Héctor Camejo: “Hace falta trabajar de verdad, en el sol a diario, no en una oficina, porque ahí no se hace un equipo de pelota”

 

acamjo[1]

 

Colaboracion Marvely

 

A la distancia se ve que es puro carácter. Entre órdenes y sarcasmos bañados de doble intencionalidad, asesora a un pequeño grupo de cuatro jóvenes talentos de La Habana. Uno de ellos ya estuvo el año pasado con el team de Isla de la Juventud en la Serie Nacional Sub 23. Sobre otro me dice que le hicieron una injusticia –realmente no fue esa la palabra utilizada por él-, pues con sus 15 años, el somatotipo impresionante que tiene y las habilidades que reúne, lo excluyeron sin razones del equipo Cuba Sub 16 que terminó segundo en el Panamericano de Panamá. Vivir en Pogolotti, casi necesariamente es decir marginalidad, pendencierismo, guapería. Por eso, tal vez, Héctor Camejo Rodríguez de pinta de tipo guapo.
Se retiró, mas no puede vivir de esa subvención. Unos escasos 244 pesos mensuales lo obligan a dar clases a jóvenes prospectos, principalmente lanzadores. Este expelotero de cuatro Series Nacionales y otrora entrenador de pitcheo por dos temporadas de Industriales, se jacta de haber recuperado muchos brazos que hoy son millonarios en distintos niveles del béisbol rentado estadounidense. “Yo no les mandé a coger una lancha, porque no trabajo en Inmigración. Se fueron porque quisieron”. Es una satisfacción para Camejo que Tomás sea hoy famoso y millonario y que Pito Abreu se acordara de él cuando vino, por aquella ocasión en que le dio consejos en el Hotel Pasacaballo.
Hace muchos años que irrumpió en el apasionante mundo del béisbol. “En la proximidad de mi casa yo conocía a un pitcher estelar y consistente llamado Julio Rojo, que un día me dijo que me daría una carta para unas captaciones que estaban haciendo en la ESPA y que allí viera a Ivan Davis. Me hicieron la prueba y Davis me aprobó sin grandes problemas.
“En los juveniles me dediqué a pulir varios aspectos con el profesor Jesús Ayón y fui el primer pitcher de Ciudad de la Habana. En ese campeonato gané tres y perdí uno y me enfrenté al gran Juan Pérez Pérez y al final ganamos el torneo en 1968, bajo la dirección de José Miguel Pineda. Fui también un lanzador de diez ponches por partidos y comencé a tener una visión de lo que yo podía ser en la categoría superior”.
Llegaste a las Series Nacionales en medio de un panorama en el que existían formidables lanzadores en la capital.
“Cuando llegué a las Series Nacionales siempre caí con pitchers estelares, como Changa Mederos, Walfrido Ruiz, Rojo, Manuel Hurtado, y otros jugadores que pitcheaban cada cuatro díaz porque en Cuba no había relevo prácticamente. En la temporada de 1973-1974 logro hacer Industriales con el Chino Alpizar, y participé en cuatro Series Nacionales, en las que lancé 115 entradas, gané cinco y perdí cinco y tuve efectividad de 3.20. Estuve con Metros, con Constructores en la Liga de Desarrollo, con Industriales y Agricultores.
“Entrenábamos personalmente al ciento por ciento, porque cada salida tenía que ser mejor. Existía un mayor compromiso del atleta con su equipo, primaba la igualdad y la cohesión de criterios. Los receptores hablaban mucho y se entendían con los lanzadores. Existía mucha calidad deportiva y humana”.
Jugaste con Bárbaro Garbey, un ícono dentro del béisbol cubano, por ser uno de los pioneros en jugar en Grandes Ligas después de 1959, habiendo intervenido en Series Nacionales.
“¿Qué te voy a decir de Garbey? Desde que despuntó como pelotero siempre tuvo un físico envidiable, muy musculoso y con una fuerza en sus muñecas y antebrazos que le permitía dar unos palos de madre. Muy buen right field, con fuerza, rápido, las herramientas que hacen falta para jugar en cualquier parte las tenía él. Muy talentoso, de hecho, desplazó a Casanova en un momento determinando e hizo equipo Cuba rápidamente.
“Jugó un año en la Pesca y junto a Villar, Bombón Salazar, Echemendía, Montes de Oca, Manolito González, Rafael Ortega, entre otros, ayudó a darle prestigio a esa novena. Después estuvo en Grandes Ligas y ahora creo que es entrenador de bateo de un conjunto de las Mayores, lo que demuestra que sus resultados no fueron fortuitos. Una buena persona, afable, jaranero, buen jugador de dominó, en el movimiento del béisbol siempre hay que hablar de él”.
Pero de pronto aparece algo que te separa de la pelota. Aunque tú eras consciente de que la tenías dura para brillar entre estrellas.
“En 1978 decido estudiar lo que es el sistema central de aire acondicionado por enfriamiento de agua y estuve ubicado en muchos lugares importantes y me hice mecánico. Ocupando esas labores estuve hasta que me entero que en la Ciudad Deportiva hacían falta entrenadores y hablé con el Director de la Academia y me aceptaron”.
Pero estuviste mucho tiempo alejado del mundillo de la pelota…
“En el trabajo que te hablé estuve 20 años, hasta 1999 en que me voy para la Academia Provincial. En 2000 estuve con varios de los lanzadores que luego ganaron campeonatos con Anglada. Era un equipo muy completo con Yadel, Deinys, Montieht, Hassan Pena y del lado de los bateadores para que hablarte si todos los conocen. Me dediqué a “fabricar” pitchers y a recuperar brazos perdidos. Te menciono a Antonio Armando Romero, que vino desde Alquízar y tuvo una buenísima temporada con los Metros y después con Industriales”.
¿Cómo ocurrió tu llegada a Industriales en la era de Lázaro Vargas?
“En la Serie 54 Lázaro me coge como segundo entrenador de pitcheo con José Elosegui. Trabajaba el bullpen, con los lanzadores antes del juego y me reunía con los jugadores para estudiar a los contrarios. Ese año quedamos subcampeones, porque perdimos en la final con Ciego de Ávila, al cometer una serie de errores mentales que a la corta mellaron un gran resultado.
“La segunda temporada con Vargas no fue igual. Ocurrieron muchos problemas de indisciplinas que prefiero no tocar. Pero de manera general fue una formidable experiencia, porque ya yo venía trabajando de forma directa con los Azules y con los Metros. Siempre hacía captaciones y por eso es que conocía mucho el material humano de La Habana”.
¿Por qué te fuiste de Industriales?
“No me alcanzaba el dinero para pagar toda una serie de necesidades. A causa de eso vendo aguacates, guayabas y otras cosas. Los muchachos me ayudan cuando vienen a entrenar, yo no exigo millonadas de dinero, solo imparto mis conocimientos que es lo que me gusta hacer. El retiro que tengo es insuficiente para alguien que se ha dedicado por mucho tiempo a la pelota”.
Sé que estás desesperado por hablarme del grave estado en que se encuentra nuestro béisbol…
“En primera, creo que los métodos selectivos no corresponden con el desarrollo que se le debe dar a la juventud y hablo a la hora de integrar los equipos Cubas. No se puede tener miedo de ofrecerles chances a los jóvenes. Entonces, ¿es ganar o desarrollar figuras?, ¿es mejorar la calidad de los talentos o llevar a los mismos establecidos? No puede haber amistad en esos momentos, tiene que existir dignidad y principios.
“Hace falta trabajar de verdad, en el sol a diario, no en una oficina, porque ahí no se hace un equipo de pelota. Además, hay una serie de cosas que están ocurriendo y deben cambiar. El deporte lleva dinero, lleva entrenadores de calidad, análisis, conferencias, unificación de criterios. Tenemos muchos licenciados, másters, pero ¿dónde están los resultados?
“Yo aquí he reparado muchos brazos, desde Gerardo Concepción que debutó en Grandes Ligas y fue Novato del Año con Industriales al ganar 10 y perder 2, los Arrebatos de Guanabacoa (Rigoberto y Frank del Valle), Raiko Olivares, Stayler Hernández. Hay muchos por ahí que dicen que están trabajando en grupos multidisciplinarios y no les resuelven los problemas a los muchachos, porque aceleran el proceso. Hay muchos que dicen que hay salud en el béisbol cubano, pero eso es mentira. No saben tocar la bola, no saben tirar al cortador, los lanzadores no saben el control que lleva el trabajo sistemático, ni trabajar en conteo”.
Me intriga saber cómo llegaste a un país tan exótico en materia beisbolera como la República Checa.
“Durante un entrenamiento en la primera Serie con Vargas, un cubano, gerente de una firma en Praga, me dijo que le entrenara a su hijo. Y me lo trajo y percibió cómo yo preparaba al muchacho y a otros chicos. Entonces, al año siguiente, viene de nuevo a Cuba y me dice que le entregue mi curriculum. Después mi hijo me dice que me escribieron de la República Checa y que me aceptaron entre seis entrenadores para impartir mis enseñanzas en esa nación.
“Gracias a las gestiones de Rolando es que pude ir allá. Una vez en ese país me quedé pasmado. Seis terrenos mejor que el Latino. En el club me relacioné de lo mejor, a pesar de llegar una vez comenzada su Serie. Lo cogí en el cuarto lugar y lo metí en los play off, pues en el tiempo que estuve allí ganaron diez y perdieron cuatro. Di una clase magistral y realicé una clínica con jugadores de allá en ofensiva, catcheo, fildeo y pitcheo. Me relacioné con los funcionarios de la Embajada y resolví una serie de cuestiones financieras que no hubiera resuelto en Cuba e implementos deportivos. Me hicieron proposiciones de todo tipo y no me quedé. Estuve seis meses, desde mayo hasta octubre de 2015.

4 comentarios

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    • Andrés R en 5 agosto, 2016 a las 1:14 pm
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    Estos son los hombres que necesita el beisbol cubano y que saquen de las oficinas los que están viviendo de él y hacen lo que realmente quieren y destruyen el beisbol sin importar nada.

    • Pedro en 5 agosto, 2016 a las 1:42 pm
    • Responder

    De acuerdo amigo , pero el tema del salario y la jubilacion aqui es igual para todos ok? No alcanza !!!

    • Nieto en 6 agosto, 2016 a las 10:19 am
    • Responder

    Coincido con las apreciaciones de Héctor, recientemente comente del trabajo en la base y otros niveles en un trabajo de nuestro amigo Boris, es la total realidad del momento que vive el beisbol

  1. Muy buena entrevista, la cruda realidad, el salario no alcanza, las clases particulares, etccc, ufff. sl2

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