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BARCELONA — Josep Maria Bartomeu, el presidente del Barcelona, no mintió este miércoles al afirmar que Valverde será el entrenador azulgrana la próxima campaña. Pero tampoco dijo la verdad. No la dijo porque de la misma forma que en abril de 2018 en los despachos del club hubo quien apostó por la salida del técnico, en enero de 2019 no puede asegurarse nada. De hecho solo puede temerse una cosa: si el Barça no supera los cuartos de final de la Champions, las palabras de Bartomeu se las llevará el viento…

Firmado o pendiente de firma, la permanencia durante un tercer año de Ernesto Valverde como entrenador del Barcelona está directamente ligada a los resultados que coseche el equipo azulgrana en esta segunda y decisiva parte de la temporada.

Cauto, y conocedor de cómo funciona este negocio, el propio técnico ha sido siempre claro en su discurso, que no es otro que dejar pasar el tiempo a la espera del desarrollo del tramo final de la campaña. “No pienso nunca en lo que es el largo plazo y no nos vamos a engañar. No ganas y todo el mundo mira al entrenador… Miro de cumplir los objetivos y, como queda tanto, ya veremos qué pasa”, explicó Valverde de manera gráfica a BarçaTV, en la única entrevista personal concedida a los medios del club y trasladando la sensación obvia de inestabilidad que tiene cualquier entrenador. Más en el Barcelona.

El club está más cómodo con Valverde de lo que el técnico lo está con el club. Cuando en abril de 2018, tras el desastre de Roma, se catapultó al plano la duda respecto a su continuidad, el entrenador se sintió engañado y profundamente decepcionado, llegándose a especular, lo que él no desmintió hasta final de curso, que pudiera dejar el Camp Nou en el verano de 2018. No lo hizo, mantuvo inalterable su contrato… Y a partir de ahí, como repite de manera constante, “ya veremos qué pasa”.

TRANQUILO
Pasa, de momento, que los movimientos deportivos invitan a pensar en su continuidad, atendiendo a que la incorporación de Jeison Murillo estuvo directamente apadrinada por él y que el fichaje, o cesión, de un delantero se trabaja bajo su liderazgo, después quedarse sin Munir por orden de la directiva pero con la promesa, más o menos firme, de la llegada de un ‘9’ que ocupase las espaldas a Luis Suárez hasta final de temporada.

De Valverde se aplaude tanto su honestidad en el discurso (guste o no en sus decisiones no engaña) como su gestión de vestuario, navegando con calma a pesar de las tormentas que se han sucedido, primero con la suplencia de Arturo Vidal, después con el absentismo de Dembélé y, más tarde, con las críticas a Coutinho.

Bien valorado, y apoyado, por los pesos pesados del vestuario, con Messi al frente (lo que supone sin duda el mejor salvoconducto), el entrenador cuenta con el favor de su plantilla y el respeto, momentáneo, de la junta, expectante como está todo el club de conocer el desenlace de la temporada.

Conquistar el triplete le convertiría en intocable, tanto como conquistar la Champions y repetir la Liga. Entonces sería él, Valverde, quien tendría la sartén por el mango. Si el Olympique de Lyon diera la campanada y eliminase al Barça, sin embargo, todas las declaraciones de intenciones hechas por Bartomeu desaparecerían. Es la ley del resultado, más que nunca en boga alrededor del Camp Nou.