¡Lo nunca visto!

6:55 am

 

Por el profesor y peñista honorifico: Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

 

 

 

Beta jugaba con el alma

 

   Ángel Rivera, fallecido hace algunos años, había jugado y dirigido a los Verdugos de Santa Lucía, un fuerte equipo de los años cincuenta del pasado siglo en Vueltabajo. Su hermano Eduardo, a quien llamaron Beta por el color bien oscuro de la piel, se desempeñó en los jardines del team. Con el tiempo, Ángel se convirtió en el principal árbitro vueltabajero, en ocasiones el único que actuaba en las Series Nacionales. Vestía de negro e imponía respeto. Serio, de buen carácter, en el terreno no tenía amigos.

Betún, como lo bauticé, era otra cosa, un jodedor que en la grama se entregaba a partirse el alma. Había nacido el 8 de septiembre de 1939 y falleció en los primeros meses de 2018, en el Viñales que lo acogió como a un  hijo.

No pensé estar en un equipo con él, pues jugaba con las Minas y éramos los eternos rivales, algo así como Habana y Almendares en el profesionalismo, o el Pinar vs Industriales de hoy.La vida nos unió en el Vegueros de la XI Serie Nacional. Lo recuerdo volando de home a primera y en el corrido de las bases. Zurdo de buen batear, fildeaba como el mejor.

   A veces, cuando refresco esta historia, me viene a la mente aquel hombre campechano, amigo de los amigos y bromista impenitente.Al timón del reluciente taxi viñalero, que cuidaba como la niña de sus ojos,ofrecía sonrisas abiertas de marfil en su amplia dentadura.

 

Eduardo (Beta) Rivera (XI Serie Nacional)

 

En la pelota, como en cualquier asunto humano, suceden cosas incomprensibles. Era una tarde dominical con el repleto Capitán San Luis.Gente de Pinar, Artemisa, Guanajay y otros confines vueltabajeros. En la banca, algunos jugadores andaban en  chancletas y camisas por fuera, incluido Betún. Por nosotros lanzaba Julio Romero, contra el henequenero Alfredito García.

Un rolling saltarín entre segunda y primera, hizo desplazarse al zurdo Manolo Cortina (después un excelente entrenador de pitcheo), quien pasó con maestría la bola al lanzador para la asistencia.Jugada cerrada, pero la mayoría vio el tercer out en un desafío donde no se vislumbraban vencedor ni vencido.

El árbitro cargaba con una lesión en la pierna. Tenía la costumbre de arrodillarse cerca de la almohadilla para ver bien la jugada. Técnicamente era impecable. No vaciló y cantó — ¡quieto!, con todas sus fuerzas. Mas cuando fue a recuperarse,cayó al suelo. La dirección y los jugadores salimos a reclamar en condiciones difíciles, ya que el árbitro tenía que ser socorrido. Nuestro director, el Gallego Salgado, se puso colorado y protagonizó uno de sus frecuentes berrinches.

   Entonces fue cuando un aficionado levantó el volumen desde lo alto del dugout de primera: — Ampaya, descarado, tú lo que tienes es hambre. Llévenlo para Rumayor y denle comida para que vea lo que está haciendo.

   La protesta subía de tono. El juez tuvo que abandonar el desafío, pero antes expulsó a más de uno en aquel enfrentamiento Vegueros-árbitro. A mi lado, en el dugout estaba Beta, quien respaldaba el out, pero a su hermano lo ofendían en lo más profundo.Extraña paradoja.

— No esperen más, llévenlo para Rumayor, seguían los gritos…

Cuando ya no pudo soportar los improperios, en medio de la protesta salió de la banca con la camisa por fuera, se viró para las gradas, divisó al que profería insultos a su sangre y, sin que el aludido entendiera:

— Tú estás equivocado. Ese come mejor que tú, en su casa no le falta la comida, tiene más vergüenza que tú. Cuando se acabe el juego yo te cojo, lo que eres un cobarde, gritarle así a un hombre en el suelo.

   ¿Cómo explicar que un pelotero del equipo agraviado defendiera al umpire? Algunos le contestaron cortésmente, pero el aludido no sabía qué hacer. Sujetamos a Beta, porque quería subir a fajarse con el fanático. Silencio en la instalación. El noventa y cinco por ciento de los presentes no entendieron ni papa del asunto.

   No recuerdo ni quiero recordar si aquella tarde nublosa ganamos o perdimos, pues el show, sin desearlo, estuvo a cargo de los Rivera de Santa Lucía y el fanático encendido. Por mucho tiempo no se habló de otra cosa. Días después bromeábamos con Beta y recordábamos el percance.

Después debieron reír, porque no es cosa de todos los días. Pase usted revista a los recuerdos, vaya estadio por estadio del país y fuera de Cuba, trate de encontrar algo similar y cuéntelo; lo merece.

   Cuando terminó el juego nos fuimos al albergue y no se habló más del asunto. Beta, como siempre, se vistió elegantemente, bien perfumado.

   Fue entonces que se escuchó la voz del parsimonioso Nilo H Delgado: — ¿Y así vas a fajarte con el hombre?

 

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga.

Junio de 2019.

 

 

 

4 comentarios

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  1. Siempre interesantes las anécdotas del Profe Osaba. Gracias por la entrega siempre en primicia.

    • Amaya en 17 junio, 2019 a las 9:44 am
    • Responder

    Vaya paradoja, aun cuando eran hermanos, el arbitro y el jugador, por cierto Osabaita, Nilo Delgado aun está vivo

      • enrique15 en 17 junio, 2019 a las 2:28 pm
      • Responder

      Muy graciosa la anecdota, me hizo reir, la verdad. Hablando de cosas parecidas, Amaya, siempre se da por sentado que el Latino es el estadio más dificil para los equipos que van allí a jugar, pero yo te puedo decir que hasta mediados de los 90, o sea, antes que la pelota decayera en Matanzas, el Victoria de Girón era el estadio más dificil… para el equipo de casa. Jajaja, así como te lo digo, el aficionado habanero se pone de madre con el contrario pero a los Industriales los miman hasta la saciedad. Yo recuerdo estar en el Latino en los años 80 con Industriales perdiendo por 8 carreras y el público ahí, empujando hasta el final esperando la reacción. En el Victoria no, allí en los dobles juegos el estadio se llenaba y se vaciaba dos o tres veces en la misma jornada, según como fuera el equipo. El matancero siempre fue duro con su equipo. Por eso te cuento esta anecdota:
      Jugaban los Citricultores contra no recuerdo qué equipo pero sí sé que era uno bueno, con el que discutían las primeras posiciones, era un domingo, el juego reñido. De pronto, los Cítricos amenazan con empatar, Roberto Masa (receptor muy bateador que llegó a hacer el Cuba al Mundial de Japón 80) da un batazo entre right y center, la bola va hasta lo último, Masa corre como un loco y cuando pasa por encima de segunda vuela por encima de la base sin tocarla. Mi primo, que estaba a mi lado, me dice: Este cab… no pisó segunda compadre. Medio estadio se dio cuenta también. Masa es el héroe, limpió las bases, quedá él en tercera con el empate en sus piernas. El equipo contrario reclama y el árbitro canta ¡Out!. Masa se descompone, grita, reclama, hace gestos… y entonces medio estadio comienza a gritar: ¡Bótalo!, ¡Bótalo!,¡Bótalo!,¡Bótalo!. Jajajaja Y eso mismo hizo el “ampaya”, lo expulsó. La gente no le había perdonado a Masa que echara a perder su heroicidad con su descuido. Así era el público matancero, exigente al máximo con sus atletas. A nadie se le ocurrió gritarle al árbitro que de golpe había acabado con la amenaza matancera.
      Y te tengo otra, relacionada con uno de los más grandes peloteros que ha dado la provincia: Fernándo Sánchez. Fíjate si no perdonaban. En otro juego reñido, Fernando, que no había tenido una buena campaña y había fallado varias veces en momentos cruciales, va al bate con las bases llenas, todo el estadio en expectación, esperando el batazo. Strike uno, la gente sigue gritando, aupando a Fernando, strike dos, no importa, él la da. Strike tres sin tirarle. Se hizo un silencio sepulcral en el estadio, Fernando avergonzado se mete el brazo debajo del brazo y emprende el camino al dogout. Casi llegando a este, en medio de aquel silencio, de pronto se inclina un ofendido aficionado y le grita casi a boca de jarro:¡Pa´la cañaa! Debo decir que me da pena decirlo, pero el estadio se vino abajo. Jugar en el latino podrá ser dificil, pero para los jugadores de Matanzas en los años 70-80 la cosa no era fácil en su propio parque.

  2. Tremenda historia la de los hermanos de Santa Lucía. Yo viví allí hasta que tuve 18 años y siempre escuché que mi pueblo tenía gran tradición beisbolera, pero nunca supe de esa historia, desde muy pequeño me interesaron más el ajedrez y el baloncesto que nuestro beisbol. Espero que en un futuro cercano salgan más talentos de beisbol en mi zona, pues desde Yosvani Torres no ha habido nadie que nos ilusione.
    Gracias por esta historia y ojala publiquen más.

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