Miguelina Cobián: Prioricé el atletismo antes de mis hijos y cuando me di cuenta ya estaba vieja para tenerlos

11:52 pm

 

 

 

 

Si les digo que no sé cuántas entrevistas le he realizado a Miguelina Cobián, todo vigor a sus 77 años, no les mentiría. Desde mis primeras andanzas por el periodismo, estudiando en la Universidad de La Habana, la velocista que marcó exitosamente las pistas del mundo en los primeros años de la Revolución, fue objeto de mis preguntas.

No es fácil, no obstante, obtener sus respuestas, y por estos días, en la Gala anual del atletismo cubano, volvió a ripostarme: “chica, pero, ¿tú no te cansas de entrevistarme? Te sabes más mi vida que yo misma”.

Yo sonreí, la abracé y, por supuesto, le dije que una entrevistada de lujo como ella, siempre era un blanco fácil para cualquier periodista, pues siempre añade una anécdota a sus historias. Esta vez, no fue diferente, sobre todo cuando le dije que era para CiberCuba la entrevista.

 

“¡Ah sí! Ya me han contado de tus entrevistas para ese sitio. Tú sabes que yo no soy de esta época cibernética, así que no las he leído pero siempre hay alguien que cuenta, ¿no?”

Su sonrisa pícara cubre el rostro delgado, moreno y siempre resplandeciente, de esta leyenda del campo y pista universal. Nacida el 19 de diciembre de 1941 en Santiago de Cuba, su infancia transcurre en El Socorro, pueblito ubicado entre Songo y la Maya.

“Me crié encima de la mata de mango que había en el patio de la casa, cargando cubos de agua, cogiendo gallinas cada vez que mi mamá quería hacer un caldo, agarrando terneras: ¡tremendo y precoz entrenamiento ¿no crees? Así comenzó Miguelina Cobián a ser atleta porque, ¿sabes?, a mí nunca me gustó practicar deportes, ¿puedes creerlo?”

 

“A mí nunca me gustó practicar deportes, ¿puedes creerlo?”

 

Yo me sabía parte de esa historia pero con los detalles que ahora rememora no. Su enjuta figura cobra una vida renovada al echar hacia atrás sus recuerdos. Parece la Miguelina que entrevisté por los años 80, con el mismo ímpetu y voluntariedad.

Entonces, ¿cómo llegaste al atletismo?

“En 1960, con 19 años, entré a la Escuela de Artes y Oficios, con el profesor Pepe del Cabo, quien también tuvo como discípulo al Fígaro (Enrique Figuerola). Pepe, además de las clases de Educación Física, me entrenaba específicamente para correr.

“Así comencé a competir por la Escuela de Artes y Oficios en los inter escuelas con el Instituto, la Normal y la Escuela de Economía, centros estudiantiles de nivel medio superior que existían en aquellos tiempos. Por supuesto, que a mí me llegaron tarde los Juegos Escolares Nacionales y los Juveniles”.

¿Cómo llega la Gacela Oriental al alto rendimiento?

“Esa historia te la sabes tú mejor que yo. ¡Jaja! Corría el año 1962, y el sobresaliente corredor checo Emil Zátopek, y su esposa, Dana, exjabalinista, ambos campeones olímpicos, recorrían el país en búsqueda de talentos.

 

“Así llegaron a Santiago, me vieron correr, y al otro día estaba yo, esta humilde santiaguera, instalada en una habitación del hotel Habana Libre en la capital. Yo, una guajirita del medio del monte en pleno Vedado. Compartí con ellos toda su estancia en Cuba y aprendí muchísimo. No olvido los entrenamientos en la pista de Ciudad Deportiva”.

Y a partir de ahí comenzó tu actividad internacional.

“Después de tomar parte en un Festival de Relevos que tuvo lugar en Holguín en 1960, fui ubicándome entre las primeras velocistas cubanas de Centroamérica, el Caribe e Iberoamérica en ese año.

 

“Llegué a estar entre las 20 mejores velocistas del mundo en esos inicios de la década del 60. Internacionalmente debuté en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Kingston 1962. Allí gané los 100 metros y fui segunda en el relevo corto. No me preguntes los tiempos porque no los recuerdo. Lo importante eran las medallas”.

 

“Llegué a estar entre las 20 mejores velocistas del mundo en esos inicios de la década del 60”

 

 

(12 segundos en el hectómetro y 47, 3 en la estafeta, para los que gustan de las estadísticas).

Miguelina compite en los Panamericanos de Sao Paulo, Brasil, un año después, con saldo de tres medallas de plata: 100, 200 y 4 x 100, y hace historia en los Olímpicos de Tokío 64 al convertirse en la quinta mujer más veloz del planeta, primera atleta cubana en acceder en una final olímpica con crono de 11 segundos 72 centésimas.

 

“Nosotros también competíamos en los mítines por Europa, sobre todo en los países del entonces campo socialista, y en Universiadas Mundiales; por ejemplo, en las de 1965, obtuve dos segundos lugares”.

Sin dudas, una de las justas más importantes en las que tomó parte la cubana fue en los Centrocaribes de San Juan, Puerto Rico, 1966. Para aquellos que aún no peinan canas, les recuerdo que la negativa de visado por parte de Estados Unidos obligó a la delegación cubana a realizar la travesía por mar en el histórico barco Cerro Pelado.

“Ay, niña, no me recuerdes aquello. ¡Tú has visto las imágenes! Mira, cuando yo hablo de San Juan, sí saboreo mi oro en los 100 (11 segundos 7 décimas) y las platas en 200 y el relevo (24.8 y 46.5), pero lo que me viene a la mente son los tiburones que merodeaban al barco.

 

“Tú sabes que había que saltar de la barandilla del buque a una lanchita que te llevaba al muelle, y aunque los varones te ayudaban, el salto lo tenías que hacer sola, y tú mirabas para ese mar y veías a aquellos bichos; por Dios y la Virgen. Me instaban a que me tirara, pero yo me agarraba de aquella cosa y no me lanzaba hasta que… ¡lo hice!

“Y no te cuento los estragos que reportó el barco, con vómitos, mareos, ¿para qué? Pero bueno, lo hicimos y competimos. Fue una hazaña, y de veras que guardo en mi corazón el haber podido correr allí y ganar mis medallas”.

 

La ciudad canadiense de Winnipeg sería la anfitriona en el 67 de los Juegos Panamericanos: una presea de cada color irían al pecho de nuestra Miguelina.

“Sí, allí fui segunda con 11,6 en los 100; tercera en los 200, 23,8 y oro en el 4×100, 44,6. Éramos muy buenas corredoras, algo que pusimos en evidencia un año después en México 68, donde quedamos segundas detrás de las estadounidenses. Fue una fiesta pues nuestros compañeros (Juan Morales, Pablo Montes, Hermes Ramírez y Enrique Figuerola) hicieron lo mismo”.

¿Recuerdas algo especial de ese día?

“Sí, que era una bellísima y soleada tarde, aquel estadio azteca estaba colmado de personas, y todos nos apoyaban a nosotras. Arrancaba Marlene Elejalde, seguía Fulgencia Romay; la tercera posta era Violeta Quesada, quien me entregó rezagada, en quinto lugar, y como siempre, cerraba yo.

“¿Te puedes imaginar la euforia que nos embargaba, a nosotras, a los muchachos, a nuestros entrenadores? Era el pago a nuestros esfuerzos, los entrenamientos diarios, los topes internos, las horas dedicadas por completo al atletismo. Si te digo que prioricé esto antes de tener mis hijos, créemelo, y cuando me vine a dar cuenta ya estaba vieja para tenerlos”.

La carrera deportiva de la Cobián no se detuvo en México 68 (donde además fue octava en el hectómetro, por segunda ocasión finalista en tan difícil prueba).

También en tierras aztecas, en 1970, con 29 años, se impone en sus tres eventos en los Centrocaribes, que la convirtieron en la primera velocista en ganar oro en tres citas regionales consecutivas.

“Lamentablemente nada bien me fue en los Panamericanos de Cali, Colombia en el 71. Allí sufrí la ruptura del Talón de Aquiles de la pierna derecha. Fui operada en el Hospital Ortopédico Fructuoso Rodríguez por el profesor Martínez Páez, quien logró que regresara a las pistas”.

¿Regresaste al 100 por ciento?

Yo estaba muy bien. Realicé muy buena preparación. Estaba madura y dispuesta a correr a mis 31 años. Iniciamos una gira por Alemania y la entonces Checoslovaquia, y allí en Praga, en la competencia Hermanos Znamenski, realicé la mejor arrancada de mi vida (como sabes, mi punto flaco era la arrancada) y no había dado el tercer paso y se me rompió el tendón de la pierna izquierda.

“Querían operarme allí, en el Hospital Militar praguense, pero decidimos hacerlo en La Habana. Esta vez entré al salón del hospital ortopédico Frank País, donde fui intervenida quirúrgicamente por el profesor Rodrigo Álvarez Cambras, a quien le debo el estar caminando hoy día. Eso marcó el cierre de mi carrera de nueve años en el seleccionado nacional de campo y pista”.

Tras ser varias veces elegida entre los mejores 10 atletas del año en Cuba, con su subtítulo olímpico y su experiencia imborrable de “aquellos bichos en el mar, rodeando el barco” en los Juegos de San Juan, la gran Miguelina Cobián Hechavarría dice adiós a las pistas como corredora activa.

¿Qué pasa a partir de ahí?

“Uf, otra vida, pues no es lo mismo ser dirigida que dirigir. Es un gran compromiso. Terminé la licenciatura en Deportes y empecé en el centro deportivo Ciro Frías a entrenar niños y jóvenes. Con posterioridad, por mis resultados, trabajé en la EIDE de Playa Rubén Martínez Villena y la EIDE Mártires de Barbados, con las categorías 12-1 y 14-15 así como juveniles.

“Años más tarde fui seleccionada para entrenar en el CEDA, Centro de Desarrollo Deportivo, que radicaba en La Lisa hasta que en el año 1991 me voy de misión deportiva hacia México, donde permanecí hasta el 95. Allí coseché innumerables éxitos con mis alumnos juveniles. Al regresar me jubilé, aunque nunca me he desligado de mi gran amor: el atletismo.

“Ahora mismo, ¿dónde estamos? en la gala anual que reconoce el esfuerzo de nuestros muchachos, algunos de los cuales tienen su mirada puesta en Tokío 2020, y otros, más jóvenes, en el próximo cuatrienio olímpico.

“Ahí están el saltador de longitud Juan Miguel Echevarría, el triplista Jordan Díaz, la heptalonista Yorgelis Rodríguez, las discóbolas Yaime Pérez y Delia Caballero; Rosmery Almanza, que ganó tres medallas de oro en Barranquilla, excelente corredora de 800, y más veteranos, la garrochista Yarisley Silva y el decatlonista Leonel Suárez”.

Entre todos ellos y algunos que siempre se escapan no hay velocistas Miguelina. ¿Por qué si siempre los hubo, antes y después del 59, en este siglo se han perdido, y apenas se puede armar un buen relevo?

“Es una asignatura NO pendiente sino suspensa. En los juveniles aparecen algunos, pero cuando viene la hora buena, se esfuman. Entrenadores capaces hay, no sé qué sucede. Nosotros somos caribeños igual que los jamaicanos, trinitarios. No sé por qué no surgen los Figuerola, Silvio, Miguelina”.

 

“En los juveniles aparecen algunos, pero cuando viene la hora buena, se esfuman. Entrenadores capaces hay, no sé qué sucede”

 

Miguelina Cobián fue exaltada al Hall de la Fama de la Confederación Centroamericana y del Caribe de Atletismo en el 2005, y fue seleccionada en varias ocasiones entre los 10 mejores atletas de Latinoamérica y Cuba.

Ahora vive tranquila, rodeada de su amada familia, donde los sobrinos gozan de un especial amor; en compañía de sus santos africanos con Yemayá a la cabeza, y sus santos católicos, y es que siempre se enorgullece diciendo que ella fue bautizada, hizo la comunión y la confirmación en la Iglesia de la Virgen del Cobre en su querido y siempre presente Santiago de Cuba.

 

 

Tomado de: CiberCuba

 

 

1 comentario

    • Chikungunya en 11 enero, 2019 a las 10:53 am
    • Responder

    Tremenda corredora, Sivia Chivás, guantanamera, tomó el batón de relevo después de su retiro y en Munich 72 ganó el bronce en la final del hectómetro y en el elevo 4 x 100.

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