Evasiones, masoquismos y estructuras (II)

02/21/2017

1:39:08 PM

 

 

Por el profesor y amigo de la peña:

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

 

 

 

El vino, de plátano.

Y si sale agrio,

es nuestro vino.

José Martí

 

   Con la sentencia que preside esta crónica, el Maestro dejó sentada –con el corazón por delante, una posición autóctona que debería presidir la soñada República. Y de eso se trata, los que habitamos la isla y amamos la pelota, estamos abocados a enfrentar los entuertos internos y el desangramiento hacia el exterior.

A raíz del cacareado asunto del Yuly  y compañía, he visto caras de diferentes matices: las más tristes, por la crisis que padecemos desde hace algún tiempo. Otras felices, como si con ello fueran a desbancar un sistema deportivo que ha regalado tantas glorias. No puedo comulgar con estos últimos, prefiero continuar sufriendo, pues al parecer soy un masoquista que disfruta más el juego Pinar-Matanzas, que el New York Yankees-Boston Red Sox.

Y me confieso masoquista a mucha honra. Sufro cuando pierde el equipo de las cuatro letras, o cuando se lesiona un azul tan digno como Carlos Tabares, el matancero Gracial, Yeniet Pérez, del centro de la Isla, el isleño Michel Enríquez o Donal Duarte. Sangre criolla que se entrega a la provincia y nos representa en el exterior. Disfruto los siderales jonrones del yanqui Alex Rodríguez, pero no pierdo el sueño si lo ponchan en momentos cruciales, como me sucede con Saavedra o Despaigne.

   Una vez soñé con que los Cuban Sugar Kings de los años cincuenta, con el slogan  “Un paso más y llegamos”, rompiera la barrera de las Grandes Ligas para convertirse en el primer equipo no oriundo de USA, aunque en sus rosters apareciera más de un norteamericano y otros tantos latinos. Así los vemos hoy en las Series del Caribe y hasta en el mismísimo Clásico Mundial.

No faltan aquellos que, con justicia, buscan razones endógenas y exógenas en el béisbol, que las hay. Lo cierto es que nuestra pelota ha estado anquilosada y perdiendo terreno. Aunque se observan pasos significativos, quizás no hayamos sabido manejar con eficiencia la llegada de los “nuevos tiempos”, donde los atletas olímpicos ya no son amateurs, sino comerciales:

Los deportistas masculinos y femeninos deben ser profesionales en su actitud ante el deporte. Las normas de hoy lo exigen (…) Se podría decir que hemos progresado (el subrayado es nuestro) desde el auténtico amateur hasta el profesional y, ahora, está emergiendo una nueva versión del profesional, el atleta comercial.[1]

Comercial viene de comercio, un fenómeno que en estos tiempos deriva, inobjetablemente, hacia el mercantilismo: “Tendencia a anteponer el interés comercial sobre cualquier otro valor”.[2]

 En nuestro país las cosas no funcionaban así, ni funcionan oficialmente. El síndrome del dinero no había alcanzado la mente criolla, pero hoy el mundo es un mostrador y los mercaderes pululan en todos los confines tras el indudable talento cubano, cultivado a sangre, sudor y un alto costo. ¿Dónde está la razón? Nadie puede abstraerse de su vida social y la que le rodea.

   Nuestros mejores jugadores, durante mucho tiempo han convivido en el exterior con todo género de promesas, rechazadas en su inmensa mayoría por estelarísimos como Omar Linares, Luis Giraldo Casanova, Orestes Kindelán, Braudilio Vinent y Antonio Muñoz (electos al Salón de la Fama). Otros más temprano que tarde, cuando se restaure definitivamente, escalarán el templo sagrado de los Inmortales: Jorge Luis Valdés, Víctor Mesa, Pedro José Rodríguez, Rogelio García, Changa Mederos, José Antonio Huelga, Pedro Luis Lazo… La cifra es infinita.

   Ellos estuvieron sometidos a todo género de ofertas y prefirieron jugar para los suyos. Pero no nos tapemos los ojos, eran tiempos diferentes donde el compacto núcleo familiar abogaba por mantenerlos en casa, con un sin límite de beneficios sociales. Mas contra el deseo de todos, el Período Especial presentó un manjar exquisito a las puertas de aquel mercado.

Algunos triunfaron extra fronteras, solo algunos, pues según el mismísimo Hank Aaron, un hombre-jonrón de las Mayores, triunfa el 7%; los demás van a eliminarse en las orillas latinas de las Menores, o buscarán otras faenas; adagio incontestable.

Lo hasta aquí expuesto nos convoca a la reflexión colectiva, más bien diría que de masas, antes de tomar decisiones que intenten preservar nuestro deporte nacional y resulten anquilosadas. La comunión Pueblo-Federación-Comisión Nacional, debe presidir las serias decisiones, con una apertura total, limpia, clara. A veces pienso que la confección del equipo Cuba debe transmitirse por la tele. Y, además, eliminar los secretismos que tanto daño hacen.

Lo que más duele es cuánto se invierte en un atleta desde su captación para los deportes, hasta convertirse en talentos que vuelan, corren o nadan,para entretener a fanáticos de otras latitudes. La gente, en su mayoría, sufre tales escapes y desidias. Más de doscientos jugadores de las Series Nacionales se han marchado (por lo general clandestinamente) a otras tierras en los últimos dos años; urge detener el flujo. Algunos caen en las manos de verdaderas mafias.

Los tiempos cambian y con ellos se va (lo aceptemos o no) una buena parte del pensamiento. Cuba apostó por el deporte olímpico que se proclamaba sano, noble y puro. En ese extraordinario concierto hemos brillado como pocos, ningún país del III Mundo nos aventaja históricamente en títulos olímpicos y estamos por encima de una buena parte del universo desarrollado, pero hemos perdido terreno.

Quizás (tema para polemizar), repito, no nos adaptemos a los “nuevos tiempos”, que en realidad son “menos nuevos” que los nuestros en su concepción original, pero con una cultura económica que penetra hasta los tuétanos al mismísimo Olimpismo, casi desde su fundación. Veamos la siguiente expresión del barón de Coubertin, padre del Olimpismo Moderno, al abordar el original y cerrado concepto inglés del amateurismo:

Para mí, el deporte era una religión con iglesia, dogmas, culto, pero sobre todo con sentimiento religioso y se me antojaba tan pueril relacionar todo esto con el hecho de haber tocado algún dinero (…) No podemos aceptar en absoluto que un amateur pueda perder su condición de tal por el mero hecho de haber competido con un profesional, y menos aún por haber competido con un atleta suspendido por su federación o participado en un concurso “no autorizado” por aquélla. Pretensión sorprendente y absurda que más de una federación logró imponer.[3]

   Algunos, con independencia de la buena o mala fe que profesen, piden a gritos un regreso mimético al pasado beisbolero de la Isla, cuando cada equipo era una empresa privada que obtenía fabulosos dividendos. Otros, menos radicales, aconsejan la cordura y el perfeccionamiento interno, donde se estimule a los jugadores en dependencia de su labor, sin igualitarismos que cada vez se alejan más de la sociedad en que vivimos.

   Un lanzador como Lázaro Blanco (por poner un ejemplo) no puede obtener los mismos beneficios que los demás. Él, por sus resultados, debe ser mejor remunerado para tener una vida más desahogada que nadie cuestionará. Los demás deberán esforzarse para alcanzarlo y llegar a esos merecimientos. La estimulación de hoy no se corresponde con las necesidades. Algunos miran hacia un horizonte nebuloso y (a su vez) prometedor; extraña paradoja.

Hacia ahí deben ir las pupilas que deciden. La Comisión Nacional y la Federación, no tienen las condiciones ni los recursos necesarios para solucionar estos problemas. Sí necesitan retroalimentarse para alcanzar la eficiencia; sin curas de mercurocromo.

   A grandes problemas, grandes soluciones. Se me antoja una estructura sencilla, que se adapte a un primer momento donde participen todos los jugadores, porque el ganado derecho provincial y de la Isla toda, es un logro popularmente vital. Después deberá concentrarse la calidad.

 

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga.

Pinar del Río, febrero de 2017.

 

[1]Manual de Administración Deportiva del COI. Lausana, Suiza, 2000, p. 123.

[2]Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation: Diccionario Real de la Academia Española.

 

[3]Pierre de Coubertin: Memorias Olímpicas II. Comité Olímpico Internacional. By Geoffroy de Navacelle, 1970, pp. 65-66.

 

 

3 comentarios

    • SIEMPRE NARANJA el 21 febrero, 2017 a las 4:27 pm
    • Responder

    Buenas profesor, seguimos con el privilegio de tenerlo por acá.

    En relación al artículo lo cierto es que nuestro sistema deportivo necesita cambios, necesita actualización, es algo pedido a voces. La diversidad de criterios siempre va a existir y es más, es algo necesario e imprescindible en aras de lograr determinado desarrollo.

    Acostumbro a menudo ver partidos de la MLB que entran por el paquete semanal, pero nunca he sentido con ninguna de las excelentes finales de la MLB, y es posible que nunca se me repita, lo que sentí cuando el jonrón de Pestano frente a Matanzas y por eso no me considero Masoquista por tal razón tampoco lo considero a usted así. Siéntase orgulloso de su amor propio.

    No solo “nuestra pelota ha estado anquilosada y perdiendo terreno” eso sucede en casi todos los deportes para no ser absoluto, y traspasa también el ámbito deportivo abarcando toda la sociedad cubana. Ahora bien, en honor a la verdad este fenómeno es bastante complejo, hacer concesiones a deportistas para jugar en el extranjero y ganar dinero pondría en situación difícil a la dirección del país. Vendrán otros solicitando lo mismo (contratos en el extranjero) entiéndase trabajadores con un nivel alto de conocimientos y maestría en la labor que desempeñan. Considero que un deportista con altos rendimientos pueda tener un contrato que le facilite buenos dividendos pero también considero que un cirujano de 20 años de trabajo en un quirófano lo merece, por poner un solo ejemplo. Hay se enreda la pita, hablando en buen cubano.

    Los tiempos han cambiado, eso es una realidad. Me disculpa es mi opinión pero habría que ver, en el contexto histórico actual, si aquellos atletas mantendrían hoy la misma postura.

    El ejemplo de Lázaro Blanco es válido como que los del banco no pueden ganar lo mismo que los regulares. Estos son ejemplos qué hay cosas que deben ser cambiadas y están en nuestras manos. Ni tan siquiera sobre ellas actuamos, que podríamos esperar de otras más transcendentales.

    Concuerdo con usted A GRANDES PROBLEMAS, GRANDES SOLUCIONES. Y este problemita es bastante grande y sus soluciones tendrán que ser más profundas de lo que muchos imaginan.

    Y se me antoja también por ejemplo, se puede poner un tiempo de permanencia en nuestro alto rendimiento, sea el deporte que sea, pudiera ser 8 o 10 años, creo que es tiempo suficiente para devolver el gesto generoso de nuestro estado en formarlos. Después de esa permanencia a nivel nacional se autorizaría a jugar en el extranjero en cualquier liga y representar a nuestro país en Juegos Regionales, Mundiales y Olimpiadas.

    Estoy seguro que en esos primeros años los deportistas jugarían bien fuerte, tratando de sobresalir para demostrar su calidad y garantizar buenos contratos en el futuro.

    • Boris Luis Cabrera el 21 febrero, 2017 a las 7:33 pm
    • Responder

    La verdad, que por más que pienso y pienso y pienso, no encuentro una solución acorde con el sistema social que rige en nuestro país. El beisbol cubano es muy fuerte, y necesita una liga profesional. Es imposible, en estos tiempos que corren, que un pelotero juegue sin ganancias materiales o por pocas ganancias materiales, conociendo que tiene la calidad suficiente para ganar más en otro lugar y resolver sus problemas económicos y los de su familia. El éxodo es imposible pararlo, es imposible parar las desmotivaciones y las necesidades individuales. Las contrataciones en el exterior, con la intervención del gobierno cubano, o de sus directivos, parecía por un momento una pequeña solución, que podía dar, quizás, algún respiro, algún aliento, pero ya vemos, con esa lentitud y con las pocas contrataciones, que es solo otro sueño más. Creo que con cualquier solución, solo se gastaran más papeles y más horas de reuniones y análisis, la solución no es compatible con nuestro sistema social. Los tiempos cambiaron, ya nadie quiere un diploma, ni una medalla, ni una palmadita en la espalda, ni siquiera una semana en Varadero, ni un lada ni una casita. Los cubanos en general y los peloteros en particular, quieren vivir del fruto de su trabajo, vivir de lo que saben hacer. Defender a Cuba, ser aplaudido por su gente, defender los principios que nos han inculcado siempre, los valores que nos han enseñado, son reglas que todo buen cubano debe tener siempre presente, pero también es necesario obtener ganancias por lo que uno hace, satisfacer las necesidades materiales de uno mismo, la de nuestros hijos, la de nuestra familia en general, eso es tan importante como las otras cosas. Si queremos un deporte a la altura de lo que somos capaces de tener, hay que hacer GRANDES CAMBIOS, GRANDES SOLUCIONES, como dice nuestro querido amigo Osaba. Saludos

    • Valenzuela el 22 febrero, 2017 a las 7:09 am
    • Responder

    Siempre y de buena fe he abogado porque el beisbol cubano renazca, pero nunca en que regresara al mimético pasado beisbolero de la isla, los tiempos han cambiado y el beisbol no, la profesionalización del beisbol no conllevaría necesariamente a la privatización y en la coyuntura actual del país no crearía esos fabulosos dividendos del pasado, es cierto que la Comisión Nacional y la Federación no tienen los recursos ni condiciones para solucionar estos problemas, pero es su función buscarlos, como lo buscó el turismo en su momento con la creación de empresas mixtas, ningún Hotel ha sido privatizado , y sin embargo se están creando dividendos en beneficio del propio turismo y de otras esferas de la economía cubana, en la salud igual , con la exportación de los servicios de salud aunque tengan un marcado y definido destino humanitario ese personal se beneficia, y crea dividendos para ellos y para el sistema de salud y el país, pero el beisbol y el deporte en general siguen huérfanos, no hay quien le ´´inyecte´´ capital, ni el turismo ni la salud se pueden hacer cargo de él, tienen otras tareas bien definidas por cumplir, la diferenciación en la estimulación por escala de clases de los deportistas es un tema que se ha debatido varias veces, y con la estimulación de los campeones en diferentes categoría se han dados pasos, pero pasos demasiados cortos,cortos en el tiempo y en cantidades monetarias,al no tener ni la Comisión Nacional y la Federación los recursos ni las condiciones nos podemos imaginar que por ahí no podrá estar la solución, el estado tiene que librarse un poco de carga, , nunca habrá autofinanciamiento total pero el beneficio desde la base será notable, es verdad que a grandes problemas , grandes soluciones, el beisbol en estos momentos es un problema grandísimo, se necesita una gran solución ¿ Cuál sería la solución inmediata ? no la sé, lo que si sé es que con las condiciones actuales y con esta Comisión Nacional y esta Federación no serán resueltos los problemas ni a corto ni largo plazo , hasta ahora todo ha sido pretextos y prohibiciones , pero con un poquito de aquí, de allá, soltando por aquí, recogiendo por allá a algún que a otro lado llegaremos. Saludos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.