Si pueden dejar su sentimiento de hincha (así sea por breve tiempo), olvidarse del equipo de sus amores, acallar su parcialidad y quedarse con lo que saben y rechazar las sospechas…pueden entonces ver al Manchester City y admirarlo como la expresión más alta que existe en el fútbol, la síntesis perfecta de estilo y funcionalidad.

Es mucho pedir.

La mayoría de quienes leerán esta nota ya cuentan con un equipo favorito, el cual seguramente es distinto al City.

Posiblemente no gusten del City por estar en desacuerdo con la forma en la cual sus dueños han elegido gobernar su país (o posiblemente por el hecho que éstos gobiernen a ese país) o quizás es uno de esos que considera existen razones legítimas para sentir desagrado por Raheem Sterling. Quizás admiren a Vincent Kompany porque habla de forma inteligente y domina una variedad de temas distintos al fútbol o les agrade Benjamin Mendy porque sus cuentas en redes sociales son graciosas.

Tenemos a los hechos por un lado y a las sospechas razonables por el otro. El hecho es que el Manchester City ha invertido una cantidad de dinero exorbitante para llegar a donde se encuentran hoy en día. Para algunos, eso podría repelerlos, pero vale la pena recordar que, en el mundo del fútbol, donde el libre mercado gobierna, también lo han hecho la mayoría de sus competidores. No solo hoy en día. Así ha sido (relativamente hablando) durante la mayor parte de la historia de este deporte.

También es cierto que el Manchester City fue sancionado en 2014 por incumplir con los requerimientos de Fair Play Financiero (FFP, por sus siglas en inglés) impuestos por la UEFA. Esto también puede asimilarse sin mayor problema.

El FFP fue visto por algunos (no sólo los hinchas del City) como una forma de proteger a los clubes grandes y establecidos al evitar que otros inviertan en exceso. Muchos otros clubes, desde el París Saint-Germain hasta la Roma y el Porto, el Inter y el Mónaco, también incumplieron con el FFP. Al igual que ellos, el City firmó una “conciliación” (de hecho, fue un arreglo extrajudicial) y pasó la página.

Esto nos lleva a las sospechas razonables. Durante la semana pasada, el mundo del balompié se estremeció por una oleada de acusaciones detalladas con respecto a dichas presuntas violaciones a la norma y la forma en la cual el City lidió con ellas, como parte de la serie “Football Leaks” publicada por la revista alemana Der Spiegel. Una parte de las acusaciones ya eran ampliamente conocidas por el público en general, otra era objeto de fuertes sospecha y otra eran revelaciones totalmente nuevas.

¿Lo nuevo? Los dueños del City hicieron pagos en efectivo a corporaciones amistosas que entregaban dicho dinero al City mediante patrocinios. Asimismo, crearon una empresa fantasma cuyos orígenes podían atribuirse a los dueños para así comprar derechos de imagen de jugadores al club en sí.

Aún está por determinarse las consecuencias de lo anterior. Los posibles castigos que recibiría el City dependerían de establecer si las actividades antes mencionadas eran conocidas por los investigadores de la UEFA cuando se hizo el arreglo extrajudicial de 2014. Si estaban conscientes, es difícil ver como se podría sancionar al City, considerando que reabrir el caso implicaría un peligro doble.

También dependerá de la voluntad política de la UEFA y sus miembros (con el liderato de los súper clubes europeos): es posible que, si no había intención de castigarlos en 2014, menos exista hoy.

A pesar de ello, existe un serio daño a la reputación del club, tal como lo reconoció el City cuando su vocero le indicó a Der Spiegel que se trataba de un intento “organizado y claro” de “dañar la reputación del club”. (¿Por parte de quién? ¿A cuenta de qué? Pues no lo dicen).

Y esto no acabara pronto.

“Existe un serio daño a la reputación del club, reconoció el vocero del City cuando le indicó a Der Spiegel que se trataba de un intento “organizado y claro” de “dañar la reputación del club”. (¿Por parte de quién? ¿A cuenta de qué? Pues, no lo dicen)” Gabriele Marcotti

En el caso de un club que tiene contratado un ejército de relacionistas públicos y especialistas de la comunicación que son tan efectivos a la hora de resaltar lo positivo del City (desde su trabajo social para regenerar zonas de Manchester hasta su labor comunitaria), la forma en la cual han manejado el caso del Fair Play Financiero es sinceramente asombroso.

Der Spiegel indica que no solamente el City regateó el verdadero valor de sus inflados contratos con patrocinadores amistosos (léase, que tienen nexos con los Emiratos Árabes Unidos), lo cual habría sido comprensible. Fueron más allá de ello. Amañaron sus cifras contables e hicieron pagos secretos a fin de aparentar cumplir con las normas. Si las acusaciones son ciertas (y el City hasta ahora no ha presentado evidencias en contrario), termina siendo un caso de trampa.

Lo que debe frustrar más a los hinchas del City y a los muchos de éstos que trabajan con el club es que no se necesitaba llegar a este punto.

Había otros caminos que pudieron tomar. ¿Cuál era el más noble? Ir a los tribunales. Cada vez que se menciona el FFP, muchos hinchas del City dicen que es ilegal porque es equiparable a poner frenos en la libertad del mercado. Los documentos publicados por Der Spiegel nos muestran que el club estuvo dispuesto a cuestionar la legalidad del FPP. No tengo idea alguna de si podían tener algún fundamento que pudiera sostenerse en un tribunal cualquiera, pero no hay duda de que la UEFA consideró el riesgo de una potencial demanda al aceptar un arreglo extrajudicial en 2014.

¿Qué habría implicado una posible demanda? De forma práctica, significaría no participar en la Champions y asumiendo que se habrían requerido un par de años para llegar a una decisión, pues el City tendría cero ingresos por concepto de Champions League durante tres campañas.

En el caso el City, habría significado renunciar a los aproximadamente 180 millones de libras esterlinas que ganaron en bolsas europeas durante esos años. Eso es muchísimo dinero, aunque quizás no tanto para los miembros de la familia real de Abu Dabi.

Lo más crucial: les habría dado el espaldarazo moral. Habrían dicho: “El Fair Play Financiero de la UEFA significa que están operando un cartel ilegal, del cual rechazamos formar parte y estamos dispuestos a asumir los sacrificios económicos que ello implica”. Por el contrario, el mensaje parece ser: “Creemos que el Fair Play Financiero es ilegal, pero nos adheriremos a él y haremos amaños en los libros contables de ser necesario porque nos beneficiará después”.

Hay que tener presente que, si el City hubiese ganado en los tribunales, se habrían hecho con una importante compensación por esos años de ganancias perdidas por no formar parte de la Champions. De haber perdido, habrían “caído en buena lid” a los ojos de sus hinchas (y muchos otros que creen que el FFP es ilegal), seguirían ganando varios títulos de Premier League y construido una marca global. Aún más: al terminar el caso en tribunales, incluso con una derrota para el City, el equipo habría regresado a la Champions League.

O bien pudieron haber imitado al PSG. Lo cual, según revelan los documentos, habría sido repetir incesantemente que la UEFA no tenía razón, que el pacto de mega patrocinio con una sola entidad catarí (la Autoridad de Turismo de Catar) era un contrato legítimo al justo valor del mercado. Cuando la UEFA, como parte del proceso del FFP, contrató expertos independientes en mercadeo para determinar que, por el contrario, su valor era 80 veces superior al justo, negociaron su castigo de la mejor forma posible, aguantaron el golpe y decidieron arreglar.

Por el contrario, el City (o siendo más precisos, los pocos altos consultores al presidente Khaldoon Al-Mubarak que laboraban en ese entonces) eligieron un camino distinto. Tras saber lo que ahora conocemos, fue un error enorme. Si se es hincha del City o el dueño del equipo Sheikh Mansour, deberían dirigir su enfado hacia ellos. Se debe esperar que estos individuos paguen las consecuencias.

En cuanto al resto de nosotros (sin importar sesgos, equipos y prejuicios), esperamos que podamos seguir siendo capaces de apreciar la belleza que existe dentro del City. Lo que este equipo hace en la cancha es especial y va más allá de ser producto de la acumulación de talentos. Es el resultado del intelecto, creatividad y previsión de muchas personas que trabajan en el club tras bambalinas.

Uno solo puede quedar absorto al ver que un club manejado tan bien en algunos aspectos pudo haber sido administrado (si las acusaciones son ciertas) de forma tan codiciosa, cínica, solapada y estúpida en otros.