BARCELONA — A la vez que el Real Madrid empieza a echar de menos los goles de Cristiano Ronaldo, alrededor del Barcelona se instala de forma innegociable la sensación de que Messi lo es todo.

Desde el verano de 2013 el club azulgrana ha invertido, según los datos de la web especializada transfermarkt.com, 914 millones de euros en 27 fichajes y, sin embargo, una simple suplencia del crack argentino se acoge en el Camp Nou como una pequeña catástrofe. Una irresponsabilidad del entrenador de turno. En este caso Ernesto Valverde.

El ‘Messi Club Barcelona’ en toda su extensión. En eso se ha convertido un Barça desconocido hace demasiado tiempo, apoyado en la magnificencia de su capitán pero que a nivel colectivo está a años luz de sí mismo. Y al que los últimos resultados han desnudado de mala manera.

La digestión del 1-1 frente al Athletic no dejó lugar a la duda. “Sin Messi no hay estilo que valga”, escribió en su crónica del diario ‘El País’ Jordi Quixano, señal inequívoca del ambiente periodístico que rodea al Barça. Más alarmante se entendía lo proclamado por Francisco Cabezas en ‘El Mundo’, claro y conciso: “No hay nada tras Messi” mientras en ‘La Vanguardia’ Roberto Rodríguez especificaba el significado del 10: “Ante el vacío, Messi. El argentino es quien sujeta a este Barça”.

“El escudo del Barça es Messi” tituló, aún más contundente, Gabriel Sans en ‘Mundo Deportivo’ a la vez que en ‘Marca’ Fernando Carnerero hizo referencia a “un Barcelona Messidependiente” y en ‘As’ Javier Miguel sostuvo que ‘La rabia de Messi evita la gran debacle”.

Son, todos ellos, artículos, crónicas, posteriores al duelo del último sábado frente al Athletic… Pero que pueden resumirse con una sentencia acaso más alarmante y explicada en la emisora ‘RAC1’ días antes por Miguel Rico, periodista de referencia en el entorno del club azulgrana y que invita al temblor: “La única esperanza en el Barça es que haya una falta cerca del área y que la meta Messi”.

De final a principio, Leo Messi, con el transcurrir de los años, deja de ser la guinda del pastel para ser el pastel en sí mismo. Estrella de un conjunto global que ofrecía fútbol por los cuatro costados con Xavi, Iniesta, Villa, Cesc, Thiago, Alves o Neymar, el argentino ha pasado a ser el sustento mayúsculo de un Barça inexplicable sin él.

 

Con Valverde al mando el equipo azulgrana ha disputado 7 partidos con Messi partiendo desde el banquillo… Y solamente ha sido capaz de vencer en 2 de ellos. Empató el resto, el último el sábado, y quedó, siempre, una sensación de alarmista incapacidad en el terreno de juego. Busquets es el ancla pero no el líder y a su lado no asoma nadie capaz de tomar las riendas de un conjunto huérfano de personalidad en el que, hasta el momento, se ha demostrado que el mismísimo Coutinho no pasa de ser un excelente secundario pero nulo director de orquesta.

El Barcelona ya no se reconoce a sí mismo mirándose al espejo. La evolución del fútbol que un día, cada vez más lejano, le convirtió en el paradigma de la perfección a nivel mundial ha provocado que Rakitic sea el heredero de Xavi, con lo que ello significa en todos los sentidos, y que el juego de asociación y posición sea cada vez más invisible.

Y en todo ello la figura de Messi también ha mutado, por fuerza, a una imagen auténticamente insustituible, convirtiendo al Barça en un simple convidado de su magnificencia, una víctima del pasado con un presente dudoso por la falta de prestancia de quienes debieran acompañarle y un futuro preocupante.