Un boxeador extraño

OrlandoMtnez

Colaboracion Peñista Santi

Un boxeador extraño
Monday, 18/07/2016 12:31 PM
Por Tribuna de La Habana en la sección
• Deportes

Autor: Rafael Pérez Valdés

No se llega por un camino sin espinas a subir al punto más alto del podio en unos Juegos Olímpicos. Así le ocurrió al boxeador capitalino Orlando Martínez Romero. Ocurrió en los de Munich 1972, éxito redondeado apenas cumplió 26 años de edad…

“Yo peleaba en la división de los 51 kilogramos. En ella me sentía cómodo, dominaba a los contrarios que iba a enfrentar. Pero entonces decidieron llevar en ella a Douglas Rodríguez, en definitiva medallista de bronce, y me subieron a la de los 54. Ese cambio no me gustó. En ella los boxeadores son más altos, tiran más golpes. Tenía que ponerme más difícil. Y antes de salir me dijeron que no esperaban pudiera ganar una medalla”, recordó para los lectores de Tribuna de La Habana.

Por suerte el astro zurdo del reparto Juanelo, en San Miguel del Padrón, no creyó aquel pronóstico fúnebre. Y llegó muy optimista a la ciudad alemana. Fue, como se aconseja en el refrán, “atrapando un conejo primero y otro después”. Le ganó 4-1 a WingMaung (Birmania); 3-2 a Michael Dowling (Irlanda); 5-0 a FerryMoniaga (India); 3-2 a George Turpin (Gran Bretaña); y ya en la final 5-0 a Alfonso Zamora (México), de muy fuerte pegada, quien luego fuera campeón mundial entre los profesionales.

“Yo, de niño, tuve una fractura en la clavícula derecha. Quizás haya sido una de las razones por las que me formé un estilo calificado de heterodoxo. Era una técnica mía, de mucha defensa y movilidad, de pelear al contragolpe. Los rivales no sabían qué hacer. El gran puertorriqueño Wilfredo Gómez, campeón mundial tanto entre aficionados como en los profesionales, decía que yo era un boxeador extraño. Nosotros peleamos en dos ocasiones. Una de ellas me confesó que en realidad había ganado yo”.

-Venciste en la final por votación de 5-0.

“Le peleé muy bien al mexicano, lo golpeé, lo tiré dos veces”.

-Según leí hace poco, el púgil azteca atribuyó la derrota a la inexperiencia: que después del pesaje matutino se comió dos salchichas grandes, se tomó dos cervezas, subió tres kilogramos, tuvo que bajar muy rápido…

(Orlandito se ríe antes de contestar).

“No sabía que lo dijo. Y eso que después nos hicimos amigos. Nos hemos visto en el exterior. Me ha llamado por teléfono. Lo mismo ha sucedido con su hermana y con su padre. Yo peleé enfermo casi todos los Juegos, tuve fiebres. Cuando regresé les dije a los que no confiaron en mí: Gané porque soy yo”.

Orlando toca un punto triste: “Estoy loco por ver mi medalla olímpica. La entregué al Museo del Deporte, cerrado hace años. Sé que ahí se han perdido cosas. No sé si ocurrió con la mía”.

Y entonces, ante un intento de jab periodístico final, respondió:

“Sí, leo Tribuna de La Habana, me parece muy útil para los capitalinos. Yo salgo para la esquina a buscar los periódicos. Allí converso con muchas personas. Me quieren en el reparto Juanelo; en el Casino Deportivo, donde vivo, y en toda Cuba”.

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