MIAMI — Jorge Masvidal está parado en el estacionamiento de un complejo de departamentos, buscando con la mirada su viejo balcón en lo más alto del edificio de cinco pisos. El exterior de este edificio solía ser rosa flamenco, dice, pero la pintura se fue descascarando con el tiempo para revelar el gris opaco que ahora tiene adelante.

“Este color no me convence”, dice Masvidal de manera inexpresiva.

Hay tres edificios en el terreno, y a cinco minutos de llegar, Masvidal despertó el interés de una anciana del segundo piso. Abre la puerta del balcón y le grita algo en un inglés entrecortado que de alguna manera Masvidal descifra sin esfuerzo alguno.

“No, yo no. Yo no arreglo nada, mama”, contesta Masvidal. “Lo lamento. Bendiciones”.

Se da vuelta para explicar. “Quiere saber si estoy aquí para arreglar la tubería”.

Entre los siete y los 13 años, Masvidal vivió en este complejo con su madre. Mama Dukes, como él la llama, vendía rosarios para llegar a fin de mes. Hoy lo visita por primera vez en casi 20 años, aunque nunca ha vivido fuera de Miami. Y antes de ponerse a pensar en las tantas historias que vivió aquí, tiene que averiguar si el elevador funciona.

“Tantas veces cuando llegábamos con las compras ese elevador estaba averiado, y teníamos que subir cinco pisos”, dice Masvidal riendo. “No sé por qué era un tema constante, pero una vez por mes se averiaba el elevador. Fuera de servicio. Probablemente sea por eso que soy bueno corriendo en las escaleras”.

Mientras sube al quinto piso de su viejo edificio (el elevador sí funciona), Masvidal no puede contener la sonrisa. Tiene muchos gratos recuerdos de este lugar, por más duro que fuera.

Jorge “Gamebred” Masvidal siempre ha sido un hijo de p—.. Cualquiera que haya seguido su carrera lo sabe. Y los que no, lo descubrirán este fin de semana. Históricamente, la UFC no hace “montajes” en sus peleas de campeonato, pero el duelo de Nate Díaz contra Jorge Masvidal para determinar quién es el más malo era tan popular que la promotora hizo una excepción. Y hasta programó la pelea como el duelo destacado de uno de los eventos más importantes del año: El UFC 244 en el Madison Square Garden.

¿Pero cuándo fue que Masvidal mismo descubrió que era un hijo de p—? Si tiene que elegir un momento, probablemente sea éste. Justo aquí, en este complejo de departamentos.

“Aquí fue donde empecé a darme cuenta de que a la hora de pelear yo era diferente a todos los demás”, dice Masvidal.

Ha sido un año de ensueño para Jorge Masdival, que verá acción en la pelea estelar de UFC 244 en Madison Square Garden. Chris Unger/Zuffa LLC/Getty Images


DE CARA A este año, nadie anticipaba que Masvidal estaría en esta posición. En el inicio de 2019, Masvidal era relativamente conocido. Y era querido. Pero no era una estrella..

Si retrocedes en la trayectoria de UFC de Masvidal, te costará encontrar la cara del luchador de 34 años en una cartelera. Antes de 2019, encabezó un solo evento de UFC. Uno.

“Estaba muy frustrado por eso”, dice Masvidal. “Era como, ‘¿qué está pasando aquí?’ Me están subestimando”.

En dicha oportunidad, Masvidal perdió por decisión dividida contra Benson Henderson el 28 de noviembre de 2015, y luego de perder su siguiente pelea ganó tres al hilo, con el brutal nocaut técnico de Donald “Cowboy” Cerrone como la frutilla del postre el 28 de enero de 2017.

“Tuve algunas excelentes actuaciones en [2016 y 2017], pero sentía que no estaba recibiendo lo justo”, dice Masvidal. “Yo diría que con esta pelea por primera vez en mi vida estoy recibiendo lo que merezco”.

Masvidal sabía que necesitaría más que triunfos para conseguir lo que buscaba en 2019. Necesitaría momentos virales, los que Masvidal ha manufacturado en más cantidad que cualquier otro peleador en los últimos 11 meses.

Voló al otro lado del mundo para propinarle una paliza a Darren Till, uno de los prospectos más cotizados del deporte, y se metió en un altercado detrás de escena la misma noche. Ha hecho algunos de los comentarios más ingeniosos en la historia de las artes marciales mixtas, y rompió el récord de la UFC con el nocaut más rápido. La popularidad finalmente le tocó la puerta, y lo que Masvidal vendía gustó.

“Es sorprendente que no haya sucedido hace mucho tiempo, dada su habilidad y su personalidad”, dice Mike Brown, entrenador en jefe de Masvidal. “Pero ahora es como la tormenta perfecta. Está todo desarrollado y el tipo es mucho más grande de lo que todos esperaban. Es una de las grandes estrellas del deporte”.


CUANDO TENÍA 14 años, Masvidal sufrió una de las peores palizas de su vida. Ha estado en tantos altercados que dice que le es imposible recordarlos todos. Pero sí recuerda que en aquel encuentro específico lo superaban en número y terminó en el hospital.

“Fue la única vez en mi vida que me metí en una pelea, y mi madre no sumó otro golpe”, dice Masvidal. “Dijo, ‘Ya te dieron suficiente'”.

Cuenta que su oreja “estalló”, y que tenía gravilla incrustada en la cara porque lo pisotearon.

Cuando Masvidal regresó a la escuela, juró que nada como eso volvería a suceder. Empezó a llevar un “artefacto” con él, que describe como una media larga con un candado adentro, algo con lo que podría “abrir una cabeza”. Y hasta comenzó a planear su venganza.

“Quería trazar un plan maestro para ‘eliminar a todos estos chicos'”, dice Masvidal. “Y pensé, ‘¿a quién debería pedirle [consejo]?’ Voy a preguntarle a mi padre”.

Jorge Masvidal padre nació y creció en Cuba hasta que emigró a los Estados Unidos en 1971, con 20 años. Según Masvidal padre, él y otros dos dejaron Cuba flotando en la llanta de un tractor y estuvieron siete días en el océano antes de terminar en Miami. Consiguió un trabajo en la construcción, pero necesitaba complementar su ingreso.

En 1989, cuando Masvidal tenía cuatro años, su padre fue detenido con cargos federales por drogas y enviado a prisión, donde permaneció los siguientes 18 años.

Pero entre sus cuatro y 13 años, Masvidal dice que no tenía idea de que su padre estaba en prisión. Para resguardarlo de la verdad, su madre le dijo que su padre estaba en el ejército — hasta que finalmente le dijo la verdad cuando era adolescente.

“Me echaron de la escuela… Me metí en muchos problemas durante esos años”, dice Masvidal. “Mientras sucedía todo eso, mi madre me dijo, ‘Vas a terminar como tu padre’. Y yo le dije, ‘Shhh. Está en el ejército. Es un general o algo así’. Y ella dice, ‘No está en el ejército. Está en [prisión]'”.

Cuando Masvidal supo la verdad, empezó a visitar a su padre regularmente. Masvidal padre había querido contarle la verdad durante los nueve años que estuvieron separados, pero no lo hizo por respeto a su madre.

“Su madre no quería contarle”, dijo Masvidal padre. “Entonces, le dije, ‘¿quieres que sea así?’ Lo ocultaré'”.

La reunión con su padre se convirtió en una bendición para Masvidal. Hubo muchas veces en su vida adolescente en las que estuvo a punto de tomar decisiones que iban a cambiar para siempre el rumbo de su vida, pero su padre intervino, como, por ejemplo, esa vez que estaba listo para perseguir a los chicos que le habían pegado.

“Por suerte, mi padre me convenció de no hacerlo”, recuerda Masvidal. “Me dijo, ‘Hombre, vas a terminar aquí’. Creo que eso me impactó mucho”.

La relación de Masvidal con su padre continuó con las visitas regulares a la prisión hasta 2007, cuando le otorgaron a su padre una libertad condicional supervisada. Masvidal recuerda el abrazo que le dio a su padre ese día. Fue la primera vez en más de una década que tuvieron un verdadero contacto físico.

Para ese entonces, Masvidal había estado peleando de manera profesional durante cuatro años. Su padre había visto la mayoría de las peleas de su hijo por televisión en la prisión. Pero todas en diferido, nunca había podido ver una en vivo.

Tres meses después de su liberación, Masvidal padre asistió a la victoria por nocaut de su hijo contra Yves Edwards en Trenton, New Jersey. Tener a su padre en el local tuvo un gran impacto sobre Masvidal, no sólo por la influencia que él había tenido al mantenerlo alejado de los problemas –Masvidal ha tenido varios incontinentes con la ley, pero nada ha resultado en mucho tiempo de cárcel– sino que además su padre fue el primero que realmente lo apoyó en su carrera. El que primero vio el hijo de p— dentro de él.

“Tenía muchos planes, y cuando le dije, fue el único que me dijo, ‘hagámoslo'”, comenta Masvidal. “Él ya sabía quién era yo, antes que nadie”.


EN 2003, REYNALDO Fuentes tenía unos veinte años y pico, y trabajaba como seguridad en algunos clubes nocturnos de Miami. Sus amigos lo llamaban Rey.

Rey siempre estaba en busca de hacer un dinero extra y así conoció a Kevin Ferguson, alias “‘Kimbo Slice”‘ y al manager y amigo de Ferguson, “‘Icey” Mike Imber. Rey había visto las peleas por internet de Ferguson y sabía que estaba ganando dinero con las mismas, por lo que le preguntó si podía sumarse a la acción.

Rey ganó las primera tres peleas que organizó Imber, las dos en el mismo día. El acuerdo, recuerda Rey era $1,000 por victoria. Por lo que, si podía sumar dos nocauts en un día, iba a ser un día de trabajo altamente rentable.

Rey ganó el primer enfrentamiento por nocaut antes de que comenzara la pelea. El segundo combate, contra un muchacho más joven llamado Jorge, duró un poco más.

“No tenía idea de quién era Jorge”, dice Rey. “No sabía si había tenido algún tipo de formación, pero tampoco sabían quién era yo. Siempre fui al gimnasio. No sabías a quién podías estar enfrentando. No conocías a tu contrincante.

“Sólo sabías que él estaba dispuesto a pelear”.

Después de una pelea reñida, Rey tiró la toalla. La acción había sido muy buena, Ferguson e Imber arreglaron una revancha unos meses después, que Masvidal también ganó. Combinadas, las dos peleas, habían conseguido más de 12 millones de vistas en YouTube.

A diferencia de Rey, que en un principio les había dicho a Ferguson e Imber que quería pelear, Masvidal había sido reclutado. Ferguson lo vio en un gimnasio local y le ofreció la oportunidad de pelear por dinero. No conocía bien a Masvidal, pero sin dudas vio en él, las cualidades de un hijo de p—.

Masvidal no necesitó que lo convencieran demasiado. Ya estaba buscando una oportunidad de pelear de manera profesional. Había participado de peleas sin sancionar en Miami durante años. Sus amigos lo promocionaban y eran los que arreglaban sus peleas por ese entonces, buscando grupos de otros barrios y desafiando a su mejor peleador contra Masvidal. Los dos bandos hacían sus apuestas y si Masvidal ganaba, decía que “iba a enloquecer con el menú por un dólar de McDonald’s”.

Pero por lo general no era fácil armar esas peleas, o las ganancias no eran tan altas. A veces, Masvidal, que ya vivía solo, no podía pagar el alquiler y tenía que dormir en su auto, un Chevrolet Bonneville sin aire acondicionado y que sólo tenía dos ventanillas que podías bajar, estacionado afuera del gimnasio.

Masvidal recuerda esas épocas sin tristeza, ya que sabía que estaba yendo por el camino correcto.

“Yo lo visualizaba en ese entonces, recostado en mi auto tratando de dormirme”, dice Masvidal. “Algún día, tender esto y aquello. Voy a abrir la heladera y estará llena de comida. Voy a poder hacer lo que tenga ganas de hacer”.


NATE DÍAZ PODRÍA haber convocado a cualquiera.

Uno de los mayores astros de UFC después de las dos tremendas peleas contra Conor McGregor en 2016, Díaz (21-11) regresó tras tres años de ausencia para superar a Anthony Pettis en UFC 241 el 17 de agosto. Ese regreso fue la historia más importante del verano, y Díaz pidió la pelea de inmediato.

Podría haber pedido una tercera pelea con McGregor, o desafiar por el título a Khabib Nurmagomedov. También podría haber convocado a Georges St-Pierre para que regresara de su retiro. Pero él pidió a Masvidal, que estaba, radiante, en primera fila.

“No peleaba porque no había nadie contra quien pelear”, dijo Díaz en su entrevista después de la pelea. “Jorge Masvidal había tenido un buen combate (noqueando a Ben Askren). Muy bueno… ya no hay delincuentes en este juego. Nadie lo hace bien, salvo nosotros dos”.

El pedido de Díaz de enfrentar a Masvidal hubiese tenido sentido antes de 2019. Hace tiempo que los dos están en esto. Pero lo cierto es que no hubiesen enloquecido al mundo de las artes marciales mixtas como lo han hecho este año. Parte de eso se debe al estrellato que tiene Díaz. Pero también parte de eso se debe a la manera en la que Masvidal ha cambiado en los últimos 11 meses y cómo, de repente, se ha convertido en la principal atracción de UFC.

Masvidal suma mucho al show.

En marzo, después de que Masvidal noqueara a Till en el evento principal de UFC Fight Night en Londres, tuvo un altercado con Leon Edwards después de que Edwards lo provocara durante una entrevista. Las cámaras tomaron a Masvidal dándole unos cuantos golpes a Edwards antes de que los separaran.

Cuando le preguntaron después qué era lo que había sucedido, Masvidal le dijo a ESPN que Edwards lo había provocado y que él simplemente respondió dándole “tres porciones con la gaseosa”. Cuando Masvidal regresó a los Estados Unidos, sus fanáticos tenían camisetas con esa frase impresa.

“En ese momento me comencé a dar cuenta, ‘Oh, creo que he comenzado a hacer algunas olas en el agua'”, dijo Masvidal.

Cuatro meses después, Masvidal siguió esa actuación con un nocaut de un rodillazo de cinco segundos ante el previamente invicto Askren – el nocaut más rápido en la historia de UFC. Askren, que había enfrentado a Masvidal en cada entrevista previa a la pelea, quedó inconsciente tras el rodillazo, pero eso no evitó que Masvidal lanzará dos golpes más antes de que el árbitro lo separará.

Cuando le dijeron a Masvidal después de la pelea en la conferencia de prensa que esos golpes quizá habían sido “innecesarios”, Masvidal respondió que habían sido “súper necesarios”. El hashtag “#supernecesario” se ha convertido en algo de uso común entre los fanáticos de las MMA.

“Al arrancar este año, estaba en un gran momento”, dice Masvidal. “Sólo pensaba en una cosa: disfrutar del camino. Divertirme. Porque en un momento casi olvido que me encanta hacer esto”.


ERA UN MIÉRCOLES por la noche a fines de septiembre, a menos de dos meses de la pelea más importante en la carrera de Masvidal.

Masvidal tiene que subir corriendo los doce pisos del estacionamiento y después practicar golpes con su entrenador de boxeo en el techo. Es la manera favorita de Masvidal para el trabajo de cardio. No sabe explicar la razón.

Quizá tenga que ver con ese temperamento de su juventud. Ayudando a subir las compras de Mama Dukes corriendo por las escaleras.

Abe Kawa, manager de Masvidal, está esperando a su cliente en el techo con un equipo de grabación, cuando Masvidal llama y le dice a su manager que envíe un mensaje.

“Jorge te quiere recordar que ha estado haciendo esto por 10 años”, dice Kawa. “Ha corrido en estas escaleras los últimos 10 años, pero todos se han interesado en ellas ahora”.

Masvidal no sale a decirlo, pero el mensaje es recibido. Puede que esté peleando por el título del peor hijo de p— el sábado, pero en realidad hace tiempo que es uno de los peores.