CLAYTON KERSHAW abrió una ventana hacia el futuro el 25 de mayo de 2008. En un momento, Vin Scully introdujo a la audiencia televisiva al seleccionado en la primera ronda del draft 2006 de las Grandes Ligas, oriundo de Texas, de tersas mejillas y una ligera demora en su envío. Treinta y tres lanzamientos después, Kershaw dejó la lomita tras ponchar a los tres bateadores de los Cardenales de San Luis a los cuales se enfrentó en el primer inning de su debut en las Mayores.

Mientras que los 46.566 presentes en el Dodger Stadium se exaltaron mientras pensaban en las posibilidades, los aficionados no tenían la menor idea de cómo esos parpadeos entre “Buenos días, buenas tardes y buenas noches” quedarían en la mente de Kershaw. Una década después, Kershaw retrocede al pensar que dio la apariencia de tener una tarea fácil al abanicar a Skip Schumaker, Ryan Ludwick y Troy Glaus en esa jornada vespertina dominical.

“Sí, claro, y luego di boleto al segundo y luego Pujols me bateó para doblete”, expresa.

El box score de esa tarde sirve de evidencia del por qué Kershaw se fastidia ante la idea de un debut fácil. Kershaw otorgó boleto a Brian Barton con cuatro pitcheos antes de conceder tubey hacia left-center a Albert Pujols, el cual impulsó su primera carrera permitida en Grandes Ligas. Eso fue lo que le quedó en mente tras ese inning.

Kershaw se recuperó de ese momento lamentable y lanzó seis entradas sólidas. Tras ese momento, ha experimentado pocos traspiés. Si le llegara a entregar la pelota al mánager Dave Roberts tras su apertura de Día Inaugural esta semana y decidiera partir hasta su casa para no volver a lanzar, iría directamente a Cooperstown en su primera aparición en las boletas de votación.

Kershaw cumplió 30 años el 19 de marzo pasado. Cuenta con tres premios Cy Young, un Más Valioso, tres títulos de efectividad, cuatro campeonatos de ponches y siete Juegos de Estrellas consecutivos en su resumen curricular. Es remunerado como el as del pitcheo que es, faltando tres años y $98 millones en su gigantesco contrato, firmado en 2014. Kershaw debe entonces decidir antes de noviembre si ejercerá la cláusula de rescisión que tiene contemplada en dicho pacto. A juzgar por los 21 1/3 innings en blanco y el promedio de ponches y boletos de 23-4 que ha mostrado esta primavera, eso no debe contar como una de sus principales prioridades.

Al acercarse los 10 años de su debut en Grandes Ligas, Kershaw conversó con ESPN.com con respecto a su evolución como pitcher y profesional. ¿Cómo llegó a este nivel y cómo planea mantener el nivel de actuación que ha establecido? El mejor lanzador del béisbol y algunos pasajeros que lo han acompañado en su travesía nos comentan sobre los momentos cruciales, revelaciones y atributos que han convertido a Clayton Kershaw en Clayton Kershaw.

“Su slider lo cambió todo”

La temporada de novato de Kershaw fue agridulce. Registró efectividad de 4.26 en 22 apariciones, otorgando 52 pasaportes en 107 1/3 innings. El dominio de la zona de strike era un problema para él, que llegó a extenderse hasta abril de 2009. Luego que Kershaw fuera apaleado en aperturas consecutivas por los Astros y Rockies, el mánager Joe Torre y el coach de bateo Don Mattingly le convocaron a la oficina para tener una franca conversación.

“Joe y Donnie básicamente me dijeron: ‘Mira, si no lanzas tu curva en strike, sólo te queda un pitcheo a utilizar'”, recuerda Kershaw. “Me dijeron: ‘Necesitas hacer algo'”.

Para Kershaw, el conseguir que una pelota gire siempre ha sido algo más natural que conseguir dominar la velocidad de los envíos y el agarre requerido para que el cambio de velocidad se utilice de forma óptima. El coach de pitcheo Rick Honeycutt le mostró una forma de agarre para lanzar sliders y comenzó a experimentar, utilizando la opinión del cátcher del bullpen Mike Borzello. En 2009, lanzó su slider en aproximadamente 7 por ciento de las oportunidades. El año pasado, esa cifra llegó a un asombroso 35 por ciento. Entre la élite de los pitchers de Grandes Ligas, sólo Chris Archer de Tampa Bay ha utilizado la slider a mayor discrecionalidad.

“La curva estaba funcionando bien, pero no era un pitcheo en el cual uno podía confiar”, expresa Mark Sweeney, miembro de los Dodgers en 2008. “Era un pitcheo feroz, lograba que los bateadores hicieran swing fallido, pero no caía en strike. Era muy profundo, pero tenía un arco que causaba que los umpires no lo cantaran en strike. Y muchos bateadores lo evitaban porque no podían hacer mucho con él. Su slider realmente lo cambió todo. Lo llevó a un nivel diferente”.

“Los bateadores te dirán lo que necesitas hacer”

Los promedios de uso de pitcheos de Kershaw a través de los años reflejan su capacidad de entender las situaciones y hacer los ajustes pertinentes. Su promedio de uso de la recta alcanzó el 72 por ciento en 2009 y luego declinó de forma gradual hasta llegar al 47 por ciento en 2017. Incluso con la carga de haber lanzado de 2.057 innings en Grandes Ligas, la velocidad de Kershaw se mantiene firme, ligeramente menor a 93 millas por hora. Sin embargo, lanzó rectas el año pasado en proporciones similares a las de Jason Vargas, cuyas 85.6 millas por hora representa la velocidad más lenta en las Mayores para un pitcher cuyo nombre es distinto a R.A. Dickey.

“Nada de esto ocurre a propósito”, dice Kershaw. “Sólo se trata de entender lo que está funcionando, lo que sientes es necesario hacer a fin de conseguir outs. Nunca estoy pensando antes de comenzar una temporada si voy a usar un pitcheo determinado de esta u otra manera. Los bateadores te dirán lo que necesitas hacer”.

“Simplemente ocurre. Comienzas a aprender otros pitcheos y a entender diferentes maneras de hacer outs. No hay demasiados pitchers que puedan salirse con la suya lanzando rectas en el 72 por ciento de sus pitcheos, especialmente como abridor. Tienes que desarrollar otras cosas”.

Con el tiempo, Kershaw ha descubierto que una recta bien ubicada, complementada con una slider a 88 millas por hora y una curva a 73 mph puede darle éxito, incluso con la poca utilización de un cambio de velocidad. Sus dos lanzamientos rompientes conviven en perfecta armonía y se compensan maravillosamente bien. Los bateadores zurdos tienen línea estadística de .190/.243/.308 contra él. Los diestros están ligeramente menos abrumados por Kershaw, bateando para .210/.266/.306.

“Son dos agarres completamente diferentes”, expresó Kershaw con respecto a su slider y curva. “Dos procesos de razonamiento totalmente diferentes, por lo cual eso me ayuda a diferenciarlos a ambos. Debo contar con ambos pitcheos. No puedo vivir solamente con uno o el otro. Debo contar con ambos”.

“No podía creer lo que estaba ocurriendo”

Cuando Kershaw llegó a las Mayores hace una década, los Dodgers no contaban con un pitcher de la talla de Roy Halladay o Chris Carpenter que le sirviera de mentor para aprender de las sutilezas del pitcheo y sobre la vida en las Grandes Ligas. Brad Penny se encaminaba a sumar efectividad de 6.27 y se encontraba molesto porque el equipo no le había ofrecido una extensión contractual. Derek Lowe seguía acumulando 200 innings por temporada. Sin embargo, se encontraba en su último año antes de declararse agente libre para así partir de Los Ángeles. Por ello, Kershaw rápidamente debió entenderlo todo por cuenta propia.

“Contaba con un pavoneo juvenil que hizo que muchos de nosotros nos sintiéramos a gusto con él”, dice Sweeney. “Prácticamente actuaba como si no creyera lo que le estaba ocurriendo. Tenía la capacidad de divertirse con la preparación previa al día en el cual le tocaba lanzar. Después, su concentración era total. Usualmente, uno no ve algo así en los jovencitos. Además, Rick Honeycutt era perfecto para él. Contaban con una relación realmente buena la cual sentía era esencial para él. Cuando no hay veteranos en el equipo, se necesita de un confidente, y creo que Rick cumplió con ese rol, lo cual fue muy bueno para él”.

Cuando el gerente general de los Dodgers Ned Colletti adquirió a Greg Maddux en 2008 (siendo la segunda ocasión en la cual negoció a Maddux en tres temporadas) tenía la visión de poder contar con él como el maestro Jedi que impartiera sus experiencias al niño prodigio. Maddux tenía 42 años y estaba en las semanas finales de su brillante carrera. Sin embargo, podía ser una influencia positiva para el incipiente as de su staff de pitcheo.

“La mitad de mis razones para traer a Greg al equipo radicaban en que sabía que sería una influencia positiva para todos, incluyendo a los bateadores”, dice Colletti. “Sabía la forma en la cual Greg pensaba y procesaba información. Estaba en la parte final de su carrera. Sin embargo, su sabiduría seguía siendo muy aguda. Greg bien puede ser el pitcher más inteligente con el cual he trabajado a diario. A mi criterio, raya en la genialidad. Siempre hubiese querido contar con alguien como él al lado de un pitcher de la talla de Clayton”.

“Tiene la capacidad de ser un segundo Koufax”

Desde el día en el cual Kershaw se dio a conocer como el principal prospecto del sistema de los Dodgers, hubo una comparación inevitable. Al final, Torre decidió dejar la cautela atrás y dijo lo que todos pensaban: Kershaw tenía la capacidad y el material suficiente para causar comparaciones legítimas con Sandy Koufax.

Koufax hacía viajes anuales a los entrenamientos primaverales de los Dodgers en Vero Beach y era accesible a todos los miembros de la organización. Sin embargo, todos se dieron cuenta del momento en el cual ambos pitchers zurdos comenzaron a forjar nexos gracias al béisbol.

“Nadie avisó con antelación del día en el que llegó”, dijo Sweeney. “Nadie nos dijo: ‘Oigan, Sandy viene al campamento’. Pero salí del clubhouse, y veo están sentados conversando en el bullpen, que está en un rincón. Si no era la primera ocasión en la cual Clayton se reunía con él, se acercaba mucho a eso. Pensaba, ‘Eso es lo que se quiere'”.

“Recuerdo haberlos visto en el bullpen y yo pensaba: ‘Oh, Dios mío’. Para mí, era similar a si me hubiese tocado hablar con un Tony Gwynn, quien podría tener un impacto similar y que uno necesita como joven pelotero. Fue algo muy especial. A principios de su carrera, todos decían: ‘Tiene la capacidad de ser un segundo Koufax’, y yo respondía: ‘Vamos. Dejen de decir eso. Miren sus números’. Fue difícil para él intentar alcanzar esas expectativas. Pero la verdad es que se está acercando muchísimo a ese nivel”.

La relación entre Koufax y Kershaw se profundizó con el tiempo. En la primavera de 2010, Kershaw y Koufax aparecieron juntos en un evento a beneficio de la Fundación Safe at Home creada por Torre, celebrado en Los Ángeles. Compartieron en un viaje en avión privado de regreso a Arizona, conversando por espacio de una hora sobre el pitcheo y otros diversos tópicos. Kershaw luego expresó lo que esa conversación representó para él y todos los conocimientos que pudo absorber de ella.

“Me recuerda la relación entre Barry Bonds y Willie Mays, la cual pude ver en San Francisco”, dice Colletti. “Se trata de un pelotero más joven tratando de comprender el recorrido y la historia de alguien que estuvo allí antes que ellos y fue obviamente un estelar en la misma carrera y, de hecho, en la misma ciudad. Y hay un respeto mostrado por parte de Willie hacia Barry y de Sandy hacia Clayton, porque reconocen y entienden el oficio. Se asemeja a una relación entre estudiante y profesor. Es una bendición recíproca, para ambos”.

“Debes ser un atleta tremendo”

El envío de Kershaw es inimitable y único. Levanta sus brazos de forma inusualmente alta y hace que su pierna casi caiga al piso antes de comenzar su ímpetu hacia el plato. La ligera pausa en su envío y el ángulo de su brazo engaña al bateador y lo saca de su tiempo. El movimiento no es exactamente el mismo que mostró en su llegada a las Mayores. Sin embargo, sus elementos básicos se mantienen.

“Debes ser un atleta tremendo para contar con la mecánica única con la que él cuenta y la capacidad de repetir esos movimientos”, indica A.J. Ellis, ex cátcher de los Dodgers. “Representan los bloques que arman su dominio y su capacidad de ejecutar. Trabaja de forma incansable en conseguir que su mecánica sea repetible. Cuando pudo encontrar su slider y ponerla en práctica de forma inmediata, funcionó con la ubicación natural de su brazo. Tuvo una (comprensión) tremenda con respecto a cómo debía sentirse ese pitcheo en su mano y cómo se suponía debía ser ejecutado”.

Orel Hershiser, exestrella del pitcheo con los Dodgers y ahora comentarista televisivo del circuito del equipo, compara a Kershaw con Jim Furyk, Hubert Green y otros jugadores de golf exitosos cuyos swings no podrían ser reflejados en libros instruccionales. Sin embargo, en los puntos clave del proceso (la altura del backswing, punto de contacto y en el momento de ascenso de los movimientos relacionados) todo funciona en perfecta sincronía.

“No puedes instruirlo”, dice Hershiser. “Pero, claro que funciona”.

“No puedes quedarte estancado”

Cuando empezaron a ponerse de moda los giros defensivos, Kershaw no estaba precisamente fascinado por la idea y lo dio a entender de manera enfática. No es un gran aficionado del análisis estadístico o de profundizar en los números. Sin embargo, ha adoptado de forma gradual las ideas de la nueva era, si ayudan a conseguir un out extra o ganar un partido.

“Al principio, estuve en contra de eso. No obstante, nuestro grupo hace un trabajo grandioso, especialmente en lo que respecta al cuadro”, afirma Kershaw. “Lo estudian y saben de él mucho más que yo. He cambiado de opinión y ahora confío en eso un poquito. Por cada pelota que consigue un espacio cuando no se supone que debió ocurrir, apuesto que logran hacer dos o tres atrapadas que no se suponía debían hacer. De hecho, pude ver muchas situaciones similares en los playoffs del año pasado. Muchas pelotas botaron en esa área entre el short y el jardín derecho y allí estaba nuestro segunda base. Fue una sensación agradable”.

Varias lesiones en su espalda y el desgaste que viene con la edad han causado que Kershaw adopte nuevos métodos de entrenamiento y cambios a su dieta y nutrición. Además, comprende la importancia de dormir apropiadamente, aunque ahora suele bromear que un sueño reparador le es esquivo, considerando que tiene una niña de 3 años y un varón de 17 meses de nacido.

Kershaw no es la clase de celebridad que gusta de dejarse ver en la primera fila de los partidos de los Lakers. Sin embargo, ha compartido con varios atletas de otras disciplinas deportivas, lo suficiente para saber que siempre se puede aprender algo de una conversación casual.

“No puedes quedarte estancado”, dice Kershaw. “No puedes asumir que te va a ir bien este año porque tuviste una buena temporada el año pasado. No puedes asumir que el material que te funcionó el año pasado va a servir de la misma manera este año, por arte de magia. Hay que seguir trabajando y ganando conocimientos”.

“No tengo la oportunidad de hacerlo a menudo, pero me gusta hablar con respecto a las rutinas distintas que hacen varios atletas. ¿Cuántas cestas deben hacer antes de que ellos sientan que su tiro es óptimo, o cuántas horas deben pasar los jugadores de fútbol americano en la sala de pesas? Los que practicamos deportes a nivel profesional formamos una pequeña fraternidad y uno tiene la oportunidad de verlos en el clubhouse en algunas ocasiones. Me gusta escuchar cómo ellos cuentan sobre la forma de hacer su trabajo”.

“Necesito estar allí por mis muchachos”

“No hay comparación en cuanto a su competitividad”, dice Ellis. “Sé que estoy diciendo algo trillado. Todos quieren ser grandes competidores. Sin embargo, Clayton no tiene comparación por la capacidad que cuenta para exigirse a sí mismo en distintas situaciones. A mi criterio, lo que le hace tan especial es su capacidad de pitchear al más alto nivel, en un partido a la 1 de la tarde, en un día en el cual el equipo debe viajar, cuando hay solamente 1.100 personas en las tribunas y los jugadores de ambos equipos están cansados para jugar un partido diurno luego de una jornada nocturna. Tiene la capacidad de alcanzar un nivel que nadie puede igualar en esos momentos, debido a la forma en la cual se prepara mentalmente”.

La historia de Kershaw en la postemporada, llena de altibajos, es inevitablemente un manchón en su hoja de vida. Tiene marca de 7-7 con efectividad de 4.35 en apariciones consecutivas en los playoffs contra los Cardenales de San Luis en 2013-14. Kershaw ha hecho cuatro aperturas con poco descanso y el año pasado, salió del bullpen tras dos días de descanso para lanzar 43 envíos en blanco como relevista en el séptimo juego de la Serie Mundial contra Houston.

Al igual que Justin Verlander, Max Scherzer, Corey Kluber, Madison Bumgarner y Chris Sale, por mencionar algunos de sus colegas más ilustres, Kershaw vive ansiando estar en la loma, dándolo todo en días en los cuales el bullpen está desgastado y cada bateador retirado aminora la carga de un relevista necesitado.

“Sé que su mentalidad le dice: ‘Necesito estar allí, por mis muchachos'”, dice Sweeney. “He allí la razón por la cual todos le adoran. No hace esto por él mismo, por sumar estadísticas. No lo mira de esa forma”.

“Cuando lo sacan del terreno y entrega la pelota al mánager, cuando lo ven lamentándose mientras camina hacia el dugout, es una expresión real de sus sentimientos. Hay algunos pitchers que lo hacen pensando: ‘Quiero mostrarme molesto’. Literal y sinceramente, (Clayton) está enfadado. Probablemente, está pensando mientras va en dirección al dugout: ‘¿Por qué otorgué boleto a fulano?’ o ‘¿Por qué permití que me batearan ese doblete?’ Lo está pensando porque él es todo un perfeccionista”.

“Persigue su propia perfección”

Brandon McCarthy firmó un contrato por cuatro años y $48 millones con los Dodgers en diciembre de 2014. Pasó tres campañas en Los Ángeles, asombrado por la atención al detalle de Kershaw, que casi raya en lo obsesivo. Ahora, McCarthy entrena en Orlando, Florida, como miembro de los Bravos de Atlanta. Durante una mañana reciente de su paso por la Liga de la Toronja, vaticinó de forma precisa lo que sería el día de Kershaw, el cual transcurrió a aproximadamente 2.100 millas de distancia.

“Les puedo decir dónde estará él de forma exacta en dos horas, basándome en el día que es y su rutina”, dice McCarthy. “Funciona con la precisión del reloj y lo hace una y otra y otra vez. No importa si el día anterior lanzó nueve entradas con 15 ponches sin tirarle o una alternativa, seis innings con dos carreras y ocho ponches sin tirarle. Ustedes saben, sus salidas “malas”. Lo hace y lo vuelve a hacer y lo vuelve a hacer”.

McCarthy recordó la forma en la cual Kershaw merodea por los jardines entre prácticas de bateo el día previo a su apertura, buscaba a un compañero para que éste se agachara en posición de cátcher y lanzaba sin mayor preparación varios pitcheos rompientes. Si los últimos dos lanzamientos no se sentían de forma apropiada, buscaba a otro compañero o lanzaba hacia el muro del jardín para buscar la sensación precisa que quería tener en el partido del día siguiente.

“Persigue su propia perfección”, afirma McCarthy. “En ocasiones, es una situación que se acerca a la demencia. Quiere estar a su mejor nivel en todo momento. Para ser el mejor de los mejores entre los mejores hay que tener algún tornillo flojo en la cabeza. A uno sólo le queda esperar que no trascienda más allá del terreno”.

“Ese es el caso de Clayton, sin duda. Es una gran persona lejos del campo. Pero cuando es su turno, lo da absolutamente todo. Lo único que importa en ese momento es: ‘¿Cómo debo hacer que gire esa curva? ¿Cómo debe funcionar esa slider? Nada más importa. ¿Cómo hago que ese lanzamiento sea mejor?'”

“Existe Kershaw. Pero también existe Clayton”

Uno de los rasgos más impresionantes de la personalidad de Kershaw es la capacidad con la que cuenta para mantener su mente en orden y separar las cosas. Es el director residente de temas sociales en tenis de mesa del clubhouse y participa regularmente en el fútbol americano de fantasía.

“De hecho, es una persona muy cercana”, dice McCarthy. “Una vez que guarda las pesas o deja de lanzar, logra cambiar su mentalidad y puedes hablar con él de nuevo. Existe Kershaw, pero también existe Clayton, una persona normal. Tiene todos los atributos que uno busca en un compañero de equipo modelo y as del pitcheo”.

La generosidad de Kershaw no tiene límites. A principios de febrero, Ellis, su viejo amigo, le dijo que existía la posibilidad de que él firmara con los Padres de San Diego. Kershaw le dijo que tenía una habitación disponible para él en el apartamento que la familia Kershaw posee en Arizona y así efectivamente ocurrió. Cada mañana, Kershaw se dirigía al campamento de los Dodgers en Glendale y Ellis haría lo propio hasta la sede de los Padres en Peoria. Regresaban a final de la tarde y Kershaw y el tío A.J. jugaban con los niños antes de volver a la cancha de golf para jugar un poco y hablar sobre béisbol.

“Clayton se parece a un actor de carácter ganador del Premio de la Academia”, dice Ellis. “En los días que le toca lanzar, se transforma para asumir un rol al cual aporta un alto nivel de intensidad cuando está en el terreno y es capaz de mantenerlo. Luego abandona el terreno después del partido, inevitablemente, fue el pitcher ganador, porque es Clayton Kershaw, lanzó por ocho innings y ponchó a 13. Después, lo ves bromeando en el clubhouse, se ríe de cualquier cosa que haya ocurrido durante el partido y te puedes burlar de él por algo que dijo o hizo en el terreno”.

“Luego, en los cuatro días siguientes, es el mejor compañero del clubhouse, siempre pendiente de lo que ocurre o alentando al resto a que mejoren su press de banco. Llega el quinto día y lo ves caminando y acechando al clubhouse, como si fuera un hombre con una misión. El resto de los muchachos tratan de alejarse de su camino, pero todos saben que el equipo va a ganar ese día. Es una gran sensación”.

“Quiero merecer todo lo que me dan”

Kershaw tenía 25 años y acababa de ganar su segundo Premio Cy Young en tres años cuando los Dodgers pactaron una extensión contractual por $215 millones en enero de 2014. Esta negociación superó los $180 millones de Justin Verlander con los Tigres de Detroit, convirtiéndose así en el lanzador mejor pagado de la historia.

Kershaw ha tratado de ser merecedor de cada uno de esos dólares de formas que van más allá de los premios y estadísticas. Kershaw ha sido acreedor de los premios Branch Rickey y Roberto Clemente por su labor humanitaria. Ha viajado a Zambia con su esposa Ellen, aparte de sus esfuerzos de recaudar fondos para la construcción de un orfanato.

Para aquellas personas que lo han visto crecer y mantener un nivel de excelencia durante una década, la historia de Kershaw al recordar ese traspié de su primer inning contra San Luis en mayo de 2008 es fiel a su carácter.

“La verdad es que él no es un gran amante de los elogios”, dice Hershiser. “Un elogio no le motiva a decir: ‘Oh, voy a trabajar para que me elogien más.’ A él lo motiva más que le digan ‘No puedes’ en vez de ‘Sí puedes’. Eso lo convierte en especial”.

Entonces, ¿a dónde irá Kershaw después de su undécima campaña en Ligas Mayores? ¿Su cláusula de rescisión servirá de preludio a un regreso a casa en Texas, o a un ilustre segundo capítulo vestido con los colores de los Dodgers? Kershaw no aporta pista alguna sobre una posible decisión. Cuando el cielo sigue oscuro en los terrenos de la Liga del Cactus y llega a Camelback Ranch para así conseguir una ventaja sobre sus competidores, se mantiene estrictamente concentrado en su oficio de lanzador y la búsqueda para conseguir la slider perfecta. Su salud y capacidad de adaptación ayudará a determinar su desempeño sobre la loma. Pero la búsqueda de la perfección nunca termina.

“Soy admirador de la consistencia y de aquellos hombres que pueden salir y mantener un alto nivel año tras año”, dice Kershaw. “En el baloncesto, obviamente está el caso de LeBron (James). Pero, en mi terruño, está Dirk Nowitzki, quien cumplió 40 años y sigue adelante. Lo admiro y respeto de verdad. Claro, también está Tom Brady y todo lo que ha podido alcanzar. En lo que respecta al béisbol, está Chase Utley, quien está aún activo a los 39 años. Está Rich Hill, sentado a mi lado. Son hombres mayores que yo, siguen jugando y luchando y eso es algo muy especial”.

“Si hay algo de lo cual uno puede enorgullecerse, es el poder salir cada cinco días durante toda tu carrera y poder mantener ese nivel de desempeño. La organización me dio un voto de confianza por muchos años y pagándome mucho dinero para hacerlo. Eso es algo que no doy por sentado. Es una responsabilidad que me impongo a mí mismo. Si no siento que estoy haciendo algo bien o entrenando ese día, lo debo recordar. Lo esencial es esto: Quiero merecer todo lo que me están dando y seguir mereciéndolo”.