En los buenos momentos y los slumps, Matt Carpenter siempre encuentra estructura y estabilidad en la familiaridad de su rutina diaria. Cuando estaba bateando para .140 a mediados de mayo pasado, Carpenter llegaba fielmente al estado a la 1 p.m. antes de los partidos nocturnos en casa y a las 3 p.m. en la carretera. Su preparación comenzaba con algo de trabajo frente al tee, seguido por lances suaves, reunión de bateadores, práctica de bateo en el terreno, una ligera merienda previa al encuentro y un curso para refrescar conocimientos en la sala de video antes del primer pitcheo.

En algún momento entre el inicio de sus rituales diarios y el himno nacional, Carpenter siempre consigue tiempo para canalizar a su Chipper Jones interno.

En 2012, Carpenter se desgarró el músculo de su oblicuo derecho en un swing chequeado. Parte del protocolo que sigue a fin de mantenerse saludable fue hacer swings con la mano derecha y esa rutina persistió. Al día de hoy, Carpenter hará aproximadamente 150 swings diarios con la izquierda y 50 con la derecha, a pesar de no ser, ni jamás haber aspirado convertirse en bateador ambidiestro.

“Lo llevé a un nivel diferente por dos razones”, afirma Carpenter. “Número 1, desde un punto de vista atlético, batear una pelota de béisbol es la única cosa en tu vida en la cual no trabajas a la vez con ambos lados. Si voy al salón de pesas y voy a hacer press de banca, no voy a intentarlo solamente con un brazo. Hago press de banca con ambos”.

“Es lo mismo a la hora de batear. Haces miles de swings y giras y mueves con la mano izquierda. Estoy trabajando todos esos músculos del lado izquierdo y puedes perder el equilibrio. Comencé a hacer esto y lo mantuve. Se trata más de esforzarme por mantener mi cuerpo equilibrado”.

No hay forma de refutar las cosas con las que se tiene éxito. A sus 32 años y en su séptima temporada completa con los Cardenales de San Luis, Carpenter ha irrumpido como una máquina de comer salsa, batear sin guantes y destruir efectividades de los pitchers contrarios.

Luego de haber tocado fondo el 15 de mayo, Carpenter es líder en las Mayores con 31 jonrones y porcentaje de slugging de .688. J.D. Martinez de los Medias Rojas de Boston, con .672, es el único pelotero que se le acerca.

La ola ofensiva de Carpenter, que ya lleva tres meses en crecimiento, lo ha elevado a ganarse un puesto en el debate de candidatos a Más Valioso de la Liga Nacional junto a Nolan Arenado, Freddie Freeman, Javier Báez y Paul Goldschmidt, entre otros. Si puede mantener este ritmo, se convertirá en apenas el duodécimo pelotero en alzarse con el premio al Más Valioso tras haber quedado ausente del Juego de Estrellas. Hank Greenberg fue el primero en hacerlo en 1935 y Jimmy Rollins es el más reciente cuando lo logró en 2007.

Además, Carpenter sentaría un nuevo precedente en lo que respecta al resurgir de un bateador durante una misma temporada. Luego de sus primeros 35 encuentros, Carpenter ligaba para .140 con OPS de .588. Según el Elias Sports Bureau, el promedio de bateo más bajo para un ganador del Más Valioso tras sus primeros 35 cotejos fue la marca de .231 conseguida por Marty Marion con San Luis en 1944. El menor OPS de un acreedor del Más Valioso luego de 35 partidos fue .612, logrado por Maury Wills con los Dodger en 1962.

Carpenter se ha mantenido encendido por suficiente tiempo como para hacer que los pitchers mantengan cautela con él y sus compañeros se maravillen con sus hazañas.

“Cuando tiene un pitcheo que puede batear, no lo falla”, dice Paul DeJong, shortstop de los Cardenales. “Batea rectas, curvas, sliders, cambios de velocidad… el lanzamiento que puedas mencionar. Se muestra relajado y manejando bien los tiempos. Se está manteniendo sumamente óptimo por estos días”.

Carpenter se ha convertido en una presencia estable como primer bate de los Cardenales, que han logrado emerger de su letargo cerca de los .500 para convertirse en amenaza legítima tanto en la División Central de la Liga Nacional como en la lucha por el comodín. Tienen marca 23-11 desde que Mike Schildt reemplazara a Mike Matheny como manager el 14 de julio pasado.

A cada candidato al Más Valioso le puede ser de utilidad un buen relato que le acompañe. La historia de Carpenter ganó popularidad en julio pasado con la revelación de que sus hazañas ofensivas eran alimentadas con salsa para untar. Su compañero Adam Wainwright sembró un jardín para Carpenter y sus compañeros y entrenadores se muestran felices de servir como voceros que ensalzan las virtudes de sus productos caseros.

“¿La han probado? Es fantástica”, afirma Schildt, quien disfruta al degustar su salsa con tortilla y hash browns.

“Es deliciosa”, indica DeJong, quien la ingiere como acompañante de los huevos antes de los días de partido. “La cocina por un buen tiempo, por lo cual los sabores logran compenetrarse sumamente bien”.

Carpenter ha recibido múltiples solicitudes de otros bateadores en todo el béisbol que desean probar su receta, pero a éstos les da a probar su salsa por cucharadas sin obsequiar jarrones.

“Recibo mensajes de texto de excompañeros y peloteros de otros equipos diciéndome: ‘Hombre, tienes que enviarme un poco de eso que preparas’”, cuenta Carpenter. “Pero, actualmente, estoy quedándome con todo el poder para mí.

Independientemente del poder de su salsa, el éxito de Carpenter probablemente se debe más a su buena salud, aptitudes naturales y conocimientos adquiridos luego de años de experimentación al plato.

Carpenter ha mostrado destellos de su potencial para convertirse en Más Valioso durante toda su carrera. En 2013, fue líder de la liga con 199 imparables y 126 carreras anotadas. En 2015, conectó 28 jonrones, pero fue demasiado inconsistente para su gusto. Estuvo ausente durante un mes por haber sufrido una lesión en sus oblicuos hace dos años y en la temporada anterior, bateó para .241, menor cifra de su carrera, al mantenerse limitado por problemas en sus hombros.

A pesar de las circunstancias, Carpenter cuenta con aguda percepción y entendimiento de la mecánica de su swing y los ajustes que requiere hacer un bateador de Grandes Ligas. Los números muestran que su producción sufre cuando conecta la pelota hacia el terreno, por lo cual ha hecho cambios en su swing a fin de contrarrestar los giros defensivos que se hacen contra él a diario. Según la web Fangraphs, el porcentaje de roletazos de Carpenter (24.1 por ciento) es el menor entre 153 bateadores calificados en Grandes Ligas esta temporada. Cuenta con el quinto promedio más alto de elevados (48.1 por ciento) y el sexto mayor en cuanto a líneas (27.8).

Su preparación mental comienza en la práctica de bateo, en la cual se concentra en batear líneas pocos pies por encima de la pantalla “L” que protege al lanzador de prácticas.

“Si bateo hacia el terreno halando la pelota, es un out seguro”, dice Carpenter. “No intento batear elevados. Odio ese término. Pero intento batear la pelota y llevarla por los aires, líneas fuertes. El giro defensivo está allí para intentar hacerte out con un roletazo. Si no bateo la pelota contra el terreno, no importa lo que ellos hagan”.

Cuando Carpenter revisa sus números, encuentra que tiene un 15.3 por ciento de boletos este año, comparado con el 17.5 por ciento que sumó en 2017. Lo considera un evento positivo.

“Cuando no me siento tan bien al plato, tomo más boletos”, dice. “Hay pitcheos que sé que puedo batear y sin embargo los dejo pasar, porque no me gusta cómo se siente mi swing en ese momento. Bateo pitcheos para foul que debería haber conectado en zona buena y termino negociando una base por bolas. Este año, estoy tomando menos boletos y bateando mejor. Creo que ambas cosas coinciden”.

Schildt, quien era coordinador del campamento de ligas menores de los Cardenales cuando Carpenter surgió hasta llegar a las Mayores, ha citado durante varios años a Carpenter como ejemplo de todo lo que un profesional debe ser. Ahora, sus caminos han vuelto a cruzarse dentro de una carrera por los playoffs que parecía poco probable hace unas cuantas semanas.

“Sólo ver la tenacidad, hambre y la dedicación que Matt pone en su oficio, siempre ha sido algo digno de admiración”, dice Schildt. “Lo he utilizado como una forma de ilustrar y dar ejemplo para los jovencitos y grupos a quienes les hablo frecuentemente. Verle tener la carrera que es capaz de tener y conseguir la recompensa de toda la preparación que ha hecho es algo divertido. También la salsa ha ayudado”.

Sí, claro que la salsa ha ayudado y seguirá formando parte del menú previo a los partidos de Carpenter en el Busch Stadium, Wrigley Field y las próximas paradas que haga durante las seis semanas por venir. Sin embargo, tal y como pueden testimoniar las personas que comparten su lugar de trabajo, el éxito de Carpenter depende poco de sus alimentos, siendo en mayor medida el producto de su forma de trabajo y preparación. Con un poco de ajo y cilantro acá y 50 swings diarios allá, ha encontrado la receta exacta para abrazar el éxito.