El San Luis, Cañambú y las luces

7:40 pm

 

 

Por el profesor y peñista honorifico: Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

 
 

 

 

 

Para Cañambú

 

 

 

 

 

Algunos no quieren jugar de día, tanto cariño le han tomado a las luces artificiales que no conciben hacerlo como Dios manda. No es ocioso recordar que las instalaciones heredadas eran pocas y de mala calidad. Escasos terrenos reunían condiciones aceptables. Soñábamos estadios con luces que costaban una millonada.

Jugar de noche es otra cosa. Usted mira al cielo y ve las estrellas chiquiticas comparadas con el alumbrado, pudiéramos agregarle que hasta fascinantes. Cuando aprende a hacerlo se siente a las mil maravillas, pero tiene que aprender. Unos se adaptan, otros  prefieren seguir a la antigua.

Si batean unfly, no mire las luces, puede  perder la bola. Como no hay sol, además de permitir que el bateador se embase, hace el ridículo. Durante las prácticas es aconsejable observarlas en diferentes ángulos. Así podrá saber por dónde viene cada pelota, sobre todo si se esconden en el alumbrado.

No se ría si algún novato comete un error nocturnal como le sucedió al cátcher Abel Cuéllar a principios de los sesenta en el Latino: la bola le cayó en la cabeza cuando buscaba un foul.Hasta los estelares a veces se confunden. Recuerdo uno cuyo nombre me reservo, que se ridiculizó en un importante partido en su estadio del Cerro. El pelotero de su clase no debe marearse por jugar de noche, ni estar nervioso. Sencillamente se descuidó, su vista coincidió con las luces que se tragaron la bola y le cayó en el polo norte del cuerpo.

Nos pasaron cosas  ocurrentes, similares a grandes figuras de todos los tiempos cuando juegan en esas condiciones por vez primera. Si lo duda pregúntele a Tony Oliva, quien increíblemente se inició en las vegas del Corralito consolareño. Cuenta que en sus inicios muchas veces decía «I get it», que en español es simplemente «la tengo» y las bolas caían a más de veinte metros. 

El 19 de enero de 1969se inauguró el estadio Capitán San Luis, un día después de reconstruido el Ramón González Coro, en las Minas de Matahambre. Quien me recordó la fecha pinareña fue Raúl Martínez, que ya no está entre nosotros. A él no se le olvidaba, pues “tuvo el honor” de permitir el primer jonrón en esa instalación. Se lo conectó, nada más y nada menos que Armando Capiró; acto seguido llegó otro de Marquetti.Entonces terminó el juego y perdimos ante el Habana, pues cayó un fuerte aguacero después del quinto inning.

En una preciosa noche los mineros nos estrenamos en la impresionante instalación. Muchos nunca habían visto los terrenos con luces. ¿Ilusión, sueño, realidad? Acostumbrados a jugar entre piedras, con el sol a cuestas, no podíamos sentirnos mejor. Algunos pensamos que un día seríamos estelares en las Series Nacionales.

–Esto es mucho. Aquí no hay quien dé un jonrón. — Dijo Rolando Corrales.–Tú verás que vamos a jugar mejor que nunca, esto sí es un estadio. — Gritó Pape Acosta, nuestro optimista receptor.

–No hablen más y cámbiense de ropa, el buen pelotero juega donde sea. Este terreno es el que nos hubiera hecho falta a nosotros, carajo…

René Melo, el mejor pelotero que ha dado Matahambre, entonces en funciones de director, dio por terminado el coloquio;  cada cual a lo suyo. El primero en estar listo fue el zurdo Ramón Pérez Álvarez, conocido por Monguito Veterán. Parecíamos guajiros. Salimos a la grama del San Luis y las ridiculeces llovieron. Coquito Gálvez, a quien también llamábamos Cañambú, convertido después en buen músico, ocupó el quinto turno al bate. Fuerte, simpático, cariñoso, sus batazos llevaban una fuerza descomunal. Estuvo, como siempre, en el jardín derecho.

Cuando íbamos por la tercera entrada, perdiendo tres carreras a dos, nuestro hombre pidió tiempo. Lo vi pasar por mi lado con cara de color ceniza y ojos aguados, envuelto en sudoroso líquido. Continuó a toda velocidad hasta el dugout; sudaba copiosamente en la fría noche. Más que asustado suplicó:

–René, quítame, no puedo seguir jugando, me parece que el estadio me va a caer arriba, me da vueltas, estoy mareado.

Fue entonces cuando Nené Martínez, con gesto muy suyo, sentenció:–Tú estás arratonado…

 

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga.

Noviembre de 2018.

 

 

 

1 comentario

    • Amaya en 9 enero, 2019 a las 4:11 pm
    • Responder

    Osaba nuestro estadio cumple precisamente el 19 de enero como describes aniversario cerrado, casi nada 50 años, espero tengamos alguna crónica tuya ya cercana a la fecha sobre este escenario que tantas alegrías nos ha dado a los pinareños en su terreno, saludos.

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