BARCELONA — Zinedine Zidane anunció, por sorpresa, este jueves su marcha del Real Madrid, dando a entender una fatiga después de dos temporadas y media en las que conquistó nueve títulos e hizo historia enlazando tres veces el premio mayor de la Champions League.

“Este equipo necesita un cambio para seguir ganando, necesita otro discurso. Otra metodología de trabajo y por eso tomé esta decisión” afirmó el entrenador francés en la sala de prensa del Santiago Bernabéu. Despedido con una cerrada ovación, su anuncio devolvió al plano, de manera indiscutible, la despedida que hizo, en abril de 2012, Pep Guardiola en Barcelona.

“Me voy porque si no nos haremos daño”, afirmó entonces el entrenador catalán, admitiendo el desgaste de su relación con el vestuario azulgrana y dando a entender que la mejor época de la historia del club había provocado, a pesar de todo, fricciones en el seno del camerino que invitaban a dar por hecho que la mejor solución era cerrar aquella etapa.

Guardiola dio a conocer su salida semanas antes de acabar la temporada 2011-12 y solo tres días después de que el Chelsea eliminase al Barcelona en la semifinal de la Champions League. Superado por el Real Madrid de Mourinho en la Liga, el Barça de Pep, que había logrado meses antes el Mundial de Clubes frente al Santos en lo que se consideró (y se considera aún) una exhibición monumental, cerró el curso con la conquista de la Copa del Rey a modo de despedida.

Zidane, tomando buena nota de aquello, bien pudo solventar que no había mejor momento que éste para decir adiós al Real Madrid. En apenas dos temporadas y media se convirtió en el segundo entrenador más laureado del club y sobrevivió a la tormenta continuada de un curso mediocre en la Liga, fracasado en la Copa (“mi peor momento fue la eliminación contra el Leganés”) y convertido en histórico en Kiev.

Los discursos de Cristiano Ronaldo o Gareth Bale descubrieron que, quizá, el francés entendió que su gestión en el vestuario merengue empezaba a desgastarse y antes de que su figura, inmaculada a ojos de todo el madridismo, pudiera resquebrajarse, tomó la determinación de irse por su propio pie como un ganador absoluto.

Dueño de su destino, como Guardiola, Zidane demostró ser el más listo de todos y prefirió dar ese paso antes de lo que lo hizo en su momento el técnico catalán. Si hoy, al cabo de seis años, Pep es un personaje mayúsculo en el barcelonismo, Zizou lo será, por siempre, en el madridismo.