• Jayson Stark

Él lidera la liga en jonrones. Lidera la liga en momentos que hay que ver en SportsCenter. Y por supuesto, lidera la liga en cabello. Pero en otras noticias, Bryce Harper tiene una guerra que pelear.

La guerra de la cultura.

Quizás no parezca que lo sea. Pero el jugador más atrayente en el béisbol en el equivalente del general George S. Patton en la guerra por la cultura en el béisbol. Él ve lo que otros hombres a su alrededor no ven. Él dice lo que otros hombres a su alrededor no dirían. Así que él está dispuesto a pelear por salvar el mundo. Su mundo. El hermoso mundo del béisbol. Y sorprendentemente, la pelea comenzó con una gorra.

“HACER DIVERTIDO DE NUEVO EL BÉISBOL”. Seis palabras, tejidas en hilo rojo sobre un fondo blanco en una gorra, colocada encima de la cabeza de Harper mientras atendía a los medios luego de conectar cuadrangular en el Día Inaugural. Que comience la diversion. Dejen que comience la guerra por la cultura.

Ahora dice que solo estaba “bromeando”. Solo bromeando con la prensa. Y se sorprenderán al saber que apenas tres semanas más tarde, Just messing with the media. And you’ll be shocked to learn that three weeks later, aparecieron gorras y camisetas a la venta por todas partes en internet con el lema HACER DIVERTIDO DE NUEVO EL BÉISBOL, sin mencionar que también aparecieron en la tienda del equipo de los Nacionales de Washington.

Pero he aquí la parte importante: Cuando Harper se puso esa gorra en su cabeza ese día, no era parte de una estrategia de mercadeo. Era un hombre con un mensaje. Y él se va a asegurar que todos escuchemos este mensaje por, digamos, las siguientes par de décadas.

“Yo amo este juego más que a cualquier otra cosa en el mundo”, dijo. “Pero…”

¿Pero? ¿Había un “pero”? De seguro que lo hubo. Pero… el juego tiene que cambiar. Y – ustedes necesitan saber esto, ustedes tienen que prepararse para esto — Bryce Harper se está ofreciendo de voluntario para encabezar este cambio.

Cuando le dijo a ESPN The Magazine en el invierno que “el béisbol es aburrido… porque no te puedes expresar tal y como eres”, él sabía exactamente lo que estaba haciendo. Él sabía exactamente lo que estaba diciendo. Él sabía exactamente por qué lo estaba diciendo.

“Cuando me estaban entrevistando para el artículo, yo sabía que iba a ser una buena lectura”, dijo. “Yo sabía que iba a mostrar la cantidad de entusiasmo que yo tengo hacia el deporte y cuánto amo este juego. Yo amo este juego. Pero los tiempos han cambiado”.

¿Y quién está mejor posicionado para ser el agente de cambio que el jugador de 23 años más dinámico que tiene el deporte? Cuando Harper llegó a las Grandes Ligas, tenía 19 años. Ya era un espíritu rebelde, con protectores negros debajo de sus ojos, energía y actitud. Y ¿cuál fue la reacción del mundo de la vieja escuela alrededor suyo? Sospecha. ¿Qué más?

Al preguntársele si antes sintió presión para que no expresara su personalidad, Harper piensa cuidadosamente su respuesta.

“En serio, a temprana edad, da un poco de miedo hacerlo”, dijo, “porque uno nunca sabe lo que puede pasar. Tu sabes, algunas veces lo haces, y entonces piensas, ‘quizás no debí haberlo hecho’, porque tienes 19, 20 años, y te estás enfrentando a un tipo con 35, 36 años, y probablemente a él no le va a gustar lo que le acabas de hacer”.

Pero ahora ya no le da miedo. Definitivamente no. Y Harper está trabajando activamente para promover la idea de que nunca deba dar miedo. Es posible que la cultura contra la que está librando esta guerra nunca lo vea de esa manera. Pero el general Patton simplemente no lo entiende así.

Él no tiene problemas con algunas reglas no escritas. Pero ¿con la mayoría de ellas? Para él harían más sentido si incluyeran en la ecuación el significado del momento.

“Si estás arriba en el marcador, 8-1 o 9-1”, dijo Harper, “no vas a intentar robar la segunda base. Y no vas a celebrar un cuadrangular, con un marcador de 8-1 o 9-1. Pero con el juego en la línea, en un momento grande, uno nunca sabe lo que uno va a hacer. Es algo que simplemente sucede. Y eso es lo que hace divertido este juego. Es esa emoción. Es ese fuego. Es esa competitividad”.

¿Y qué tal el lance del bate de José Bautista? No vamos a encontrar a un fanático más grande de ese lance, fuera quizás de la familia de Bautista, que Bryce Harper.

“Esa fue una gran situación”, dijo Harper. “Y es como estaba diciendo. Uno nunca sabe lo que uno va a hacer. Tienes a todo el país detrás de tí. Y poder demostrar una emoción en los playoffs … Quiero decir, no tengo la menor idea de lo que yo habría hecho si fuese yo el que conectase ese jonrón. No tengo idea. Pero yo me lo disfruté al verlo. Y pienso que las Grandes Ligas se lo disfrutaron al verlo. Lo pusieron en todas partes, así que pienso que se lo disfrutaron.

“Que momento más increíble para el béisbol, hablando como fanático del deporte”, añadió Harper. “Quiero decir, cuántos atletas de la NFL, o de la NBA, o de las Olimpiadas, o de cualquier deporte – todos ellos saben sobre el lance del bate de Bautista, porque es increíble. Todos lo vieron. Fue algo divertido. La emoción fue sorprendente”.

Así que, en la declaración de la misión de la Guerra contra la Cultura, ¿cuál es la definición de “divertido”? Lo acabamos de recibir entregado a la mano. “Divertido” significa no tener que disculparse por expresar alegría genuina, mientras la misma sea real. Y justificada. Y no con malas intenciones.

Sí el béisbol alguna vez quiere conectarse con la generación perdida, la generación de Harper, tiene que cruzar esta línea, darle la espalda al estoicismo del siglo anterior y permitir las libertades personales que en otros deportes se permiten y se alientan. Y ¿adivinen quién está llevando la batuta en esto?

Pero incluso en el propio camerino de Harper, no todo el mundo se está alineando detrás de él en este campo de batalla. Ellos solo están aprendiendo a estar a su lado. Y a apoyarlo. He aquí sus opiniones:

De Jayson Werth

Esta batalla por atraer la generación perdida — “eso le aplica a mis hijos”, dijo el jardinero izquierdo de los Nacionales de 36 años, que ha servido de mentor para Harper en muchos aspectos, pero que se comporta como de la vieja escuela cuando se habla de esta guerra. “No creo que me aplique a mí. Yo ya me habré ido. Ese no va a ser mi problema”.

Mirando la espesa barba y los cabellos revueltos de Werth, uno pensaría que también es un rebelde. Pero cuando se trata de actuar en un campo de béisbol, es cualquier cosa menos eso. Su abuelo (Dick “Ducky” Schofield), su tío (Dick Schofield) y su padrastro (Dennis Werth) jugaron en Grandes Ligas. Así que Werth se comporta de la manera en que le enseñaron ellos a comportarse. No ha cedido a la mnaera cambiante en este argumento. Y no se espera que lo haga. Así que quizás, dice riéndose, “yo soy el problema”.

Harper y él han tenido sus debates sobre este tema. Y muchas ocasiones. Y porque ambos son rígidos en otros niveles, “hemos tenido nuestras buenas discusiones sobre esto”, dijo Werth. “Pero en gran parte de las ocasiones, hemos acordado disentir en muchos aspectos”.

Pero solo porque él se encuentre en el otro lado de la batalla, no significa que Werth tenga problemas con el hombre que está dirigiendo esta pelea. Todo lo contrario.

“Él realmente ama el béisbol”, dijo Werth sobre Harper. “Y ahora mismo, él es una de las caras del béisbol de Grandes Ligas. Así que si ellos van a mover ese grupo demográfico, si eso es lo que necesita el deporte, entonces quizás él sea el tipo más adecuado para hacerlo”.

De Ryan Zimmerman

“Es diferente ahora”, dijo el relajado primera base de los Nacionales. “Eso me hace sonar realmente bien viejo, a pesar de que no soy viejo. Pero este es un juego diferente y una generación diferente a cuando yo subí”.

Dejemos que el record muestre que Ryan Zimmerman tiene apenas 31 años. Pero en cierto modo, él fue alguna vez como Bryce Harper. Al menos en el sentido de que una vez fue un jugador de 20 años en Grandes Ligas, creciendo hasta convertirse en la cara de la franquicia. Pero no en el sentido de que tenga algún interés en dejar que su cara aparezca en cada porta de revista, programa de televisión y cuenta de Twitter en el planeta.

“Así es esta generación, en cada deporte”, dijo Zimmerman. “Football. Baloncesto. Yo diría que prácticamente en todos los deportes están adelantados a la curva en cuanto a los cambios. El béisbol es uno de los deportes que menos ha cambiado, uno de los más difíciles para introducir cambios. Es un deporte de la vieja escuela. Y cuando uno mira a estos chicos jóvenes [ahora en el béisbol], existe un mercado tal, en las redes sociales y fuera del terreno, que estos otros deportes han podido aprovechar con mayor eficiencia que el béisbol. Y algunos de estos chicos están tratando de aprovecharse de esto”.

De Dusty Baker

“Yo siempre pensé que nunca podría mostrar mi personalidad real o mis verdaderos sentimientos en mi interior”, dijo el manager de Bryce Harper. “Y después de un tiempo, realmente ya no me importaba. Pero ahora… probablemente sea importante”.

Dusty Baker llegó a las Grandes Ligas a finales de la década de los 60, cuando la cara de SU equipo era un toletero que todo el mundo seguía con un comportamiento muy diferente. Ese era un caballero llamado Henry Aaron. Así que Baker rápidamente aprendió a imitar la dignidad callada de Aaron.

“Uno imita la personalidad de la superestrella con la que estás jugando, porque uno piensa que esa es la mejor vía para llegar al estrellato”, dijo Baker. “La forma de Hank Aaron era: conectar un cuadrangular y no hablar sobre ello, y decirle a la prensa que no sabes cómo lo hiciste pero que sí sabes que lo hiciste, y entonces conectar otro. No presumir sobre ello. No vanagloriarse sobre ello. Las dos personas que nunca escuché vanagloriarse sobre sus hazañas, a pesar de lo bueno que eran, fueron Hank Aaron y Sandy Koufax.”

Baker mira a Aaron y Koufax como los representantes perfectos de su generación. Y ahora está dirigiendo a un jugador que aparenta convertirse en el representante perfecto de su generación. Pero Baker no está listo para etiquetar a Harper de esa forma todavía. Pero si su estrella más brillante quiere “hacer divertido de nuevo al béisbol”, el manager no tiene planes de entorpecerle el camino.

“Es importante”, dijo Baker, “porque es importante para él”.

Lo que hace de Baker un buen manager es que no cree en imponerle la forma en que se jugaba en su tiempo a los jugadores que maneja ahora. Es posible que vea a su hijo de 17 años hacer un gesto como el de James Harden llamado “Dab” y sacuda su cabeza. Pero él deja que sus jugadores sean ellos mismos, siempre que su mayor prioridad sea jugar béisbol.

“No me molesta, porque a los contrarios no les importa”, dijo Baker. “Si a ellos no les importa, ¿por qué ha de importarme a mí?… Si ellos no dicen nada, yo tampoco. Pero si ellos te golpean el trasero, vas a tener que vivir con eso”.

Harper y su manager no han compartido durante tanto tiempo. Pero claramente Harper ha sentido el apoyo de su manager para que sea él mismo – y no alguna versión de sí mismo que otra gente quiere que sea. Que buen concepto.

“Yo solo quiero llegar aquí y divertirme, mostrar mis emociones y disfrutarme el juego”, dijo Harper. “Y eso es lo que Dusty hace cada día”.

Pero la semana pasada, Harper recibió el endoso de una figura más poderosa que su manager – nada menos que el propio comisionado. Hablando ante los Editores Deportivos de The Associated Press, Rob Manfred describió a Harper como “un portavoz de esta generación”. ¿Qué les parece?

“Yo realmente creo que un jugador de su estatura que comience un dialogo sobre el aspecto del deporte – y pienso que ese dialogo realmente involucra mayormente a sus pares, los jugadores en el terreno – producirá un resultado positivo para el deporte”, dijo Manfred. “Ellos son jóvenes. Ellos ven el mundo de manera diferente. Mis hijos ven el mundo de forma diferente a como lo veo yo. Y yo pienso que si la gente joven quiere encaminar al deporte hacia delante, tenemos que ser tolerantes al dialogo mientras las cosas cambian”.

Así que, ¿qué les parece? Resulta ser que incluso el comisionado quiere (ejem) hacer divertido de nuevo el béisbol. En honor a la verdad, él y su portavoz favorito saben que siempre ha sido algo divertido. Pero si van a esparcir el evangelio por el resto del mundo, parece que van a tener que atenerse a la realidad de que no solo será el bate de Bryce Harper el que hable.

Tal vez solo sea su gorra.