24 y 18

1:21 pm

 

Por el profesor y peñista honorifico: Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

 

 

 

No hay evocación más 

poderosa en este mundo

que la nostalgia

Félix Julio Alfonso

 

 

El joven de veinticuatro miraba absorto los movimientos del que solo había cumplido dieciocho y recorría los alrededores de la segunda almohadilla como si hubiera nacido allí. Adelante, atrás, a la derecha, hacia la izquierda. Pronto el joven comprendió que el mejor trance de su carrera, buena en su pueblo, regular en la provincia y pobre en el país, sería admirar las virtudes de quien nunca podría considerar un rival, por la limpieza de sus acciones en el cuadro y un talento desbordado.

 

El jovencito Alfonso

 

Alguna que otra vez envidió a quien ensayaba movimientos de artista emérito y salía, a las seis y treinta de la mañana, a la grama del San Luis para, con un montón de pelotas a los pies, lanzarlas contra la parte baja del dugout de tercera, donde había marcado un estrecho círculo en el que hacía diana. No pedía tregua el muchachito, bufaba como si estuviera descompresionando en las profundidades del mar antes de ejecutar la ceremonia. Bien podía estar una, dos, tres horas…

En las prácticas era el primero y el que más bolas atrapaba, ningún coach quería «fonguearle»[1]. Se “hacían los suecos” para ejecutar una ceremonia ancestral que se remonta a cuando los iniciadores lo hacían entre ellos mismos antes de alcanzar los «pitenes»[2]. La actitud se delataba cuando el de veinticuatro ocupaba su turno y los entrenadores, solícitos, se turnaban para unas habituales cuarenta repeticiones. El de dieciocho tenía capacidad para atrapar cuatrocientas, o más.

Torpederos y antesalistas lo buscaban para practicar los double plays. El de veinticuatro se quedaba con las ganas, predestinado a ensalzar las virtudes de quien nunca vio como rival, porque no lo era. Ellos harían amistad. El más joven motivaría al otro, cuatro décadas después, para recordarlo con letras aprendidas en cientos o miles de libros estudiados, desechados, y algunos vueltos a leer.

 

(XI Serie Nacional) Osaba al centro, con Gustavo González y Felipe Álvarez

 

Aquella sangre bisoña traía costumbres ancestrales de dioses, santos, brujerías no aceptadas por otros y cosas que se aprenden en el batey de un central, con predominante raza negra. Las tradiciones de religiones afrocubanas, nacidas de grilletes y ritmos, semejaban una mezcla deportivo-musical que mucho daría que hablar en el quehacer de la Isla.                                                               

El joven de veinticuatro y el muchachito de dieciocho venían por diferentes caminos, uno blanco y de familia con holgada situación económica, no burguesa ni aristócrata, pero con salarios suficientes para acariciar la comodidad. El otro, mulato de diaria lucha por la subsistencia en el rudo trabajo del azúcar. Uno estudió en las mejores escuelas, el otro en la escuelita multigrado del batey.

La voluntad de sacrificio del muchachito para perfeccionar su juego no tenía límites. Una mañana se le ocurrió que ganaría un paso al corredor si en los double plays tiraba para primera sin mirar. Lo comentó con el otro, quien pensó en un disparate, pero con la ayuda de algunos, él incluido, repitió la ceremonia hasta perfeccionarla, al extremo de que cuatro décadas después, cuando se encuentran en el estadio, con un guante y una pelota la repite a la perfección. Merece patente de inventor, un premio en eventos científicos. Nadie ha repetido esa virtud. ¿Incapaces? ¿Temor al plagio? A estas alturas se descarta la segunda opción.

Con tales atributos nació quien pronto se encumbraría para desalojar de la intermedia a un gran matancero. Pasearía por el mundo sus dotes y se adentraría en el corazón de millones.

 

Muchos años después (Centro Hermanos Loynaz)

 

Con inteligencia para sortear los escollos de un juego complejo, paciencia de relojero y sabiduría de Gran Maestro, supo erguirse entre todos como perenne capitán. No fue modelo de disciplina, no podía serlo por rebelde con causa, por los golpes de la vida y tantos sinsabores que, genialidad por medio, se convertirían en gratos sueños cumplidos.

A la hora de hoy, es quien carga más pergaminos de oro en nuestra pelota. Ora jugador, ora manager intra y extra fronteras. Para muchos parecía imposible, otros podrían adelantarse.Pero lo cierto, lo inconmensurablemente cierto, es que aquel muchachito de 18 años, hace raro escaló la cumbre.

Jugador, entrenador, managerdel patio y más allá, ídolo de multitudes y muchas otras cosas, no ha dejado de soñar con su deporte favorito: el baloncesto, donde alcanzó muchas facultades, pero tuvo que dejarlo por «enano».

Varias pupilas lo descubrieron para el béisbol. Pero si hay que definir su mejor virtud, sin vacilación, la de conservarse un muchachito de Orozco, con igual rebeldía y el sosiego de los años. El joven de 24 así lo lleva consigo.

 

 

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga.

junio de 2019.

 

[1] Los entrenadores, en las prácticas, conectan rolatas y elevados para que los jugadores del cuadro, y también de los jardines, puedan ejercitarse.

[2]Picked ten: Palabra que derivó al español usado en la Isla como pitén. Llamábase así a los equipos improvisados para juegos en descampados y otras formaciones populares. En los orígenes del juego actuaban diez peloteros, incluido el right short. Por consiguiente, era una decena.

 

 

 

9 comentarios

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    • Amaya en 18 junio, 2019 a las 3:19 pm
    • Responder

    Siempre admirable nuestro gran Alfonso Urquiola, este artículo fue presentado en el ultimo encuentro que tuvimos

  1. Muy especial la manera de relatar sus memorias como siempre el profesor Osaba, grandes los dos el de 18 y el de 24, hoy uno en la dirección y el otro en la palabra, pero grandes los dos.

    • Jose Acosta en 18 junio, 2019 a las 3:57 pm
    • Responder

    Buena narrativa sin dudas, mejores aun las vivencias de un grande la pelota de Cuba.

    AMIGOS, les quiero comentar otro tema, hace unos días sostuvimos un ameno dialogo entre los que saben de Baloncesto y los que como yo nos dejamos llevar por el embullo de la victoria contundente de los Raptors.
    Bueno ayer lunes 17 fue la celebración, participaron mas de 20 millones de personas, algo fabuloso, estaban desde el primer ministro Justin Pierre Trudeau hasta personalidades de toda la casta de Canada, todo termino como la fiesta del wuatao, unos locos de esos que hay mas de los que imaginamos, aparecieron en el tumulto haciendo disparos hay muertos y heridos, no narro los detalles pues no los tengo, pero la matazón de gente corriendo fue bien triste, así de locos esta este mundo, eso en Toronto una de las ciudades mas seguras del mundo pero no infalible, por suerte mi hijo no fue y mi susto fue menor.

    1. Caramba hermano, una celebración se convierte en desgracia por culpa de unos desalmados que hacen pagar a vidas inocentes sus frustraciones en la vida, doloroso en verdad. De esto no había leído nada aún. Saludos.

      • Amaya en 18 junio, 2019 a las 4:55 pm
      • Responder

      Como usted mismo ha dicho gran amigo José, mil gracias a que nuestra divisa fundamental, es que pulula la seguridad y tranquilidad en Cuba, es increible, que hasta con la presencia del 1er Ministro hayan ocurrido tales hechos

      • Jose Acosta en 18 junio, 2019 a las 6:13 pm
      • Responder

      2 MILLONES, ES UN GARRAFAL ERRO 20, SORRY

    • El Alazan del Caribe en 18 junio, 2019 a las 5:20 pm
    • Responder

    Es de lamentar que aún en el siglo XXI pasen estas cosas

  2. Excelente descripción la del Profe Osaba.
    Sin comentarios.

    • SIEMPRE NARANJA en 19 junio, 2019 a las 8:29 pm
    • Responder

    Hermosa descripción del.profe Osaba, que.clase de muchachito aquel de 1i años jajaja……

    Gracias profesor por regale os las como estas….. Saludos desde Santa Clara……

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