BARCELONA — El Barcelona repitió en Sevilla lo que una semana antes había redondeado en San Sebastián. Y que se ha convertido en una suerte de costumbre: cocinar los partidos en las primeras partes para convertirlos en un festín tras el descanso.

Se diría que la presencia en el palco de Jon Aspiazu, siguiendo los partidos en la primera parte tiene algo que ver, cuando en el intermedio, en el vestuario, trata con Valverde lo sucedido en el primer acto para, en caso necesario, mejorarlo en el segundo. Y a fe que así ha sido.

Así disfruta el Barça de Valverde de un dominio aplastante en la Liga, habiendo sumado 16 puntos en segundas partes a veces funcionales, otras bestiales y casi todas excepcionales, si se recupera el paseo militar con que solventó el Clásico del Bernabéu o el trabajo de aliño con que cerró la victoria en Villarreal.

Si alrededor del Bernabéu se lamenta que el Real Madrid se derrumba en las segundas partes, en el Camp Nou el discurso roza la euforia al contemplar la manera en que el Barça acaba los partidos. Resistir y estudiar primero para, después, vencer, la mayor parte de las veces sin oposición.

De los 57 goles que suma el líder en el campeonato, 22 los marcó en las primeras partes y 35 después del descanso. Y es rozándose la hora de partido cuando se acaban las discusiones.

En Getafe, allá por principio de temporada, el Barça se marchó perdiendo al descanso y remontó en la segunda mitad, anotando Denis el 1-1 en el minuto 62 y sentenciando en el 84 Paulinho, en su primera gran actuación azulgrana. Luego tras un 0-0 al descanso goleó en la segunda mitad (3-0) al Las Palmas en el Camp Nou… Como casi siempre.

“No es solo la buena preparación física, que también, sino la excelente calidad de sus jugadores”, atendió antes de recibir la goleada el entrenador del Betis, Quique Setién, en una frase similar a la de Quique Sánchez Flores: “Si tiene oportunidad, te machaca”.

Seis victorias y dos empates adornan estas estadísticas en el campeonato liguero, al que se podría añadir los dos duelos con el Sporting de Portugal en Champions, vencidos ambos en la segunda mitad.

Las igualadas en el Metropolitano ante el Atlético y en Mestalla contra el Valencia fueron las únicas ocasiones en que no se llegó a remontar. Los demás encuentros fueron una suerte de aplastamiento en azulgrana.