Al sintonizar una transmisión de béisbol por estos días, hay grandes probabilidades de que terminen escuchando comentarios con respecto a ángulos de lanzamiento, los encuadres por parte de los receptores, el llamado “túnel” de pitcheos, manejo del bullpen, etcétera. Pueden ver la pantalla de video gigante o voltear una barajita de béisbol y podrían encontrarse con el WAR de un pelotero. En mayor medida, el sentido común actualmente imperante en el béisbol no difiere mucho de lo que se puede leer en los sitios web dedicados a los apasionados por las estadísticas.

Sin embargo, existe un área en el cual el sentido común y la data parecen mantener argumentos totalmente diferentes: los giros defensivos. Los giros defensivos parecen haberse incrementado diez veces en los últimos siete años y el sentido común indica que el giro defensivo es algo tan efectivo que debería prohibirse por completo, al igual que los guantes de 16 pulgadas o las lomitas demasiado altas para los lanzadores. “Muchos dentro de béisbol temen que los giros defensivos, simplemente, han hecho demasiado difícil conectar hits, a pesar del aumento de los jonrones en años recientes”, escribió el diario The New York Times luego de que el comisionado Rob Manfred haya revelado continuos esfuerzos hechos a fin de prohibirlos.

“(El agente Scott) Boras ha mantenido la idea de que el giro defensivo, esencialmente, ha roto el béisbol”, escribió el rotativo The Washington Post el mes pasado luego de que Boras expresó que los giros defensivos son “discriminatorios” contra los bateadores zurdos. “Cuando estoy bateando, no deberían producirse giros, pero cuando estamos a la defensiva, podemos hacer todos los giros que queramos”, indicó Alex Bregman, infielder de los Houston Astros, a la revista Sports Illustrated.

Es un chiste, pero implica esta idea con toda confianza: el giro defensivo funciona. La particularidad radica en que, ocho temporadas luego del despegue de la era del giro defensivo, dos años después de que los primeros datos sobre los giros defensivos se hicieran ampliamente públicos y ahora, pocos meses después que los datos de giros defensivos basados en el sistema Statcast fueran publicados, tenemos una base creciente de investigación disponible con respecto a la forma en la cual el giro defensivo afecta al béisbol y, de hecho, si funciona o no. Y la data echa por tierra todo lo que indica el sentido común.

Entonces, ¿qué sabemos con certeza respecto al giro defensivo?

La data nos sugiere que cumple con su intención: coloca a los fildeadores en los sitios en los cuales la pelota viaja con mayor frecuencia y convierte una mayor cantidad de roletazos y líneas en outs. Hay distintas formas de medir esto, aparte de diferentes interrogantes a responder a fin de hacerlo. Sin embargo, tenemos hallazgos sumamente consistentes:

  • Sports Info Solutions, la cual hasta hace poco era la fuente primordial de data con respecto a la frecuencia en la que se producen los giros defensivos, calcula que 28 de 30 equipos este año han evitado carreras con roletazos y líneas cortas cuando aplican giros defensivos. En la Conferencia de Análisis Estadístico 2018 de la Sociedad para la Investigación del Béisbol Norteamericano (SABR, por sus siglas en inglés), Mark Simon, representante de SIS estimó que los 10 equipos con mayor cantidad de giros defensivos completos salvaron, en promedio, 16 carreras mediante roletazos y líneas suaves. (SIS ha determinado que los giros parciales no son particularmente efectivos a la hora de convertir roletazos en outs, pero los giros completos sí lo son).
  • Mike Petriello de MLB.com utilizó la data del sistema Statcast esta primavera y halló que, entre los 200 peloteros contra los cuales se aplica la mayor cantidad de giros defensivos, los promedios de bateo de pelotas en juego cayeron en 16 puntos cuando se aplicaban los giros.
  • Por su parte, Russell Carleton de la web Baseball Prospectus y autor del libro “The Shift: The Next Evolution in Baseball Thinking” (“El giro defensivo: la siguiente evolución en el raciocinio del béisbol) revisó bateadores con muchas apariciones al plato sin que se produjeran giros defensivos contra ellos, al igual que algunos a los cuales sí se les aplicaron. Para dichos bateadores, Carleton determinó un declive de aproximadamente ocho puntos en su promedio de bateo cuando se producían los giros defensivos.

Por supuesto que seguimos viendo en muchas ocasiones un roletazo débil cruzar el lugar donde el campocorto solía jugar y la cámara, inevitablemente, mostrará la imagen del pitcher molesto que no se muestra impresionado con la data anteriormente mencionada.

En la anterior temporada, según indican Mark Simon y SIS, Anthony Rizzo conectó 16 hits que no hubiese ligado de no ser por los giros defensivos (incluyendo par de imparables por la vía del toque) y esos hits parecían mostrar que algo había fallado. Sin embargo, perdió 38 hits debido a los giros defensivos.

Es fácil para los humanos fijarse en el error que sí ven (el decimosexto) en vez de la hipótesis en contrario que no pueden ver (el 38), pero sabemos que eso es una falacia y que los giros defensivos sí funcionan. ¿No es así?

De hecho, la data sugiere que los giros defensivos no hacen lo que se supone deben hacer.

Fueron diseñados a fin de detener los roletazos, pero se supone que deben ayudar a la defensiva a evitar carreras. En cuatro fantásticos artículos (1, 2, 3, 4) publicados esta primavera por Baseball Prospectus, Carleton halló evidencias solidas que indican que los giros defensivos no están cumpliendo con ello.

Incluso, a pesar de que los giros defensivos son buenos a la hora de detener roletazos y líneas, tienen el efecto secundario de forzar a los pitchers a lanzar mayor cantidad de pitcheos fuera de la zona de strike. No parecen estar pitcheando buscando que el giro defensivo actúe (al lanzar más pitcheos en la parte de adentro del plato, por ejemplo). Por el contrario, parecen pitchear en busca de evitar el contacto, con mayor maña y lanzando menor cantidad de rectas.

Todo esto redunda en una mayor cantidad de bolas. Una mayor cantidad de bolas implica un incremento en los boletos y también representa más conteos a favor del bateador, lo cual redunda en una mayor cantidad de dobles, triples, jonrones y menos ponches.

“Es un efecto sutil y periférico que produce una bola extra por cada docena de pitcheos, aproximadamente”, escribió Carleton. “Al concentrarse en el BABIP (promedio de bateo sobe pelotas en juego), dejamos pasar el hecho que ya esta es una batalla perdida. La bola extra significa que un conteo que pudo estar en 1-2 terminaba 2-1”.

Carleton sugirió esta posibilidad por primera ocasión en 2016, pero la data era sumamente limitada por lo cual no era suficiente para tomar conclusiones. La data disponible en ese momento sobre giros defensivos solamente incluía pelotas en juego, por ende, si la defensiva hacía un giro cuando un bateador se ponchaba, tomaba un boleto o disparaba un cuadrangular, se trataba a dicho giro defensivo como si nunca hubiese ocurrido. Pero Petriello, utilizando la data generada por el sistema Statcast (el cual incluye todos los pitcheos) encontró el mismo efecto esta primavera:

“Ahora que tenemos data relativa al posicionamiento de acuerdo a los pitcheos, podemos ver qué ocurre cuando la pelota no termina en juego. En este caso, es sumamente claro. Nuestro grupo de 201 jugadores tomaron boletos en 9.8 por ciento de las ocasiones contra giros defensivos y 9 por ciento de las oportunidades sin giros. Ocho décimas de un punto porcentual no suenan como si fueran mucho, ¿o sí? Tal como ocurre, ese es casi exactamente el incremento que hemos visto en general en las Mayores entre 2015 y 2017. En dicha escala, representa casi 1.800 boletos más. Es difícil decir el por qué ocurrió, con toda certeza, pero es algo que está ocurriendo”.

Estamos hablando con respecto a efectos sumamente pequeños. No obstante, tal como lo dice Carleton, “todos apuntan en la dirección equivocada con la excepción de los sencillos”. Incluso, si habláramos de un cambio completo, seguiría refutando la premisa de que los giros defensivos están sofocando a las ofensivas rivales. La liga no debería eliminar los giros defensivos, sugiere Carlton, sino los propios equipos:

“El umbral a cruzar a la hora de utilizar un giro defensivo debería ser muy alto. Debería ser practicado solamente contra aquellos bateadores con las tendencias más extremas a halar la pelota. Deberían producirse pocos miles de giros defensivos al año, en toda la liga, y deberían aplicarse todos contra los mismos 20 peloteros aproximadamente. Y éstos deberían intentar tocar con giros defensivos en contra, de todos modos”.

Entonces, si los giros defensivos no funcionan, ¿están siendo los equipos irracionales? Asumiendo que no cuentan con data distinta que muestre resultados diferentes, ¿por qué lo hacen?

Pues bien, por una parte, no todos lo hacen, al menos no de forma equitativa. Los Cachorros, en una circunstancia célebre, se ubican cercanos al sótano de la liga en giros defensivos, a pesar de contar como manager a Joe Maddon, quien fuera pionero en el uso de los giros defensivos. Los Angelinos han disminuido el uso de sus giros defensivos en más de un 30 por ciento este año, y los Padres y Rangers también han dejado de utilizar los giros defensivos de forma sustancial en la presente temporada.

El raciocinio tras el uso del giro defensivo no es consensuado. En el caso de algunos bateadores extremos, probablemente sí funciona. Pero en estos momentos, los equipos que forman parte de la liga están metidos en sus debates internos con respecto a la efectividad del giro defensivo, la frecuencia de su eficiencia, si aún es pertinente y si funciona, de manera específica, para sus pitchers y sus infielders.

Yendo más allá, sería fácil convencer a un equipo que quizás el giro defensivo no ha sido útil aún, pero que lo será en un futuro. La data apoya de forma contundente la teoría detrás del posicionamiento de los infielders; el problema radica en el manejo de este, hacer que los pitchers se sientan seguros a la hora de lanzar strikes. Los equipos podrían convencerse de que la idea central tras el giro defensivo es correcta y que vale la pena intentarlo. Por ende, que el nuevo problema podría ser resuelto con mejor manejo o mayor familiaridad.

Quizás tengan razón. O, probablemente, un pitcher siempre se sentirá vulnerable cuando una parte del terreno queda totalmente desprotegido y parece fácilmente aprovechable.

Lo anterior nos genera la interrogante con respecto a si los oponentes del giro defensivo dentro de la liga están siendo irracionales. Si su preocupación radica en que el giro defensivo ha costado la pérdida de ofensiva dentro de la liga y que la ofensiva vende boletos, pues el giro defensivo probablemente sea el villano equivocado. Pero, si la preocupación radica en que el giro defensivo le cuesta a la liga la clase apropiada de ofensiva (la que implica que los bateadores hagan swing, que los fildeadores persigan pelotas y los corredores se aceleren a tocar bases), pues sí tienen un punto a favor.

El giro defensivo, esencialmente, significa que la ofensiva, bueno, haya pasado de girar de buscar roletazos hacia el hueco a esperar por boletos. Les ha restado a los bateadores incentivos a fin de poner la pelota en juego y dado mayores incentivos a tomar pitcheos. Por ende, es razonable pensar que forma una pequeña parte del problema de ritmo de juego actualmente existente dentro del béisbol. Aún más, si no podemos decir que el giro defensivo ha asfixiado a la ofensiva, tampoco podemos decir que no lo hará en el futuro a medida que los pitchers se sientan más cómodos con éste o que los equipos mejoren su forma de trabajarlos.

Entonces, por los momentos (más allá de la pregunta básica si es apropiado que la liga comience a legislar sobre estrategias básicas como éstas) la idea más falaz dentro del béisbol no es que una estrategia defensiva que, en apariencia, está impulsando la ofensiva, de hecho, la esté ahorcando. Por el contrario, se trata de que el giro defensivo, en cierta forma, está haciendo del béisbol un deporte más tedioso y monótono.

De hecho, ha agregado variedad y misterio. Los equipos están encontrando sus propias estrategias, apostando a dichas estrategias, jugando con ellas, diferenciándose de sus colegas con esas estrategias y retando así a los bateadores a adaptarse con sus propias estrategias individuales. Todo esto está siendo hecho de forma visible, en las pantallas de televisión, por lo cual tenemos algo de qué hablar y, a pesar de las montañas de data disponibles, algo en lo cual mostrar desacuerdos.

En vez de satanizar al giro defensivo, Manfred debería hablar ampliamente en público sobre sus ambigüedades. Debería hacer énfasis en el hecho de que cada equipo tiene una forma única de utilizarlo. Puede que el giro defensivo funcione o no. Pero no es tedioso en absoluto.