MIAMI — Fue una mala copia de la Serie Mundial del 2003.

Aunque los débiles e inexpertos Marlins de Miami le plantaron cara a los poderosos Yankees de Nueva York en el primer juego de una miniserie interligas de dos partidos disputada en La Pequeña Habana, esta vez no hubo un Josh Beckett o un Miguel Cabrera que dieran las estocadas finales.

Los 26,750 fanáticos que acudieron al parque disfrutaron de un gran espectáculo que terminó con triunfo de los Yankees 2-1 en 12 peleadas entradas.

La concurrencia fue la mayor que se registró en el Marlins Park desde el Día Inaugural y los neoyorquinos prácticamente jugaron de locales, a juzgar por la enorme mayoría de camisas de la famosa franquicia.

Había un interés particular por ver a Giancarlo Stanton, de regreso a Miami por primera vez desde que fue canjeado en el invierno a los Yankees y quien recibió una estruendosa ovación cuando se paró por primera vez en la caja de bateo.

Stanton, quien con el uniforme de los Marlins bateó 267 de los 299 jonrones que tiene en su carrera, llegó a la Capital del Sol en busca de completar la simbólica cifra de 300 bambinazos, aunque al menos en la primera noche no lo consiguió.

Pero aunque la inmensa mayoría de los asistentes aplaudieron hasta el delirio las acciones de los Yankees, la noche parecía ser de los jovencitos.

El venezolano Pablo López, de 22 años y en su novena apertura de su carrera, se enfrascó como un consagrado en un cerrado duelo de pitcheo con el experimentado japonés Masahiro Tanaka por espacio de seis capítulos, tras los cuales ambos salieron sin decisión.

Otro sin historia, Austin Dean, despachó un vuelacercas, apenas el cuarto imparable de su breve trayectoria, para forzar el empate a una ante Tanaka y obligar al extrainning.

Pero al que no hace, le hacen. En el noveno y el undécimo episodios, Miami llegó a tener las bases llenas y la potencial carrera del triunfo a 90 pies del plato, sin que apareciera jamás el batazo decisivo.

En el duodécimo, Nueva York consiguió despegarse en el marcador con elevado de sacrificio remolcador de Miguel Andújar, pero la alegría de la victoria se empañó con una lesión del cerrador Aroldis Chapman.

 

El cubano vino a liquidar la parte baja del inning 12, pero desde sus primeros pitcheos se veía mal. Ninguno de sus envíos sobrepasó las 100 millas por hora, cosa rara en el hombre que más duro ha lanzado una pelota de béisbol.

Después de apenas seis disparos, con una base por bolas incluida, Chapman llamó al preparador físico y abandonó el partido, dejándolo en manos de Tommy Kahnle, que se encargó de asegurar el triunfo.

 

”Chappy tuvo básicamente lo mismo que ha venido molestándolo en toda la temporada, una lesión en la rodilla izquierda que ahora tendremos que evaluar antes de tomar una determinación”, dijo el manager Aaron Boone.

”Me preocupó el hecho de que fuera él quien llamara. No sabemos cuánto tiempo necesitará de descanso o si tendrá que ir a la lista de lesionados. Eso lo veremos después de que mañana se someta a un MRI (examen de resonancia magnética)”, añadió Boone.

”Yo sentía la molestia desde que empecé a calentar en el bullpen, pero creí que podría hacer mi trabajo como muchas otras veces”, explicó por su parte el lanzallamas cubano.

”La molestia está siempre ahí, es constante, pero esta noche me dolió más y creo que eso se reflejó en mi velocidad”, agregó.

”Me preocupa un poco, sobre todo porque estamos en la recta final. No sé si tenga que descansar ni por cuánto tiempo, pero quiero estar en la mejor forma posible para cuando lleguen los playoffs.

”He estado lidiando con este problema en la rodilla izquierda todo el año y en ocasiones me duele más que otras, pero vamos a estar bien y seguir ayudando al equipo”.