Pedro Sierra: El orgullo que siento de ser Cubano

25/03/18
2:42 pm

 

Pedro Sierra en Cooperstown. (Foto: Reynaldo Cruz/ Archivo de UB)

Caminando por las calles de Cooperstown, preparándome para la Ceremonia de Exaltación al Salón de la Fama de 2016 presentando a Ken Griffey Jr y Mike Piazza, me encontré con una mesa de ventas y un señor de tez oscura con una camiseta de los Detroit Stars. Con mi fascinación por las Ligas Negras, me acerqué al punto de memorabilia y me di cuenta de que no solo era negro, sino también cubano y se llamaba Pedro Sierra. Había escuchado poco sobre este generoso y orgulloso compatriota, y nos metimos en una buena conversación que terminó con el intercambio de direcciones correo electrónico.

Más de un año ha pasado desde que tuve el honor de conocer a Pedro Sierra, quien firmó su primer contrato profesional a la edad de 16 años y jugó con los Indianapolis Clowns y los Stars en las Ligas Negras (con tras apariciones en los Juegos de las Estrellas Este-Oeste) al tiempo que vio acción en las menores, Canadá y México, entre otros circuitos. Su carrera profesional se vio interrumpida por dos años en el Ejército de Estados Unidos donde también se destacó por los Fort Hood Tankers. Hoy, tenemos el honor de presentar una entrevista por correo electrónico con este señor, que evoca la canción del cubano Isaac Delgado “Made In Havana” mientras se hace llamar “cubano en vez de cubanoamericano”.

Universo Béisbol: ¿Cuáles son sus primeros recuerdos relacionados con el béisbol en Cuba?

Pedro Sierra: El béisbol hizo impacto en mi desde temprana edad, pues en mi barrio de Lawton, Habana donde nací y me crie era un barrio de celebridades políticas, música y de la prensa, pero sobre todo béisbol. Además porque mi padre pese a haber sido boxeador profesional nunca trató de influenciar en mí esa rama del deporte. En mi barrio vivían Isidro Fabré, que fue pitcher de los Cuban Stars en la Liga Negra y también pitcheó en la Liga de Béisbol Invernal de Cuba; los hermanos Colás Carlos y José, que jugaron en la Liga Negra con Memphis Red Sox, en La Liga de Béisbol Invernal de Cuba y en México; “El Gallego” Seoane, catcher de bullpen del Habana; los hermanos Traspuesto, Antonio y José, que jugaron en sucursales de los Senadores de Washington; Vicente Amor, también en sucursal de los Senadores de Washington; Reinaldo Cordeiro, que fue coach, Gerente del Club Almendares, coach del Club Marianao y de los Sugar Kings; y el más destacado si se quiere era Rafael Almeida, quien junto a Armando Marsans debutó con los Rojos de Cincinnati un 4 de Julio de 1911.
El Señor Almeida vivía prácticamente a una cuadra de mi casa, y por lo menos un domingo sí y uno no iba a limpiarse los zapatos en un sillón de limpiabotas de mi papa (que abría al negocio los domingos) y muy carismáticamente, con su sombrero de Panamá, bastón en una mano y un tabaco en la otra , bajaba por la calle Porvenir saludando a todas las personas tocando la punta del sombrero en su rumbo a la esquina de San Francisco y Porvenir a limpiarse los zapatos y hablar de béisbol con mi padre, no sin que antes mi papa pusiera sus granitos de conversación sobre boxeo.
Allí le oí decirle a mi papa muchas veces su opinión que debían “darle chance a los morenitos a jugar en las Grandes Ligas ya que hay mucho talento, habilidad y capacidad en esos peloteros”. Todavía está viviente en mi memoria cuando nos enteramos que Jackie Robinson había ROTO LA BARRERA, y él fue al sillón de limpiabotas y le dijo a mi papá “¡Te lo dije ‘Perico’, (así le decían a mi papá en el barrio) que algún día tendrían que darse cuenta de la habilidad de esos peloteros!”.

UB: ¿Quiénes eran sus ídolos beisboleros cuando comenzó a jugar siendo niño?

PS: Puedo decirte con sinceridad que al igual que todos los Cubanos mi ídolo era Orestes Miñoso, quien luego, a través del tiempo, fue mi mentor y amigo.

UB: ¿Dónde se encontraba el terreno en el que dio sus primeros pasos beisboleros?

PS: El terreno donde primero jugué béisbol fue el Parque Armas, que estaba en la misma esquina de mi casa. Ahora conocido por Parque Butari (y donde casualmente Barry Larkin y Ken Griffey Jr. dieron una clínica de béisbol en 2014.) El Parque Armas tenía ¡lo nunca visto! detrás de la media luna del infield un murito de cemento, como un contén que salía desde la raya de foul de primera hasta la raya de foul de tercera y quien jugaba cuadro hacía peripecias para coger un fly que pasara la media luna del infield… También jugué en el Parque Lawton que solo quedaba a seis cuadras de distancia del Parque Armas.

UB: ¿Fue siempre lanzador, o hubo otras posiciones?

PS: Durante los piqueticos que se formaban durante esa era yo jugaba infield aunque no era bueno… pero como llevaba la pelota me ponían a jugar donde fuera. Ya después en un equipo que formó el Profesor Valdés traté de pitchear un par de juegos… pero no seguí jugando con ese equipo porque una vez me llevaron en una moto a un juego a la salida de la Habana y me puse a llorar porque extrañaba a mi mamá. Tuvieron que llevarme para mi casa, y allí mi mamá, aunque comprendió, me dijo: “¿Cómo vas a ir para El Norte como un pelotero profesional, si no te acostumbras a estar separado de nosotros por unas horas?”.

UB: ¿Quiénes fueron sus primeros entrenadores, y los que más hicieron para su desarrollo como lanzador?

PS: Mis entrenadores durante mi evolución como pelotero antes de escoger la posición de pitcher fueron Avellana Cobas, un ex-pelotero de la Liga Negra y de la Liga Cubana, quien a diario preparaba juegos en un terreno llamado La Floresta que estaba en el Reparto La Víbora, cerca de Lawton; un señor del barrio al que todos conocíamos por Lencho, quien era el que nos llevaba a un grupo de 10 o 12 quienes nos reuníamos en las esquinas de Dolores y San Anastasio, (unas de las cuadras del Parque Lawton). De ahí salíamos caminando muy alegres las 25 cuadras que había antes de llegar al terreno La Floresta y siempre tratábamos de llegar temprano para poder jugar en los equipos que formaba Avellana. Lo único era que tenía uno que ayudar a sacar piedras y pedacitos de cristal del terreno además de ayudar a rastrillarlo. Una peculiaridad era que todos los Martes y Jueves Avellana tenía preparada una serie a la cual él le llamaba “Las Novias y Los Novios”… las Novias éramos nosotros, que nunca habíamos ido al Norte y jugábamos contra peloteros profesionales que habían jugado en la Liga Negra o la Liga Canadiense. Al jugador de Las Novias que no escogían a jugar ese día lo ponían en una lomita a caerle atrás a las pelotas que salían de foul por encima de una malla chiquita que estaba encima de home plate y la pelota caía al otro lado de una línea de tren. Mi inicio a escoger ser lanzador fue basado en un incidente que me sucedió un día que estaba jugando left field y me dieron una línea y cuando salgo hacia adelante, la bola se me metió en el sol y me “voló” y cuando hice ademán de ir a cogerla me grita Avellana “Ni te molestes, sigue corriendo y vete pa’ la línea a coger los fouls”. Otro señor del barrio a quien todos llamábamos “Cata” y también organizaba grupos para ir a jugar al Rafael Conte (en Lawton), El Ferroviario (por Luyanó), en el Arenal (cerca de Barrio Obrero), el Tejar Matos (en camino hacia Marianao), en el Diezmero (reparto el Diezmero), por La ruta 28 (en Buenavista, Marianao), en El beauty (por La Calzada de Ayesterán), en el Estadio Frank DeBeche (en Regla), en el reparto Poey, en Los Pinos… Por cierto que aun a esta altura no sé el verdadero nombre de Cata.
Como tenia buen brazo me sugirieron que tratara lanzar y jugando en un campeonato en el Estadio Rafael Conte en Lawton, el manager Agustin de La Ville hizo hincapié en que yo lanzara, como no era ese bateador. De ahí fui recomendado a la Academia de los Havana Cubans.

Recorte del artículo de Rubén Rodríguez. (Foto: Cortesía del entrevistado)

UB: Sus padres fueron cruciales en alentarle a intentar tener una carrera en el béisbol. ¿Cómo valoraría ese apoyo?

PS: El apoyo de mis padres indudable e indiscutiblemente fue la base en mi sueño de ser pelotero profesional y mucho más mi padre que insistía recordándome la promesa que yo le había hecho a mi mama de ser pelotero, ir al “Norte”, convertirme en una estrella y regresar comprarle casa y que así no sirviera más de criada, pues mi mamá murió y nunca pudo verme como pelotero profesional.

UB: ¿Cómo recuerda su primer juego en el béisbol profesional?

PS: Vagamente recuerdo que lanzando con los Indianapolis Clowns no duré cuatro entradas. Pero sí no se me olvida en la forma que el manager Oscar Charleston (quien jugó en el béisbol invernal de Cuba con el equipo Santa Clara) trataba de hacerme sentir con confianza puesto que las veces que iba a la lomita me trataba de hablar en español diciéndome: “Chico, hombre no gusta curva”.

UB: Cuando comenzó a jugar con los Indianapolis Clowns de las Ligas Negras, ya se había roto la Barrera de Color, pero persistían el racismo y la segregación. ¿Cómo recuerda esa época en Estados Unidos? ¿Cuán difícil le fue adaptarse a la vida y al béisbol en Estados Unidos, siendo tan joven?

PS: Una de mis tías viajaba anualmente de La Habana a Cayo Hueso con las personas para quienes trabajaba, y a su regreso escuchábamos las muchas situaciones incómodas que tenían que enfrentar las personas de color al llegar a EEUU. También estaba mi “tío de juego”, un amigo de mi padre que era promotor y cuando regresaba nos visitaba y nos decía lo difícil que era. Aunque yo tenía la ventaja de conocer el idioma y haber estudiado inglés por cuatro años, diariamente (debido a la decisión y sugerencia de mi padre para que aprendiera el idioma), era difícil aceptar los insultos y las burlas de alguno, especialmente sabiendo lo que decían. Aceptar tener que ir al final en la estación de autobús, beber agua en una fuente marcada “For Colored” y pedir las comidas en la misma área. Una cosa es haber escuchado acerca de algo y la otra es vivirlo. Comencé a aplicar la técnica, si se quiere de: OÍR PERO NO ESCUCHAR… o sea, que seguí al pie de la letra los consejos de jugadores más viejos que de manera educativas nos enseñaron cómo hacerlo y recordando siempre un comentario de mi padre que una vez dijo: “El fanático que te da una ovación, minutos después te maldice y te profiere ofensas sobre ti y tu familia, no dejes que eso te distraiga.” Muchas veces hice como que no entendía y dije “No hablo inglés.”

UB: Podríamos decir que vio realmente y de primera mano el deceso de las Ligas Negras, pues cada vez más jugadores comenzaron a ser fichados por equipos de MLB para jugar en las Grandes Ligas. ¿Notó un descenso en el nivel de juego con el paso de esos años?

PS: Podría decir que el fichaje de jugadores de las Ligas Negras, aunque de manera esporádica, sí causó que disminuyera la fanaticada, pues éstos se fueron a donde habían ido los jugadores para ver cómo se desempeñaban y hablar al respecto con orgullo. El nivel de béisbol de las Ligas Negras era en cierto modo todavía fuerte, aunque concentrado en cuatro equipos, Kansas City Monarchs, Birmingham Black Barons, Detroit Stars y Memphis Red Sox. Y siguieron firmando jóvenes jugadores con más ambición luego de que Jackie Robinson rompiera la barrera.

UB: ¿Qué puede decirnos de su experiencia en los Detroit Stars (compañeros de equipo, ambiente de juego, condiciones, Ed Steele, etcétera)?

PS: Los Detroit Stars también tenían un gran manager muy educativo, Ed Steele, quien también jugó en el outfield (y tenía la constitución física de un jugador de fútbol americano) que disparaba cohetes y tenía un brazo fuerte y preciso. Nuestro receptor era un tipo muy jovial llamado Pat Patterson, quien se enfurecía en un minuto cuando uno no le escuchaba; Abduhl Johnson era un vistoso primera base que levantaba todo lo que le lanzaban; nuestro paracortos era mi amigo Juan Soler (del Reparto Poey en La Habana), y tenía manos suaves y seguras, con un excelente brazo y una forma de tocar a los corredores digna de MLB; Herman Green, un buen jardinero central que podía hacer atrapadas de otro mundo (y que era rápido para su estatura de 6’3”). Teníamos un fuerte staff de pitcheo: Willie Harris, Joe Mims, Eugene Scruggs.

UB: ¿Cómo recuerda el haber jugado en los Juegos de Estrellas Este-Oeste (East-West)?

PS: En 1956 ganamos la primera mitad, y tanto yo como Willie Harris, Juan Soler, Herman Green fuimos seleccionados para el Juego de las Estrellas East-West celebrado en el Comiskey Park de Chicago, y esa fue una experiencia emocionante y un momento inolvidable, pues a uno lo llaman al terreno frente a casi 30,000 fans.

UB: Cuando Papa Joe Cambria lo seleccionó, usted se convirtió en uno de los muchos “Cubanolas” reclutados por este mentor para los Washington Senators. Aunque no llegó a las mayores, sí pasó tiempo en el sistema de los Senators/Twins. ¿Con qué jugadores cubanos compartió tiempo en esa etapa?

PS: Papa Joe me fichó por sugerencia de Minnie Miñoso, a quien había conocido durante los años en los que lanzaba práctica de bateo en la Liga Invernal Cubana: (1956–57) Leones de La Habana, (1957–58) Elefantes de Cienfuegos, y (1958–59) Tigres de Marianao. Anteriormente había conocido a Minnie cuando fue a mi barrio a encontrarse con la abuela de un amigo mío. Él se había casado con la hija de esa señora que era la tía de mi amigo.
Durante el curso de estos años lanzando práctica de bateo logré hablar con él más allá de un saludo y en la temporada en que estuve en los Tigres le comenté que me estaba cansando de jugar en las Ligas Negras porque ningún equipo de MLB me firmaba para su sistema de granjas, algo de lo que había hablado ya con mi padre. Entonces, un día antes del juego termino mi ronda de lanzamientos de práctica de bateo, se me acercó y me dijo que debía ir a ver a Joe Cambria. Su oficina estaba ubicada en el Edificio Pan American en La Rampa, Vedado, y había allí siempre un gran grupo de peloteros, cerca del lobby del edificio, esperando la llegada de Papa Joe, pues los pasillos de su oficina estaban ya repletos. Eso no me desalentó y aunque los entrenamientos de primavera habían comenzado para las menores seguí yendo hasta que un día en la primera semana de principios de mayo, me dice finalmente, “Hey, muchacho, tengo algo para ti. Ven a verme mañana”… no podía esperar llegar a casa y decirle a mi padre y al día siguiente fui firmado a un contrato de los Sanford Greyhounds de la Florida State League. Tuve mucha suerte porque la Embajada Norteamericana no quería emitir la visa debido a que las temporadas beisboleras habían ya comenzado. Supongo que llamaron a la oficina de Joe Cambria para confirmar y al día siguiente iba ya camino a la Florida, con la confianza de que aunque los equipos tuvieran sus rosters completos, podía buscarme un puesto; pero dos semanas después allí estaba, y luego de apenas dos salidas, me dejaron ir. Llamé a mi padre y muy avergonzado le dije lo que había sucedido. Él me sugirió que llamara a mi otro “tío de juego” en Washington DC. Así lo hice y me monté en un bus Greyhound con mi maleta de cartón.
A mi llegada, y después de los saludos y la bienvenida, mi “tío” me dijo que solamente podía ofrecer habitación y comidas por dos semanas pero que tenía que buscar algo que hacer. Entonces me pidió que fuera y trabajara con él en la construcción y me fuera a vivir con su padre compartiendo una habitación rentada en una casa cerca del Griffith Stadium (donde jugaban los Senators). Nunca había trabajado, y mucho menos en construcción, pero ahí fui. Dos semanas después, su padre me pidió que fuera con él al Griffith Stadium pues los Chicago White Sox venían y él tenía sombreros Panamá para venderle a Minnie Miñoso, Camilo Pascual y Pedro Ramos.
Cuando Minnie me vio, me preguntó qué había pasado que no estaba jugando. Le expliqué lo que había sucedido y entonces él, Pascual y Ramos dijeron que iban a hablar con los Senators y pedirles que me dieran un try-out. Al día siguiente me fui al estadio, lancé en el bullpen bajo los ojos de Sherry Robertson, director de granjas, y Joe Haynes, vicepresidente de los Senators. Ese mismo día me volvieron a firmar, y me dijeron que me reportara a los Lynchburg Senators de la Appalachian League… no tenía como agradecer a Camilo, Pedro y Minnie.
Respecto a los cubanos que fueron mis compañero de equipo, tenemos en 1959 con los Lynchburg Senators: jugador de cuadro Mariano “Oriente” Ramos, jardinero Luis Rangel, jardinero Carmelo “Mickey” Mesa, (le llamaban Mickey porque se parecía a Mickey Mantle) y el jugador de cuadro David Sánchez; en 1962 con los Erie Sailors: David Sánchez, jardinero Alberto Álvarez, jardinero Alberto Montalvo, y jardinero Ramón Buduen; en 1963, 1964, 1965, 1966, durante los Campos de Entrenamiento de Primavera de las menores con los Minor: jugador de cuadro Rigoberto “Kike” Mendoza, jugador de cuadro Néstor Velázquez, jugador de cuadro Hernán Valdés Vila, catcher Enrique Izquierdo, pitcher Héctor Maestri, jugador de cuadro José Valdivielso, jardinero Hilario “Sandy” Valdespino, Orlando “Pito” Martínez, y el jardinero Tony Oliva; en 1970, en el Campo de Entrenamiento de Primavera de las mayores con los Washington Senators: jugador de cuadro Zoilo Versalles y catcher Paulino “Paul” Casanova.

UB: Luego de haber sido llamado por el ejército, perdió tiempo valiosísimo (dos años) fuera deel béisbol profesional. Sin embargo, se destacó con los Fort Hood Tankers. ¿Qué puede decirnos de su experiencia en el béisbol militar?

PS: Ser reclutado por el Tío Sam fue una sorpresa impactante. Cuando jugaba en Lynchburgh, llamé a casa para mantenerme en contacto con mi padre y él me dice: “Pedrito, tienes aquí una carta de la Oficina del Servicio Selectivo del Ejército de Estados Unidos, ¿qué hago?” Le dije “Mándamela al club.” Cuando la recibí y leí su contenido me enteré de que había sido reclutado por el Ejército de Estados Unidos y que debía reportarme para registrarme en Fort Leonardwood, Missouri. ¡Argh!
Consulté con mi manager, “Chick” Payne y un scout que me dijeron que intentara pedir que me pusieran en las Reservas, pero otros dijeron que debía ir por los dos años y salir de eso. Los Twins dijeron que no era su decisión, pero que verían lo que podían hacer, así que escogí los dos años. Llamé a mi padre y le dije lo que estaba a punto de hacer. Entendió, aunque triste, y me dio las bendiciones familiares. Me reporté a Fort Leonardwood y me enviaron a Fort Hood, Texas, para el entrenamiento, y allí, como me sugirieron, en lugar de buscar transferencias dije de manera repetida que quería usar mis habilidades beisboleras para ayudar al equipo. Un día, el Sargento Snyder, quien era el manager del equipo, me llamó a su oficina y me dijo que a él no le importaba que yo fuera un bonus baby, luego del entrenamiento básico era bienvenido a practicar, pero tenía que demostrarle que podía jugar ese calibre de béisbol. Los Twins habían contactado al Director de Servicios Especiales y le habían dicho que encontrara un puesto para mí en el equipo de béisbol.
Antes del pase de Navidades a Washington, DC, vi en una pizarra que me iban a enviar a Alemania y muy feliz hice alardes al respecto en la fiesta de mi tío. Entonces, este señor sale del baño con el brazo derecho tieso como una tabla frente a su pecho y me dice “Escuché que te vas a Wildflegan, Alemania.” “Sí,” respondí. “Y es probable que me pongan en el equipo de béisbol allí que en Ft. Hood.” Me mostró su brazo tieso y me dijo. “¿Ves esta mano? Esto es debido a quemaduras por congelación. Allá no vas a jugar ni a las bolas, porque eso es una unidad de patrullas a 10km de la frontera comunista checa. De inmediato llamé a la gerencia de los Twins, quienes respondieron que tenía que ir al entrenamiento igual que todo el mundo y que verían después. Durante una maniobra de entrenamiento de lectura de mapas, el instructor dice, “Escuché que tenemos acá a un ‘Big Bonus Baby’,” y cuando miro a mi alrededor a ver quién era, m dice, “Vamos, Soldado Sierra, sabe que es usted.” Así que hice mi papel y luego del entrenamiento me reporté al equipo.
En mi primer año me fue bastante bien, con registro de 9–5, y luego de la temporada de béisbol, dije que quería seguir siendo parte de los Servicios Especiales en el equipo de baloncesto, pero me eliminaron porque no tenía habilidades y tuve que ir a mi unidad, el 41ro de Infantería, a jugar juegos de guerra hasta que comenzara la temporada beisbolera. Esa fue sin dudas la mejor que tuve en mi carrera beisbolera, pues terminé con balance de 17–5, efectividad de 1.75, y la distinción de casi haber lanzado un juego perfecto contra la Harlingen Air Force Base, enfrentando apenas a 28 bateadores.
Jugar en Ft. Hood fue una buena experiencia, pues mucho de los jugadores oponentes habían tenido experiencia en el béisbol profesional.

Scrapbook de Pedro Sierra en el Ejército de EE.UU. (Foto: Cortesía del entrevistado)

UB: ¿Cree que de no haber pasado esos años alejado del béisbol profesional habría llegado a las mayores?

PS: Obviamente, mirando en retrospectiva años después, creo que los dos años que pasé en el ejército tuvieron algo que ver con la oportunidad de recibir al menos una invitación a los Campos de Entrenamiento de Primavera de las Ligas Mayores y tal vez haber tenido ese mismo récord de mi último año en Ft. Hood con el sistema de las Ligas Menores.

UB: ¿Qué puede decirnos de cuando los Twins lo descartaron y de su experiencia en Canadá?

PS: Creo que me fui más por un arranque emocional y por un malentendido de la otra parte sobre cómo manejar el asunto. La situación no se manejó bien por ninguna de las dos partes y el resultado fue que terminé diciendo dónde ir y ellos diciéndome dónde ir.
Por fortuna tuve una llamada de Jorge Taylor (hermano de Tony Taylor) con la propuesta de irme a jugar con los Coaticook Canadiens, un equipo en la Liga Provincial de Quebec. Fue una experiencia inolvidable. En gran medida, ver lo bien que trataban a los jugadores negros, lo amistosas y respetuosas que eran las personas y cómo siempre querían que uno se sintiera en casa.
Mi manager era Mercel Guilbeau, quien había estado en la organización de los Cardinals y luego de haber sido seleccionado a mi primer Juego de Estrellas allí, nos sentamos en un restaurante y me dijo que estaba dubitativo en aceptarme porque pensaba que yo tenía problemas en el brazo, debido a que había revisado mis números y le resultaba extraño que los Twins me hubiesen dejado ir. Terminé la temporada con récord de 11–3 y 1.75 de efectividad. Mis compañeros cubanos eran el jugador de cuadro Jorge Taylor, el jugador de cuadro Mario Miranda, el jugador de cuadro Reynaldo Brache y el receptor Pedro Lay. En 1968 (mi segundo año en la liga), me reclutaron los Sherbrooke Alouettes porque Coaticook se salió de la liga. Ese año por segunda vez me seleccionaron al Juego de Estrellas, y terminé la temporada con 11–7, una efectividad de 3.43 y recibí el Trofeo Dow como el mejor lanzador de mi equipo. En 1969 fui seleccionado nuevamente al Juego de Estrellas, encabecé la liga en victorias con 14 y blanqueadas con tres y tuve promedio de 3.26. Fui el segundo en la votación del MVP de la liga y el MVP de mi equipo.

UB: Ted Williams le invitó personalmente a lanzar en la práctica de bateo de los nuevos Washington Senators. ¿Cómo evalúa su relación con él?

PS: Yo estaba viviendo en Silver Spring, MD, que es parte de la llamada Área Metropolitana de Washington y al final de cada temporada, iba a la oficina de los Senators y le pedía a Hal Keller, su director de granjas, que me diera la oportunidad de ir al campo de entrenamiento de las menores con mis propios gastos, pero siempre escuché la misma respuesta de que no había espacio para mí o algo así. Me encontré con Paul Casanova en Washington DC en la barbería de uno de mis amigos y le pregunté si podía hacer algo. “¡Voy a tratar!” dijo. También me había encontrado con Zoilo Versalles antes de que terminara la temporada de los Senators y la había pedido ayuda. A mi llegada de Canadá en 1969, Mario, mi amigo en la barbería, me llamó y me dijo que contactara a Zoilo porque éste había logrado algo y me iban a dar un try-out. El día llegó y allá me fui al RFK Stadium, recibí mi casillero, mi uniforme, y salí al terreno a calentar y prepararme para lanzar una ronda de práctica de bateo.
Estaba en muy buena forma, pues no había pasado más de una semana del fin de mi temporada. Mi brazo se sentía bien y tenía una buena recta y una aguda curva por encima del brazo (al estilo de Camilo Pascual), que en términos beisboleros es llamada “12 to 6”. George Susce, ex receptor de los Chicago White Sox y coach de bullpen de los Senators, luego de ver mi curva y mi bola de nudillos durante mis calentamientos comenzó su “charla de ánimo”: “¡Vamos, muchacho, lánzame esa gran 12 to 6 ahora, muéstrales tu lanzamiento de mariposa (bola de nudillos o knuckleball), dame ahora una buena recta en la esquina de afuera para que estos muchachos comiencen a batear hacia la banda opuesta!” Ted estaba sentado (en su pose habitual) detrás de la malla de la jaula de bateo y luego de cuatro bateadores, me sacó. Entonces me preguntó de dónde era, dónde había lanzado, y según lo que me habían indicado, le dije que no había jugado pelota profesional. Él sacudió la cabeza y me preguntó si podía regresar a día siguiente a lanzar ante otros tres bateadores, y no tengo que decir que acepté. Luego del día siguiente, el equipo se fue de gira y Ted me pidió que volviera cuando ellos regresaran. Así lo hice y me dijo que le gustó lo que vio en mí y que me iba a fichar e invitarme al Campo de Entrenamiento para 1970… ¡Así de simple! Casi estallé de felicidad y tan pronto como volví de la práctica se lo conté a mi esposa, y llamé a mi padre y se lo dije. Casi al final de la temporada, luego de lanzar en la práctica de bateo, yo estaba persiguiendo elevados, y él me llama desde los jardines para que conociera a Harold Keller, el Director de Granjas de los Senators, a quien le estaba hablando sobre mi inexperiencia. El señor Keller dijo que me conocía de la organización de los Twins, y antes de que alguien pudiera decir más, Zoilo Versalles se metió en la conversación y le dijo a Ted, “Escuche, si usted tiene un auto nuevo y no es muy bueno, y el viejo corre mucho mejor, ¿no comenzaría a usar el viejo?” Ted dijo con agudeza: “Zoilo, vuelve a la caja de bateo, Pedro, ¡vuelve a los jardines y sigue capturando elevados, y vuelve en un par de días para la práctica de bateo! Harold, quiero que esté fichado para el final de la temporada y que se le indique que esté listo para venir al campo de Grandes Ligas.”
En mi primer día en el campo, se me acercó y me preguntó si estaba nervioso. “No, pero emocionado sí estoy,” fue mi respuesta. Entonces procedió a decirme sobre el concepto de pitcheo de las Ligas Mayores, la habilidad de lanzar 90 millas por hora (si eras bendecido con esa velocidad) en un punto y volver con la misma recta a 80 millas por hora en el mismo punto. Durante el entrenamiento hablamos con frecuencia sobre la habilidad y el amor por béisbol de los peloteros cubanos, y en retrospectiva me pregunto si esta relación fue debido al hecho de que él tenía sangre latina, algo que descubrí hace apenas unos años.

UB: ¿Qué experiencias le legó la Liga Mexicana?

PS: Una de las experiencias inesperadas de mi primer año en la Liga Mexicana fue ver como si un lanzador regalaba un par de bases por bolas y un hit en el primer inning, mandaban de inmediato a alguien a calentar y prepararse en el bullpen. Los largos viajes que en ocasiones comparé con mis años en las Ligas Negras, por ejemplo: mientras jugaba con los Pericos de Puebla tuvimos que ir a Yucatán para una serie de tres juegos, luego hasta Chihuahua para una serie similar, y esto era un viaje de casi día y medio. Y no creo tener que decir que (también fue una sorpresa) el no tener que lidiar con los problemas raciales como sí tuve que hacer en Estados Unidos.

UB: ¿De qué lanzamientos dependió más durante las distintas etapas de su carrera beisbolera?

PS: Al inicio de mi carrera profesional, dependía de una buena recta, una curva no tan buena y buen control (a veces demasiado bueno). Durante los dos años que jugué en el Ejército, comencé a experimentar con una slider, pero luego de escuchar que tomaba parte del efecto de la curva, desistí. Entonces, cuando jugué en Canadá, comencé a probar con la bola de nudillos lanzándola de las uñas en vez de los nudillos. Comencé a usar mi curva mucho más y a cambiar el agarre de la recta porque tenía un efecto de caída, que entonces se llamaba una bola sinker, (ahora le dicen recta de dos costuras, en dependencia del ángulo de salida que antes le llamaban “punto de descarga” o release point).
Durante mi mes y medio en el campo de Grandes Ligas con los Senators, me alentaron a que mezclara más la movilidad de mi recta con la knuckleball y la curva 12 to 6. Con el control que tenía no dudé un instante en usarla para despegar o tumbar a los bateadores.
Usando el enfoque filosófico de Satchel Paige de “El home plate es 50% de los bateadores y 50% de los lanzadores: NO TE METAS EN MI LADO.” Nunca le apunté a la cabeza de un bateador, mis lanzamientos pegados siempre eran de los hombros hacia abajo. Y como dije, tenía una buena recta que creo superaba las 90 millas por hora.

UB: ¿Con qué receptores trabajó mejor y de cuáles recibió más ayuda?

PS: En verdad aprendí a trabajar con todos mis receptores porque no tengo dudas de que un buen receptor hace a un buen lanzador, así que doy crédito a todos ellos.

UB: ¿Con qué compañeros de equipo atesora mejores relaciones?

PS: Siempre me llevé bien con mis compañeros de equipo. Mis más cercanos a través de los años fueron Juan Soler, Roberto “Musulungo” Herrera en las Ligas Negras, que también eran mis amigos en Cuba; Rudy May, Pat Kelly, Kike Mendoza, Nestor Velázquez, Hernán Valdés Vila, Zoilo Versalles, Tony Oliva en la organización de los Twins; Mario Miranda, Reynol García, Jorge Taylor, Florentino Fernández en la Liga Canadense; Toby Harrah, Bill Madlock, Pete McAnin, Bill Stamazcek en la organización de los Senators; Aurelio López, Víctor Ramírez, El Zurdo Ortiz, Pedro Ramos, Panchón Herrera n la Liga Mexicana, solo por nombrar algunos.

UB: ¿Quiénes fueron los bateadores que le parecieron más difíciles?

PS: Depende de los años… en las Ligas Negras, Otha Bailey, un fornido receptor de los Birmingham Black Barons; George Altman, jardinero de los KC Monarchs. En la Western Carolina League, Bobby Bonds con Lexington, granja de los San Frncisco Giants. En la Provinciale League en Canadá, Lilas Poole, receptor con Quebec; Mario Miranda, jugador de cuadro del Gramby. En la Eastern League, Jim Rice, Ben Oglivie, Cecil Cooper, Carlton Fisk con Pawtucket (granja de los Boston Red Sox); Mike Schmidt, Greg Luzinski, Bob Boone con Reading (granja de los Philadelphia Phillies); Richie Zysk, Charlie Howard con los Waterbury Pirates (granja de los Pittsburgh Pirates). Sin dudas, Héctor Espino con los Alijadores de Tampico; Miguel Suárez, Ricardo Joseph con los Diablos Rojos; Roberto Pena y Tomás Silverio también con Tampico; Rico Carty y Vic Davalillo con los Cafeteros de Córdoba; Orestes Miñoso con Unión Laguna en la Liga Mexicana.

UB: ¿Cuál considera el momento más feliz de su carrera beisbolera?

PS: El momento más feliz para mí fue verme con el club de Ligas Mayores de los Washington Senators en el primer día de Entrenamiento de Primavera.

UB: ¿Y el más triste?

PS: El momento más triste tiene que ser haber tomado la decisión de dejar de jugar béisbol siguiendo una dura pregunta de uno de mis hijos cuando dijo: “¿Vas a dejar solos de nuevo a una madre y sus hijos?” Fue difícil digerir eso, pero capté el mensaje implícito. Fue sin dudas muy duro para mí ir a un juego de béisbol o ver un juego luego de conceder a mi hijo su deseo. Puedo de decir que lo más reconfortante fue poder comunicarme con mi padre de manera frecuente y su forma de ponérmelo: “Pedro, ¡tienes que encontrar una manera! Creo que debo decirte que la historia se repite.” “¿Qué quieres decir?” fue mi respuesta, y me dijo suavemente “Tuve que encontrar una manera de dejar de boxear cuando naciste.”

UB: En lugar de remitirse al béisbol e intentar convertirse en entrenador de cualquier club de béisbol profesional, fue a la escuela y después comenzó a tratar con importantes y sensibles asuntos sociales. ¿Qué importancia le da a su trabajo en la comunidad?

PS: Decidí registrarme en el Campus de la Universidad Boricua en Washington DC, y cuando estaba trabajando en mi título en Servicios Humanos, un amigo mío, Víctor Savinon, me dijo un día: “¿Por qué no intentas conseguir trabajo en el Departamento de Recreación del Condado de Montgomery?” Así lo hice, y lo menos que hice fue algo vinculado con el béisbol, pues decidieron ubicarme en el Programa de Servicio de Asistencia a la Comunidad, que lidiaba con Jóvenes en Riesgo, y cuyo objetivo era la Prevención de la Delincuencia Juvenil por medio de la recreación.
Me hicieron formar pareja con un ex diplomático que había decidido involucrarse con ese concepto de prevención. No fue una situación fácil, lidiar con los jóvenes conocidos como “EN RIESGO”. Organizamos viajes a museos, campamentos y eventos deportivos, siendo el béisbol el viaje más difícil para mí. Unas cuantas veces, cuando llevábamos a los muchachos a Baltimore a ver un juego de béisbol, me encontraba con ex compañeros de equipo, Toby Harrah (mi compañero en Pittsfield), quien luego jugó con los Texas Rangers y años después se convirtió en manager de los Cleveland Indians; Pat Kelly, quien también era mi compañero en la ligas menores de los Twins y era entonces jardinero con los Orioles; y lo más difícil fue ver a Aurelio Lópe y Enrique Romo, pues habían sido mis compañeros con los Diablos Rojos de Ciudad México y les escuché decir “¡Órale carnal! ¿Cómo es que dejaste de jugar? ¡Podrías estar acá con nostros!” Fue ¡¡¡¡¡duro!!!!! Pero me las arreglé y ENCONTRÉ LA MANERA.
Luego de un año o algo así, creé e implementé un programa llamado “GET HIGH ON SPORTS”(1), donde solicitaba boletos de mis ex compañeros de equipos y la Organización de los Orioles para llevar a jóvenes a los juegos y pedir a los peloteros que les hablaran respecto a la importancia de permanecer en la escuela, abstenerse de las drogas y el mito de los deportes profesionales. Este programa abarcaba no solo el béisbol profesional, sino también el fútbol, el baloncesto, el fútbol americano y lo llevaba a un nivel por debajo de los sitios universitarios. Un día a la semana en diferentes comunidades por todo el Condado, reuníamos a un grupo de muchachos en un Centro de Recreación y les hacíamos preguntas respecto a sus visiones de porqué pensaban que había tantas personas jóvenes involucradas en crímenes y el ascenso de las drogas en el Estado. Yo escribía estas respuestas en una pizarra y en la semana siguiente les entregaba libretos con información sobre los peligros de las drogas y el alcohol. Al final del verano, les presentaba un examen y el joven que tenía l más alta puntuación recibía un reloj y una placa con la inscripción “GET HIGH ON SPORTS”.
Al mismo tiempo, ayudábamos a esos jóvenes a conseguir un trabajo durante el verano luego de que se acabara la escuela. El sistema escolar me pidió que interviniera con los recientes problemas sobre los disturbios entre jóvenes latinos y afronorteamericanos en las preparatorias cerca de mi área, lo cual, en retrospectiva, ayudó a disminuir esos problemas. Años después, me encontré con algunos de esos jóvenes, ya hombres y mujeres y es (aún) muy gratificante escuchar sus agradecimientos.

Get High on Sports. (Foto: Cortesía del entrevistado)

UB: El béisbol ha dado un giro con el uso de la sabermetría y los análisis avanzados. ¿Qué opinión le merece este tema?

PS: No hay dudas de que el uso actual del concepto analítico, las tecnologías de entrenamientos y os datos o estadísticas sobre el tiempo para llegarle a un elevado relacionado con la velocidad del fildeador parece ser una herramienta que ayuda a mostrar a los jugadores lo que necesitan hacer para mejorar su habilidad, pero si el jugador no tiene velocidad natural, creo que es inútil… La industria (como se refieren últimamente al béisbol) ha ido más allá de lo esperado para ganar banderines recurriendo a estos nuevos conceptos, y ha sido una metodología exitosa para la mayoría de los equipos, pero en mi opinión eso no es lo único que gana juegos. No podemos olvidar que los jugadores no son robots y que la naturaleza desempeña un papel importante y crucial en el resultado de algunos juegos, que lo más importante no es EL ÉXITO O LA CONFIANZA, sino LA PREPARACIÓN MENTAL.
Si un jugador no está preparado mentalmente para entender estos cambios, se demorará más tiempo para que esta nueva metodología funcione. Necesitamos ENTENDER que todas las rectas, incluso a 90 millas por hora, no tienen la misma trayectoria, pues en dependencia del ÁNGULO DE SALIDA (nuevo lenguaje) de donde sale y por donde la agarran, puede hacer un movimiento diferente. La metodología de llevar notas en una libreta o tableta sobre qué jugador le dio mejor a qué lanzamiento, de más está decir que depende de la situación, dónde y cómo se ubican los fildeadores, dependiendo en si es un bateador halador de fuerza o no, en qué cuenta hala o no los lanzamientos, quién es el lanzador a quien se está enfrentando en el momento. Los bateadores se repararán para la recta de 90 millas por hora como para la de 80 millas por hora con movimiento. Creo que algunos lanzadores tienen que entender EL ARTE DEL PITCHEO.
En un programa de TV llamado MLB Network, el lanzador miembro del Salón de la Fama John Smoltz hizo saber su preocupación respecto a que las organizaciones están formando a los lanzadores en las menores basados en el concepto de tirar más de 90 millas por hora con consistencia durante la cantidad de entradas ara las que están programados, como usted ha visto probablemente, no todos los lanzadores trabajan completo y quizás cerca de las siete entradas debido a la CUENTA DE LANZAMIENTOS. Me hizo recordar las veces que mencionaba a mi staff de pitcheo la metodología del ARTE DE LANZAR un par de años luego de regresar al béisbol como coach de pitcheo: lo seguí con la pregunta “¿Vieron la primera película de Bruce Lee, cuando iba en un barco a un torneo de Artes Marciales en una isla, se le acerca un tipo de Artes Marciales que iba a competir y le pregunta ¡?Cuál es tu estilo?’ y él respondió ‘El arte de pelear sin pelear.’ Bien, apliquen este concepto l pitcheo… el ARTE DE LANZAR es retirar a los bateadores sin tener que tirar 90 o 100 millas por hora todo el tiempo.”
Me siento obligado a contarle esta anécdota que experimenté con Satchel Paige. En 1966, cuando estaba lanzando con High Point-Thomasville — un equipo de granja de los Twins en la Western Carolina League — , mientras jugaba en Spartanburg, Carolina del Sur — un equipo de los Phillies — , Satchel Paige era la atracción es día pues estaba viajando por Estados Unidos lanzando entradas de exhibición. Entonces le dice a los jugadores antes de enfrenarlos en esas dos entradas “Les doy $1,000 si lanzo cuatro bolas seguidas, si los pongo en cuenta de 3–2 o si me dan jonrón.” Ofreció $500 por un triple y así sucesivamente hasta $100 por un hit. Permitió dos hits en rolata por el medio. Luego de la exhibición, sentado en el dugout, de pronto salió a relucir el tema del Ted Williams shift(2). Escuchando la filosofía de NO LANZAR PARA FAVORECER EL PODER DEL BATEADOR, dije, “Mr. Paige, si ha puesto a todo el mundo en dirección hacia donde conecta el bateador, entonces ¿por qué no lanzarle para que lo haga?” Entonces e puso la mano en el hombro y dijo “Hijo, sabes LO MALDITAMENTE LEJOS QUE LA VA A MANDAR POR ENCIMA DE TODO EL MUNDO?”

UB: Los desafíos de la reclamación por video han cambiado igualmente el juego y lo han llevado en una dirección totalmente nueva. ¿Cree que esto es mejor o peor para el desarrollo del juego?

PS: Parece ser la nueva corriente o concepto que anda en el deporte. Es bueno en ciertos aspectos.

UB: ¿Qué cambiaría del béisbol?

PS: A mi entender lo que debe cambiar es la disposición mental y la actitud de algunos jugadores, pues el béisbol en sí no ha cambiado. Lo único que creo que debe considerarse a profundidad es permitir que los receptores pidan los lanzamientos con más frecuencia en lugar de permitir que el coach de pitcheo tome la decisión. En muchas ocasiones un lanzador siente que cierto lanzamiento es el más apropiado en ese momento y la decisión del banco es la opuesta. Creo que en sí le resta confianza a los receptores para pedir los lanzamientos. Repito, esa es mi opinión, pero un buen receptor hace que un lanzador sea un ganador constante.

UB: Hay una nueva ola de cubanos que han llegado a las Mayores en los últimos años. ¿Quiénes han sido los peloteros que más le han impresionado?

PS: La nueva oleada (como le dicen) ha traído un grupo de peloteros cubanos excepcionales y talentosos que con el tiempo han hecho los ajustes para jugar en el nivel de la MLB, que requiere DESEMPEÑO CONSISTENTE (nueva terminología beisbolera): Yasiel Puig, Yoenis Céspedes, José Abreu, Yulieski Gurriel, José Iglesias, Yonder Alonso, Yasmani Grandal, Kendrys Morales, Aroldis Chapman, Jorge Soler, Yasmani Tomás son los que he visto jugar, y sin dudas están destinados a convertirse en grandes jugadores.

UB: ¿Le gustaría ver que la MLB y el Béisbol Cubano lleguen a un acuerdo respecto al flujo de jugadores hacia el Show, para que éste sea legal y de manera más organizada?

PS: Definitivamente.

UB: ¿Le gustaría ver a los que están en la MLB jugar con el Equipo Nacional de Cuba en el Clásico Mundial de Béisbol?

PS: Sería algo que creo que tanto a mí como al resto de los fans nos encantaría ver.

UB: Pese a ser ciudadano norteamericano y haber vivido en Estados Unidos por mucho tiempo, aún se siente cubano. ¿Qué significa para usted ser cubano?

PS: Ser ciudadano norteamericano y haber vivido todos estos años en los Estados Unidos o dondequiera que pudiera vivir nunca me quitarán el ORGULLO que siento de SER CUBANO. Es en realidad un sentimiento indescriptible.

UB: ¿Hay rasgos cubanos en su casa? ¿Cuáles?

PS: Dos de mis tres hijos son CUBANOS PUROS aunque nacieron en los Estados Unidos. Son hombres que viven en Maryland donde han expandido las raíces de los Sierra con seis nietos. Mi hijo mayor, que también vive en Maryland, siente total orgullo de sus raíces y cuando uno entra a su casa, después de la puerta de tele metálica, se ve una bandera cubana colgando del pomo de la puerta. Tengo también un hermano que vive en mi área y una hermana que vive en Washington, DC.

UB: ¿Ha visitado recientemente a su familia en Cuba? ¿Qué puede decirnos de la última visita (o las últimas visitas de haber sido varias)?

PS: Mi primera visita fue en 1986 luego de la visita de mi padre en 1985 (primera vez que nos veíamos desde 1959). Es algo que también resulta inolvidable. Además de estar con mi familia, ver a algunos amigos del barrio e ir a lugares en los que había pasado tiempo mientras crecía en la ciudad. Desde entonces fui periódicamente y la última vez fue en 2013 para celebrar lo que habría sido el centenario de mi padre. Él falleció en 1994.
Había planeado ir el pasado año, pero mi hermano (que vive en Regla) vino a visitarme por dos meses. Tengo en mente hacer un viaje a Santiago de Cuba, donde viven una sobrina y un sobrino, entonces a Lawton a visitar a otro sobrino, a Marianao y Los Pinos a visitar primor, Baracoa, la Víbora y Vedado a visitar sobrinas y una vez más ver los lugares donde jugaba pelota y tomar fotos adicionales para ponerlas como parte de mi biografía, la cual casi he terminado.
Es un gran placer que me entreviste un cronista deportivo cubano, pues la otra vez que esto ocurrió fue en 1989, cuando di una charla en el Instituto Fajardo para la clase que se graduaba.
Yo había aceptado una invitación del Comisionado del Béisbol Roberto Morales, a quien había conocido en Richmond, Va., donde yo había ido a ver un juego de exhibición entre el equipo Cuba y el de Estados Unidos, pues iban camino a Canadá, y en marzo de 1989 e fui junto con mi amigo Zoilo Versalles.
Esto para mí fue y es un momento inolvidable: allí estaba yo, 30 años luego de haber estado en los terrenos del Estadio del Cerro, ya conocido como Latinoamericano, por invitación del INDER, compartiendo mis conocimientos y experiencias con grandes peloteros cubanos… de más está decir que las rodillas me temblaban y sentía cosquillas en el estómago, pues en mi mente de repente reviví la última vez que había pisado ese estadio y cómo no se me consideraba siquiera para figurar en la reserva del equipo. Sin embargo, me las arreglé y procedí a dar consejos sobre lo que se espera de los jugadores en Estados Unidos. Enfaticé en el FACTO CONSISTENCIA y les hice saber que lo que uno hizo el año pasado ¡YA SE HABÍA PAGADO! Los slumps son parte del juego, pero uno debía buscar la manera de convertirse en un mejor jugador.

Pedro Sierra, durante una clínica en La Habana. (Foto: Cortesía del entrevistado)

UB: ¿Qué consejo les daría a los jóvenes que quieren hacer carrera en el béisbol?

PS: Mi consejo a los jóvenes que quieren hacer carrera en el béisbol es ASEGURARSE DE QUE ESO ES LO QUE QUIEREN… SER UNO MISMO Y NO IMITAR A OTROS… alguien dijo una vez, “Sé tú mismo, todos los demás han sido tomados.” Entender que uno no solo representa a un equipo, sino a su familia y su país… No alardear de quiénes son y dejar que otros sean quienes lo digan, y aun cuando sea verdad, SEAN HUMILDES Y PERMANEZCAN HUMILDES. Y no olvidar de dónde vienen.

UB: Después de haberle conocido en Cooperstown el pasado año, investigué y leí su historia y me pareció realmente fascinante. Muchos fans del béisbol cubano coincidirían con ese pensamiento si tuvieran la oportunidad de conocerlo. ¿Les mandaría algún mensaje?

PS: A los fans de mi país que nunca olvido les mando un cálido y sincero HOLA. Por cierto, volveré a Cooperstown, al mismo lugar, sí que llégate.

UB: ¿Hay algo de Pedro Sierra que los fans no conocen y que le gustaría compartir?

PS: Tal vez les gustaría saber que paso bastante tiempo diseñando posters y que tengo una enorme colección dedicada a los primeros cubanos en el béisbol, los ganadores de 20 juegos en la MLB, cubanos vivos que jugaron en las Ligas Negras y así y que estoy a punto de terminar mi autobiografía llamada YOU ARE WHAT YOU WANT TO BE… AND NOT WHAT YOU CAN BE (Eres lo que quieres ser… y no lo que puedes ser), y finalmente que cuando me lo piden doy presentaciones y charlas en escuelas, universidades y otros grupos.

UB: Gracias por sus respuestas y por su tiempo.

PS: Gracias por el interés de escribir sobre mí.

Notas:
(1) Get high on sports: Juego de palabras porque get high significa drogarse pero también puede ser ascender. Ascender en los deportes o consumer deportes. (Nota del autor)
(2) Ted Williams shift: Formación que se le hacía a Ted Williams ubicando a la mayoría de los fildeadores en dirección hacia donde él halaba la pelota. (Nota del autor)

 

Tomado de: Universo Béisbol

 

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