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(Moisés Llorens / Belo Horizonte) – Argentina empató 1-1 ante una combativa Paraguay con un gol de penal de Lionel Messi y se complicó la vida en la Copa América, donde se lo jugará todo en la última jornada ante Qatar.

El arquero argentino Franco Armani atajó un penal a Derlis González en el segundo tiempo para evitar una catástrofe mayor, ya que un revés hubiese dejado a la Albiceleste urgida de un milagro para meterse en los cuartos de final

De todas formas, Argentina sigue última en el Grupo B con apenas un punto luego de dos fechas. Colombia encabeza el sector con el ideal de seis unidades y ya se clasificó a los cuartos de final, luego de vencer por 1-0 a Qatar en Sao Paulo.

Messi y compañía se juegan la vida el domingo ante Qatar en Porto Alegre, aunque de todas formas necesitan ganar y que Paraguay no le gane el mismo día a Colombia para avanzar como segundos de su sector.

Lo mejor del choque estuvo en el arranque de la segunda parte. Ahí Argentina sí que pareció un equipo hambriento y deseoso de éxito. Dio la sensación de ser un grupo rebotado contra todo, con ganas de pelear para sellar las críticas y alegrar su paso por Brasil. Pero nada, todo quedó en el intento.

 

Messi empató desde los once metros el marcador, abierto por Richard Sánchez a los 37. El crack argentino aprovechó un penal tras una mano de Iván Piris, que precisó de revisión en el VAR. Luego, cuando parecía que la cosa se ponía en marcha y que la remontada era posible, Nico Otamendi provocó un penal que acabó desaprovechando González tras una sensacional parada de Armani.

 

Para definir el primer acto argentino, el término desastre se acercaría a lo más real. Ni fútbol, ni orden, ni ataque, y claro, ni defensa. Mientras la grada se desgañitaba por los suyos y esperaba la magia de Messi, los paraguayos se iban imponiendo de manera cómoda, sin despeinarse. O bien provocaban faltas que interrumpían el juego o si no se tiraban al suelo con el fin de impedir la creación albiceleste.

El técnico Lionel Scaloni se plantó en el área técnica y atendía con impotencia a ver cómo su plan se caía a pedazos. Eso no sólo molestó a los futbolistas implicados, léase Kun Agüero y Ángel di María que arrancaron en la banca, sino que dos de las elegidos para el choque, Roberto Pereyra y Lautaro Martínez, después de la hora de juego ya no estaban en el césped.

Si en la reanudación Argentina mordió, en el tramo final de la primera parte, el equipo paraguayo, con un siempre tranquilo y elegante Eduardo Berizzo en el banco, hacía lo que más le gustaba, mimar la pelota. Jugaban los guaraníes a defenderse con la bola y a esperar el error argentino, que llegó poco antes de ir a la ducha.

 

Por la izquierda, y sin oposición alguna, Miguel Ángel Almirón llegó a la línea de fondo y con la certeza que alguien asomaría desde la segunda línea puso la pelota a la frontal del área. Con todo el tiempo para acomodar la pelota con el interior de la pierna derecha, Sánchez apagó a la hinchada Albiceleste, desesperada por la manera de jugar de su selección.

La cosa pudo ser peor para los argentinos. Sí. Armani, cuando ya se consumían los minutos de añadido, salió del área para cortar una acción paraguaya y jugar la pelota con los pies. Se vieron sus deficiencias y los jugadores de Berizzo quisieron comerse al colegiado brasileño, Wilton Pereira, al mostrar solo amarilla.

Más allá del gol de Messi y de la parada de Armani desde los once metros, Argentina fue muriendo poco a poco ahogada en su propia mediocridad, falta de ideas y ansiando un proyecto serio y hecho con tiempo. Lo demás es todo presionar a Messi para que lo haga todo. Y ese no es el camino, claro.