La Semifinal del Mundial de Cruceros (WBSS) y unificación entre los invictos Murat Gassiev (FIB) y Yunier Dorticós (AMB) fue tal como se preveía, electrizante y digna de dos grandes campeones. Se prolongó por casi 12 asaltos, ambos se alternaron en la ofensiva, nos regalaron combinaciones para todos los gustos y reivindicaron lo mejor del boxeo: la entrega y el corazón de los dos rivales.

La victoria fue del que hizo mejor las cosas (Gassiev), el que no cometió errores y que supo manejar acertadamente los tiempos de pelea. La derrota cayó para el lado del que erró en su estrategia (Dorticós) y en cierta forma no le otorgó la importancia que tenía en este combate, la casi inexpugnable capacidad defensiva de su rival.

Pese a todo, la derrota no desmerece el gran trabajo de Dorticós que terminó noqueado, luego de tres caídas en el último asalto. Mereció terminar de pie. Una estrategia equivocada Había dos caminos por donde se podía ir el plan de pelea de Yunier Dorticós: salir a buscar el KO a pura presión temprano o elegir la ruta de la pelea larga, de ceder la iniciativa a Gassiev para tomarlo entrando o desde laterales. El cubano salió confiado en que podía noquearlo en los primeros asaltos. Se decidieron por la primera opción y gastaron tres asaltos para comprender que la habían errado.

El cubano no evaluó correctamente ni el bloqueo casi perfecto del ruso ni tampoco su capacidad de asimilación al golpeo. Tampoco tuvo Dorticós una alternativa a esa derecha que envió reiteradamente por afuera y nunca llegó a destino. O erraba o simplemente golpeaba contra el guante zurdo de Gassiev, que parecía aceitado para anular esos impactos.

En el primer asalto, Dorticós fue una tromba. Se adueñó del centro del ring y puso presión continua sobre su oponente. Fue quien lanzó más golpes, de derecha por afuera, la izquierda recta por el centro y mantuvo su jab activo para establecer su distancia. Es verdad que conectó algunos impactos, pero fueron más ruido que nueces.

Por el contrario, muy temprano Gassiev mostró que con su entrenador Abel Sánchez tenían muy claro qué harían de acuerdo con el escenario que les mostrara su rival. Recurrieron, seguramente, al Plan B y se manejaron en retroceso, esperando, saliendo por laterales y entrando de sorpresa a colocar combinaciones rápidas. Una derecha por afuera y el gancho de izquierda por adentro, el doble gancho de izquierda y su golpe estrella en esta pelea: la derecha cruzada por encima del brazo izquierdo de Dorticós.

El cubano nunca logró quitarse ese golpe, fue su talón de Aquiles y el que lo terminó en el último episodio. Ya sobre el final del quinto asalto vimos un avance de ese desenlace. La derecha le llegó a la cara, seguida de una combinación de velocidad y Dorticós amarró para no irse a la lona. Lo salvó la campana.

Ya para el sexto round se vislumbraron las marcas del cansancio en el cubano, que decididamente cedió la iniciativa. Estaba consagrándose allí la estrategia equivocada y la falta de una alternativa al error. Con menor capacidad en el cardio, debió afrontar la segunda parte de la batalla administrando aire y energías y en eso, Gassiev no colaboró en nada. El ruso aumentó su golpeo a la zona media, destruyendo poco a poco a su rival con su peor pesadilla ofensiva, los impactos que envía a esa zona del cuerpo. Al mismo tiempo fue aumentando los golpes que soltaba por afuera con la derecha y hasta colocaba doble combinaciones en gancho con la izquierda. Lo bueno allí fue que también Dorticós mostró que su barbilla en profesionales es diferente a la de amateur: aguanta todo.

En mi conteo personal, al sexto asalto llegaron empatados en las tarjetas. A partir del séptimo, todo el control fue para el ruso. En ese asalto colocó los mejores golpes, mientras que el cubano se mostraba cada vez más a la defensiva y cauteloso, sin arriesgar. O sea, utilizaba el jab defensivo y enviaba golpes desde la distancia sin entrar al radio de acción de Gassiev.

Al noveno episodio, otra vez el ruso lo tuvo a mal traer y casi lo noquea, mientras que en el décimo Dorticós ganó un segundo aire, emparejó las acciones y hasta se llevó ese asalto. De todas maneras, a esa altura sólo un KO lo salvaba de una derrota segura en las tarjetas. Con un Gassiev de mejor desempeño y peleando en casa difícilmente algún juez podría ver otra cosa que no fuera una clara victoria del ruso.

Pero no llegaron a las tarjetas. En el penúltimo asalto, el cubano había estado al borde del KO, nuevamente lo salvó la campana. En el episodio final no tuvo esa suerte. Primero recibió sobre las cuerdas una izquierda terrorífica que lo envió a la lona, se levantó para volver a caer hasta que en la tercera ida a la lona, Gassiev lo mandó afuera del ring en un final apoteósico. Quizá la esquina del cubano estuvo lenta. Debieron evitarle el castigo innecesario tras la primera ida a la lona.

Victoria contundente de un campeón sólido. Murat Gassiev es una roca. Golpea con la misma contundencia con ambas manos, es rápido, no malgasta energía, golpea en el momento exacto y generalmente con acierto y se maneja muy bien en el plano táctico. Esta pelea fue táctica y en ese aspecto, su entrenador Abel Sánchez superó a Eric Castaños, el entrenador del cubano. La forma en que ambos encararon esta batalla, inequívocamente demostró que fue un choque de planes de batalla, donde uno (Dorticós) no llevó una alternativa B, mientras que el vencedor (Gassiev) tuvo muy claras las opciones y supo emplearlas correctamente.

Ahora, Gassiev se verá con el ucraniano Usyk en la final de este gran torneo, que no sólo nos ha regalado memorables batallas, también ha permitido unificar cinturones enfrentando a campeones contra campeones. Ojalá cundan estos buenos ejemplos. El boxeo, agradecido.