Valery Fernández, con 19 años y un puñado de partidos en la elite, dio vida a Girona. Christian Stuani y Doumbia, el histórico pase a los cuartos de final de la Copa del Rey tras sacarle el empate 3-3 al Atlético de Madrid en el Wanda Metropolitano.

Tres disparos a puerta fue todo lo que necesitó el conjunto catalán para llevarse una eliminatoria que habían empezado a cocinar desde la ida, momento en que tomaron la medida al Atlético de Madrid.

En otro partido en que las decisiones arbitrales fueron sometidas a un escrutinio inusual, reclamadas con fiereza por la afición local pasaran o no por la sala de videoarbitraje, sobre todo si lo hacían, el Atlético de Madrid sucumbió un poco a la frescura del futbol del cuadro catalán, y un mucho ante sus propios defectos.

El camino se empezó a torcer desde temprano. Vitolo, que lleva semanas haciéndose indispensable para el ataque rojiblanco, fue baja de último minuto por la enésima lesión muscular (propia y del club).

Fue Lemar el que tuvo que acompañar a Nikola Kalinic y Ángel Correa en ataque. Y en casi cada toque, un error. El francés no termina de arrancar y así le va al Atlético de Madrid, que entonces tiene que recurrir a caminos más intricados para llegar al gol.

Lo consiguió pronto, eso sí, cuando un soberbio pase desde atrás de Godín encontró a Kalinic, quien tras un buen desmarque puso el 1-0 con un derechazo de primera.

Girona apretó, pero no encontraba la forma de superar a la pareja uruguaya en la central y fue el Atlético el que tuvo cerca el segundo varias veces, incluyendo un tanto anulado a Kalinic por fuera de lugar en el disparo anterior.

La grada rugió en protesta pero de nada sirvió. El VAR ratificó la decisión del silbante Mateu Lahoz. En eso estaban, desperdiciando oportunidades por llegar a destiempo, cuando Valery decidió dejar su huella en Madrid.

En una jugada que en principio no debía poner en mayores aprietos a Antonio Adán, el atacante de Girona se lució con un derechazo ante una escandalosa distracción de Santiago Arias, que entró caminando al área y no se dio cuenta que el extremo español llegaba solo desde atrás.

La situación empeoró para los locales poco antes de que se cumpliera una hora de juego cuando Saúl pidió su cambio por un problema muscular. Rodrigo fortaleció la zona de recuperación, pero les costaba más llegar. Pocos minutos después, Christian Stuani marcaba el tanto de la sentencia.

Otro error de la defensa rojiblanca, esta vez en el cobro de una falta, en que dejaron completamente solo al uruguayo para que rematara de cabeza con toda la libertad del mundo.

La desventaja hizo que Simeone tomara medidas enviando a Antoine Griezmann, que descansaba en la banca, a la cancha.

Con el “salvador” en la cancha, Atlético se volcó en busca de la puerra de Iraizoz. Y acorde con su labor, se sacó de la manga una triangulación con Kalinic y Correa, para que el argentino pusiera las tablas 2-2.

A partir de entonces, el Atlético vivió 20 minutos angustiosos en el que vio otro tanto anulado por fuera de lugar (y de nuevo ratificado por el VAR), y un par de buenas paradas del arquero vasco. Con cinco por jugarse, Atlético se veía fuera. De nuevo tuvo que aparecer Griezmann con una genialidad, no sin colaboración de Lemar, que decidió dar señales de vida con un pase sublime por encima de la defensa para que Griezmann, casi sin ángulo, lo incrustara en la parte alta de la red.

Atlético celebró el pase por todo lo alto y más Griezmann, que se quitó lal camiseta y corrió a celebrarlo con la grada. Antes de tiempo. Dos minutos después, Doumbia hacía historia con el tercer tanto catalán.