Como experimento de primavera está bien, pero si Aaron Boone se decide a colocar a Aaron Judge como primer bate en la temporada regular, estará arrancando con el pie izquierdo su andar como mánager de los Yankees de Nueva York.

Boone colocó al Juez como hombre proa el pasado viernes, en el juego que los Yankees perdieron 5-0 ante sus archirrivales Medias Rojas de Boston.

Judge se fue de 4-1, con dos abanicados, pero eso es lo de menos, pura anécdota.

Lo peor es que el estratega de Nueva York no descartó la posibilidad de utilizarlo en ese turno durante la campaña regular.

Cada turno en la alineación tiene sus características específicas, según las exigencias que demanda la estrategia del juego y la cuestión es que el Novato del Año de la Liga Americana en el 2017 es diametralmente opuesto a lo que se supone sea un primer bate.

Si bien no es el clásico tanque de guerra, tampoco es un corredor que clasifique entre los más veloces de la liga, condición indispensable para quienes abren tanda.

Tiene una pronunciada tendencia a poncharse y al venir en el inicio del partido, con las bases limpias, verá más pitcheos quebrados, de los que le cuesta más trabajo pegarle, en lugar de la mayor cantidad de rectas que recibiría si consumiera sus turnos con hombres veloces en los senderos, recurso al que apelan los lanzadores para evitar robos.

Desde que el mundo es mundo (el mundo sólo estuvo completo con el invento del béisbol), los primeros bates han sido veloces, de buen contacto, mientras que los de mayor poder han ocupado los turnos del tercero al quinto.

Imaginen a Babe Ruth abriendo la alineación por los Yankees en los años 20 o a Mark McGwire y Sammy Sosa por los St. Louis Cardinals y los Chicago Cubs, respectivamente, hace apenas dos décadas atrás.

Un disparate supremo que sólo puede haber salido de la mente de alguien que jamás en su vida jugó béisbol y si acaso se ha acostumbrado a ver el juego no ya por televisión, sino a través de los números de una computadora.

Es una epidemia que se extiende por el béisbol, como si estuviéramos a las puertas del fin de los tiempos, pues ahora Buck Showalter, mandamás de los Baltimore Orioles, ha decidido con más fuerza que Boone colocar como primer bate en su alineación nada menos que a Chris Davis.

El primera base de los Orioles es incluso más anti-primer bate que Judge, quien al menos recibe bastante pasaportes gratis que le hacen elevar su promedio de embasamiento.

Davis, quien se poncha en casi uno de cada tres turnos a lo largo de su carrera, tuvo un OBP de .309 y un average de .215 en el 2017, con 195 abanicados y 61 boletos en 456 veces al bate, lejos ya de sus mejores números que consiguió hace cinco temporadas, en el 2013.

Pero de Showalter puede esperarse cualquier cosa. A fin de cuentas, se trata de un hombre que en 19 temporadas como mánager ha sido un perdedor perenne y por tal de conservar su empleo es capaz de aceptar las ideas que vengan de la oficina, por absurdas que sean.