Cada año, se incrementa el promedio de ponches en el béisbol. Eso es todo lo que sabemos hasta ahora. Si en algo no hemos pensado, es en la víctima de la epidemia del ponche: las pelotas en juego. Sin pelotas en juego, no hay hits. Nunca había sido tan relevante esta simple observación.

Inevitablemente, al no haber hits, tendríamos un mes como el de abril de 2018. Por primera ocasión en la historia, tendríamos un mes completo de Béisbol de Grandes Ligas con más ponches que hits. Previo a los partidos del jueves, teníamos la suma de 6.003 imparables esta temporada y 6.392 ponches. Estamos dando prácticamente como un hecho que se registrará una inversión desafortunada de las cifras de ponches e indiscutibles.

Esto no es bueno para el béisbol. Obviamente se trata de un criterio subjetivo. Quizás usted es más adepto a los ponches y los considera un sacrificio valedero para presenciar mayor cantidad de cuadrangulares, o simplemente, lo considera una forma inteligente de jugar al béisbol. Aun así, incluso para aquellos que no tienen problemas con los niveles actuales registrados, debo hacer la siguiente pregunta: ¿Cuántos ponches son demasiados?Debe haber un límite antes que la profusión de ponches comience a alejar a los aficionados, ¿cierto? Llevando esto al extremo, nadie quisiera ver un partido en el cual una pelota en juego es tan escasa como los goles en el fútbol. Puede comenzar un debate sobre el hecho que “Un out es un out” y mostrar tablas de expectativas que demuestran que un ponche es muchas veces mejor que una pelota en juego porque se evita una doble matanza. Uno puede hacer correlaciones positivas entre ponches, boletos y cuadrangulares.

Sin embargo, nada de lo dicho anteriormente representa en el contexto bajo el cual hago mi pregunta de “cuántos son demasiados”. No me preocupo demasiado con respecto a los argumentos cuantitativos con respecto a cuál sería la mejor forma de anotar carreras. Me preocupa la posibilidad de un deporte que podría, eventualmente, convertirse en un juego imposible de ver.

No hemos llegado a ese punto. Cierto, las cifras de asistencia muestran declive en lo que va de la joven temporada. Sin embargo, cuando revisamos cuáles son las ciudades que han registrado mejoría en sus cifras de asistencia contra aquellas que registran bajas, el clima y la profusión de reconstrucciones parecen ser explicaciones al mejor estilo de la navaja de Ockham, en vez de ser un rechazo en masa causado por las tendencias vistas en el terreno.

Entonces, la preocupación no gira en torno a la situación actual de este deporte, sino hacia dónde podría estar dirigiéndose. Los ponches se han incrementado hasta llegar a un promedio récord de 8.85 ponches por partido en lo que va de temporada. Difícilmente eso es noticia: hemos impuesto un nuevo estándar en lo que respecta a hacer swing contra el aire en cada temporada desde 2008. Si esto continúa, nos lleva a una visión problemática de lo que podríamos tener a nivel del juego de béisbol en pocos años.

La semana pasada, los Cardenales de San Luis jugaron contra los Cachorros de Chicago en el Wrigley Field. Durante el primer inning y medio (apenas 36 minutos de juego en tiempo real), 13 bateadores se pusieron al plato. Ocho de ellos abanicaron, tres negociaron boletos, uno recibió pelotazo y uno puso una pelota en juego. En dicho encuentro, el cual duró 3 horas y 33 minutos, se produjeron 23 ponches, 16 boletos y 2 pelotazos. Los Cardenales registraron dos asistencias, una de las cuales se produjo con un toque de sacrificio. ¡Dos asistencias nada más!Ese partido quizás representa un ejemplo extremo, pero no está muy fuera de lugar en comparación al estándar de 2018. La noción de que veamos más partidos lentos como estos es algo terrorífico.

El béisbol ha sido jugado en situaciones extremas (de formas distintas) en muchas ocasiones durante su largo devenir. El promedio de bateo en Grandes Ligas para 1968 fue de .237, menor cifra histórica (récord que, de mantenerse las tendencias actuales, caerá en un par de años. En lo que va de 2018, alcanza .242). En 1930, fue de .296.

Todos son ciclos. El béisbol, en muchas ocasiones, se corrige a sí mismo, aunque en ocasiones se requiere de un empujón externo, como puede ser disminuir la altura de la lomita, cantar más strikes altos o introducir, de forma encubierta, una pelota más viva. Este deporte siempre parece recobrar su equilibrio de una u otra forma. Uno puede revisar la historia de las temporadas y encuentra una transición lenta y continua de un extremo al otro.

Sin embargo, cuando se trata de los ponches, no estoy seguro de que este sea un problema que se corregirá a sí mismo. Eventualmente, se requerirá de un impulso externo, aunque aún no estemos claros de cuál podría ser.

Hace pocos años, el estadístico de béisbol Bill James disertó con respecto a la existencia de dos razones por las cuales los promedios de ponches siempre han tenido una línea que tiende a mostrar crecimiento, a pesar de las oscilaciones periódicas: (1) Los pitchers ponchadores son mejor que los no ponchadores; y (2) los bateadores con tendencia al ponche son, paradójicamente, mejor que los que no muestran tendencia al ponche debido a los sacrificios que hacen entre poder y paciencia. A partir de esos puntos de arranque, el mercado toma el control y sirve de factor que conduce a la evolución del producto.

Con el ascenso del análisis estadístico, dichas tendencias se han acelerado. En la presente temporada, los promedios de ponche por encuentro han crecido un 7.5 por ciento, con respecto a la zafra anterior. Si esto continúa, se trataría del mayor incremento anual en 32 temporadas y el séptimo mayor registrado en la era de la pelota viva (desde 1920). Y este ascenso que casi sería un récord dentro de un récord ya existente. Jed Lowrie, de los Atléticos de Oakland, lo resumió muy bien en sus comentarios a la web The Athletic: Mientras los equipos sigan pagando por ponches y jonrones (y las abanicadas que vienen con ellos), esta tendencia proseguirá.

Entonces, ¿a dónde podemos acudir para así conjurar esta oleada de jonrones? Mi esperanza radica en los Astros de Houston.

Durante la pasada campaña, los Astros ganaron la Serie Mundial radicados en la fortaleza de la mejor ofensiva del béisbol. Terminaron en segundo lugar, por debajo de los Yankees en la cifra total de cuadrangulares conectados. Negociaron boletos a un promedio aproximadamente similar al de la liga. Sin embargo, los Astros también pusieron la pelota en juego, con promedio colectivo de .282 (el mejor de la Liga) y se poncharon en 66 menos ocasiones que cualquier otro equipo.

Houston nos demostró que, a fin de montar un ataque importante, se necesita más que producir la cifra de jonrones y boletos que la mayoría de las ofensivas tienen ahora por defecto. La ofensiva verdaderamente dinámica de los espaciales logra combinar esos elementos con destrezas para chocar el bate con la pelota, bateo situacional y corrido de bases de impacto. Quizás las cifras de jonrones, ponches y boletos se han logrado grabar bien con la anotación hecha a diario. Aunque históricamente, los hemos estado viendo en conjunto con otras características, no en la ausencia de ellos.

Si las principales ofensivas continúan demostrando los beneficios de ataques bien sustentados, entonces el mercado comenzará a valorar destrezas que no llegan a ser capturadas en los tres resultados reales (TTO, por sus siglas en inglés), particularmente si las destrezas que conducen a los TTO se convierten en requerimientos virtuales para poder jugar en las Mayores. Si todos llegan a contar con ellas, son entonces los otros elementos que separarán a las joyas de la tierra. Sólo podemos esperar.

¿Cuántos ponches son demasiados ponches? Realmente, no puedo responder a dicha pregunta. Sólo esperamos que nunca tengamos que averiguarlo.


Dicho por los números:

Persiguiendo el problema

Siguiendo con el tema de los ponches, vimos récords impuestos la temporada pasada a nivel de liga tanto en lo que respecta a ponches y cuadrangulares por cada nueve innings. Sin embargo, el promedio de boletos quedó en el puesto 42 de la era de la pelota viva. Lo que hemos visto no se debe tanto a una explosión de los tres resultados reales, sino una situación colectiva en la cual se va por “todo o nada”.

Eso sería defendible si se registrara con los incrementos de los niveles de anotación de carreras, pero realmente no es así. Las carreras aumentaron durante la pasada campaña debido a la explosión jonronera, alcanzando 4.65 vuelacercas por partido. Ese fue el nivel más alto desde 2008. Sin embargo, ese número quedó en el puesto 33 de la historia. Primero en jonrones. Primero en ponches. Trigésimo tercero en carreras anotadas. Claramente, existen más cosas inherentes a la anotación que hacer swing a lo grande.

Y los bateadores están haciendo swing en mayores proporciones que nunca. El porcentaje de pitcheos puestos en juego ha caído del 42 por ciento de 2009 a un 37.3 por ciento en lo que va de temporada. Ciertos motivos que no nos explican el por qué:

  • No hay menos strikes para poncharse. Durante la última década, el porcentaje de strikes totales ha sido del 63.4 por ciento. En la pasada temporada, fue del 63.5. La fluctuación año tras año ha sido mínima, lo cual también es el caso de los pitcheos en la zona de strike.
  • Los bateadores no están haciendo swing de forma menos frecuente. Durante la pasada zafra, los toleteros hicieron swing al 46.8 por ciento de los ofrecimientos. La cifra de 10 años es del 46 por ciento.
  • Los toleteros no están bateando para foul en menor cantidad de pitcheos. El cambio año tras año en dicha estadística es minúscula.
  • Los bateadores no están sufriendo más strikes que antes. Esta cifra se ha mantenido constante año tras año, aproximadamente en un 32 por ciento.

Los promedios de pitcheos perseguidos se han mantenido constantes, hasta esta temporada. Veremos si esta tendencia se mantiene. Sin embargo, este año, los bateadores han perseguido el 26.9 por ciento de los pitcheos fuera de la zona. El promedio de los últimos 10 años es del 28.3 por ciento, y nunca ha caído por debajo del 27.5. Esta mejoría en la disciplina al plato podría explicar, de por sí, la caída en las cifras de pelotas en juego… Si ésta fuera una tendencia que hubiese surgido antes de la presente temporada.

No, el mayor culpable se encuentra en el promedio de contacto, el mayor perdedor de la épica de hacer swing fallido es del 22.3 por ciento. Pero ha pasado del 20.4 por ciento de 2009 al 25.4 por ciento en lo que va de temporada.

¿Por qué? Parece poco probable que los bateadores sean menos capaces de chocar bate contra pelota de lo visto hace 10 años. Por el contrario, es más viable que los promedios de contacto sigan decayendo en el orden de prioridad, reemplazado por los jonrones, velocidades de salida y chocar con la parte gruesa del bate. Swings grandes, fallas grandes.


Gracias por preguntar

El pitcher novato que deben ver

Uno de los novatos más interesantes del béisbol es Jonathan Hicks, relevista de los Cardenales de San Luis. Es una de esas historias “salidas de la nada” que capturan la atención de los aficionados en cada temporada.

Al comenzar la campaña, Hicks, de 21 años, se encontraba en la mira de los radares de prospectos, aunque nadie pensó que llegaría a San Luis tan pronto, ni siquiera los propios Cardenales, quienes inicialmente lo descendieron a Menores antes del final de los entrenamientos primaverales para luego revertir la medida, previa al inicio de la temporada.

El cambio de opinión es fácil de entender. En lo que va de temporada, sólo Aroldis Chapman, de los Yankees de Nueva York, tiene una velocidad promedio en su recta mayor que las 97.9 millas por horas de Hicks. Claramente, se ha ganado la confianza del manager de San Luis, Mike Matheny: hasta ahora, sólo ocho pitchers han enfrentado mayor cantidad de bateadores en situaciones de alta tensión. Si revisan la lista, también podrán ver que los lanzadores por delante de él son considerablemente mayores en edad y que ha logrado contener a los bateadores rivales para ligar de 23-1 en dichas situaciones.

Es divertido ver a Hicks. Cuando las bases están vacías, utiliza un alto impulso de piernas, sacado de la vieja escuela, y tiene un rápido envío gracias al cual, sus rectas de velocidad de triples dígitos salen girando cuales demonios de Tasmania. Sin embargo, los temas a mejorar con su dominio indicados por los gurúes de evaluación de prospectos siguen presentes. Hicks tiene apenas seis ponches esta temporada contra 10 boletos.

Entonces, ¿Por qué permitieron los Cardenales que este personaje, que nos recuerda a Nuke LaLoosh, se saltara tantos niveles en Ligas Menores? Le pregunté al respecto a Matheny, en una conversación a principios de temporada.

Cuando un jovencito como él llega lanzando tan fuerte, ¿tiene que estar pendiente de él a fin de asegurarse que maneje las cosas de forma apropiada y no intente mantener los niveles de velocidad en el radar?

Matheny: Oh, claro que sí. Lo hacemos con todos los muchachos. Sin importar la edad a la que lleguen, prestarles mucha atención puede ser una bendición y maldición, todo a la vez. Sin embargo, él cuenta con tanta gente pendiente de él, como nunca he visto alrededor de un joven pelotero. Cuando se asciende a un chico de 21 años, nuestra antena está muy pendiente de él, para mantenernos atentos de los retos que se producen en el caso de cualquier pelotero a este nivel, mucho más cuando son tan jóvenes. Uno intenta ponerlo en situaciones que le ayuden a tener éxito en el terreno, y fuera de él.

La velocidad habla por sí misma. Sin embargo, ¿qué mas vieron en él que les hizo pensar que estaba listo para hacer un salto tan drástico?

Matheny: No pudimos ver mucho de él el año pasado. No estuvo en el campamento con nosotros. Apenas pasó tiempo en el campamento de este año. Sin embargo, cuenta con una disposición en la lomita, la confianza y luego, tenemos su ejecución. Sin embargo, el talento lo supera todo. Uno habla de las altas velocidades, pero me refiero a la cantidad de movimiento que se genera con esa velocidad. Puede controlar la zona de strike. Y no tiene miedo en la forma como asume su trabajo.

¿Recuerda haber tenido alguna reacción especial cuando lo vio lanzar por primera vez?

Matheny: Tenemos una cantidad de chicos con brazos de calidad, por lo cual no fue tan anormal. Brazos de calidad con esa clase de movimiento es algo diferente. Escuché lo suficiente sobre Jordan para entender por mí mismo que iba a ser, probablemente, alguien interesante de ver. Y no me decepcionó.


Por venir:

Por qué el hit No. 3.000 de Albert Pujols es importante

La cuenta regresiva para ver el hit número 3.000 de Albert Pujols ha llegado a seis imparables, por lo cual podría ocurrir esta misma semana. Los Angelinos tienen series en casa ante los Yankees y Orioles antes de viajar a Seattle. Con Pujols rozando la historia, ¿podemos ahora estar de acuerdo en acallar las quejas sobre su WAR por debajo del nivel de reemplazo y su contrato ostentoso? Concentrémonos, entonces, en la carrera de un jugador en convertirse apenas en el cuarto en registrar 3.000 hits y 600 jonrones en la historia del béisbol.

Cuando lo alcance, Pujols se unirá a Ichiro Suzuki de los Marineros de Seattle y Adrián Beltré de los Rangers de Texas como peloteros activos en el club de los 3.000 hits. ¿Es inusual contar con tres peloteros aún activos que ya han llegado a los 3.000 indiscutibles? Sí, es muy raro.

¡Qué bueno! Nunca hemos visto una campaña en la cual cuatro o más peloteros han permanecido activos tras alcanzar los 3.000 hits. Podemos volver a quejarnos de Pujols en un par de semanas. Por los momentos, disfrutemos de un momento único en la historia del béisbol.