ANÍBAL MEDINA Y SU PASIÓN POR EL TERRENO

ANÍBAL MEDINA Y SU PASIÓN POR EL TERRENO

Colaboración del peñista Janiel Izaguirre Castiñeyra

 

 

Tomado de https://pelotacubanablog.com/2019/01/16/anibal-medina-y-su-pasion-por-el-terreno/

 

 

 

 

POR DAGOBERTO ARESTUCHE FERNÁNDEZ

«Quienes jugamos cuando Víctor Mesa era el mentor de los Co­co­drilos reconocemos el rigor con que dirigió, pero también que ese propio sistema nos sirvió para for­jarnos, porque sus enseñanzas fue­ron más allá del deporte».

Así manifestó Aníbal Medina Pérez, el jo­ven camarero de los Cocodrilos de Matan­zas, en entrevista exclusiva para esta redacción, mo­men­tos antes de trasladarse hasta los terrenos del Victoria de Girón para realizar una jor­nada de preparación técnica como parte de su re­ha­­bilitación.

«Desde hace más de dos meses, y luego del pelotazo que recibiera del lanzador derecho Alyanser Álvarez, de Mayabeque, en la segunda comparecencia al cajón de bateo el 12 de agosto último, los médicos me dieron de alta.

«Fue una recta elevada que no pude esquivar y me produjo una fractura en el hueso molar. Me operaron en el hospital Faustino Pé­rez, y agradezco mucho al equipo médico, tal es así, que a los 60 días es­taba re­cuperado.

«Cada tarde, tres días a la semana, voy al es­ta­dio con los técnicos Ramón Benítez y Landy Ar­cos, y los dos restantes acudo a un gimnasio en Versalles, para la preparación física, apo­­yado por el profesor Alexis».

Aníbal dijo que está exento de la temporada beisbolera provincial –marcha por semifinales–, y que los actuales entrenamientos se centran en la 59 Serie Nacional, «pero también para cualquier torneo al que sea llamado e, incluso, tengo en cuenta el histórico acuerdo suscrito entre la Federación Cubana y las Ligas Mayores del Béisbol (MLB) de Esta­dos Unidos».

Aníbal, que nació el 18 de agosto de 1991 en la finca San Pedro Ferrán, en Co­rralillo, Villa Clara, regresa al diálogo inicial y cuenta una de las anécdotas, de las que estuvieron colm­a­dos los años en que la “Explosión Na­ran­ja” di­ri­gió a los Saurios.

«Cada vez que cometía un error, y los de­más también, al concluir el juego había que fildear una caja de pelotas. ¿Cuántas?, 50, 60, 70 ro­llins. Parecerá una medida drástica, pero te hacía concentrarte al máximo en el próximo encuentro y cumplir con el objetivo: jugar bien, entregarte por completo y estar atento siempre.

«No solo a él, sino al también profesor Víc­tor Figueroa agradezco cuanto he logrado, y considero que, si vas a jugar, defender tu franela, por el bien del béisbol y respeto al público, hay que ser disciplinado en el terreno y fuera de él. Directores y demás técnicos están pa­ra formarte, o si no es el caos, y eso nadie lo quiere».+

Habla entonces de su llegada al equipo éli­te, cuando jugó dos temporadas inicialmente bajo el mando de Wilfredo Menéndez y luego las primeras cuatro con Víctor. «Aca­baba de sa­lir de las filas juveniles, con 18 años. Ca­te­go­ría esta con la que hice el equipo Cu­ba al Pa­na­mericano de Venezuela, en el que promedié 300, de 30-9.

«Estuve seis años de jugador de cambio, ba­jo la sombra de José Miguel Fernández, una estrella en la intermedia, al extremo de que ahora juega en la MLB. Su salida permitió que asumiera como regular, y gradualmente ad­quirí las herramientas para desempeñarme con el guante y el bate. Eso sí, me en­trego en cada partido para rendir el máximo».

Y si bien estuvo cerca de hacer el equipo pa­ra el Clásico Mundial del 2017, con un año envidiable para cualquier camarero, al fildear y batear de lujo, agrega: «Sí, quedé entre los úl­timos 50 peloteros de la preselección nacional, y me entregaron el traje, pero luego se de­­­cidieron por otros. Lastimoso fue el pelotazo que impidió que pudiera defender a los Co­co­drilos en esta 58 SNB».

El reconocido pelotero recordó cuando en su primera experiencia en Series Nacionales su oportunidad al bate fue de emergente por Yoandri Gar­­lobo, y dio jonrón al entonces equipo Habana. Al verlo, llama la atención que su corpulencia sea superior a la que habitualmente percibimos de él: «Sí, los médicos me indicaron aumentar de peso; estoy en 81 ki­logramos, lo ideal para mi estatura de 1,76 m. Ahora debo mantenerlo».

DE LAS LOMAS AL YUMURÍ

Medina llegó a Matanzas mucho antes de lo que algunos imaginan: «Tenía 14 años cuando me presenté en Villa Clara, pero no me admitieron en la Eide porque era pequeño y poco corpulento. Entonces un amigo de Ofelio, mi abuelo materno, le habló de Matanzas. Vine y matriculé en la de acá como lanzador, porque las demás posiciones estaban ocupadas. El cur­so había avanzado».

En la categoría 15-16 tuvo entre los preparadores a Guillermo Heredia (padre), y con él comenzó en la intermedia, y terminó en los ju­veniles con Mario ‘Mayito’ Domecq como di­rec­tor. «De todos recibí la savia del conocimiento».

Estudiante de primer año de licenciatura en Cultura Física, Aníbal concluye: «Me siento bien, mi vida es la pelota, y cuenten conmi­go, defenderé a mi equipo en la próxima Serie Nacional. Me recupero con la misma pasión con que jue­go».

3 comentarios

    • felix en 17 enero, 2019 a las 10:18 am
    • Responder

    muy buena entrevista y se evidencia mucha sinceridad y modestia en ella por parte de Anibal. gracias al autor.

    • Fresneda en 17 enero, 2019 a las 10:23 am
    • Responder

    Así es como se habla, que tengas buena recuperación y puedas volver pronto al terreno, siempre se te ha visto como un jugador estable y sacrificado, aprovechas mucho tu turno al bate y juegues fuerte en la defensa, mucha salud…

    • Rojo de Metro en 18 enero, 2019 a las 11:08 am
    • Responder

    La primera vez que lo vi con un uniforme puesto me dije..¿Y de ahi van a sacar un pelotero?. Y resulta que como casi siempre, y para bien, yo estaba equivocado. Pelotero de los que le pone a la pelota lo que lleva.

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