Cartílago Cricoideo

7/8/2019

11:50 AM

Por el profesor y peñista honorifico: Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

 

Cartílago Cricoideo

Primitivo me lo recordó.

Nunca catcheé. Brazo débil, reaccio­nes lentas, demasiado trabajo, lesiones y para qué seguir inven­tando, tenía miedo; sí señor, miedo. Algunos se hacen los guapos y después buscan justificaciones para no calzar los arreos. Hay quienes se pintan solos, desde chi­quitos no hacen otra cosa. Los padres, sin saber bien en lo que andan, les buscan implementos. Cuando pasan los años, pocos se adue­ñan de la receptoría.

Otro factor a tener en cuenta es el bateo. En el béisbol moderno es la única posi­ción un tanto defensiva. Tan difícil resulta, que sirve de refugio a quienes –aluminio o madero en mano– son débiles, pero salvan juegos al guiar a los lanzadores y hacen un millón de piruetas para cumplir el escabroso papel.

Cuando los juveniles, que alguna vez lo fuimos, nuestro catcher fue Raymundo (Mandy) Iglesias. Flaco como el güin, de estatura promedio, más bien baja. Se entregaba con tal pasión, que pensé llegaría a serun estelar. Todos tenían que ver con su juego alegre, desenfadado, técnicamente impecable. Su hándicap: débil al bate, más de lo requerido.

Con quince o dieciséis años, nos fuimos a Santa Lucía, donde en encarnizados pleitos los grandes se liaban en reyertas deportivas. Los spikes no buscaban bases, sino pellejo.

Fresca tarde primaveral. Pocos kilómetros entre los pueblos, ni siquiera sentíamos la incomodidad de la desvencijada guagua de Manolo Quintana, que escup­ía petróleo por sus poros, con los chistes del inolvidablePelusa Marín. Hace años asistí a su sepelio. Nos unían tres cosas: alergia, amistad y bateo. Su asma lo redujo, teníamos que asistirlo. Yo: tupición y coriza.

Nos gustó jugar en Santa Lucía, al costado de donde radica la fábrica de Sulfometales. Allí bateé más de lo que me ponché. Años después subimos la parada los que llegamos al equipo grande. Otros no, como Pelusa, por decisión propia, y Mandy.

Aquella tarde recordé los cuentos del abuelo Pancho. Cuando hablaba de pelota nos sentábamos a oír sus historias, que para nosotros eran heroicidades. Fue un hombre serio, de mucho respeto, pero con buen sentido del humor. Había que adivinarle los chistes, so pena de severos castigos.

Nos decía que allá por La Palma, a fines del siglo XIX o comienzos del XX, había equipos mejor preparados que otros, la diferencia la daba el poder adqui­sitivo. Ellos tenían buenas condiciones, pero los herederos de esclavos jugaban mejor. Su permanente cuento sobre la Nuez de Adán lo soportábamos con estoicismo. La abuela América hacía por levantarse y salir para la cocina:

–No vieja, no te vayas para que oigas este cuento.

–Ya me lo sé Pancho.

–No, este no, ven, después haces el café.

Abuela regresaba al sillón y se dormía. Nos sentábamos todos los nietos; quien más atención ponía, por tratarse de la pelota, era yo. Y porque lo quise mucho. Verán por qué les digo que recordé tanto al abuelo Pancho.

Esa tarde, en Santa Lucía, pudo ser fatal. Nuestro receptor recibió un fortísimo pelotazo de foul, que hundió lo que científicamente llaman Cartílago Cricoideo. Dicen los galenos que esa prominencia pertenece a la laringe y está, por supuesto, en las vías aéreas superiores del organismo; no juega ningún papel específico, aunque no por gusto los que practican artes marciales tiran a dar ahí. Los hombres la tenemos más pronunciada.

Después de las disquisiciones sanitarias, explícitas o no, porque soy de los que creen que nada está en el cuerpo por gusto, sino que todo tiene algo que hacer dada su perfección, vayamos al meollo del asunto.

Corrimos hacia el que se ahogaba, no podía respirar:

–Pronto, busquen un médico.

–Traigan agua.

–Sepáren­se para que coja aire.

Y así, con órdenes improvisadas de un sinnúmero de dolientes, que nada sabían del tema, recordé al abuelo Pancho y repetí aquella historia de tantos años.

Separé a todos y le soné un pescozón por el tronco posterior del cuello, que no sé si tiene nombre científico también, pero lo revivió. Ni corto ni perezoso le espanté otro “avión” por el “cocote” y abrió los ojos asustado como nunca lo estuvo. Y con las manos saqué el cartílago que lo ahogaba. Poco a poco tomó sus colores anémicos y susurró algunas palabras.

¡Lo había salvado! Mi amigo Mandy Iglesias, quien falleció hace algunos años, me debió la vida por un tiempo. Lástima que entonces no otorgaran méritos laborales.

He soñado cosas que después suceden exactamente igual, parece que estoy volviendo a ver la película. En este caso no fue así. Imaginé al abuelo Pancho en su juventud e hice lo mismo que él con aquel desventurado palmero en época de medicinas verdes.

¡Y dicen que la historia no se repite! Que me lo digan a mí con la Nuez de Adán, que es el nombre con el que se conoce al Cartílago Cricoideo.

 

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga.

Agosto de 2019.

8 comentarios

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    • Amaya en 7 agosto, 2019 a las 12:33 pm
    • Responder

    Vaya historia Osabita, sin embargo el hombre sobrevivió, ya pronto viene REI de Africa, así es que a prepararse

      • Dr. Reinaldo en 7 agosto, 2019 a las 3:12 pm
      • Responder

      Vale Amaya. El profe con sus buenas historias como siempre y si son de su terruño mejor. Mi primer municipio de PRI que visite fue las Minas fue en el 1981, fui a un Provincial de Beisbol 11-12 con Juan Carlos Linares y Reinier Capote. Yo fui como lanzador (0-1). San Juan y Martinez el 9no lugar. Juge en Glez Coro y en Sta Lucia. Juan Carlos ese año fue al Mundial Infantil de dicha categoria. Un abrazo.

    • Rojo de Metro en 8 agosto, 2019 a las 9:39 am
    • Responder

    Buena historia, como siempre. Excelente.
    PD. ¿Pero Amaya, el REY no acaba de regresar SIN CORONA desde Peru?. ¿O este del que anuncias regreso es un REI VEGUERO?. Ja Ja. Un abrazo.

      • Dr. Reinaldo en 8 agosto, 2019 a las 11:11 am
      • Responder

      Prontico….falta menos….un abrazo…..acuerdase la que me gusta….

    • ESTEBAN E. YERO PLA en 8 agosto, 2019 a las 1:14 pm
    • Responder

    Estos pinareños si son estrellas jjjjjjj profe reynaldo como serán las vacaciones suyas con el amigo Amaya.

    Saludos del Club de los Alaznes

    • Dr. Reinaldo en 8 agosto, 2019 a las 3:39 pm
    • Responder

    Esteban seguro que seran inolvidables, como si estuvieramos en una SMundial en las grandes ligas. Vamos unir 2 clubs. Los verdes y azules= MD MLB. Un abrazo y PRI vs GRM en el San Luis.

    • Ramon Garcia en 9 agosto, 2019 a las 12:43 pm
    • Responder

    Muy agradable crónica amigo y profesor Osaba.
    Yo vivi un acontecimiento parecido jugando en el terreno de la escuela de medicina de Girón en La Habana. Solté una línea que picó delante del tercera base y fue directa al “güegüero” del defensor. El corre corre fue tremendo, los de mi equipo éramos estudiantes de los primeros años de la carrera y no sabiamos que hacer ante la demanda del equipo contrario, que esperaban una respuesta profesional de unos que aún no habíamos visitado un hospital.
    “Alguien” le sonó un leñazo por la “nuca” y parece que eso lo ayudó, aunque creo que se recuperó solo.
    Fueron momentos de mucha angustia, y yo asustado, para no usar otra palabra que describa mejor mi situación,
    Quedé convencido de que si volvía a ocurrir en mi presencia, sería el primero en asestar el el golpe en la zona posterior del cuello.
    Saludos

    • Ramon Garcia en 9 agosto, 2019 a las 12:53 pm
    • Responder

    Profesor Osaba, acabo de tener una larga conversación con Juan Vené.
    Este señor es la historia del béisbol.
    Qué sorpresa cuando me preguntó si lo conocía a usted, le respondi que si, pero no personalmente, y le repetí lo que he expresado antes en esta página, que usted es el más grande historiador actual del béisbol cubano.
    No olvidé el dia que hablamos telefónicamente durante el histórico primer encuentro nacional de la peña Martin Dihigo.
    Un abrazo y mi reconocimiento.

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