El batazo más difícil

18/6/2018

3:50 PM

Colaboración del peñista Janiel Izaguirre

El batazo más difícil

Es muy probable que usted no lo haya visto, a pesar de haber asistido al estadio en más de una oportunidad. Pudiera afirmarse que es el «ave rara» del béisbol. Por esa razón es considerado el batazo más difícil en este deporte: el triple

Por: Sigfredo Barros Segrera 15 de junio de 2018

Es muy probable que usted no lo haya visto, a pesar de haber asistido al estadio en más de una oportunidad. Pudiera afirmarse que es el «ave rara» del béisbol. Por esa razón es considerado el batazo más difícil en este deporte: el triple.

Si revisamos con detenimiento las dos tablas estadísticas adjuntas, nos daremos cuenta de algo que todos tienen en común. Resulta que ninguno de los 20 integrantes está activo; en el caso de los diez de las Grandes Ligas, todos ya han fallecido y, como dato adicional, todos pertenecen al Salón de la Fama de Cooperstown.

Además, la mayoría de ellos jugó a finales del siglo XIX y principios del XX y solo uno, Paul Waner, finalizó su carrera en 1945. El resto colgó los spikes mucho antes. De los jugadores activos, el líder es el dominicano José Reyes, quien con 34 años acumula 128 batazos de tres esquinas, lo cual hace pensar que la marca de Sam Crawford (primero en la tabla) permanecerá como una de las muchas imborrables, como las 511 victorias de Cy Young o los 5 714 ponches de Nolan Ryan.

Valdría la pena preguntarse a qué se debe esa cantidad de triples en épocas pasadas, virtualmente inalcanzables para los peloteros de hoy. Dos parecen ser las razones más válidas, a saber.

Una es la utilización en aquellos tiempos de una pelota mucho menos viva que la actual, sin centro de corcho o de caucho para permitir un bote mayor, lo que conspiraba contra la producción de jonrones, mientras aumentaba la de triples. No fue sino hasta 1920 cuando Babe Ruth botó 54 pelotas más allá de los límites que comenzó la llamada era de la «bola viva».

La otra razón fueron las enormes dimensiones de los terrenos de juego de la época. Por ejemplo, en 1903 quedó inaugurado en New York un parque llamado Helltop, que sirvió de sede al equipo de los Knickebockers, posteriormente bautizado como Yankees. El referido terreno tenía nada menos que ¡542 pies! por el jardín central y más de 480 entre los jardines izquierdo-central y derecho-central.

No era el único, pues el Polo Grounds, cuartel general de los Gigantes de New York primero y de San Francisco después, exhibía una extensión de 483 pies por el centro y estuvo en activo hasta 1963. Con semejantes distancias resultaba virtualmente imposible sacar una pelota por encima de las vallas y la mayoría de los batazos que «montaban» a los guardabosques ganaban categoría de triple. Es bueno consignar que tanto Craford como Cobb y los demás eran excelentes corredores y robadores de bases.

DÍAZ, GODÍNEZ, WILFREDO

El «hombre récord» de la pelota cubana, Enrique Díaz, poseía como principales atributos su velocidad y consistencia. Con ellos terminó sus 26 años de carrera como líder histórico en anotadas (1 638), jits (2 378), bases robadas (726) y los 99 triples que marcan una barrera muy difícil de superar en las Series Nacionales.

El jugador en activo con más batazos de tres bases es el matancero Ariel Sánchez (57), seguido de los capitalinos Rudy Reyes (56) y Stayler Hernández (54). Muy difícil que alguno de ellos logre llegar al centenar.

Detrás de Enriquito aparece un pelotero el cual –lo confieso–, no pensé que estuviera en esa destacada posición entre los mejores. El torpedero santiaguero Evenecer Godínez fue siempre un buen bateador, con más de 1 500 jits, rápido y agresivo en el corrido de las bases, de ahí sus 81 triples.

Dicen que «con las glorias se olvidan las memorias» y la nueva generación de cubanos no vio jugar a Wilfredo Sánchez, un guardabosque yumurino extraordinariamente veloz, poseedor de un récord que cumplirá medio siglo el próximo año: 13 triples en la temporada de 1969. Muchos han estado cerca… pero nadie consiguió siquiera empatarlo.

Constituye una sorpresa ver a Juan Padilla en la séptima posición de los mejores diez. Todos lo recuerdan por la maravillosa combinación con Germán Mesa alrededor del segundo cojín, pero olvidan que el camarero capitalino disparó 1 917 imparables, con promedio de 307 y 363 de promedio de embasado.

No obviamos al hijo de Palmira, el zurdo jardinero Reemberto Rosell, con promedio de 323, más de 1 900 indiscutibles, varias veces campeón en triples y en jits conectados, otro corredor veloz, capaz de apuntarse 75 batazos de tres esquinas en su carrera de 21 años, siempre como primer bate de los Elefantes sureños.

CRAWFORD, COBB, WAGNER

Si usted se toma un tiempo en analizar las estadísticas de Sam Crawford se dará cuenta de que ese bateador zurdo nacido en Wahoo, estado de Nebraska, era dueño de una vista de águila: en más de 2 500 juegos y casi 10 000 veces al bate únicamente se ponchó en 104 ocasiones, un estrucado cada 92 turnos oficiales.

Esa cifra de 309 triples es otra de las barreras de este deporte, implantada por un hombre rápido, con mucho tacto, separado de la marca de 3 000 jits solo por 39, con 20 años en Grandes Ligas, casi todos con los Tigres de Detroit y que, no se sabe por qué, tardó 40 años para ser elegido al Salón de la Fama de Cooperstown.

El segundo no necesita de mucha presentación, pues cuando se retiró Ty Cobb, el llamado «Melocotón de Georgia» había dejado implantadas muchas marcas. A pesar de no ser un bateador de poder, Cobb remolcó en su ilustre carrera casi 2 000 carreras y su promedio de 367 permanece como la cota para todos los peloteros.

Después de ellos dos, ambos zurdos, aparece quien fue considerado el mejor torpedero de la historia, Honus Wagner, uno de los primeros en ser exaltado al Salón en 1936. Su carrera como jugador y después director la realizó con los Piratas de Pittsburg, cuyo estadio, el Forbes Field, medía 360 pies por el jardín izquierdo, 442 por el central y 376 por el derecho, un escenario ideal para conectar los 252 batazos de tres bases que le confieren el tercer lugar de todos los tiempos.

Detrás de estos tres gigantes sobresale un jugador cuya carrera terminó en fecha tan lejana como 1904, después de haber ganado cuatro títulos de bateo, dos de jonrones y otros tantos de impulsador, considerado el primer gran slugger del siglo XIX, el zurdo inicialista Dan Brouthers. A pesar de su corpulencia (pesaba más de 200 libras), robó 257 bases (en sus primeros siete años de jugador esa estadística no existía) y conectó 205 triples, además de finalizar con 342 de average, noveno de todos los tiempos, y el segundo mejor promedio de triples por veces al bate, detrás de Crawford.

En resumen, el béisbol moderno, con estadios más reducidos en cuanto a sus dimensiones y una bola viva, ha convertido al triple en un batazo aún más difícil de conectar. Los actuales punteros, Enrique Díaz y Sam Crawford, lo serán por mucho tiempo.

Glorias del Béisbol Cubano

 

 

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