NÁPOLES (Enviado) — “Sí, Messi es muy grande… Pero Maradona es lo máximo”. “Messi nunca alcanzará a Diego”. “Maradona es el fútbol”. Frases de este tipo, con una mueca y una seguridad absoluta, se repiten en Nápoles a la que se insinúa cualquier comparación entre Leo Messi y Diego Armando Maradona. Nápoles, una ciudad entregada a un equipo por el que respira en todos los rincones. Y que saluda el primer enfrentamiento oficial de la historia con el Barcelona con una sonrisa franca.

¿El coronavirus? Se diría que Nápoles vive al margen de una problemática que provoca mucha alarma en Italia, que abre periódicos y noticiarios y mantiene al norte, a las regiones de Lombardia, Veneto y Piamonte, en estado de alerta máxima. Nápoles se lo mira desde lejos, casi se diría como si no fuera con ellos. Menos aún en este momento, cuando los acordes de la Champions están listos para volver a escucharse en San Paolo.

Un control establecido por el Ministerio de Sanidad italiano en el aeropuerto, donde un pequeño aparato toma la temperatura corporal del viajero en apenas dos segundos, es la única señal de la existencia del coronavirus. A la que se abandona el lugar y se llega a la ciudad, al bullicio del centro, la normalidad se recibe a todos los niveles. Y cuando el fútbol entra en conversación, cuando el Barça aparece en el plano… Maradona, mágicamente, se catapulta al escenario.

Nápoles estima al club azulgrana. “El Napoli es el Barça y la Juventus el Real Madrid” afirma Enrico Marchio, veterano hincha del equipo local y que lanza una proclama indiscutible: “Siempre estaremos agradecidos al Barcelona porque nos vendieron a Maradona. Y eso no hay dinero en el mundo que pueda pagarse”.

El amor que mantiene Nápoles por “el único D10S” se descubre en murales, fotografías, camisetas conmemorativas y artículos de todo tipo… Encontrándose en Via Lombadia el Museo de Maradona, un pequeño recinto situado en un sótano donde Massimo Saverio custodia lo más preciado de la carrera de Diego.

Allí se guarda uno de los botines con el que conquistó el Mundial de 1986 en México, una camiseta amarilla del Barcelona, la del Napoli con el que ganó el primer Scudetto, una copia del contrato de traspaso que protagonizó en 1984 desde el Barça, el banquillo, un sofá que tenía Diego en su casa, banderines intercambiados, balones utilizados por él en partidos históricos, camisetas varias, fotografías… Todo.

Massimo Saverio es el hijo de quien fue durante 30 años custodio de San Paolo, cuya relación con Maradona fue más allá de lo profesional, hasta el punto que Lucía, la madre, fue cocinera y ama de llaves de la propia casa del astro argentino. Fue quien convirtió una pequeña bodega de su padre en esta galería cuyo valor se entiende incalculable, donde se guarda un trozo de la historia del mejor Napoli de la historia.

“Me han ofrecido muchísimo dinero por varios objetos, pero no está nada a la venta. El valor emocional no tiene precio” explica Massimo, sonriente y feliz del interés que despierta su museo entre los visitantes llegados desde Barcelona. Y que acaba como se empezó. “¿Messi? El juega al lado de grandes jugadores, grandes campeones en el Barcelona… Diego llegó aquí y nos puso arriba. Messi puede ser el mejor del mundo, pero no tiene comparación con Maradona, con su magia, su personalidad, su liderazgo, su popularidad. Nadie es ni será como Maradona” sentencia, en una afirmación que en Nápoles no se discute. Nadie.

Ni el propio Lorenzo Insigne, capitán del Napoli que elogia al capitán del Barça… Pero “Maradona es todo. En Nápoles Maradona es sagrado… Aunque Messi es hoy el mejor jugador del mundo”.

Es Nápoles. La ciudad de D10S.