9:12:05 PM
Por Andrés Pascual
Alguna vez, cuando a Hayron Socarras lo quisieron hacer leña porque “no lució como se supone que debía”, escribí lo que puede leer debajo, muy mal editado por Solo Boxeo entonces:
https://www.soloboxeo.com/2011/10/16/el-elogio-cautelos-eso-sobre-todo/
El único boxeador que se daba el lujo de masacrar en contra del manual fue Sugar Ray Robinson; después, Alí intentó imitarlo, desde esquivar echando hacia atrás el torso peligrosamente hasta golpear sin nocao punch en el aire (Ali)…y le dieron duro.
Joe Louis fue noqueado por Schmelling porque atacaba con el jab abajo, práctica común en el estilo de Robinson, pero el Azúcar de Harlem fue único y el Bombardero de Detroit tuvo que hacer ajustes en el estilo y los resultados fueron satisfactorios.
Hace algunos días debutó Robeisy Ramírez, a quien Arum presentó como “otra joya de la escuela cubana”, pero de Arum se conoce cuánto de malo es; cuánto de turbias intenciones anidan en esa cabezota, porque de esa forma habló y magnificó a otros antes, a los que se dedicó a destruirles la carrera obstaculizándoles la posibilidad de obtener buenos contratos, incluso los apabulló abusadoramente después:
https://www.soloboxeo.com/2011/08/31/bob-arum-no-sabe-tirar-el-jab/
Con Robeisy Ramírez volvieron a meter la pata exagerando sus posibilidades porque “tiene medallas olímpicas”, y ha quedado demostrado que, en el caso cubano, no son suficientes para hacerles espacio de estelaridad promotoril, porque contaminaron el estilo tradicional, histórico y muy demandado del pugilismo nacional previo a 1962.
Entonces el peleador debuta ante un mexicano que reside en Denver, Adan González, que nadie lo puede calificar ni como prospecto de excelencia del poderoso pugilismo azteca (5-2-2); cayó por knockdown en el 2do round y perdió una pelea apretada, que el criollo consideró que había ganado, pero que todo el mundo lo vio perder, de tal forma que ni por Arum intentaron arreglarle el veredicto.
Ser campeón olímpico es un mérito para vender mejor y más rápido, pero no es un pasaporte obligado a la excelencia, ni a ganar una faja incluso.
El cubano necesita adaptarse a una nueva filosofía, a partir de que entre profesionales se tira mucho y no hay rimbombantes saludos de hienas que les chupan hasta el tuétano a nombre “del pueblo”; en el profesionalismo no hay diplomas ni abrazos, sino que se paga, razón por la que se tiene que responder a un público que exige, que en base al cumplimiento de esta exigencia, se pueden lograr grandes peleas y mejor dinero.
En el pugilismo rentado el respeto es absoluto a cualquier contrario, pero, sobre todo a los aztecas, en primer lugar, porque nunca tuvieron contaminándolos, luego jamás su estilo ha sufrido de la involución que soporta esta disciplina en Cuba.
Robeisy no es lo peor llegado de allá, a mi juicio puede ganar una versión por lo menos; a mi juicio y al revés de lo que se pudiera pensar, entró “con el pie indicado”, porque esa derrota lo debe advertir sobre que, los gritos triunfalistas sobran y la capacidad de reacción es necesaria a partir de una buena dosis de gimnasio profesional.
Lo que me parece raro (mejor sospechoso), es que Bob Arum, que desacreditó a todos los peleadores de la última hornada llegados de Cuba, de pronto aparezca en función de Rey Midas renovado con Robeisy y quién sabe con cuántos más que puedan enviarle.
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