba pelotas de trapo y bates de güira para jugar en los solares yermos del barrio.

Carrera deportiva

El número que usaba en la camiseta era el 11 y lo llamaban El Inmortal o El Maestro. Su primer juego como profesional fue el 23 de enero de 1923, al ser aceptado como tercera base en el equipo Rojos del Habana.

Algunas semanas antes de la inauguración de la temporada, Miguel Ángel González, otrora estelar receptor en el béisbol de las Grandes Ligas, recibió informaciones relacionadas con un mocetón de 16 años de edad, procedente de la provincia de Matanzas, quien reunía todos los poquitos para imponerse en el béisbol rentado.

De inmediato, el dueño del Club Habana lo mandó a buscar y le realizaron varias pruebas al muchacho con el bate entre las manos y como defensor de la tercera almohadilla, posición en la que sentó cátedra debido a sus movimientos y potente brazo. Pasados algunos años y convertido en un verdadero consagrado en los torneos invernales cubanos y en las ligas negras estadounidenses, Martín Dihigo contó a uno de los reporteros de la época lo sucedido el propio día del debut, 21 de enero de 1923:

“Nos enfrentamos al Equipo Marianao, dirigido entonces por Baldomero Merito Acosta; ya con el juego prácticamente decidido para los marianenses, Miguel Ángel me mandó a cubrir la tercera base. Por cierto, los tres outs de la entrada fueron en fáciles roletazos a mis manos, así, sin ningún tipo de dudas, comenzó la triunfal carrera”

.

 

 

Algún tiempo después se supo que había participado en varios campeonatos de la categoría juvenil desde que cumplió los 13 años de edad hasta que en 1921 jugó el campo corto del equipo Piratas de Matanzas, en un torneo semiprofesional celebrado los fines de semana en el terreno Palmar de Junco.

A lo largo de casi dos décadas, Dihigo deleitó a los fanáticos cubanos, estadounidenses, mexicanos, venezolanos y dominicanos, lo mismo como pitcher que como jugador, demostró el dominio de las nueve posiciones.

El mejor ejemplo para corroborar tal afirmación se encuentra en los resúmenes estadísticos del campeonato cubano de 19351936, en el cual vistió la franela del conjunto Santa Clara y conquistó los títulos de bateo (358) y de los lanzadores con 11 triunfos y dos reveses.

Debido al color de su piel nunca pudo desenvolverse en el béisbol de las Grandes Ligas; pero al concluir la primera temporada en el certamen profesional cubano, ya el empresario Alejandro Pompéz lo incluy’o en la nómina del Cubans Star.

Durante 12 campañas (entre 19221947) alternó con jugadores del calibre de James Cool, Papa Bell, Oscar Charleston, Joshua Gibson, Leroy Satchell Paige, Sam Lloyd y muchos más, en distintos equipos de las Ligas Negras. Si bien es cierto que Martín Dihigo no logró la aspiración de jugar con las mejores estrellas de la Grandes Ligas, algunas veces pudo enfrentarse a peloteros de la talla de Babe Ruth, Lou Gehring, Grover Cleveland Alexander, entre otros, en juegos de exhibición y muchos conocieron las excepcionales cualidades del jugador cubano.

Preguntado el entonces vicepresidente de Los Ángeles Dodgers, Al Campanis, quién era el jugador más completo que había visto, contestó sin pensarlo dos veces: Martín Dihigo. Campanis no estuvo solo en esta aseveración, pues otras grandes figuras del béisbol como John Mc Graw, Satche Paige, Hilton Smith, Buck Leonard, Doc Cramer y Johnny Mize, dijeron palabras similares sobre Dihígo. Después de ver en acción a Dihigo para explicar que clase de pelotero era, Leonard, expresó:

“El fue el mejor todos los tiempos, blanco o negro. Ustedes escojan a Ruth, Cobb y DiMaggio, que yo me quedo con Dihigo”

.

Otro de los jugadores de las Grandes Ligas, Johnny Miza, quien tuvo la oportunidad de jugar con Martín en la República Dominicana hacia 1937 comentó cierta vez:

“En varias ocasiones en el campeonato los lanzadores preferían darle base intencional para trabajarme a mí”

Cuando regresó de jugar en Venezuela en 1935, el jardinero Doc Cramer de los Medias Rojas de Boston, comentó que se había enfrentado a jugadores como Joshua Gibson y Oscar Charleston en partidos de exhibición, pero que de romperse la barrera racial imperante en ese momento, Dihigo hubiera sido el mejor en saltar a las Grandes Ligas.

En 1938, en México, estableció un record sin precedentes con Las Águilas de Veracruz, al conquistar el campeonato de los bateadores con .387, barriendo además en el departamento de lanzamiento, al adjudicarse los títulos de ganados y perdidos con 18-2, porcentaje de carreras limpias permitidas con 0.90 y de ponches con 184. Finalizó su carrera en tierra azteca con marca de 119-57.

En Cuba, durante la temporada de 19351936, guió a Los Leopardos del Santa Clara a la conquista del campeonato como manager del equipo. Como si fuera poco, capturó 9 liderazgos individuales, incluyendo la corona de los bateadores (0.359) y de los lanzadores (11-2).

Lideró el circuito en carreras anotadas (42), empató con Willie Wells en hits (63), – triples (8), carreras impulsadas junto a Bill “Cy” Perkins (38), -juegos completos como serpentinero (13), ganados (11) y blanqueadas propinadas (4).

Fue elegido el Jugador Más Valioso. Implantó otro record mundial al integrar los Salones de la Fama de tres países distintos: Cuba, Estados Unidos y México.

En Cuba ganó 106 de los 120 desafíos que lanzó completos, fue campeón de los pitchers en 3 temporadas; líder en juegos ganados (2), lanzados (2), completos (2).Como bateador en Cuba: líder en hits 3 veces, en carreras impulsadas (1), en bateo (1). Bateó par de veces los 400 de average y conectó 4 dobles en un partido, el 15 de noviembre de 1928.

En el primer año como jugador de las Ligas Negras, en 1923, lideró los jonrones (11) y repitió 1926 y 1927, a la vez que bateaba para promedios de 0.421 y 0.370 respectivamente. Jugó en varios Juegos de las Estrellas entre peloteros de la raza negra.

Durante 1932 se fue a jugar a Venezuela, donde pasó tres campanas. El 21 de agosto de 1932, dejó sin hit ni carrera, al Cincinnati de La Güaira en la Liga de Verano y a la vez ponchó a 15 bateadores, proporcionándole la victoria al Concordia 4-0.

El 18 de septiembre de ese año, ponchó a 17 jugadores del Caribe en 10 entradas, concediendo solamente 4 hits y guiando al Concordia a un triunfo de 3-2. En 1933 finalizó con record de 6-0, con un increíble promedio de carreras limpias de 0.15. El 23 de julio, dejó en un hit al Caribe, conectado por Perucho Cepeda (el padre de Orlando) en el séptimo. Ponchó a 9 y su nuevo equipo Universidad ganó 3-1.

Un mes después, el 24 de septiembre, dejó en un hit al Royal Criollos en 10 episodios, superando al “Patón” Alejandro Carrasquel, 1-0. El 6 de mayo de 1934, lanzando nuevamente para el Concordia, dejó en un hit al Santa Marta, ponchando a 12 y blanqueándolos 3-0.

Posteriormente, el 9 de septiembre, dejó en 3 hits al Santa Marta, logrando que el Concordia conquistara invicto el VI Campeonato de béisbol de Primera División en 1934.

Cuando Martín jugó en Puerto Rico debutó patrullando las tres posiciones de los jardines en un partido. Al día siguiente lo hizo en el campo corto en el primer encuentro y metió los nueve ceros en el tercero.

Integró en 1937 el equipo de las Águilas Cibaeñas, en la República Dominicana, donde fue el mejor bateador y lanzador del conjunto. Finalizó como líder jonronero de la Liga y terminó tercero de Joshua Gibson con 0.351 de average. Solamente Satchel Paige pudo ganar más de las 6 victorias conseguidas por Dihigo, durante una competencia que solamente duró 28 encuentros.

 

 

Le gustaba enseñar el beisbol a los niños

Los mexicano lo vieron ganar 119 juegos y perder apenas 57, con 1,523 2/3 innings lanzados en 11 campañas. Se anotó el primer juego sin hit jamás logrado en la Liga Mexicana, el 16 de septiembre de 1937, actuando con el Veracruz, al blanquear al Nogales 4-0. Fue campeón de los serpentineros en 3 temporadas distintas y un par de ocasiones en carreras limpias permitidas. Ponchó a 18 en partido de 9 entradas, el 5 de agosto de 1939 y se anotó 34 ponchados en 2 desafíos consecutivos, el 5 y 8 de agosto de 1939. Resultó campeón ponchador en 4 torneos diferentes.

Como bateador, conectó 6 hits en igual número de veces al bate contra el Agrario, el 18 de septiembre de 1936, en el Parque Delta de la capital.

 

 

Tarja conmemorativa en el Salón de la Fama de Estados Unidos

Después de una intensa campaña liderada por el cronista deportivo Buck Canel y el Club de Matanceros libres, se dio a conocer oficialmente el jueves 3 de febrero de 1977 , ingresó en el Salón de la Fama del bésibol en Cooperstown, Nueva York, el 8 de agosto de 1977, titulo obtenido post morten.

Ha sido considerado internacionalmente como el pelotero más completo de todos los tiempos, por ello lse conoce con el apodo de El Maestro, esta distinción se la ganó por las actuaciones en el terreno. Figura también en los salones de la fama de México y Venezuela.

Martín Dihigo Llano falleció en el poblado cienfueguero de Cruces, el 19 de mayo de 1971, donde vivió largos años de su vida, luego de casarse y tener un hijo, al que llamaba Martincito, quien jugó pelota con el Club Marianao, pero nunca integró la  Liga Cubana de Béisbol Profesional.

 

El don de la maestría

Autor: Yodeni Masó Aguila

Tomado de almamater.cu

Martín Dihigo Llano es una leyenda del deporte. Su nombre ilumina el santuario beisbolero de Cooperstown, en Estados Unidos, además de ser exaltado al Salón de la Fama de México, Venezuela y Cuba.

Maestría y caballerosidad distinguieron siempre a Martín Magdaleno Dihigo Llano, el mejor pelotero cubano de todos los tiempos.

El mulato de sangre mambisa nació el 25 de mayo de 1906 en el poblado matancero Jesús María, en La Cidra, hoy Limonar. Con apenas 14 años inició sus andanzas por el deporte de las bolas y los strikes y ya muchos especialistas le auguraban un futuro grandioso.

Don Martín inició custodiando la tercera almohadilla y llegó a ser versátil en todas las posiciones de juego, habilidad que lo engrandece. Excelentes des­plazamientos, elegancia con el mascotín y dueño de un potente brazo, trasciende más por su dominio como lanzador que por su bateo.

Con 6.4 m de estatura y un peso que osciló entre las 190 y 210 libras, Martín demostró rapidez en el corrido de las bases. Desde el montículo desarrolló un picheo agresivo con gran dominio de la zona de strike, basado en una recta desafiante y demoledora lan­zada desde diferentes salidas.

Sin ser un gran slugger poseía un tacto increíble y poder excepcional, el 179 de promedio en su primera campaña de invierno ascendió a 344 posteriormente superado por otros de 415 y 450 para completar las po­tencialidades de este jugador todo terreno.

Comenzó en la nómina profesional del Palmar de Junco, e integró además las selecciones Club Habana, Cuban Stars, Cienfuegos, Almendares, Marianao y Santa Clara. «El Inmortal», como se le conoce, participó en 18 temporadas oficiales y dos torneos independientes.

Todo un gigante en el círculo de lanzar, posee el liderazgo histórico en victorias con 107, juegos completos 121 y segundo en campañas lanzadas 19. Mientras con el bate promedió 300 en nueve temporadas y conectó en tres ocasiones por encima de 400.

Fue quizás la campaña 1935-36 una de las mejores en su brillante carrera deportiva, como manager llevó a los Leopardos de Santa Clara al título y obtuvo el liderazgo de bateo y picheo. En la ofensiva comandó las anotadas con 42, triples 8, hits 63 e impulsadas 38 para un promedio de 358 y desde el box ganó 11 y perdió 2.

Hombre de carácter fino, sereno y de buenos modales, dirigió en cinco certámenes y aparte del campeonato conquistado con el Santa Clara en las campaña 1935-36, alcanzó el triunfo en 1936-37 con Marianao. Estuvo tam­bién en la edición de 1945-46 al frente del conjunto Cienfuegos en el juego inaugural del Gran Stadium del Cerro.

El beisbol en México tiene el sello de Dihigo, al punto de merecer el calificativo de «El Maestro». El 16 de septiembre de 1937 propinó el primer no hit no run en la historia de la Liga Mexicana, con el Veracruz frente al Nogales.

En el libro de récords aparece la hazaña de 34 ponches en dos aperturas consecutivas, pues el 5 de agosto de 1939 liquidó a 18 hombres en 9 episodios y en su siguiente salida del torneo dejó a 16 hombres con «la carabina al hombro».

Nadie brilló más y con tanta calidad en México y sus números lo colocan en la cúspide. Como lanzador pre­senta el mejor promedio de ganados y perdidos histórico de 676, con 119 triunfos ante 57 descalabros, además de la mejor efectividad para una cam­paña con 0.90 promedio de carreras limpias y más innings trabajados con 167, en ambos casos en 1938. En esta temporada alcanzó la triple corona de pitcheo (18-2 y 184 ponches) y fue líder de los bateadores con promediode 387 para sellar otra de sus grandes campañas. El Unión Laguna de la liga azteca en 1942 conquistó el campeonato bajo la guía de Don Martín, quien se desempeñó en los tres roles principales del juego: manager, pitcher y bateador.

La página más dolorosa de su trayectoria beisbolera la padeció en los Estados Unidos, donde sufrió discriminación racial. Sin embargo, sus ac­tuaciones en el diamante demostraron que también existían estrellas negras y derrotó a los famosos blancos del manager Connie Mack, una carrera por cero, ponchando en tres ocasiones al famoso jonronero Jimmy Foxx.

El beisbol de la Ligas Negras estadunidense vio en 23 campañas a un Dihigo versátil, capaz de jugar todas las posiciones con elegancia y seguridad total. Allí también dirigió e integró la primera nómina del New York Cubans, en 1935, donde bateó 372 y ganó dos de tres decisiones desde el montículo, jugó con ellos nuevamente en 1945.

El Don fue figura cimera en los torneos profesionales de Panamá, Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico. En Venezuela estuvo en tres campañas con gran éxito. El 21 de agosto de 1932 dejó sin hit ni carreras al Cincinnati de La Guaira en la Liga de Verano y a la vez ponchó a 15 bateadores proporcionándole la victoria al Concordia 4-0. En 1934 fue todo un látigo bola en mano ante el Santa Marta, al derrotarlos en dos ocasiones, la última el 9 de septiem­bre tolerando tres inatrapables para lograr que el Concordia conquistara el VI Campeonato de Beisbol de primera División. También en tierras venezolanas guió a los Leones de Caracas al título en la edición de 1952-1953.

Su labor en República Dominicana fue también relevante. En 1937 vistió las franelas de las Águilas Cibaeñas y resultó el mejor desde la lomita y con el bate en el conjunto, fue líder en jonrones y tercero en promedio ofensivo en todo el torneo, solo superado en victorias por Satchel Paige al lograr 6 triunfos en 28 desafíos que duró el torneo.

El 3 de febrero de 1977 se dio a conocer su nombramiento para estar en el santuario beisbolero de los Estados Unidos en Cooperstown, convirtiéndose en el primer cubano en ser exaltado a este último. El excelente peregrinar de su carrera le otorgó avales suficientes para integrar el Salón de la Fama de México, Venezuela y por supuesto de Cuba.

Sus últimos años los dedicó a enseñar, pues cuentan los que lo conocieron» del placer que sentía cuando transmitía sus conocimien­tos y habilidades a los peloteros jóvenes.

A la edad de 65 años, el 20 de mayo de 1971, Don Martín Dihigo Llano dejó de existir víctima de una trombosis cerebral, para entonces ya estaba en la historia como el jugador más completo que ha conocido el béisbol de América Latina.

 

 

Semblanza para un Maestro Inmortal: Martín Dihigo

Por: Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Tomado de cubadebate.cu

Su mirada iba más allá del horizonte, y en ella se dibujaba un rostro de nobleza, hidalguía y, sobre todo, el apego al terruño que lo vio nacer. Montones de arrobas beisboleras arrullaban su cuerpo y él, cual simple mortal, recorría las calles de New York, Matanzas o la capital, con la efigie natural de pelotero bueno que lo acompañó desde los años mozos, hasta la ternura de nietos e hijos en las piernas.

Su vida no se circunscribió al diamante, también disertó en tertulias culturales. El rostro de este hombre aparece en peñas musicales como la del trovador Sirique, hijo de Valentín González, un pelotero de alto nivel en el siglo XIX, de quien había heredado el apodo. A nadie negó un consejo, ni anécdotas de tiempos de glorias, que enriquecerían el acervo cultural de la pelota cubana, y más allá.

Lector voraz de temas disímiles, prefirió hurgar en la historia de su país, quizás para enraizar la autoctonía y mantener la dignidad nacional en cualquier plaza. Martí y Maceo fueron el centro de su atención. De ellos bebió una savia vivificadora de energía, patriotismo y entereza. Algunas peñas llevaron su nombre en pleno apogeo, como aquella de Reina y Belascoaín. A ellas acudió y logró enriquecerlas con el don de la palabra y el respaldo de los hechos.

A nadie quedó mejor el uniforme, ora del Habana, el Cienfuegos, Marianao o Almendares y el fortísimo Leopardos de Santa Clara; los Cuban Stars y el New York Cubans de las Ligas Negras, o el Hilldale Daisies; en equipos mexicanos como el Águila de Veracruz, y tantos otros. Los vestía cual frac de lujo y supo hacerlos respetar en aquellos seis pies con tres pulgadas de estatura (infrecuentes entonces) y unas 190 libras de peso.

Fue lanzador, receptor, jugador de todo el cuadro, jardinero, manager, y profesional de la palabra beisbolera; imposible abarcar más. Hay versiones del lugar de nacimiento. Aceptamos la de Alfredo L. Santana, quien afirma que había nacido el 25 de mayo de 1906, en el ingenio Jesús María (Cidra), actual municipio de Limonar, provincia de Matanzas. Sus padres se nombraban Benito Dihigo, sargento del Ejército Libertador en la Guerra de Independencia y Margarita Llanos.[1]

Para muchos especialistas, está considerado el jugador más completo (all around) que ha pisado un terreno de béisbol. A la ofensiva se echó a sus espaldas las míticas cinco herramientas: inteligencia y decisión, bateo, fildeo, rapidez, excelente brazo, poder… Y sobre la lomita, estuvo entre los mejores. El destacado jugador Buck Leonard, afirmó: “Él fue el mejor de todos los tiempos, blanco o negro. Ustedes escojan a Ruth, Cobb y DiMaggio, que yo me quedo con Dihigo…”[2]

Buck Canel, cronista y locutor deportivo puertorriqueño, lo seleccionó el mejor tercera base de las Ligas Negras. Y que conste, jugó todas las posiciones y no fue la antesala su bastión. A partir de allí, apareció el imprescindible eslabón de utility. Según los documentos de la época, cuando Dihigo entraba a la grama de cualquier estadio, los ojos iban hacia aquel de carisma desbordado.

A los catorce años era una estrella prominente, y a los quince integró una nómina de profesionales en el Palmar del Junco. Participó en veintiuna temporadas de la Liga Profesional Cubana y en dos torneos independientes, desde 1922 hasta 1947, donde dejaría récords infranqueables. Había debutado, con solo diecisiete años, con los Leones del Habana, dirigidos por otro grande: Miguel Ángel González. Ese mismo año se fue a los Estados Unidos con los Cuban Stars, de las Ligas Independientes de Color, o Ligas Negras norteamericanas.

En aquellas lides estuvo durante veintitrés campañas, entre 1923 y 1945, donde defendió todas las posiciones, y dirigió. Había debutado con los Cuban Stars East de 1923. Con el Homestead Grays en 1928, el Hilldale Daisies de 1929 y 1931, así como con el Baltimore Black Sox de 1931. Integró el primer New York Cubans, propiedad de Alejandro Pompez, en 1935, y se mantuvo en 1936 y 1945. Allí, en su primer año, lideró los jonrones, lo que repetiría en 1926 y 1927, con elevados promedios de .421 y .370, respectivamente. En 1929 finalizó segundo en cuadrangulares y bateó .386. Al año siguiente lo hizo para .393. Datos imprecisos nos dicen que como lanzador en ese circuito, alcanzó un balance de 27-21. Jugó en varias Series Mundiales de las Ligas Negras, a donde acudía como lanzador y bateador.

Dihigo fue, según James A. Riley, en The Biographical Encyclopedia of the Negro Leagues Baseball, p. 234: “El jugador más versátil que haya jugado béisbol. Llegó a los Estados Unidos como segunda base, pero con el tiempo se desempeñó en todo el cuadro y en los jardines. Después se subió al montículo para lanzar y cuando no lo hacía continuaba como factor principal en la alineación…” En 1945 dirigió los New York Cubans. Datos inexactos de toda su carrera, nos dicen, según este autor, que el Maestro Inmortal había ganado 261 juegos y perdió 138.

Su labor en México fue fabulosa. Había comenzado con el Águila de Veracruz, después estuvo en otros equipos. También fue brillante su labor en torneos profesionales de Panamá, Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico. En más de una ocasión obtuvo los títulos de bateo y de los lanzadores, en el mismo torneo.

Por esas cosas de la vida, ese año había llegado Jackie Robinson a las Mayores y rompería la barrera del color. Martín no pudo hacerlo por la discriminación que arrastró en carne propia, y le faltó tiempo. A pesar de ello, su extraordinaria carrera le deparó muchas satisfacciones. Dirigió en cinco campañas de la Liga Profesional Cubana: 1935-1936, con el Santa Clara (campeón), 1936-1937, con el Marianao (campeón), 1937-1938, con el Marianao (3ro.), 1939-1940, con el Cienfuegos (2do.) y 1946-1947, de nuevo con el Cienfuegos (3ro.). Total: en 271 desafíos, obtuvo un balance de 142-129 (.524). En 1953 estuvo al frente del Caracas, de Venezuela, en la Serie del Caribe, donde obtuvo la 4ta. posición (1-5).

El 3 de febrero de 1977, ya fallecido, se dio a conocer su ingreso al Salón de la Fama de Cooperstown, junto a otros estelares como John Henry Lloyd, Amos Rusic, Ernie Banks, Joe Sewell y el ex manager Alfonso López, de ascendencia cubana. La ceremonia se hizo efectiva el 8 de agosto de ese año. Así reza la placa: “Martín Dihigo El Maestro. Ligas Negras (1923-1947). El más versátil de las estrellas de las Ligas Negras. Jugó béisbol en los campeonatos de verano e invierno. Registró más de 260 victorias como lanzador y cuando no subía a la lomita, actuaba en distintas posiciones para promediar más de 300. También fungió como manager en diversas épocas…”[3]

Además, había sido seleccionado a los Salones de la Fama de Cuba (1951), así como de México y Venezuela (1964). En este último país lanzaría en 27 desafíos, de ellos 25 completos, con un impresionante balance de 21-4 y 0,41 de efectividad. Se proclamó campeón, como manager del Leones de Caracas, en el torneo 1952-1953. Había llegado a la tierra de los morochos en 1932, donde estuvo tres campanas. Allí, el 21 de agosto de 1932, dejó sin hit ni carreras al Cincinnati de La Güaira en la Liga de Verano y ponchó a 15 bateadores, proporcionándole la victoria al Concordia (4 x 0). El 18 de septiembre de ese año, ponchó a 17 jugadores del Caribe, en 10 entradas. En 1933 había alcanzado un record de 6-0 (1,000), con un increíble promedio de carreras limpias (0.15).

En Puerto Rico tocó la leyenda cuando en un juego defendió los tres jardines y al siguiente día participó en un doble, defendiendo el campo corto en el primero y propinando una espesa lechada en el segundo. En el Santo Domingo de 1937, estuvo con las Aguilas Cibaeñas, donde descolló al bate y como lanzador del conjunto. Había finalizado líder jonronero de aquella liga y terminó con .351 de average. Solo el sensacional Satchel Paige ganó más de las 6 victorias, las alcanzadas por Dihigo en un torneo que duró 28 encuentros.

En 1937 se había desempeñado con el Águila de Veracruz, en la Liga Mexicana, donde dibujaría con pincel de lujo una impresionante trayectoria. El 16 de septiembre, en Veracruz (4 x 0), se convirtió en el primero en lanzar un juego sin hit ni carreras en ese circuito, frente al Nogales. También el prístino que conectó 6 hits en 6 veces consecutivas, contra el Agrario, el 18 de septiembre de 1938, en el Parque Delta, un récord que perdura. Otros lo comparten hoy, incluido el granmense Alfredo Despaigne en el 2013, con los Piratas de Campeche. En 1938 Martín logró otra hazaña, al resultar líder de los bateadores (.387), así como en carreras limpias (0,92), ganados y perdidos (18-2) y en ponches (184).

Allí conserva el récord de ponches en dos juegos consecutivos (34), una proeza alcanzada en 1939, con el Águila, así como de más temporadas (4) liderando los ponches. Comparte las marcas de más años (4) como champion pitcher, en triunfos y derrotas, de más años (2) con el título de carreras limpias, y más ponches en un desafío (18). Como manager, en 1942 llevó a la cima al Torreón. En la tierra de los mariachis y el tequila, su impresionante marca desde el box fue de 119-57, con una efectividad de 2,84. Al bate lo hizo para .317.

Un día de 1947, dijo adiós en ese querido país como jugador activo, con los Tuneros de San Luis y con el Veracruz. Su última aparición oficial fue el 26 de julio de ese año, en el Parque del Seguro Social de Ciudad México.

Le persiguieron las anécdotas: “En México Dihigo hizo historia, como la hizo en Venezuela y en las Ligas Negras de Estados Unidos. En 1930, cuando ya rozaba la gloria, lanzó por una selección negra y superó al zurdo Lefty Grove, para vencer 1-0 a los invencibles Elefantes Blancos de Filadelfia, que dirigidos por Connie Mack acababan de vencer a los Cardenales de San Luis en la Serie Mundial. Para coronar su gran actuación, el cubano ponchó tres veces al toletero Jimmy Fox, quien al igual que Grove tiene una tarja en el Salón de la Fama. Contaba un periodista de la época que, deslumbrado, el legendario Connie Mack exclamó al referirse a Dihigo: ‘Si este negro no fuera negro, no habría quien me lo arrebatara’. Esta es, a grandes rasgos, la trayectoria del hombre para el cual hubo que crear la plaza de utility en el All Stars negro de todos los tiempos, debido a su versatilidad…”[4]

Convertido en periodista y comentarista autodidacta, de profundo sentimiento patrio, no pasó por alto un lamentable incidente. Allí brillaría tanto como con el guante, su poderoso brazo y el bate. En la temporada 1949-1950, publicó un artículo titulado Pelota cubana para players cubanos, que se puede leer en el libro citado de Alfredo L. Santana, p. 56: El Inmortal del Béisbol. Martín Dihigo, que bien pudiera rememorar a Martí en su Vindicación de Cuba, al erguirse en defensor de la soberanía nacional ante las indisciplinas de entrenadores y peloteros norteamericanos, en franca demostración de prepotencia, amparados en el Pacto de 1947 entre la Liga Profesional Cubana y el Béisbol Organizado.

El Inmortal refutó con fuerza una insubordinación de peloteros de aquel país en la campaña 1949-1950, ante las orientaciones del manager del Marianao. Los lanzadores norteamericanos Garman Mallory y Ben Wade, incitados por el coach Rollie Hemsley, acostumbraban a desobedecer las órdenes del manager Reynaldo Cordeiro. El asunto llegó al extremo de intentar golpear al director cuando les llamó la atención, pero se vieron frenados al este tomar un bate en las manos. Ellos serían expulsados y regresaron a su país arrostrando la indignación de todo un pueblo. Entonces, Dihigo no titubeó:

“Con el espectáculo que acabamos de presenciar en nuestra pelota profesional y ante el poco pudor y la vergüenza de muchos de los jugadores norteamericanos que militan en los equipos de la Liga Cubana, llegamos a la conclusión, no ahora, sino en anteriores trabajos publicados, que nos visitan unos señores que olímpicamente ignoran las múltiples delicadezas de que son objeto en un país donde se les promete ganarse decorosamente la vida durante los meses de invierno. El invierno en los EUA es sumamente riguroso para los atletas y en Cuba, nuestra querida Patria, se abren los brazos hospitalarios a estos señores esperando sus mayores esfuerzos para que los clubes en que militan tengan aspiraciones legítimas para conquistar el pennant, pero nos topamos con Hemsley, decrépito y cobarde, tramando bajo cuerdas sus funestas maquinaciones contra un criollo, contra un atleta cubano, probado por su lealtad y honradez a través de los años que ha estado dentro del béisbol. Reynaldo Cordeiro tiene nuestro apoyo y nuestra confianza, porque sintiendo en cubano y hablando en cubano, ha sido un atleta de vergüenza y honestidad probadas. Frente a lo ocurrido no cabe otra cosa que reclamar la expulsión de los extranjeros perniciosos que perturban con su presencia la sociedad y pretenden malograr nuestras aspiraciones de elevar el deporte. El deprimente espectáculo por varios jugadores yanquis del club Marianao, debe ponerse en guardia para el porvenir, aunque desgraciadamente sabemos que los dirigentes de nuestro béisbol profesional son más norteamericanos que los mismos jugadores que tuvieron que expulsar ante la magnitud del escándalo ofrecido. Por ello es que seguimos insistiendo en nuestra demanda de más cubanos en nuestra pelota. Más players cubanos, para que muchos hogares nuestros sientan el calor y el aliento de sus vecinos, y conciudadanos. ¿Pero a quién estamos haciendo esa petición? ¿A Mike González? ¿A los numerosos dueños del Almendares? Ni pensarlo, porque con raras excepciones, nuestros magnates sienten y obran como los yanquis. Pena da confesar que mientras peloteros jóvenes con probadas condiciones deambulan sin ocupación por el stand del estadio del Cerro, son desplazados por norteamericanos con el probado calificativo de bultos ganando sueldos fabulosos y gastándose el lujo de discriminar a peloteros como Reynaldo Cordeiro. Estos señores que nos visitan tienen aquí cómodas casas de apartamentos en repartos exclusivos, confortables hoteles donde muchos cubanos no son admitidos, ni de broma, por el color de su piel. Y cuánto dolor sentimos, como cubanos, viendo que siempre estos extranjeros tienen la razón cuando actúan en el diamante, mientras que los cubanos son vituperados por sus propios compatriotas. No se olvide que para estos señores somos tierra de mestizos, donde ellos vienen en son de conquista para merecer todos los halagos y consideraciones. Pero, cuando es a la inversa, nos discriminan como en el caso del team Havana Cubans que aparecieron en la lista de pasajeros como negros, o como en el caso de los barcos de la Pand O, en que los peloteros negros aparecen registrados como africanos. Mientras tránsfugas con antecedentes penales, gansters y banqueros de bolita sean dueños de clubes de pelota, nos hemos impuesto el sano propósito de estar alejados del béisbol profesional cubano, aunque no dejemos de reconocer a los hombres honorables que militan en él, y para los que tendremos un lugar preferente, haciéndole justicia cada vez que sea necesario. Y ahora, unas palabras de aliento a Reynaldo Cordeiro: Cordeiro hiciste muy bien, lo que lamentamos es que no hayas podido romperle la crisma a esos desvergonzados yanquis”.

A las 7 p. m. del 20 de mayo de 1971, en el Hospital Regional de Cienfuegos, dejó de existir Martín Magdaleno Dihigo Llanos, el hombre que elevó a la cumbre el béisbol de la Isla. Sus restos reposan en el cementerio de Cruces, un pueblo situado a 39 kilómetros de Santa Clara, donde vivió sus últimos años. Una verdadera manifestación popular acompañó el cortejo fúnebre.

       Liga Profesional Cubana:

 

JJVBHAVECA2B3BHRBR
6732093619.296356100441770

 

JLJCGPPROM
24812110756.656

 

Récords:

-3ro. en temporadas jugadas (22).

-3ro. en triples (44).

-7mo. en dobles (100) y 8vo. en anotadas (356).

-Único jugador cuatro veces seleccionado El Más Valioso: 1927-1928, 1935-1936, 1936-1937 y 1941-1942.

-Cuatro dobles en un juego, el 15 de noviembre de 1928.

-En 1935-1936 lideró los siguientes departamentos: bateo (.358), anotadas (42), hits (63), triples (8), impulsadas (38).

-En tres campeonatos conectó sobre .400: 1926-1927 (.413), 1927-1928 (.415) y en el torneo independiente de 1926-1927 (.450).

-Máximo ganador de la Liga Profesional Cubana (107) y en completos (121).

-2do. en temporadas lanzadas (19), 4to. en porcentaje (.656) y 9no. en perdidos (56).

-Comparte con otros el récord de ganar en cuatro ocasiones 10 o más desafíos.

-Encabezó el porcentaje de ganados y perdidos en cuatro ocasiones.

-En dos campañas fue quien más juegos lanzó y en otras dos el que más ganó.

-En 1935-1936 encabezó los juegos completos (13) y las lechadas (4).

-En 1943-1944 fue el pitcher de más efectividad (2,23).

Escarbe usted con uñas afiladas, utilice lupas de amplio grosor, hurgue hasta la saciedad en centenares de textos de papel o digitales, cual polilla incansable, y no desmaye hasta lograr su objetivo; no encontrará otro que haya cruzado el firmamento beisbolero con tal carga de destrezas, orgullo redentor y sabiduría.

Como suele suceder, él abrió caminos y está en el espacio sideral, sin rivales fijos, ni de ocasión. Mas quedará la amarga discriminación que le impidió brillar con luz propia junto a Ruth, DiMaggio y compañía. Un racismo que lo apartó también, en plena efervescencia, de la Liga Nacional Amateur, adscripta a la Unión Atlética de Amateurs de Cuba. Manchas imborrables en la patria, y más allá.

Su figura de mármol se yergue al infinito. Otros vivieron y nacerán, llenarán graderíos con vítores y abucheos, jolgorios y semblantes alicaídos, pero en todos quedará reflejado el rostro de un hombre que está, por derecho propio, en el mundo de los inmarcesibles. Y lo más importante: no se lo creyó, pues estuvo por encima de las vanidades, para dejar una estela imborrable del buen hacer.

¡Gloria eterna al Maestro Inmortal!

 

Martín Dihigo

Martín Magdaleno Dihigo Llanos (Matanzas, Cuba, 25 de mayo de 190520 de mayo de 1971) fue un jugador de béisbol en las Ligas Negras y en varias ligas de la América Latina. Fue famoso como lanzador, pero fue estrella a todas las posiciones. Nació en Jesús María, Matanzas, Cuba. Fue apodado como “El Maestro” o “El Inmortal”.

Dihigo comenzó su carrera profesional durante el invierno de 1922-23 como infielder con El Habana en la Liga Cubana. Ingresó en las Ligas Negras el siguiente verano con los Cuban Stars (East), jugando a primera base. Jugó en las Ligas Negras de 1923 a 1936, y brevemente en 1945.

De 1937 a 1944, y en 1946, 1947 y 1950, Dihigo jugó en la Liga Mexicana, donde realizó la mejor temporada de su carrera en 1938,1 mientras su equipo, los Rojos del Águila de Veracruz, obtuvo el campeonato de la liga. Sus estadísticas fueron sobresalientes, tanto en el pitcheo como en el bateo. En el departamento de bateo Dihigo tuvo el mejor porcentaje en la liga, .387, y en el departamento de pitcheo anotó 18 ganados y 2 perdidos y un porcentaje de carreras limpias admitidas de 0.90 y con 184 ponches.2

Durante los inviernos, Dihigo jugó en las ligas profesionales de Cuba, la República Dominicana y Venezuela. Fue elegido al salón de la fama del béisbol de cada uno de estos países, y también a los salones de México y de los Estados Unidos.

Un ejemplo del respeto que existe para Dihigo como jugador es esta conversación entre el entonces gerente general de los Dodgers Al Campanis y el narrador Jaime Jarrin:

Al dijo, “Jaime, el mejor pelotero que he visto en mi vida es Martín Dihigo, pero nunca llegó a las Grandes Ligas”, rememoró Jarrín. “Después de Dihigo, colocaría a Roberto Clemente por encima de Willie Mays. Esos son los dos mejores jugadores que he visto toda mi vida”.3

Martín Dihigo está enterrado en el Cementerio Municipal Cruces en Cruces, Cienfuegos, Cuba

 

13 comentarios

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    • Reinaldo on 3 marzo, 2015 at 3:47 pm

    Gracias Daimir por este sitio,gracias por este hermoso homenaje a este caballo del deporte,que me dices de poner tambien recuerdos de nosotros,de los encuentros que hemos tenido,aunque yo no he estado,lo he sentido igual,gracias.

    1. Gracias Rey, el lo merece. Esa será otra de las secciones que iré creando, es solo cuestión de tiempo. Saludos.

  1. Alexander Diaz Almaguer
    Leí tu preocupación por el traje de Santiago que lucía el Grande de Guajailota y no solo para ti sino para todos los que le surja esa preocupación les cuento que Dihigo Jugo para Santiago, en la Liga Nacional (Profesional) que se jugo casi paralela a la liga cubana Profesional en la década de los 30 al 40 y este Santiago fue el cuarto equipo de esa liga que representaba al Oriente cubano.

    1. El Mayor, a Alexander esas informaciones le come el hígado jaja.

    • Francisco Fidel Cerulia Acosta on 2 marzo, 2015 at 3:14 pm

    Ese es un ejemplo de lo que ya se ha debatido un mundo, pero que tiene que hablarse de eso cada ves que toquemos algo que sirva de ejemplo, Martín nunca jugó MLB porque no podía un negro jugarla en su época, ahora ¿por eso se va a dudar de que el es el mejoir pelotero cubano de todos los tiempos?, es lo mismo que hablamos de los de los años 80s y 90s, no jugaron contra profesionales, pero ellos solitos en el entrenamiento sin contrario eran mejores como generación pelotera que esta de hoy, sin dejar de entender que varios de hoy son buenod peloteros.

    • Daniel on 1 marzo, 2015 at 4:13 pm

    Contra Daimir pro como pudiste editar una foto del Inmortal ya querías que fuera santiaguero a la cañona jejeejejjejjs no en serio lo que eel logro en el beisbol guaoooo pero es que era un hombre que tenía todas las condiciones fíjate que lo mismo era un temible bateador que un excelente pitcher.

    • Alexander Diaz Almaguer on 28 febrero, 2015 at 4:20 pm

    Ante todo aclarar que antes escribia como dejesus(ese es el correo) y ahora en la peña lo hago con mi nombre.
    Hermanos, que clase de pelotero, yo creo que el destino decidio que naciera en esa epoca, que grandes luminarias lo vieran jugar, que queden sus comentarios que son de lo mas autorizado, pero si todos hablan bien, no puede haber dudas. Ustedes se imaginan el inmortal en la MLB, luego que los negros pudieron insertarse alli, cuantos records, cuanta historia y quizas no hubiera muerto en el olvido, pero no pudo tener la plata que se merecia, y lo que ni su familia se imagina es que tiene y puñado de buenos cubanos que se han propuesto que El Maestro no caiga en el olvido, ese es uno de los objetivos de esta peña.
    Un abrazo

    1. Un puñado no, somos muchos cubanos que de una forma u otra tratamos de poner bien en alto luminarias como la de Martin y otros grandes que no se le recuerda como merecen. Como bien dices, ese es uno de los objetivos de nuestra peña y nos sentimos bien honrados al hacerlo. Saludos.

        • Alexander Diaz Almaguer on 28 febrero, 2015 at 11:23 pm

        vale la correccion, somos muchos y seremos muchos mas mientras mas se conozca de el, solo no me gusta las foto que la camisa dice Santiago, jajajajajaja, na al maestro se le permite todo, ojala sea Santiago de los caballeros o Santiago de chile o Santiago de compostela,jajajaja, pero menos Santiago de Cuba, no sera que las metiste algun arreglito, un abrazo

        1. JAJAJA, Como tú crees que voy a editar una imagen de nuestro ídolo? . Eso nunca, pero si te duele que no tenga una foto con la de la industria sufreee jejeje. Mira mejor preocúpate por tu equipo que ahora mismo está fuera de los play off, recuerda que en esta serie no le di un voto a la clasificación y nada que ver con regionalismo. Saludos.

            • Alexander Diaz Almaguer on 28 febrero, 2015 at 11:50 pm

            Mira hermano que ya tengo bastante con estar de guardia todo el fin de semana, no te voy a negar que anoche pense mucho en eso, los industriales no tienen a nadie que aguante despues del 7mo inning, pero estan bateando, ya veremos que hacemos para estar entre los 4 y si logramos eso, cualquier cosa puede pasar, por ahora te pido una cosa, dejame pasar el fin de semana tranquilo y no me lo menciones mas, jajajajaja, vargas ayer hasta rezo,jajajaa

            1. Pues si tu quieres, puedes ayudar tambien rezando, jajajaja

  2. Sin duda alguna lo que Martin Dihigo logro en un terreno de beisbol, como jugador y manager, lo convierte en el mejor de todos los peloteros cubanos…..¡¡¡¡ QUE VIVA MARTIN MAGDALENO DIHIGO LLANO POR SIEMPRE !!!!!

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