Jorge Yhonson: Comenzamos a ser campeones cuando aprendimos a soñar

Jorge Yhonson: Comenzamos a ser campeones cuando aprendimos a soñar

Por Dubler R. Vázquez Colomé

Foto: István Ojeda Bello

Las Tunas.- A Jorge Yhonson lo capturé ya cuando doblaba por tercera rumbo a La Habana, donde los Leñadores de Las Tunas completarán su preparación para la Serie del Caribe.

Durante su último entrenamiento en el “Mella”, el Jugador Más Valioso de la postemporada 2019 accedió como siempre a conversar con 26 Digital, armado de la gentileza y la lucidez impresionante que le conocemos, ya calmado tras aquella noche de locos en la que decidió el juego más importante en la historia de la pelota tunera.

“Ahora mismo estoy en shock, no tengo palabras…”, atinó a decir entonces, aunque ahora pareciera que las escoge con mesura, las hilvana con impecable sentido y entabla una conversación fácil y fluida, que reconforta siempre.

“Creo que se logró algo muy importante, en un momento donde Las Tunas lo necesitaba. Y para mí hubo tres cosas relevantes: primero, siempre fuimos una familia, en los momentos difíciles supimos apoyarnos entre nosotros y asumir cada uno el rol que le tocaba; segundo, trabajamos mucho para lograr esto; y tercero, la exigencia, el compromiso del uno con el otro, el no permitir que el que estuviera al lado se esforzara más que uno… esas cosas tributaron a la victoria”.

Ahora que han transcurrido unos días, ¿eres consciente de la hazaña que consiguieron?

Realmente estoy aún muy emocionado de ver cómo el pueblo de Las Tunas recibió a su equipo de béisbol. Creo que ha sido el reconocimiento más grande que hemos tenido los peloteros de esta provincia y eso al mismo tiempo nos compromete a seguir trabajando, a hacer lo máximo en el día a día, a luchar, a no rendirnos nunca, a defender la camiseta de Las Tunas en la instancia que estemos.

En aquellos años en que Las Tunas apenas ganaba y Jorge Yhonson ni siquiera era titular, ¿cuán lejos veías una posibilidad como esta, el milagro de ser campeón?

Eso uno lo sueña desde chiquito. Cuando uno se enamora de este deporte, siempre sueña con algún día ganar, pero realmente como decías yo fui parte de aquellos equipos, cuando se perdía mucho, y la verdad es que sí se veía bien lejos.

En aquellos años no encontrábamos solidez, teníamos muchos problemas dentro del terreno de béisbol, con infinidad de individualidades, pero sin concretar un resultado. Solo que fuimos madurando y ya con el primer Campeonato que ganó Granma, supimos que nosotros también podíamos, que si éramos capaces de mantenernos unidos, de trabajar en equipo, de hacer las cosas bien dentro del terreno, el título era posible.

La prensa nacional te eligió el Jugador Más Valioso de la postemporada. ¿Qué se siente ser considerado el pelotero más importante del equipo justo en la conquista de su primera corona?

No, no, no… yo no lo veo así. Creo que fui un jugador que hizo las cosas bien en su momento, pero no el más importante. Considero que cada una de las piezas del equipo aportó lo suyo en cada instante decisivo y por eso pudimos derrotar 4-1 a un gran equipo, como es Ciego de Ávila, y a un inmenso Villa Clara, también en cinco juegos.

Creo que hay muchos Jugadores Más Valiosos en este equipo de Las Tunas. Ahí tienes a Yoelkis Cruz, por primera vez en rol de relevo, cerrando, asegurando los partidos muy fuerte, muy sólido, como si lo hubiera hecho toda la vida. El resto de los relevistas haciendo su trabajo en los momentos de debilidad de nuestro picheo; los refuerzos, Alomá, Ayala, inspirados, deseando de verdad ganar con esta camiseta. Ahí está por supuesto Yosvani (Alarcón), Larduet, Quiala, en fin, todos…

A mí me tocó esta distinción, pero la comparto, la disfruto junto con ellos y en mi cabeza no cabe que fui el jugador más importante. Lo fundamental es que fuimos un equipo bien unido y por eso la victoria salió.

Muchos peloteros de este equipo utilizan ese mismo concepto de “familia”. Cuéntame cómo lograr eso, sabiendo de dónde venía el grupo, de las dificultades que en este sentido había arrastrado durante tantos años.

Nosotros empezamos a ser campeones cuando cambiamos la mentalidad. Y claro que hay que destacar a todos los atletas y a los entrenadores, con Pablo (Civil) al frente, pero hay una persona muy especial, vital en todo esto: Edesio Pérez, nuestro preparador físico desde el año pasado, aunque ahora no está con el equipo.

Edesio fue introduciéndose poco a poco en este complicado mundo del béisbol y nos trajo cosas nuevas: nos trataba como campeones y nos exigía como campeones. Creo que ahí comenzamos a ganar, cuando aprendimos a soñar.

¿Y de qué manera te integras tú dentro de esta familia, cómo eres en el día a día, con quién compartes habitación?

Yo soy ante todo una persona muy normal, soy callado, tranquilo, me gusta compartir y ayudar al que lo necesite, siempre dispuesto a trabajar. Y nada, un cubano más con sueños, aspiraciones, defectos, virtudes…

He tenido la suerte de tener un excelente compañero de habitación en estos tiempos, Oberto Coca, uno de los receptores del equipo. Siempre estamos conversando, debatiendo, compartiendo y aunque la convivencia es siempre algo difícil, ya hemos logrado acoplarnos y de solo mirarnos sabemos lo que quiere el otro. Eso es muy importante y nos da una tranquilidad inmensa.

Pero claro, lo que más disfruto es estar en mi casa, con mi familia, mis hijos. Ese es mi espacio sagrado.

¿Cómo vivió la familia estos momentos tan bonitos?

Primero le agradezco a Dios que le haya permitido vivirlos a mi abuela, que ya está viejita y es la que más me ha impulsado y seguido en mi carrera. Esa es pelotera de nacimiento… Además, mi madre, mi padre, muchas personas siempre deseando, exigiendo, preguntándome cuándo iba a llegar nuestra hora.

Ahora llegó el momento y estamos muy contentos todos, pero sobre todo mi esposa, mis hijos… Fíjate que a mi esposa no le gusta mucho la pelota, pero creo que estuvo a la altura del momento, muy contenta, emocionada, siempre ayudando en lo que haga falta, aconsejándome, llevando el peso de la conducción de los niños en el hogar. Sin eso no tendría sentido la alegría de ser campeón.

Y permíteme mencionar y saludar también a mi fan número 1, mi tía Ruth, que vive en La Habana, pero es tunera ciento por ciento.

Los niños, ¿cómo recibieron a papá campeón, Jugador Más Valioso, a papá dando el jonrón más importante?

Mis hijos son lo más grande. Johnatan, con una inclinación al béisbol increíble, siempre dispuesto a jugar. A mediodía en punto, cuando yo necesito descansar, es cuando él quiere que yo le lance pelotas para batear… (risas).

Mira, tengo una anécdota. Estábamos en la casa compartiendo todos el fin de año y alguien le pregunta como qué pelotero quisiera ser. “Como Alomá” (risas). La madre le dice que por qué como Alomá si su papá es muy buen pelotero. “Sí, pero mi papá nunca da jonrones…”

Y ahí le dije: “Yo no sé qué tú te vas a hacer cuando yo dé seis jonrones en este play off“. El niño me miró como diciendo: “¿Tú dando jonrones?” (risas).

Para mí es algo muy lindo, los hijos son lo más grande que un hombre puede tener.

¿Y el Jorge Yhonson niño, cómo llega al béisbol?

Yo vivía en Jesús Menéndez con mi mamá y tenía seis años la primera vez que me llevaron a un estadio. Fue un partido de la Serie Provincial y desde que entré y vi el campo me enamoré para siempre de este deporte.

Ya a los nueve entré a la Eide, aunque aquellos fueron momentos muy difíciles, porque mis padres no querían que viniera y mi abuela tuvo que imponer su voluntad. Dijo que sí, que si era lo que yo quería ella me apoyaba, y así comenzó la historia de Yhonson en el béisbol.

¿Qué tan difícil ha sido el tránsito hacia el pelotero estelar que eres hoy y hacia esa persona reflexiva, que da la impresión de escuchar mucho y pensar siempre lo que va a decir?

Ha sido muy complicado, pero creo que cada persona termina encontrando su propio camino. Al principio fue muy difícil y quizás no tuve el apoyo de algunas personas, aunque también entiendo que esa confianza había que ganársela. Hubo mucho sufrimiento, pero aprendí a ser paciente, me comprometí y trabajé duro. Creo que el éxito estuvo en la fe, en los deseos de salir adelante, y eso siempre se lo comento a los jugadores más jóvenes, que si hoy las cosas no salen bien hay que seguir hacia adelante, porque la vida te da segundas oportunidades y todo se puede revertir.

Precisamente, hay una confluencia de talento joven con figuras ya establecidas en el equipo. ¿Se puede esperar efectivamente que comience ahora la era de los Leñadores?

Tenemos un equipo muy competitivo, con una generación que ha estado muchos años sufriendo y, ahora que hemos cambiado la historia, creo que todos estamos mentalizados en seguir unidos como una familia, en querernos y ayudarnos. De esa manera podemos volver a ganar, no todos los años por supuesto, pero sí manteniéndonos dentro de la élite del béisbol cubano.

Hay mucha similitud entre la historia de los Leñadores y la de esta provincia pequeña, que ha tenido que ir abriéndose paso poco a poco. ¿Están ustedes conscientes de que son una fuente extraordinaria de inspiración para todos los tuneros?

Es un orgullo poder formar parte de procesos que marcan la vida de tanta gente. No hay cómo agradecer cuando un niño te pide hacerse una foto, o cuando alguien te quiere saludar por la calle. Lo más reconfortante es sentir que se reconoce nuestro esfuerzo y seguir siempre ahí, dándole al pueblo esta pasión que es el béisbol.

Después de darle tanto al béisbol, este te recompensa con un Campeonato. ¿Qué más puedes dar, qué falta por recibir?

Para mí lo fundamental es ser capaz de disfrutar de la pelota. Antes solo me enfocaba en rendir, porque necesitaba ser titular, pero con el tiempo aprendí a disfrutarlo. No sé hasta cuándo podré seguir, no sé si hasta la edad que tiene ahora Dánel Castro. Pero lo que sí te puedo asegurar es que gracias al béisbol hoy soy un hombre de bien, me ha educado, me ha enseñado a ser una buena persona. Y eso es lo más importante.

1 comentario

    • Luisk en 25 enero, 2019 a las 4:27 pm
    • Responder

    Ese es de los buenos sencillo y honesto. Solo verlo con sus niños de mano por la calle cuando termina el juego… riendo con ellos y disfrutando de su compañia… solo eso es admirable.

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