Los Angeles Dodgers ha ganado la Liga Nacional por dos años consecutivos, pero les sigue siendo esquiva la corona de la Serie Mundial.

Uno de los equipos más completos de todas las Mayores, los Dodgers volverán a salir como favoritos para representar al viejo circuito en el clásico de octubre.

Son pocos los ajustes que necesita para encarar la campaña del 2019, aunque alguno de ellos verdaderamente drástico.

Si yo fuera el gerente general de los Dodgers, buscaría…

1.- Un cátcher

El cubano Yasmani Grandal rechazó la oferta calificada que le hiciera el equipo para retenerlo un año más por 17.9 millones de dólares.

Y Austin Barnes no es el hombre indicado para hacerse cargo de la receptoría todos los días.

Si los Dodgers quieren un enmascarado de élite, tanto defensiva, como ofensivamente, la respuesta es el venezolano Wilson Ramos.

Otra opción sería Devin Mesoraco, al igual que Ramos, con 31 años de edad.

2.- Un cerrador

El curazoleño Kenley Jansen ha sido uno de los mejores cerradores del béisbol en los últimos siete años, pero en el 2018 tuvo períodos de ausencia por problemas cardíacos.

Este lunes 26 de noviembre se sometería a una cirugía de corazón y aunque el proceso de recuperación tomaría entre dos y ocho semanas, no deja de ser una interrogante.

Entonces sería prudente buscar en el mercado a un relevista que cubra como cerrador en caso de que Jansen no esté listo al principio de los campos de entrenamientos y luego quede como el preparador del octavo inning: Joe Kelly.

3.- Un manager

Los Dodgers han llegado a la Serie Mundial en los dos últimos años y las han perdido, en gran medida, por la disparatada manera de dirigir de Dave Roberts.

Este equipo, prácticamente sin fisuras en sus filas, necesita un manager con conocimiento del juego que le dé estabilidad a la alineación y tenga el carácter suficiente para no dejarse imponer criterios provenientes de personas en la oficina que no entienden la esencia del béisbol y la ven solamente a través de los fríos números de una computadora.

Es cierto que cada vez ganan más valor los peloteros versátiles, capaces de desempeñarse en varias posiciones, al estilo del venezolano Marwin González.

Pero ese afán de convertir a casi todos los peloteros en “tenientes en todo y capitanes en nada” es exagerado y afecta la estabilidad del equipo.

No puede ser, por obra y gracia de quién sabe quién, que un hombre sea octavo bate hoy, tercero mañana y sexto pasado, pues cada turno en el orden al bate tiene una función.

Roberts es pusilánime e indeciso y a pesar de ello, le acaban de dar una extensión contractual, como premio a su mediocridad.