Pocas veces la andadura de un nuevo seleccionador podría sufrir un descalabro tan claro y tan rápido como el de Roberto Mancini al frente de Italia, a menos de que pueda ganarle a Portugal en San Siro. Es lo que tiene el nuevo formato de la Liga de Naciones de la UEFA, que emparejó a la Azzurra con la actual campeona de Europa y una Polonia que ha dejado mucho que desear en los tres partidos que ha disputado hasta el momento.

Mancini se encuentra frente al precipicio, mirando al acantilado de frente. Sólo una victoria ante Portugal le permitiría soñar con la remota opción de clasificar a la Final Four del torneo, siempre y cuando luego la vinotinto no gane a Polonia.

 

Es una situación complicada, pero llegados a este punto, parece que el seleccionador nacional italiano estaría contento asegurando el segundo puesto del grupo, el cual le permitiría mantenerse en la primera división de este torneo que recién arranca su existencia.

De lo contrario, de perder ante la selección portuguesa, que una vez más como desde que terminó el Mundial no contará con Cristiano Ronaldo entre sus convocados, el futuro de Mancini al frente de la selección italiana estaría en un serio entredicho, escasos meses después de arrancar su andadura como máximo responsable de la tetracampeona del mundo.

Este será el octavo partido que dirija el italiano, con un paupérrimo récord de dos victorias, dos derrotas y tres empates.

De las dos victorias, la conseguida contra Polonia y que mantiene con vida a la selección en el grupo de la Liga Europea de Naciones se consiguió in extremis, en el minuto 92, con un gol salvador de Biraghi que ha sido hasta ahora lo único que han podido celebrar los hinchas italianos en todo 2018.

Poca producción para una de las mejores selecciones de la historia que, además, está luchando por recuperar su posición en el escalafón del mundo futbolístico. Aunque lo peor no es tanto la falta de resultados, algo que podría hasta esperarse tras la mala planificación de los últimos años en la Federación, sino la falta de respuesta de los nuevos talentos dentro del grupo.

Mancini le ha entregado la manija del equipo a Jorginho, que se ha hecho en un puesto en el excitante Chelsea de Maurizio Sarri, quien junto a Marco Verratti se esperaba que fueran la base de un nuevo proyecto que potenciara la juventud y regenerara una selección estancada todavía en los laureles del 2006.

Pero la apuesta no parece haber funcionado. Las ganas iniciales del técnico de devolver al hombre que brilló bajo su batuta en el Inter de Milán y Manchester City, Mario Balotelli, al centro de la ecuación como gran estrella de la selección se fue a pique rápidamente por falta de compromiso del delantero, y desde entonces Mancini no ha encontrado al hombre gol que dé fuelle a su equipo en los momentos complicados.

Las pruebas de nombres y sistemas, con Insigne, Chiesa, Politano o Immobile se han sucedido, sin llegar a conseguir que ninguno de ellos logre siquiera marcar un gol para el seleccionado nacional.

Con el joven Gigio Donnarumma asentado en el marco, pero tampoco sin demostrar todavía todo el potencial que se le presumía hace dos temporadas, y sin más opciones de relevo en la defensa que las de seguir contando con Leonardo Bonucci y Giorgio Chiellini como guardias pretorianos.

Por eso el encuentro de este sábado ante Portugal se presenta como clave no sólo para la selección, sino también posiblemente para el futuro de Mancini al frente del equipo. No quiere decir esto que de perder el italiano dejará de ser el seleccionador – entre otras cosas porque tampoco hay muchos candidatos a ese banquillo en este momento -, pero sin duda mermaría aun más la pobre imagen que hasta ahora ha mostrado el estratega transalpino.