MADRID — Diecinueve años después, las virtudes de Zinedine Zidane se ponen a prueba de nuevo. El próximo 3 de junio Real Madrid y Juventus se medirán en la final de la Champions League, algo que no ha ocurrido desde la edición de 1998 en que el cuadro merengue conquistó su séptimo título continental.

Fue un partido trabado y duro — se cometieron más de 50 faltas — que se resolvió de una manera anticlimática: pasada la hora de juego, con un gol de Pedja Mijatovic en probable fuera de lugar (en Italia juran que sí lo fue). Algo desazonado para tratarse de una final; sobre todo, si los italianos contaban entre sus filas con quien, meses después, empezaría a ser reconocido como el mejor jugador del planeta. Zinedine Zidane.

No hubo quien brillara especialmente más allá del goleador montenegrino en ese breve instante que lo cambió todo; mucho menos el galo, que tuvo una de sus peores noches aquel 20 de mayo de 1998, que quedó marcado como el último intento fallido de un equipo excepcional para pasar a la historia.

Real Madrid estaba a una semana de consumar un estrepitoso fracaso liguero. Apenas alcanzó para cerrar la campaña en cuarta posición de la tabla, lo que aceleró el despido de Jupp Heynckes, y no habían podido pasar de los octavos de final en la Copa tras ser eliminados por el Alavés.

Su presencia en el Amsterdam Arena fue un tanto sorpresiva — no era, entonces, el equipo omnipresente en las finales sino todo lo contrario. Hacía 18 años, desde 1981, que los merengues no llegaban a la última batalla por el título y 32, desde 1996, que no se coronaban campeones.

La Juventus, en cambio, era la fuerza dominante en Europa.

Casi 20 años después, el cuadro turinés sigue siendo el único que ha disputado tres finales de Champions League consecutivas desde que la competición cambió de formato a principios de los 90. Aquel era su tercer final consecutiva después de coronarse campeón en 1996 tras vencer al Ajax en la tanda de penales, y caer por 3-1 ante el Borussia Dortmund en 1997.

Zidane, por entonces, ya era la estrella más reconocible de la Juventus de Turín, pero le había costado temporada y media conseguir algo de aceptación entre sus aficionados. Aún a principios de 1997 había quien consideraba que la Vecchia Signora había pagado demasiado (alrededor de 5 millones de dólares) por un jugador que había resultado un tanto decepcionante durante la Eurocopa de 1996.

Aunque ganó la Supercopa de la UEFA, la Intercontinental y un Scudetto en su primer temporada como bianconero, 1996-97, aún no terminaba de convencer y su pobre actuación en la final frente al Dortmund lo hizo comenzar de cero al año siguiente.

Pero su evolución bajo la guía de Marcello Lippi – algo que, por cierto, nunca olvida mencionar – lo hizo afianzarse en el equipo y empezar a despuntar como el mediocampista más completo de la época. Incluso firmó once tantos, algo inusual mientras vistió la camiseta de la Juventus.

Aquel partido ante el Real Madrid debía ser el de su consagración total.

Ya desde principios de 1998 empezaba a sonar como candidato al Balón de Oro, gracias a su influencia en el juego de los italianos y el buen estado de forma que había mantenido durante más de un año. Pero, de nuevo, se vio bloqueado por un aparato defensivo diseñado especialmente para él y no pudo ayudar.

Zidane tuvo que esperar un par de meses más para afianzarse como el mejor futbolista del momento, tras liderar al equipo francés que se coronó Campeón del Mundo y marcando dos goles en la final ante Brasil. Fue su participación en el Mundial, y no su contribución a la gran temporada de la Juve, lo que eventualmente le dio el Balón de Oro y lo afianzó como estrella mundial.

La derrota desencadenó una oscura etapa para la Juventus, que qedó fuera de Europa al año siguiente y no volvió a figurar como finalista hasta 2003, cuando cayó en la tanda de penales ante el Milan.

Zidane, que por entonces contaba con 25 años, permaneció dos temporadas más en el equipo turinés, pero tras el verano había quedado claro que su estadía tenía fecha de caducidad. Al francés se le había despertado el hambre y le faltaba el título europeo para llenar su casillero; un título que no iba a ganar como bianconero.

Entonces vino el Madrid, que ya había sumado un título de Champions más, el del año 2000, y con 75 millones de euros lo convirtió en el fichaje más caro de la historia. El primer ‘galáctico’. Dos años después, el propio Zidane daría la ‘novena’ a los merengues con una volea que se mantiene como el mejor gol de la historia en las finales de Champions.

Hoy enfila hacia Cardiff para intentar romper una barrera más. La de convertir a los merengues en el primer equipo en refrendar el título en la era moderna.