Roberto Ledo: un manager original

12/9/17
9:04 AM

Por el peñista honorífico.

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

 

 

Para Vinent, Roberto Valdés,

y compañía

Dirigir es un arte. Si usted aplica ese concepto a lo hecho con raciocinio, entrega y complejidad, estará de acuerdo. Otra cosa es dar el nombre de artistas a los directores. Los hay buenos, otros no. Obsérvelos y podrá clasificarlos. Desbordan carácter y temperamento, dos componentes esenciales de la personalidad. En Cuba los hemos tenido de todos los tipos. Algunos dejaron su huella; otros pasaron sin penas ni glorias.

A menudo se comenta que tal o más cuál hacía las cosas así o “asao” y que siempre ganaba. A otros se les recuerda por las meteduras de pata,algunos con tanta profundidad que todavía, decenios después, no la han podido sacar. La gente no perdona, no puede perdonar si le han echado a perder la tarde, una noche, o un campeonato.

Es más fácil dirigir a un buey enyugado, que a un puñado de gente que salen al terreno a entretener. Dicen los psicólogos que no existen personalidades iguales, sino individualidades. Entonces: ¿Cómo aunar voluntades, hacerse respetar y respetar a los demás? ¿Cómo demostrar que es usted quien más sabe? Ningún jugador puede o debe estar por encima del director. Si sucede, algo anda mal.

Cuando se designa al manager, se supone que se haya tenido en cuenta ciertos requisitos. Si es de las provincias Pinar del Río, La Habana, Villa Clara, Santiago de Cuba y Ciego de Ávila, así comopara la Selección Nacional, se juega para el primer lugar, nadie acepta ni quiere la medalla de plata.

En la parte oriental del país, hubo uno que admiré y admiro en el tiempo. Su nombre: Roberto Víctor Ledo Noa, quien nació en 1927 y falleció en 1983, con solo 56 años de edad. Está considerado entre los más capaces. Tanto se emocionó en el partido donde Alarcón mandó a cerrar la trocha y que saliera el Cocuyé, que estuvo al borde del infarto y necesitó atención médica; campeones los Orientales, se bebieron el ron y la cerveza del mundo.

 

Roberto Ledo

 

Contaré una anécdota que lo retrata de cuerpo entero. Jugaba Vegueros en el estadio Ramón González Coro, de Minas de Matahambre, contra los favoritos Mineros, un verdadero trabuco, como decimos en buen cubano. Por ellos lanzaba Braudilio Vinent, para muchos el mejor después de 1959. Regalo que Ledo obsequió a mi pueblo. La mascota del receptor Ramón Hechavarría sonaba que parecía romperse. No cabía nadie más en el parque.

Mineros hizo la primera carrera a la cuenta del abridor Mario Negrete. Pasaron los innings y a la altura del octavo,Tomás Valido conectó un batazo que, escurridizo, anduvo buena parte de la loma del jardín derecho y se convirtió en triple.

Desde el dugout de tercera gritábamos a todo pulmón para estimular a Valido, que corría con todas las fuerzas de sus veloces piernas, en una jugada apretada en la antesala. Para mí había llegado «quieto», así lo cantó el árbitro. Pero Juan Dranguet, el antesalista oriental, actuando en un pueblo también de cobre, protestó. El juego se detuvo; silencio. De la cueva salió, sin pedir tiempo, aquel hombre canoso, lleno de libras, con voz de trueno. Todo lo despacio que pudo se encaminó hacia tercera. El público se metía con él, otros lo observábamos en silencio. Se dirigió al árbitro, más o menos en estos términos:

— ¡Ven acá chico! ¿Tú estás ciego o eres un descarado? No te fijaste bien, cantaste antes de darse la jugada. Quieres ver cómo te monto un circo aquí, me siento en la base y se acaba el juego, o recojo mi tropa y te la dejo en la mano para que hagas el papelazo.

Acto seguido, pateó con rabia la antesala. El árbitro, a la defensiva, solo atinó a decir:

— ¡La vi safe! ¡Por eso la canté!…

—Eso no tienes que decírmelo, pero el problema es que estás ciego. Si vuelve a pasar algo así, recojo mi tropa y me la llevo. Y tú te vas a joder.

Giró sobre sus talones y regresó más despacio aún a la cueva. No dijo nada más. Los novatos quedamos estupefactos. Hubo un momento en que pensamos le daría un pescozón al pobre infeliz, de cuyo nombre no quiero acordarme. Otro director hubiera terminado en la grada, expulsado.

Cuando me acerqué a Felipito Álvarez, el capitán veguero, me dijo casi al oído: —Fue out, Ledo tiene la razón. Después me contó varias anécdotas del director oriental que aquella tarde nos dio una lección: no siempre quien manda en el terreno es el árbitro. Hay directores que se echan el show en el bolsillo. Perdimos el juego, Vinent metió el brazo y adiós a nuestras esperanzas. Lo recuerdo inning por inning. Pero siempre que voy a la memoria, veo al hombre canoso, gordo, con voz de trueno, avanzar despacio hasta tercera y después de decir cuánto quiso, regresar a su madriguera.

Roberto Ledo dirigió en once Series Nacionales, a seis equipos: Azucareros (1963-1964). Los Orientales de 1966-1967, donde se coronó campeón por única vez, colgado del brazo de Alarcón, en uno delos juegos más fascinantes que se recuerden en la pelota cubana. Allí quebró la racha de cuatro temporadas consecutivas de los Industriales, que habían alcanzado a las órdenes del recordado Ramón Carneado. Ese año Ledo alcanzó un balance de 36-29 (.554).

   Cuando todas las provincias tuvieron equipos, a partir de 1967-1968, le correspondió dirigir los Mineros de Santiago de Cuba, después lo haría en 1970-1971 y 1971-1972. Estuvo al frente de los Serranos en 1972-1973. Después de un receso, volvió a la carga al frente de los Metropolitanos en 1979-1980, un débil equipo que a sus órdenes alcanzaría un excelente resultado  de 30-20.También dirigió a los Agricultores capitalinos. En la segunda edición de las fortísimas Series Selectivas (1976), volvió a coronarse, esta vez con el Habana.

En 1967 fue designado al frente del Cuba, que alcanzó la medalla de plata en los Panamericanos de 1967, en Sao Paulo, Brasil. Allí, por ironías del destino, el gran Manuel Alarcón, su lanzador fetiche, no pudo hacerse justicia para alcanzar el título ante los norteamericanos. Ledo participó en otros eventos internacionales.

   A continuación expondré dos comentarios en El Avispero, blog de las Avispas de Santiago de Cuba, que lo retratan:

Ledo tiene muchísimo que ver con el desarrollo y el carácter del baseball en Cuba, Inteligente, cubano 100%, no podría encontrar un mejor campo para mostrar su talento que el terreno de pelota. Excelente amigo y padre como es recordado por la mayoría de los peloteros cubanos que jugaron con él o que aprendieron con él. Roberto o “Mulato” como muchos con afecto lo llamaban, está en la memoria de muchos de los que amamos el beisbol y la vida.

(Anónimo, 15 de abril de 2010)

Roberto Ledo fue el manager, maestro, padre, hermano y amigo de muchas generaciones de peloteros cubanos de todas las regiones del país, me siento orgulloso de haber sido su primo/hermano durante 40 años, él murió a los 56 años de edad, en Agosto de 1983, entre Manzanillo y Santiago de Cuba, que Dios lo tenga en la Gloria y se vea representado en las nuevas generaciones de campeones en todas las instancias del base ball.

(Jose Antonio “Tony” Ledo, 15 de febrero de 2012).

 

Nuestro hombre, muchos años después, se mantiene entre los imprescindibles.

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga.

Septiembre de 2017.

 

 

7 comentarios

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  1. Gracias profe por siempre brindarnos una pincelada de la historia de nuestro beisbol. Muy buena la anécdota de Ledo y el árbitro, por eso VM32 es tan malcriado, tiene de donde copiar jeje. Un abrazo.

    • Chikungunya en 12 septiembre, 2017 a las 10:44 am
    • Responder

    Roberto Ledo era un manger, según se cuenta, muy exigente y todos lo respetaban, quizás algo parecido a él haya sido Gerardo Silé Junco quien metió en cintura a los matanceros y le regaló a su provincia dos campeonatos con los henequeneros cuando nadie podía con los Juan Luis Baró, Julio Germán Fernández, Junco, “Tati” Valdés, Carlos Kindelán, Manrique, Carlos Mesa, etc. Dicen que Silé se tuvo hasta que fajar con algunos para imponer su respeto, no obstante en las series selectivas el equipo de Matanzas, siempre favorito, nunca pudo hacerse justicia.

    • RAFR en 13 septiembre, 2017 a las 7:21 am
    • Responder

    maginifco escrito sin dudas uno de los grandes ,recordar la historia es volver a vivir
    bueno dejemos tranquilo a vm32 el no va a cambiar ese se va a morir asi

    • Valenzuela en 14 septiembre, 2017 a las 7:26 am
    • Responder

    Muy fuerte y enérgico Ledo como director, recuerdo que en una entrevista que le hizo a Vinent y que también publico el profesor Osaba , Vinent le confiesa que Ledo mandaba a dar pelotazos, y si no lo hacía le quitaba la bola, aun así , con todas estas pinceladas , el beisbol cubano de aquellos tiempos era más ´´diplomático´´ y elegante que el actual.

    • Godual Ávila Garrido en 14 septiembre, 2017 a las 9:01 am
    • Responder

    Buen escrito, aunque hay un error, el Minero de 1967-1968 no era de Santiago de Cuba, era de Oriente.

    • yoyo en 15 septiembre, 2017 a las 11:35 am
    • Responder

    Muy buen articulo, sin ofender, elegante, dijo las cosas como eran. No hay un libro cerrado para la dirección de equipos, no todos los equipos se pueden dirigir de la misma manera, hay muchos factores que influyen a la hora de dirigir, hay equipos que se dirigen solos prácticamente y ese MTZ de Sile Junco no era uno de ellos, ese era un equipo dificil de dirigir y en sentido general los equipos matanceros han sido difíciles de dirigir .

  2. El hecho de Ledo fuera director, exitoso, con Oriente y luego de la capital dice mucho de sus calidad.

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