BARCELONA — El FC Barcelona, derrotado en una sola ocasión de sus últimas diez visitas ligueras al Sánchez Pizjuán, acude a Sevilla este sábado con la duda de Messi y, por encima de todo, la aspiración a dar un golpe definitivo al campeonato, consciente de que una victoria le dejaría prácticamente despejado el camino hacia el título o que incluso un empate sería bien recibido.

Con Bayern y Roma en el plano, en sus partidos de ida de los cuartos de final de Champions que disputará el Sevilla el martes y un día después el Barça, este cara a cara en el Pizjuán, tres semanas antes de la final de Copa, se entiende un duelo menor, por más que al equipo de Vicenzo Montella los puntos sí pudieran tener mayor trascendencia en el desenlace de la temporada.

No en vano, si el Sevilla pierde la final de Copa y no gana la Champions League, necesitaría asegurarse la sexta plaza en la Liga para acceder a disputar la Europa League del próximo curso, en una pelea ahora mismo apasionante con Girona y Betis (dos puntos por debajo) aspirando a esa posición por detrás del Villarreal, quinto y que tampoco tiene, de momento, asegurado su futuro continental.

HISTORIA

Es a partir de ahí que puede entenderse el partido de este sábado más importante desde el punto de vista andaluz que el catalán. Para el Barça, 36 partidos consecutivos sin conocer la derrota en la Liga, no caer en el Pizjuán le dejaría a 90 minutos de igualar la marca histórica de la Real Sociedad, que estaría en condiciones de alcanzar la siguiente fecha en el Camp Nou frente al Leganés.

Así, sin Busquets, con la duda de Messi y mirando con disimulo a la Roma, el grupo de Valverde disputará en Sevilla un partido dirigido a contemplar más el futuro inmediato que el presente propiamente dicho.

Por más que el discurso oficial huya de cualquier síntoma de euforia y no queriendo dar por finiquitada la Liga, pase lo que pase, no es exagerado sostener que la ventaja adquirida en la clasificación con los pocos partidos que restan para acabar el campeonato, el título se dibuja en un azulgrana que observa con mayor estudio tanto la eliminatoria de Champions frente a la Roma como, a tres semanas vista, la final de Copa, también contra el Sevilla, en Madrid.