En un desvío a último minuto de su plan original, los jugadores de la selección argentina llegaron a Rusia este fin de semana para así comenzar su aventura mundialista. Debían jugar un encuentro amistoso contra Israel en Jerusalén el pasado sábado, aunque a principios de semana el partido fue cancelado, provocando así una oleada de reacciones en disgusto a nivel mundial.

El hecho en sí de no jugar un amistoso difícilmente acarrea consecuencias y, de muchas formas, era lo correcto. Habría sumado millas y horas innecesarias a un grupo ya fatigado y cuando se tomó la decisión de mudar la sede del encuentro de Haifa (donde fue originalmente programado) a Jerusalén, el evento cobró un matiz político.

Probablemente, era lo último que necesitaba Lionel Messi y compañía en vísperas del Mundial. Al principio, muchos celebraron el cambio de planes. Aunque, lentamente, emergió un panorama confuso del proceso irregular que llevó a la suspensión del match.

Durante una estadía de los albicelestes durante una semana en Barcelona como parte de su proceso de preparación, los futbolistas fueron blanco de varios protestantes en pro de la causa palestina, quienes les rogaron no asistir. Camisetas de la selección argentina cubiertas en sangre, fotos de niños lesionados y mensajes en video personalizados, como uno grabado por un futbolista que recibió disparos en ambas piernas, dirigidos directamente a Messi. Varios activistas se reunieron frente a la sede de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) en Buenos Aires y la etiqueta #Argentinanovayas se hizo viral.

Varias protestas pacíficas dirigidas a concientizar sobre la causa palestina empezaron a cobrar auge. Sin embargo, cuando la intimidación comenzó a incluir amenazas específicas contra la vida de Messi, los teléfonos comenzaron a sonar entre el complejo deportivo del Barcelona, Jerusalén y Buenos Aires y el partido finalmente fue cancelado el pasado miércoles.

No está claro quién tomó la decisión y el por qué. Informes de noticias indicaron que se trató de una medida “a petición de los jugadores”. Sin embargo, fuentes ligadas a Messi nos afirman de manera categórica: “Fue decisión de la AFA. Lionel no cancela partidos. Lionel no convoca jugadores, Lionel no designa ni cesantea técnicos. Lio solo juega al fútbol”.

Pronto, los medios argentinos comenzaron a buscar explicaciones en el gobierno de su país: El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu había escrito al presidente Mauricio Macri en marzo pasado invitándole al encuentro en Jerusalén, de acuerdo con los reportes periodísticos. Posteriormente, se informó que se produjeron llamadas entre ambas presidencias aspirando revertir la decisión hasta el último minuto.

“Claramente hubo intervención política”, afirma una fuente en Argentina.

El gobierno argentino ha dejado claro en sus comunicaciones oficiales y extraoficiales que no influyeron sobre la decisión tomada por la AFA. Un consejero senior del gobierno, quien no desea ser mencionado, devolvió el balón a la cancha de los futbolistas. “Fue una decisión, comprensible, por parte de los jugadores. No son guerreros, son futbolistas. La AFA les apoyó, como debe hacerlo y el gobierno, que no tiene nada que ver con esto, les entendió”.

De acuerdo con una fuente ligada a la albiceleste, el staff técnico también tomó distancia del incidente. “Nos alejamos y quedamos con los brazos cruzados mientras veíamos como todo se derrumbaba”. Al ser contactados para buscar una respuesta, los jugadores fueron directos al expresar su deseo de no comentar al respecto, ni siquiera fuera de micrófono.

Al final, el presidente de la AFA Claudio “Chiqui” Tapia emitió un comunicado emitido únicamente a los periodistas argentinos en el Hotel Sofía de Barcelona, sin atender a un grupo de periodistas israelíes, españoles e internacionales en el lobby del hotel. Confirmó la cancelación del partido, indicando motivos de salud y seguridad. La terrible línea final del comunicado firmado por la AFA, en la cual Tapia indicaba que “Espero que todos entiendan esta decisión, que yo tomé, como un aporte a la paz mundial”, sólo sirvió para alimentar las críticas de quienes consideran el incidente como un desatino monumental y una vergüenza nacional.

Ahora, felicitados públicamente por Hamas, Argentina se ha convertido en blanco de reacciones de enfado en Israel y el ridículo internacional, lo cual es lo último que necesitan confrontar Messi y compañía mientras se preparan para iniciar el Mundial.

En un editorial publicado por el diario Jerusalem Post, el ex embajador ante las Naciones Unidas Ron Prosor describió el incidente como el triunfo del “contraterrorismo internacional”.

 

Se ha reportado que la Federación de Fútbol de Israel exigirá que la FIFA expulse a la selección argentina del Mundial de Rusia 2018 debido a supuesta “discriminación religiosa”. Incluso, si esto no llega a ocurrir, ya han comenzado a sentirse las consecuencias negativas del incidente. Ahora, deberán comenzar las negociaciones delicadas con la compañía a cargo de organizar el ahora cancelado partido amistoso. Se han pagado royalties y vendido boletos.

El Director técnico de Argentina, Jorge Sampaoli, ha indicado su desacuerdo con la organización de este partido desde el primer momento. Sin embargo, cedió ante la presión de la AFA y los organizadores del evento, quienes vieron en este una fuente de ingresos muy necesarios. Ahora, la AFA deberá dar la cara y cumplir con las responsabilidades. Hay mucho en juego.

“Tengan en mente que tenemos la posibilidad de enfrentarse a la posibilidad de demandas, por una parte y, en la otra, el tema de relaciones diplomáticas”, me indica el periodista Ezequiel Fernández Moores desde Buenos Aires. “Siempre es mejor culpar a los jugadores”.

Los nexos deportivos y de amistad entre Argentina e Israel son de larga data y sin duda continuarán. Pero este episodio pudo (y debió) haber sido evitado desde el primer lugar. Argentina ahora se apresta a iniciar un Mundial en medio de algo que, en el escenario más optimista, es un desastre de relaciones públicas y, en el más pesimista, un escándalo diplomático. Es un final apropiado a lo que ha sido un ciclo de cuatro años lleno de caos en el fútbol argentino.

Luego de su mejor actuación en 24 años en el Mundial Brasil 2014, en el cual perdieron en la final de forma respetable ante un impresionante conjunto alemán, el panorama futbolístico de ese país cayó en una espiral descendente, dentro y fuera de la cancha.

El fallecimiento de quien fuera por muchos años jefe supremo de la AFA, Julio Grondona, figura percibida por muchos como similar a la de “El Padrino”, dejó un vacío de poder que ha sido muy dificil de llenar. Entre las masivas investigaciones por corrupción dentro de la FIFA y a dos años del logro épico de la albiceleste en Brasil 2014, Messi renunció a la selección tras la tercera derrota del once nacional en torneos internacionales. Para colmo de males, la FIFA investigó a la AFA tras una elección fraudulenta en la cual el número total de votos superó a la cifra de votantes y un proceso de “limpieza de casa” se inició con la designación de un comité interino encargado de normalizar al ente y cuya primera prioridad era conseguir que Messi volviera a lucir la casaca argentina.

Dos años e igual cantidad de técnicos después, Argentina sigue tratando de conseguir retomar su histórico rumbo ganador. El actual seleccionador nacional, Jorge Sampaoli, ha estado en el cargo durante un año, asumiendo las riendas de un equipo al borde del abismo, estando a un partido de la eliminación. Consigueron su boleto a Rusia prácticamente a puños y dientes, pero Sampaoli llega a Rusia con apenas 11 partidos como técnico nacional, la menor cifra de cualquier dirigente en la historia de ese país. (Diego Armando Maradona está en el segundo lugar con 19 encuentros, pero… hablamos de Maradona).

Las estadisticas no son tan malas: los 11 partidos de Sampaoli han resultado en seis victorias, tres empates y dos derrotas. Sin embargo, Sampaoli siempre es blanco de críticas, especialmente tras la humillante derrota sufrida ante España en un amistoso disputado en marzo pasado, cuando los anfitriones apabullaron a la albiceleste 6-1. Desde entonces, el otro partido disputado fue una cómoda victoria en un amistoso contra Haití, que sirvió de despedida a la selección en Argentina antes de partir a Rusia.

La selección cuenta con la combinación de veteranos tales como Javier Mascherano, Sergio “Kun” Agüero y Gonzalo “Pipita” Higuaín, a quienes muchos consideran que ya han dejado sus mejores años atrás; y figuras nóveles como Giovani Lo Celso, Maximiliano Meza, Nicolás Tagliafico y Cristian Pavón quienes, si bien son prometedores, cuentan con poca experiencia internacional (con una suma menor a 20 compromisos en total). Es muy posible que Argentina dispute su primer partido mundialista con un equipo que juntos sume el gran total de cero minutos de experiencia competitiva.

La albiceleste decepcionó a Argentina cuando se descartó a último minuto al arquero Sergio Romero por una lesión. Llegaron a Rusia 10 días después con apenas 22 jugadores, luego que el delantero del West Ham se fracturara un ligamento en una jornada de entrenamiento. Su reemplazo, el mediocampista del River Plate Enzo Pérez ya se encuentra incorporado a la concentración en Rusia.

Es cierto que los chismes y rumores que siempre circundan a la selección (críticas por un día libre, el hecho que los jugadores se tomen muchas selfis, rumores de tensiones, rumores no comprobados de supuesto abuso sexual) y una metida de pata algo más controversial con el Papa Francisco, oriundo de Argentina y furibundo hincha del fútbol (se le concedió a la AFA una audiencia papal, solicitada por ellos con anticipación y posteriormente declinada por la propia asociación) fueron todos generadores de titulares. No obstante, todo palideció ante el fiasco monumental de la situación con Israel. Tal y como lo indicó un tuit, en una semana la AFA despreció a las tres principales religiones monoteístas del mundo. Sería gracioso de no ser otra demostración de una estructura colapsada la cual, en vez de ser reconstruida, parece sostenerse como un castillo de naipes.

En Argentina, nuestro fútbol, tan amado y tan incrustado en nuestra identidad nacional, nos ha dado momentos de pacífica alegría, que nos han servido de solaz en medio de panoramas desoladores en lo político, económico y otros aspectos, durante toda nuestra historia. A pesar de ello, el actual clima, tan tóxico, sugiere que será muy difícil que este grupo de jugadores en particular pueda surgir por encima de tanta turbulencia y darnos lo que tanto ansiamos ver: un fútbol hermoso.

Argentina quedó de pie y orgullosa tras el pitazo final del último Mundial, con las cabezas en alto.

¿Podrán hacer lo mismo cuando comience la acción esta semana en Rusia?