MIAMI — Si el dinero comprara las victorias, Dodgers de Los Ángeles debían doblar a los Marlins de Miami en cantidad de triunfos.

Con una nómina de 188 millones de dólares, los Dodgers exhiben un balance de ganados y perdidos de 16-25, casi exactamente igual al de los Marlins (15-26), cuya plantilla sobrepasa por poco los 97 millones.

Son las dos caras de una moneda de fracaso, aunque mucho más doloroso en el caso de los azules de Los Angeles, que hace apenas siete meses atrás se quedaron a un triunfo de ganar la Serie Mundial, luego de una campaña regular de 104-58, el mejor récord de todas las Grandes Ligas.

Porque de Miami se esperaba. A fin de cuentas, recién empezaron un proceso de reconstrucción que conllevó la salida de sus principales hombres a la ofensiva y con unos planes a plaz o más largo, en busca de convertirse en una franquicia sosteniblemente ganadora.

Pero estos Dodgers son prácticamente los mismos que ganaron la Liga Nacional en el 2017, salvo una o dos excepciones…, y la salud.

”Ahora regresaron dos peloteros clave que nos faltaban, Logan (Forsythe) y Justin Turner. El equipo está pasando por un mal momento, pero todavía queda mucho tiempo de temporada y vamos a seguir unidos y preparándonos al máximo para salir de este letargo”’, dijo el cubano Yasiel Puig, cuyos números han sufrido un enorme retroceso de un año para otro.

Es cierto que desde los entrenamientos primaverales perdieron a su tercer bate y antesalista Justin Turner, quien recién regresó este martes para la serie con los Marlins en Miami, en la que también se reincorporó Logan Forsythe.

 

También es real que el golpe por la pérdida del campocorto Corey Seager por el resto de la temporada fue demoledor.

Pero tampoco es que Forsythe o Seager estuvieran teniendo grandes números al momento de lesionarse, sino todo lo contrario.

Su aporte era pobre, como el de Puig o el de Cody Bellinger, Novato del Año de la Liga Nacional, pero números discretos en cuanto a jonrones e impulsadas.

Sólo el veterano Matt Kemp y el cátcher cubano Yasmani Grandal han mantenido una producción alta y estable en toda la temporada, pero dos golondrinas no hacen verano.

”Nada nos está saliendo bien. Esa es la realidad. Así es el béisbol y no siempre, aunque te esfuerces igual, las cosas te salen bien”, comentó por su parte el puertorriqueño Kike Hernández en medio de un clubhouse que parecía una funeraria tras la derrota de 4-2 en el primer juego de la serie en Miami.

”Uno se divierte cuando gana y eso lo sentías el año pasado. Ahora vez la manera en que estamos divirtiéndonos”, agregó Kike con ironía.

A los Dodgers siempre les ha costado bastante trabajo fabricar carreras, pero eso no se echaba mucho a ver, porque la solidez de su cuerpo de pitcheo resolvía con un par de anotaciones.

Pero ni Clayton Kershaw, hasta hace poco considerado el mejor serpentinero de todo el béisbol, ha sido el mismo.

Actualmente en la lista de lesionados, Kershaw tiene balance de 1-4 en siete aperturas, con todo y su buena efectividad de 2.86.

El zurdo Alex Wood, que un año atrás terminó con 16-3 y 2.72 como promedio de limpias, no ha podido conseguir aún su primer triunfo en nueve aperturas, en las que suma cuatro derrotas.

El también zurdo Rich Hill parece haberse desinflado a los 38 años, con récord de 1-2 y efectividad de 6.20, en tanto le han vuelto a aparecer los problemas de ampollas en los dedos de su mano de lanzar que lo han afectado anteriormente.

Y el coreano Hyun-Jin Ryu, que tan buen inicio había tenido tras perderse casi todo el 2016 y 2017, ha regresado a la lista de inhabilitados y no volverá hasta después del Juego de las Estrellas.

Para completar el rosario de calamidades, Kenley Jansen no ha sido el cerrojo seguro del pasado año, cuando su presencia intimidante sobre la lomita era sinónimo de salvamento.

Jansen tiene apenas seis rescates y ha desperdiciado dos oportunidades, más una derrota y efectividad de 3.78, más del doble del 1.32 de la temporada anterior.

El ambiente en los vestidores es sombrío y ya muchos fanáticos comienzan a cuestionarse el trabajo del manager Dave Roberts, quien podría perder el puesto antes de que el equipo termine por derrumbarse por completo.