El Salón de la Fama es de todos los que amamos el Béisbol (lX)

6/01/19
1:50 pm

 

 

Por el amigo de la peña y miembro del CNMBS: Pablo Enrique Hurtado Díaz

 

 

                   

 

 

1947 un lógico y justificado alto en el camino

 

Como muchos conocen en 1947 no hubo ceremonia de exaltación al Salón de la Fama del Béisbol Cubano, de los motivos por los cuales esto sucedió poco se conoce y la prensa de la época casi no se pronunció al respecto.

No quisiera especular, ni mucho menos llegar a conclusiones erradas, pero luego de haber leído sobre esta etapa de nuestra pelota, específicamente el final de la década del 40 del pasado Siglo XX, consultar personas que vivieron este momento de oscuridad y silencio momentáneo de nuestro Salón de la Fama, trataré de exponerles a continuación mi parecer acerca de los hechos, los que fueron muy importantes en el cambio definitivo de la Liga Cubana de Béisbol Profesional (LCBP) que no solo se reflejaron en la continuidad del Salón de la Fama, también perjudicó la salud de nuestra pelota y a su vez puso a prueba la capacidad de los organizadores, dirigentes y peloteros cubanos de poder mantener una LCBP de alto nivel competitivo y popularidad, como hasta ese momento.

 

 

En la primavera y el verano de 1946 comenzaron a circular las primeras noticias sobre Jorge Pasquel, un multimillonario mexicano de gustos caros, que había jugado en la Liga Mexicana y  dirigido un equipo durante breve tiempo, que además manifestaba un profundo orgullo nacionalista, y que intentaba fortalecer la Liga Mexicana, contratando a estrellas cubanas de las Grandes Ligas. Este es un personaje que tal vez sin proponérselo resultó clave -entre otros acontecimientos ocurridos de manera paralela a su aparición- en una etapa de cambios trascendentales en la LCBP.

Lo que Pasquel intentaba hacer era mejorar la calidad del juego, contratando principalmente a jugadores estadounidenses y cubanos de las Grandes Ligas, para así elevar el prestigio del béisbol mexicano, seduciendo al mayor número posible de figuras de renombre. Empezó comprando la novena de Veracruz, pero pronto comprendió que necesitaba reforzar los demás equipos, si quería lograr un campeonato equilibrado e interesante, y a su vez aumentar el número de aficionados en los estadios.

Como presidente y virtual emperador de la Liga, llenó los equipos de jugadores talentosos, logró que otras personas influyentes invirtieran en las escuadras locales e incluso importó de Cuba a los árbitros Amado Maestri y Raúl “ Chino ´´ Atán. Pasquel iba de un lado a otro pasándoles frente a las narices fajos de billetes a las estrellas estadounidenses e incluso le envió un cheque en blanco firmado a Bob Feller, el gran lanzador de los Indios de Cleveland. Sus maniobras no dejaron de atraer la atención hacia su persona y hacia la Liga Mexicana, sobre todo cuando unos pocos jugadores norteamericanos decidieron aceptar el dinero, violando así los contratos con sus equipos y con el béisbol Organizado de Estados Unidos, logrando que el comisionado de Grandes Ligas vetara de poder jugar por cinco años a todos aquellos que se aliaran a Pasquel y el Beisbol Mexicano.

Cuba y México disfrutaban en ese momento de los beneficios del auge económico de la posguerra y disponían de una pléyade de excelentes jugadores, mientras que en Estados Unidos los veteranos de guerra copaban los equipos de las Ligas Mayores y Menores. La disponibilidad de tanto talento, capaz de desbordarse a Ligas que no estaban bajo el control del Béisbol Organizado, dio origen a un conflicto de largo alcance, en el que finalmente prevalecieron los intereses estadounidenses, que eran los más poderosos.

La prosperidad y la estabilidad económica que México disfrutaba hacia los años 40, así como su floreciente industria petrolera, alimentaron las ilusiones de Pasquel de alcanzar la paridad con el béisbol norteamericano. Después de todo, México tenía una de las más importantes plazas de toros del mundo, solo superada por la de Madrid y era una potencia en el ámbito futbolístico. ¿Por qué no iba lograr la misma categoría en el juego de las bolas y los strikes? En un mercado capitalista, la cuestión era tener dinero y él y sus cuatro hermanos lo tenían en abundancia. Hasta donde se conoce los Pasquel controlaban la aduana de México y recibían una tajada de todas las importaciones.  

No fueron pocos los jugadores de calidad que logró reclutar, se marcharon a la tierra de los tacos y los mariachis, Max Lanier, Fred Martin, el prometedor antesalista Lou Klein, la estrella Puertorriqueña Luis Rodríguez Olmo, el Canadiense Roland Gladu, Mickey Owen, los cubanos Roberto Ortiz, Napoleón Reyes, Adrian Zabala, Roberto Estalella, Tomas de la Cruz, Andrés Fleitas, Agapito Mayor, Sandalio Consuegra entre otros. El atractivo de México para los jugadores no estadounidenses es un factor que no suele tomarse en cuenta al evaluar la reacción del béisbol Organizado a las incursiones de Pasquel. 

El magnate azteca también causó problemas políticos en la pelota cubana, que se exacerbaron con el traslado de la Liga de la Tropical al Gran Stadium del Cerro. El nuevo parque, ubicado en el Cerro, antaño un sector aristocrático de la ciudad, pero ahora una barriada popular, era el símbolo más tangible de los cambios ocurridos recientemente en la LCBP. La nueva instalación daba cabida a más de 30000 aficionados mientras el terreno de la  Cervecería Tropical donde se había jugado la Liga Cubana desde los años 30, solo albergaba 15000 fanáticos. Y lo que es más importante: La Tropical, formaba parte de los jardines de una cervecería, que incluía pistas de baile y otras atracciones, y pertenecía a la antigua clase adinerada del país.

La cervecería era propiedad de Don Julio Blanco Herrera un patriarca del deporte cubano que había construido el Estadio para que Cuba pudiera acoger los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1930. El ambiente campestre y los enormes espacios necesarios para acomodar los campos de atletismo y otros deportes, hacían de La Tropical una hermosa arena deportiva, pero no era posible ampliarla sin cambiar por completo su carácter. Se cuenta que los propietarios y arrendatarios de equipos de la Liga le pidieron al anciano, dada la excelente asistencia de público a los juegos durante los años de guerra, que mejorara La Tropical o, que si no, ellos construirían un estadio nuevo. Se dice que Don Julio respondió que nadie iba           “ a construirle a él un estadio´´ o algo parecido y, además, que no cambiaría la configuración de su parque para acomodar mas público.    

El nuevo estadio, por otra parte, había sido construido ayudados por el mago promotor Emilio de Armas por Roberto “Bobby´´ Maduro y Miguel Suárez, descendientes ambos de nuevas familias millonarias, cuyas fortunas procedían de los negocios de seguros y mantenían sólidos vínculos con intereses norteamericanos. De todos modos, como gesto de reconciliación, le ofrecieron a la Cervecería La Tropical derechos exclusivos para vender su producto en el Gran Stadium. En actitud quijotesca, Don Julio rechazó la oferta, por lo que la pizarra del nuevo parque ostentaba enormes anuncios de su rival, la cerveza Hatuey, y de la compañía Bacardí, que la fabricaba.

Dado el estado  en el que se encontraban las cosas y los temores de los peloteros, que no querían jugar con quienes ya figuraban en la Liga de Pasquel, Don Julio se quedó sin béisbol profesional en su conocido parque y eso no le gustó. Convino en ayudar a organizar y financiar otro circuito, que llevaría el nombre de Liga de la Federación y que por tanto jugaría en La Tropical. El traslado de la Liga al Gran Stadium del Cerro constituyó un importante desafío comercial que no quedó sin respuesta. A pesar de todas sus dificultades, el campeonato de la Liga de la Federación tuvo bastante éxito y atacó a la Liga Cubana por su flanco más débil: que todos los equipos jugaban exclusivamente en La Habana. Determinaron efectuar juegos fuera de la capital, pero esto no prendió mucho, porque la gente no acudía a los estadios excepto en Camagüey y el Palmar de Junco de Matanzas donde siempre el béisbol ha sido una verdadera pasión.

La nueva Liga estaba compuesta principalmente por jugadores cubanos que militaban en equipos del Béisbol Organizado de Estados Unidos y que temían –con razón-  que jugar con norteamericanos a quienes el Comisionado Chandler había proscrito por cinco años pusiera en peligro sus carreras. Este era el caso de Fermín Guerra, Gilberto Torres, Regino Otero y otros, pero los dos peloteros que representaban el mayor atractivo de este torneo fueron Julio Jiquí Moreno y Conrado Marrero, sin embargo el Guajiro de Laberinto y un pequeño grupo de estelares “ saltaron´´ a la Liga Cubana cuando la de La Federación terminó su calendario en enero de 1947.

La lucha política se intensificó cuando se presentaron al congreso nacional dos leyes opuestas sobre el tema. Era una ironía que la Federación y la Liga que promovió, al luchar contra el monopolio de la Liga Cubana, defendieran uno mucho mayor: el del Béisbol Organizado de Estados Unidos. Los equipos de la Tropical contrataban peloteros que no tuvieran conexiones con México, ya que el béisbol organizado había prohibido que todos los peloteros que hubiesen tenido relaciones con Pasquel no podían participar en torneos que estuviesen bajo su tutela, mientras que la mayoría de los del Gran Stadium habían jugado en equipos mexicanos o en Estados Unidos, todos con firmes vínculos con el Béisbol Organizado, favorecidos por la firma del contrato de  la Liga Cubana en 1946 con esta pelota. La confusión era impresionante.

Pese a que cada Liga defendía sus motivos, sus ideales y sus objetivos específicos, es justo reconocer que el campeonato que cautivaba la atención de todos era el de la Liga Cubana en el Cerro, el que a la postre trascendió como uno de los más exitosos del mundo en ese momento, convirtiendo a la pelota cubana en la segunda potencia del béisbol en el planeta.

Todos estos conflictos que se extendieron hasta finales del año 1948 aproximadamente, influyeron en gran medida a que el ámbito beisbolero cubano se caldeara sobremanera y por ende las exaltaciones del Salón de la Fama no escaparon a la crisis, que incluso se reflejó entre los periodistas que por esa época estaban vinculados a las elecciones del Salón de la Fama.

Todas las autoridades, árbitros, empresarios y peloteros formaron parte de este convulso proceso que realmente duro dos años (1947 y 1948), porque los peloteros correspondientes al año 1948 fueron dados a conocer el 13 de febrero de 1949, luego que las cosas volvieron a la normalidad en la Liga Cubana. Esta situación como es lógico influyó de manera negativa y puede haber sido el motivo para que en 1947 no se realizaran exaltaciones.

Después de tratar de brindarles lo más detallado posible los hechos que tuvieron lugar en este periodo, espero haberles dotado de los elementos suficientes que expliquen este breve receso de 1947 en las exaltaciones del Salón de la Fama del Béisbol Cubano.

 

Artículo anterior relacionado: El Salón de la Fama es de todos los que amamos el Béisbol (Vlll)

 

 

 

4 comentarios

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  1. Muchísimas gracias Pablo por esta nueva entrega, excelente la misma. Conocí a través de tu escrito varios detalles que no conocía, pues bien masticadito que nos los serviste, muy buen trabajo. Gracias hermano.

  2. otra excelente entrega del amigo Pablo. se agradece mucho estos trabajos relacionados con nuestro béisbol y el salón de la fama

    • Dr. Reinaldo en 6 enero, 2019 a las 4:23 pm
    • Responder

    Pablo, realmente usted es un MAESTRO EXCELENTE, dejarás una huella para la eternidad en la MD, usted nos inspira cada día a AMAR EL BÉISBOL y su impacto en sus entregas serán muy duraderas para todos nosotros, mil gracias por acércanos cada día a todas estas historias del béisbol cubano. Un abrazo desde África, Dr. Reinaldo.

    • SIEMPRE NARANJA en 9 enero, 2019 a las 12:31 pm
    • Responder

    Excelente todo lo narrado por el amigo Pablo. Gracias una vez más y esperamos los siguientes trabajos.

    Saludos…..

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