NPB; Cómo se comportan las estrellas deportivas japonesas

12:20 pm

 

 

El Bate del Samurai Published. Written by Claudio Rodríguez Otero

 

 

 

   La edición digital del diario Nikkan Gendai publicó este jueves un artículo en el que criticó duramente al cubano de los Gigantes de Yomiuri Alex Guerrero debido a su actitud prepotente durante los entrenamientos primaverales del equipo.

 

   Ya hemos explicado varias veces en este espacio lo importante que es la armonía en la sociedad japonesa y cómo el individualismo es duramente penalizado precisamente por la forma en que la destruye.

 

   De ahí la dura crítica al toletero antillano, quien según el mencionado medio se vive jactando de lo lejos que llegan sus jonrones en las prácticas y se rehusó a reunirse con su manager el año pasado cuando éste lo solicitó, razón por la cual vio menos acción de la esperada.

 

   En el mundo occidental el divismo no es necesariamente bien visto, pero sí es aceptado y ocurre a menudo, como en los casos del futbolista Cristiano Ronaldo, el beisbolista Alex Rodríguez y la luchadora Ronda Rousey, por mencionar algunos ejemplos.

 

   Este tipo de personalidades suelen alardear de lo que tienen, de lo superiores que son a sus rivales y del mucho dinero que ganan, además de actuar constantemente de una manera desafiante por creerse que están por encima de la ley.

 

   Actitudes como esas, como se imaginarán, no son bienvenidas en la sociedad japonesa, en la que todos tienen la obligación de pensar y actuar en pro del beneficio común antes de si quiera contemplar su beneficio personal.

 

   Cualquier violación a esa regla acarrea graves consecuencias. Como dice el famoso dicho nipón, “el clavo que sobresalga, será vuelto a clavar”.

 

   Esa es la razón por la cual Guerrero pasó casi todo el resto de la campaña 2018 en el equipo menor de Yomiuri, luego de haber sido bajado a ese nivel a mediados de junio debido a su pobre rendimiento desde la caja de bateo.

 

   Rehusarse a reunirse con su manager, especialmente después de que éste lo haya solicitado, representa una amenaza seria a la armonía del club y, por lo tanto, requiere de un castigo apropiado.

 

   El prototipo ideal del deportista japonés es una persona que atribuye todo su éxito al trabajo duro que realiza a diario y al apoyo de sus compañeros de equipo, sus entrenadores y su manager, ya que nunca hubiese logrado nada sin el apoyo de los mismos.

 

   El escritor estadounidense Robert Whiting, autor de varios de los mejores libros de la historia del béisbol japonés, describe la firma de un jugador con los Gigantes de Yomiuri como el equivalente a ser admitido en la academia militar de West Point.

 

   Se trata del honor más grande que pueda recibir un pelotero japonés, debido a que esa organización representa el modelo a seguir para el resto de los clubes del país, no sólo en términos de éxito deportivo sino también en lo referente a la conducta de sus miembros.

 

   Quizás el mejor ejemplo reciente de lo que un jugador de Yomiuri debe ser y representar es el caso del ex grandeliga Hideki Matsui, quien tuvo mucho éxito en su carrera como pelotero y además fue un ejemplo de caballerosidad como persona.

 

   Nuestro amigo y colega de la versión inglesa del Diario Yomiuri John Gibson nos contó una vez una anecdota del famoso toletero que ilustra perfectamente este punto.

 

   Cuando lo fue a entrevistar una vez en los Estados Unidos, durante su carrera con los Yanquis de Nueva York, lo consiguió sentado en los vestuarios del club leyendo un libro. Cuando se le presentó y le pidió unos minutos para hacerle una entrevista, Matsui cerró el libro y lo puso de un lado, se paró como un militar y le dio toda su intención para que éste comenzara a hacer sus preguntas.

 

   No es que creamos que todos los deportistas deban llegar a esos extremos a la hora de responder las preguntas de la prensa, pero sin duda se les agradecería mucho el gesto de mostrarnos, físicamente, que nos están prestando atención cuando les hacemos una pregunta.

 

   En comparación, una vez entrevistamos al futbolista chileno Iván Zamorano en un hotel en Caracas y su actitud fue toda la contraria a la de Matsui.

 

   Lo encontramos sentado en un sofá del lobby del hotel rodeado de varios fanáticos que lo estaban visitando. Cuando le pedimos la entrevista, éste accedió, pero se quedó sentado donde estaba, abrazando a un par de fanáticas, y nos pidió que le hiciéramos las preguntas desde donde estábamos, sin dejarnos acercarnos a su asiento.

 

   La tenista Naomi Osaka también representa un buen ejemplo del comportamiento que se espera de una deportista japonesa. De piel negra, debido a que su padre es haitiano, no parece ser japonesa a primera vista, pero sólo basta con observar su lenguaje corporal y escuchar la modestia de su discurso para entender rápidamente que se trata de una típica chica japonesa.

 

   Las reverencias que hace cuando saluda a los fanáticos o a las personas que la entrevistan, el corto aplauso de manos que realiza para reconocer el buen punto en contra que le acaba de anotar una de sus rivales y el reconocimiento a su equipo de entrenadores, sin el cual nunca hubiese podido ganar nada, confirman su típica educación nipona.

 

   El venezolano Alex Ramírez, quien tuvo un éxito extraordinario como jugador durante 13 campañas en la NPB y es ahora el manager de las Estrellas de DeNA, ha sabido desde el principio entender, apreciar y adaptarse bien a la cultura japonesa.

 

   Esa es la razón por la cual se ha ganado el cariño y respeto de casi todas las personas con las que ha interactuado desde que llegó al país en 2001 y por la que su exaltación al Salón de la Fama del béisbol japonés es segura.

 

   Cuando Guerrero firmó con Yomiuri en diciembre de 2017, advertirmos en este mismo espacio que se enfrentaría a la famosa maldición que afecta a los extranjeros que se unen a ese conjunto después de haber triunfado con otro equipo japonés.

 

   Tal como la academia militar de West Point, el famoso club de Tokio está regido por una estricta disciplina. Sus jugadores o managers no pueden llevar ningún tipo de vello facial, mascar goma o utilizar redes sociales dentro del estadio.

 

   Ramírez entendió bien esas limitaciones y se adaptó perfectamente a ellas, por lo que se convirtió en el único importado hasta ahora en salvarse de la famosa maldición.

 

   Guerrero, por el contrario, ya fue afectado por la misma el año pasado y actualmente corre el peligro de perder su carrera, no sólo en ese club, sino en el béisbol japonés en general, ya que ningún otro conjunto intentará firmarlo debido a su fama de problemático.

 

   Su temporada 2018 comenzó muy bien, luego de conectar 9 jonrones y remolcar 29 carreras en sus primeros 2 meses y medio de acción. No obstante, fue bajado al equipo menor por pobre rendimiento a mediados de junio y terminó pasando ahí casi el resto del año.

 

   No por culpa de una lesión o modestos resultados a ese nivel, sino por rebeldía en contra de la disciplina del club, lo que resultó en el castigo de quedarse en el conjunto filial por mucho más tiempo del necesario.

 

   Su futuro en Japón depende ahora, por lo tanto, de lo que haga este año. Si logra adaptarse a la filosofía de trabajo de Yomiuri y además arroja buenos resultados, podrá continuar jugando en la NPB. Si no, los más probable es que esta sea su última temporada en el circuito nipón.

 

 

Tomado de: Beisbol Japonés

1 comentario

    • Juan Bermúdez en 4 marzo, 2019 a las 10:24 pm
    • Responder

    A donde vayas tienes que asumir costumbres y respetar tradiciones. Lástima por el cubano y nuestra generalizada falta de respeto que ya excede nuestras fronteras. Saludos

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