Por peñista, Juan Gualberto G. Gómez
(…) No se detenga querido amigo, no jubile a su rocinante y menos cuelgue su adarga en cualquier rincón, me gustaría ver salir de su inquietante pluma un comentario sobre lo que yo llamo ” la generación del 67″, generación de deportistas que venero, ya que en ese año nacieron parte de nuestros más importantes representantes como Félix Savón, Javier Sotomayor, Mireya Luis, Magalis Carvajal, Omar linares y otros, si usted pudiera complaceme se lo agradecería infinitamente.
El amigo Chikungunya me pide hablar sobre un período de nuestra historia, específicamente sobre una generación nacida a finales de los años 60. Aunque no soy historiador, solo un diletante que habla sobre deporte, no eludiré el reto, pero tendrán que perdonarme las pifias que cometa durante el desarrollo del juego (espero hacerlo para más de .980 de average defensivo).
De lo primero que debo hablar es sobre el contexto histórico de ese momento en particular. La Revolución cubana cumpliría en un par de años apenas una década de vida y la efervescencia revolucionaria y patriótica estaba implícita en cada actividad de la sociedad. Campañas de alfabetización, de vacunación, de ingresos a becas otorgadas por el Gobierno para todo joven que quisiera estudiar, matizaban la vida diaria de la nación. El país era un efervescente volcán de preparación militar para defenderse contra los ataques reales e imaginarios del enemigo del Norte. Los trajes y corbatas habían cedido ante los uniformes de color verde olivo y azul cielo de las milicias y el Ejército Rebelde. Hasta hacia poco tiempo era común tener en el hogar una metralleta checa, un largo fusil R-2 que superaba en estatura a algunos de sus portadores, o simplemente pistolas capturadas como trofeos a mercenarios en Playa Girón o Playa Larga y que quedaron en manos de los hombres que fueron a defender a la Patria en las arenas matanceras.
Era un orgullo pertenecer a los CDR, surgidos como necesidad de defensa ante los sabotajes que pululaban en los barrios de la ciudad de La Habana; ser miembro de la OPC y la UJC (casi imposible de ingresar a sus filas si se tenía un pariente cercano contrarrevolucionario o emigrado hacia EE.UU.)…La Revolución tuvo que encerrarse en sí misma para evitar la avalancha de propaganda subversiva que diariamente inundaba a nuestro país (eran pocos los radios con onda corta, pero entraban con facilidad las ondas hertzianas a nuestro país, y pobre de aquel que era cogido oyéndolas). Tan férrea era esa barrera que quien escuchara a los Beatles, música española o extranjera, tuviera una revista impresa en el extranjero, vistiera o pelara de una forma desaprobada por la dirección política de la nación, era catalogado de “extranjerizante” y –créanme- era una categoría en la que en aquellos tiempos nadie quería caer. Esos “inadaptados” (que incluían también a los homosexuales) eran enviados a las unidades militares de ayuda a la producción (UMAP) (Pablito Milanés y Silvio Rodriguez pasaron por ella)… A quien le interese profundizar en ese período, debe remitirse a los documentos generados durante el Primer Congreso de Cultura celebrado en nuestro país…
Cuba tuvo que recurrir a la “ayuda desinteresada” (la historia demostró posteriormente que no había nada de desinterés en ella) del llamado campo socialista y como consecuencia tuvimos que asimilar culturas ajenas que distorsionaron la criolla, al punto de asumir el idioma ruso como segunda lengua nacional y ver inundado el territorio nacional con productos “hecho en la URSS”. Con ese aluvión nos llegaron para bien, también, eminentes educadores deportivos (recordar la emblemática figura de Chervonenko, preparador del mítico Stevenson y fundador, junto a Alcides Sagarra, de la llamada escuela cubana de boxeo), técnicas de preparación deportivas de punta y recursos materiales y financieros que indiscutiblemente coadyuvaron al desarrollo de nuestras potencialidades deportivas…
Fidel era el primer impulsor de las actividades deportivas, y robaba tiempo a su agitada agenda de trabajo para fundar, esparcir, desarrollar y supervisas escuelas deportivas (EIDEs, ESPAs) y generar encuentros deportivos inteescolares que coadyuvaran al desarrollo muscular e intelectual de los jóvenes. Con asiduidad visitaba mi centro escolar y era común que llegara intempestivamente a él para sostener encuentros de básquet nocturnos (como elemento de preparación personal para luego participar en torneos entre funcionarios y dirigentes del Estado en la Ciudad Deportiva)…
Hablo de todo esto, porque solo situando al hombre en su contexto histórico es posible comprender su posterior desarrollo y actitud ante la vida. Y sin darnos cuenta, cada joven que crecía en las entrañas de nuestro país estaba reproduciendo en menor escala las propias figuras de los máximos dirigentes de la Revolución, con elementos de los que el Che denominó “el hombre nuevo” (un individuo fuertemente movido por una ética personal que lo impulsa a la solidaridad y el bien común sin necesidad de incentivos materiales para ello).
Esos hombres y mujeres, educados en ese contexto, fueron capaces de alcanzar victorias inolvidables y enfrentar los retos deportivos en los escenarios más adversos e inverisímiles (ah, esos atletas, incluidas las mujeres, saltando de un barco hacia un inestable bote en medio de un mar “picado” e infectado de tiburones, a pesar de la negativa de entrada del Departamento de Estado de los EE.UU a tierras boricuas, es un cuadro imperecedero y glorioso de nuestra historia deportiva). Esos atletas eran capaces de rechazar sumas increíbles de dinero y cheques en blanco solo por vivir el sueño de colgarle al cuello la medalla de oro a Fidel, conquistada en ocasiones y literalmente a “sangre y fuego”…
“Guárdese sus millones de dólares, mister, que en Cuba esperan por mí millones de personas para compartir conmigo la gloria de mis medallas”…Más o menos así contestó Stevenson a alguien que le ofreció dinero para torcer su rumbo; pero más o menos así respondían todos y cada uno de los atletas nacidos en aquellos convulsos años de finales de los años 60 y la década del 70…Eran tiempos en que la mente, los músculos y los ideales latían al unísono con la Revolución…Yo, nacido unos años antes (en realidad 15 años antes) abracé como todos los jóvenes de esa generación esos ideales; los hice míos y tomé prestado un párrafo del autor soviético Nikolai Ostrovski, escrito en su inigualable novela “Así se forjó el acero”:
“Lo más preciado que posee el hombre es la vida, se le otorga una sola vez y hay que saber vivirla de modo que al final de los días no se sienta pesar por los años pasados en vano, para que no exista una angustia por el tiempo perdido y para que al morir se pueda exclamar «toda mi vida y todas mis fuerzas han sido entregadas a la causa más noble en este mundo, la lucha por la liberación de la humanidad».”
Así pensaban y actuaban esos hombres ante los retos de la vida; así pensaba yo, y con convicciones férreas lo estampé en mi diario de campaña cuando fui por ideales supremos a pelear en tierras africanas…
Imposible, hermano Chukungunya, imposible que no hubieran nacido en esos tiempos hombres de la talla de Stevenson, Félix Savón, Javier Sotomayor, Mireya Luis, Magalis Carvajal, Omar Linares y tantos otros que usted ni yo mencionamos por no hacer interminable esa lista… Y los citamos a ellos porque son héroes conocidos, pero ¡cuántos! héroes anónimos de esa generación entregaron sus vidas a cambio de nada; no ya de una medalla de oro deportiva, sino por cumplir con sus convicciones e ideales…
Espero que mis palabras no hayan sonado a panfleto, pero usted me ha hecho recordar cosas que guardo en lo más profundo de mi ser con una mezcla de añoranza, orgullo y, por qué no, dolor…
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