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Martín Dihigo podía pegarle hits a Satchel Paige cuando quisiera. Fue el modelo a seguir para su compatriota y estrella de los Chicago White Sox, Minnie Miñoso. Está consagrado en los Salones de la Fama del Béisbol de cinco naciones diferentes. Antes de que terminara su carrera como destacado lanzador, genial jardinero y mánager influyente, ya era conocido por los apodos: “El Maestro” y “El Inmortal”.

Cien años después de la fundación de las Ligas Negras, vale la pena volver a visitar la vida del hombre que algunas estrellas de esa liga consideran el mejor jugador que jamás haya existido.

En los Estados Unidos, Dihigo jugó para los Cubans Stars entre 1923 y 1927; los Homestead Greys en 1928; Philadelphia Hilldale Giants (también conocido como Darby Daisies) de 1929 a 1931; y los New York Cubans, a quienes también dirigió, en 1935 y 1936.

Él lideró a las Ligas Negras dos veces en cuadrangulares. “Solo un puñado muy pequeño de jugadores está en la conversación sobre el pelotero más completo de todos los tiempos: Oscar Charleston, Willie Mays, Honus Wagner y Martín Dihigo”, dijo el escritor de béisbol Ryan Whirty a The Undefeated.

Los primeros pasos

Martín Magdaleno Dihigo Llanos nació el 25 de mayo de 1906, en el central azucarero Jesús María de la ciudad de Limonar en la provincia cubana de Matanzas, que albergaba numerosas plantaciones de azúcar.

El padre de Martín, Benito Dihigo, trabajaba en el central Jesús María, donde se decía que sus padres habían trabajado en época de la esclavitud. Benito había sido sargento del Ejército Libertador en la Guerra de Independencia de 1895-1898 contra los españoles.

El joven Martin creció en medio de un intenso orgullo afrocubano y el espectro constante de la violencia, al igual que sus eventuales compañeros de equipo en las Ligas Negras de EE.UU. crecieron durante los ataques raciales masivos contra las comunidades negras en Tulsa, Oklahoma, Atlanta, Wilmington, North Carolina, Springfield e Illinois, entre 1906 y 1910.

Dihigo abandonó la escuela en sexto grado para trabajar en el central azucarero. Cuando era niño jugaba a menudo en el cercano estadio de béisbol Palmar del Junco. A los 13 años, se unió al equipo de la liga juvenil Oriente, y más tarde a uno llamado Los Piratas. Cada vez que el supervisor del Palmar del Junco visitaba el diamante, Dihigo estaba allí.

Según una biografía de Dihigo, -realizada en 1999 por su hijo menor, Gilberto-, el padre de Martín esperaba que su interés por el béisbol fuera solo una fase. “Un hombre sin oficio no es nadie”, dijo Benito Dihigo a su hijo, según una entrevista que Gilberto, quien es periodista, le dio al Dallas Morning News.

Durante un tiempo, Dihigo comenzó a trabajar la madera para complacer al antiguo luchador por la libertad. Un primo y un amigo de la familia alentaron a Benito a dejar que el niño jugara. Y aunque padre e hijo no estaban de acuerdo sobre el valor de su interés por el béisbol, Dihigo estaba muy orgulloso de la participación de su padre en el Ejército Libertador, según el libro de Gilberto Dihigo.

Comienza a forjarse la leyenda

En los campeonatos provinciales de 1922, Dihigo se fue de 20-11 para los Piratas, su promedio de .550 fue el segundo mejor de la serie. Siendo diestro, hizo su debut como lanzador para los Piratas el 16 de octubre, y limitó la oposición a cinco hits. Ese noviembre, el mánager del club Habana, Mike González, un exreceptor de los Braves y los Reds, agregó a Dihigo, entonces un larguirucho de 16 años, a su lista. Allí, Dihigo permaneció sentado durante dos meses hasta que debutó como bateador emergente.

Según el libro de 1994 de Peter Bjarkman, Baseball With A Latin Beat: A History of the Latin American Game, él solo bateó .179, aunque mostró destellos de destreza defensiva jugando en la tercera base.

Los veteranos de la Liga Negra, John Henry “Pop” Lloyd y Charleston (que hoy están consagrados en Cooperstown, New York) se enamoraron de él y le dieron consejos. Pero a principios de la década de 1920, Cuba estaba experimentando una crisis financiera y la asistencia al béisbol disminuyó. Al estar bien abastecida con talento estadounidense y latino, el club Habana no escogió a Dihigo para la siguiente temporada.

Luego vino un pedazo de buena fortuna. Gilberto Dihigo escribió que el mayor deseo de su padre en ese momento era jugar en las Ligas Negras. Y en abril de 1923, el promotor cubano de béisbol Alejandro Pompez trajo a Dihigo a los Estados Unidos para jugar para su equipo, los Stars, en la recién formada Eastern Colored League. Esta liga se fundó cuando el Philadelphia Hilldale Club y Bacharach Giants de Atlantic City, New Jersey, abandonaron la Negro National League para unir fuerzas con los Stars, Baltimore Black Sox, Brooklyn Royal Giants y Lincoln Giants.

En junio, cinco miembros de los Stars estaban enfermos, y Pompez insertó a Dihigo en la segunda base. Apareció en 33 juegos esa temporada, bateando 116 veces, con 23 hits y 17 anotadas. Pompez se dio cuenta de que, aunque el adolescente era un bateador de contacto, las pelotas no le superaban en el cuadro interior debido a su rapidez y alcance.

La transición de Dihigo al béisbol negro fue obstaculizada por su incapacidad para batear curvas. Él pidió a sus propios lanzadores que le dieran una dieta constante de curvas durante la práctica de bateo. Para 1925 demostró una mejora notable y en 1926 bateó .421 y lideró la liga en cuadrangulares. En 1927 bateó .370 y empató como líder jonronero.

Comparaciones con las estrellas

Había madurado hasta 6 pies 4 pulgadas (1.93 metros) y 190 libras. En 1928, el propietario Cumberland Posey firmó a Dihigo para los Grays de la Negro National League. Al año siguiente fue enviado a Hilldale, donde sus 18 jonrones quedaron en segundo lugar en la liga. Dihigo jugó nuevamente para los Stars en 1930 y regresó con Hilldale en 1931. Esa temporada también registró un récord de 6-1 como lanzador. Posey dijo que los “los talentos de Dihigo no se comparaban con los de ningún hombre — negro o blanco”.

Otros ofrecieron elogios similares. El veterano de las Ligas Negras Ted Page dijo que Dihigo tenía mejor brazo que Roberto Clemente. El miembro del Salón de la Fama Oscar Charleston nombró a Dihigo como el jardinero derecho de su equipo de todos los tiempos.

Él bateaba con mucho poder. El ex primera base de los Grays, Buck Leonard (un miembro del Salón de la Fama), le dijo al autor John Holway en el libro de 1988 Blackball Stars que Dihigo conectó un cuadrangular en el Greenlee Field de Pittsburgh que viajó más de 500 pies y finalmente aterrizó en la azotea de un hospital cercano.

El lanzador Johnny ‘Schoolboy’ Taylor le dijo a Holway que Dihigo una vez conectó una línea, que apenas pasó por encima del campocorto, y salió con tanta velocidad que no paró hasta estrellarse contra la pared del jardín antes de que el torpedero pudiera siquiera levantar sus manos en defensa propia. “(La línea hubiera salido) un pie más bajo y lo habría matado”.

En el Estadio de La Habana a principios de la década de 1930, Dihigo realizó una exhibición de lanzamiento presenciada por el gran jugador de las Ligas Negras y futuro miembro del Salón de la Fama, Judy Johnson. Dihigo realizó una competencia de lanzamiento antes del juego contra un jugador profesional de Jai Alai que usó su cesto para golpear la cerca del jardín central en un tiro. Según Holway, Dihigo respondió lanzando su pelota sobre la pared del jardín.

Dihigo también era pícaro. Según el libro de 2015 de Gary Cieradkowski, The League of Outsider Baseball: An Illustrated History of Baseball’s Forgotten Heroes, Dihigo una vez trotó para hablar con su campocorto tras fildear un elevado a los jardines. En el recorrido le preguntó al corredor en segunda que reajustara la base. Cuando el corredor cumplió, y distraídamente sacó el pie de la almohadilla, Dihigo lo tocó y le puso out.

El primer período de Dihigo como jugador-mánager fue con Concordia en Venezuela en 1934. Mirando hacia atrás en 1960, él escribió sobre esos días en el periódico cubano Hoy: “[El coronel] Gonzalo [Gómez, el dueño del equipo] disfrutaba del deporte. Allí en [su propiedad] Quebrada había todo tipo de atletas: toreros como Romero Frey, mexicanos, los hermanos Valencia, tenistas como Leopoldo Márquez, campeón venezolano, futbolistas y beisbolistas, de estos últimos había dos equipos, los aficionados, y nosotros los profesionales… El coronel sintió un profundo afecto por los jugadores cubanos. Nos envió a Cuba y República Dominicana durante dos años llevando el béisbol venezolano a esos países”.

Alejandro Oms y Martín Dihigo (derecha) cuando eran miembros de los New York Cubans de 1935. NEGRO LEAGUES BASEBALL MUSEUM

Según el libro de Gilberto Dihigo, Dihigo lanzó un juego sin hits para el coronel en Puerto Rico en una exhibición ante la cual su esposa, Maria Aurelia “África” Reina, dijo que Dihigo estuvo bebiendo cervezas con sus amigos hasta el momento de iniciar el partido.

En 1935 y 1936, Dihigo dirigió a los New York Cubans (todavía operados por Pompez), que contó con Silvio García, Johnny Taylor, Dave Thomas y Rabbit Martínez. Tuvieron balance de 33-7-5 en 1935 y 28-26-1 la siguiente temporada.

Como gerente, Dihigo era conocido por su generosidad. Por ejemplo, en 1935, Dihigo encontró al ex toletero cubano y jugador de Ligas Negras, Cristóbal Torriente, luchando contra el alcoholismo y la pobreza en Chicago y lo contrató como entrenador de los Cubans.

El miembro del Salón de la Fama Johnny Mize dijo que en la Liga Dominicana, los lanzadores caminaban intencionalmente a Dihigo para lanzarle. “Fue el único tipo que vi que podía jugar las nueve posiciones, dirigir, correr, y batear a las dos manos”, dijo Mize, según el libro de 2010, I Was Right On Time, de Buck O’Neil, según se lo contó a David Conrads.

John Cirillo, publicista deportivo y profesor de la Universidad de Fordham, dijo a The Undefeated: “Mi padre nació en 1912 y falleció en 1985. … Vio a Ruth, Gehrig, Foxx, Johnson, Feller, por nombrar algunos. Una vez me habló de un doble juego que vio cuando las Ligas Negras estaban jugando en el noreste. Dijo que vio la mayor exhibición de un jugador de béisbol ese día. Martin Dihigo jugó todas las posiciones, excepto la receptoría, en los dos juegos. Cada vez que alguien le preguntaba a mi padre: “¿Quién fue el mejor jugador de béisbol que hayas visto?”, Mi padre, sin dudarlo, decía: “Martin Dihigo”.

La heroicidad de Dihigo en el campo también fue legendaria en las ligas latinoamericanas, incluyendo un notable enfrentamiento con el gran lanzador Satchel Paige. El invierno en que el presidente dominicano, Rafael Trujillo, firmó a las estrellas de las Ligas Negras Josh Gibson, Cool Papa Bell y Paige en su Trujillo All-Stars para impulsar su candidatura, el rival Águilas Cibaeñas contrató a Dihigo. El club de Paige se enfrentó a Dihigo en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Con el juego sin carreras en la parte inferior del tercero, Dihigo bateó contra Paige. Paige trabajó el conteo a 0 y 2. Dihigo luego dejó pasar dos curvas, ambas bolas. Paige entró nuevamente con curva y Dihigo conectó un jonrón de dos carreras a la derecha. Las carreras significaron la eventual victoria.

En 1937, lanzando para Veracruz, tiró el primer juego perfecto en la historia de la Liga Mexicana. Bateó .351 esa temporada. En 1938, bateó .387 para ganar un título de bateo de la Liga Mexicana y tuvo balance de 18-2 con una efectividad de 0.90 como lanzador.

El perfil Dihigo

El All-Star Minnie Miñoso, en un perfil de Dihigo en el Newsday 2008, dijo: “Martin solía ser mi favorito, mi ídolo antes de jugar béisbol profesionalmente. Recuerdo que cuando era niño, solía comprar un periódico por tres centavos para ver qué pasaba en La Habana, porque no soy de La Habana. Solía vivir a 60, 80 millas de La Habana, así que solía comprar este periódico para ver qué hizo Martin Dihigo el día anterior”.

Miñoso, el primer afrocubano en jugar en las ligas mayores, le dijo a Bjarkman: “Dihigo una vez me dejó llevar sus zapatos y su guante y así fue como entré al estadio cuando era un niño”. Era un hombre grande, todo músculo sin una onza de grasa. Me ayudó enseñándome a jugar correctamente”.

Gilberto Dihigo describió a su padre como siempre impecablemente vestido y un hábil comunicador, así como un talentoso chef. “Heredé la pasión de mi padre por la historia. Mi padre jugaba juegos de trivia conmigo … si acertaba, me recompensaba con dinero”.

Dihigo se erizó ante la indignidad de la segregación de Jim Crow. En 1999, Gilberto le dijo al Dallas Morning News: “Los hoteles y restaurantes a veces lo excluían por el color de su piel. Él despreciaba eso. Pensó que era ridículo y humillante para los negros”.

Le contó a su hijo menor que cuando estaba con los Stars, en los raros casos en que los operadores de hoteles blancos lo admitieron, le prohibieron usar su bañadera. También habló de la mala comida y los estadios donde los equipos tenían que pasar un sombrero en las gradas para cobrar su salario.

Dihigo bateó .311 en 12 temporadas o parciales de Ligas Negras, en 492 juegos (equivalente a tres temporadas de MLB) con 385 carreras impulsadas y 361 anotadas. Su última temporada en el béisbol negro la pasó con los New York Cubans en 1945, cuando bateó .330 a los 39 años.

Martín Dihigo era capaz de jugar con excelencia todas las posiciones. No llegó a Grandes Ligas porque no se permitían a peloteros de raza negra. Fue exaltado a Cooperstown en 1977. Mark Rucker/Transcendental Graphics, Getty Images

Dihigo siguió al béisbol mucho después de sus días de juego y mánager, y criticó un aspecto cuando el fútbol profesional estaba invadiendo su popularidad y se contemplaban cambios para mantener el interés de los fanáticos. “Una de las cosas de las que mi padre se quejó fue el ritmo del juego. Dijo que había que hacer algo. Por ejemplo, que los cambios de pitchers aumentaban la duración del juego. Esto es algo de lo que mi padre habló durante años”, señaló Gilberto Dihigo al escritor Danny Torres para la publicación Memories and Dreams del Salón de la Fama del Béisbol 2018 en un artículo titulado Una revolución cubana.

Averell “Ace” Smith señaló en su libro de 2018 sobre Paige, The Pitcher and the Dictator: Satchel Paige’s Improved Season in the Dominican Republic, que Dihigo (el que abandonó la escuela primaria) escribió columnas deportivas para Hoy a fines de la década de 1940. A principios de la década de 1950, fue un locutor de radio de béisbol popular y muy crítico en Cuba para Union Radio, y Cadena Oriental de Radio (Red de Radio Oriental) hasta que abandonó el país en protesta después de que Fulgencio Batista diera un golpe de estado y asumiera el poder.

En 1953, capitaneó los Leones de Caracas a un título de la Liga de Invierno de Venezuela, y por lo tanto, a la Serie del Caribe, que entonces jugaron Puerto Rico, Panamá, Cuba y Venezuela. También dirigió a Veracruz en la Liga Mexicana en 1956 y 1957, el último año cuando él tenía 51 años.

En 1958, jugó en su partido final, un encuentro benéfico para el equipo mexicano Torreón, para recaudar fondos para el movimiento rebelde en Cuba.

Dihigo no regresó a casa hasta febrero de 1959 cuando Fidel Castro (a quien Bjarkman dice que Dihigo supuestamente ayudó a financiar) estaba estableciendo un nuevo gobierno para reemplazar al régimen de Batista.

Después de la revolución, Dihigo trabajó a tiempo parcial como instructor para la federación deportiva nacional, ayudando a establecer el béisbol amateur nacionalizado en la Isla. Alrededor de ese tiempo, el hijo mayor de Dihigo, Martín Jr., jugó en el sistema de los Cincinnati Reds de 1959 a 1962, terminando en Geneva en la Liga New York-Penn, donde fue compañero de equipo de Atanasio “Tany” Pérez y Pete Rose. (Martín Jr. murió el 19 de junio de 2019. Tenía 76 años).

Historiadores dicen que durante un tiempo fue ministro de deportes de la federación bajo Castro, algo que su hijo Gilberto ha negado una y otra vez. En 1960, nuevamente tuvo una columna regular en Hoy. Después de que el anciano Dihigo cumpliera 65 años, su salud disminuyó. Viviendo en Cruces, pueblo cercano de Cienfuegos, ciudad natal de su esposa, sufrió de trombosis cerebral y fue hospitalizado varias veces.

Después de un informe falso de la muerte de Dihigo en febrero de 1969, el poeta nacional de Cuba, Nicolas Guillén, le dedicó un poema. El 20 de mayo de 1971, Dihigo murió, cinco días antes de cumplir 66 años. Según su hijo Gilberto Dihigo, y contrario a lo referido por historiadores de que hubo un período de duelo nacional y se llevaron a cabo ceremonias públicas, a algunas de las cuales asistió Castro, no hubo tal duelo nacional y Fidel Castro no asistió a ninguna ceremonia.

El legado de Dihigo como héroe nacional, showman, superestrella en varios países, mánager y pitcher-slugger, lo distingue en la historia del béisbol.

Él está consagrado en los salones de la fama de Estados Unidos, México, Venezuela, Cuba y República Dominicana. (Willie Wells es el único que ostenta semejantes honores). Buck Leonard le dijo a Holway para Blackball Stars en 1988: “Si él no es el mejor, no sé quién es. Toma tus Ruths, Cobbs y DiMaggios. Dame a Dihigo”.